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jueves, 3 de mayo de 2018

REIVINDICACIÓN


Leo un artículo de José Antonio Zarzalejos que comienza diciendo que “Todo está ya preparado en Combo ― les ― Bains, localidad francesa a 25 kilómetros de Bayona, para ‘celebrar’ el viernes próximo una de las representaciones más obscenas de las consumadas por la banda terrorista ETA, secundada por el Grupo Internacional de Contacto y el nacionalismo vasco, tanto el de EH Bildu como el del PNV”[1].

Si uno busca “Combo” en la Wikipedia en castellano obtiene las siguientes definiciones:
― Una agrupación musical que interpreta música popular
― Base de la barrica
― Un mazo
― Un puñetazo
― Un término en videojuegos que designa un conjunto de acciones que se realizan en secuencia
― Una pandilla.

Porque no es Combo sino Cambo, Cambo ― les― Bains. Vale, no cabe acusar a José Antonio Zarzalejos por no saber. Sería como acusar a un elefante por no volar...
Ahora pensaba en Antonio Machado y en un compañero de trabajo que de viaje por el sur de Francia paró en Colliure para visitar su tumba.
Mi compañero conocía Colliure por ser el lugar donde está enterrado Antonio Machado, como yo conozco Cambo ― les ― Bains por ser el lugar donde está enterrado el maravilloso músico Sebastián Durón.
En mi opinión, Sebastián Durón era mucho mejor músico que Machado poeta. No es la primera vez que hablo aquí de Sebastián Durón, lo cierto es que tenía ganas de reivindicarle aprovechando la menor ocasión.
Estoy seguro de que Zarzalejos sabe quién es Antonio Machado, aunque quizá esté poniendo la mano en el fuego muy aventuradamente, pero me da que él nunca hubiera escrito Calliure porque le hubiera sonado raro...
Pero la música es el único arte del que no sólo no está mal visto mostrar ignorancia sino que hasta está bien visto reírse de los clásicos. Nadie tiene cojones de burlarse del Quijote delante de testigos pero cualquiera que se mofe de una música de hace quinientos, cuatrocientos o trescientos años encontrará cuando menos risitas cómplices.


En realidad me trae sin cuidado porque yo ya disfruto de ellas y allá los demás, pero también me ayuda a entender por qué las cosas son como son...


[1] José Antonio Zarzalejos: “Del PNV a los obispos y al obsceno montaje de ETA”, El Confidencial, 01/05/18.

lunes, 20 de febrero de 2017

UNIVERSOS PARALELOS



Cada quien tiene su versión sobre la teoría de los universos paralelos y no sé cuántas se parecerán lo suficiente a la original que, por otra parte, fue ideada por un tipo bien curioso.

La mía es totalmente de andar por casa en el sentido más literal, pues encuentro universos paralelos a distancias que se pueden recorrer a pie. A veces me basta con escuchar las vivencias de gente a la que conocí en un cierto momento para pensar que su vida posterior ha debido transcurrir en un universo diferente al que yo habito. En otras ocasiones ni siquiera necesito haberles conocido antes...
Pensaba en esto el viernes, cuando escuché la tan esperada sentencia del caso Noos.
Por un lado estaba el coro propietario o visitante asiduo de los grandes medios con su letanía de que la justicia es igual para todos, con especial protagonismo de su abogado, Miquel Roca, que estaba levitando, según dijo textualmente. Además ha conseguido que su elevada minuta[1] se la tenga que pagar la acusación particular, lo que queda como advertencia para futuros aventureros. No han faltado detalles rastreros como el de José Antonio Zarzalejos arremetiendo contra el juez Castro por el hecho de haber intentado cumplir con su deber lo mejor posible teniendo que luchar en solitario contra la Agencia Tributaria, la Abogacía del Estado o la propia Fiscalía en todas sus ramas. Están exultantes y no termina de entenderse muy bien por qué, ya había dicho Rajoy en su momento que consideraba que la infanta[2] era inocente y la lucidez y visión de futuro de don Mariano deberían haber bastado para tranquilizarles.
Al otro lado estaban los que consideran la sentencia un tongo, un amaño, un pasteleo, un paripé... y que por supuesto, como los del bando infantesco, ya sabían en su fuero interno, externo y mediopensionista que las cosas no iban a ser de otro modo y que ver a una infanta sentada en el banquillo contestando como un muñeco animado por José Luis Moreno en su peor día era lo máximo a lo que podían aspirar. A diferencia de las licencias que se toman los respetadores de las sentencias judiciales siempre que digan lo que ellos piensan, estos han sido muy moderados en sus apreciaciones. Un ejemplo de puro guante blanco, nada de zarzalejear atacando a las juezas que firman la sentencia. Pese a que las porras de Twitter, fácilmente consultables, apostaban de forma casi unánime por la absolución de la infanta ― lo que nadie en su sano juicio pensaba que podía ser de otra manera ―, a Urdangarín le calculaban una media de ocho años, obviamente dejándose llevar por la cabeza y no por el corazón. Ni siquiera se ha cumplido esa idea de que Urdangarín pagase por los pecados de ambos. Ni siquiera ha caído la pedrea, los más optimistas podrán tomarlo como un reintegro y el resto, ni eso.
Sin embargo, en mi universo particular está muy extendida la idea de que somos mayoría los que pensamos que encima de putas, pagamos la cama. Pero yo vivo en un mundo muy extraño, en el que la gente es estimada por lo que vale y en el que no cuentan la cuna, las amistades, los negocios comunes o los secretos compartidos. No hace falta decirlo, es un universo muy pequeño.



[1] Ciento cincuenta mil del ala, según se ha dicho. Este no es un mundo de caballeros, aquí no se hacen favores, todo se cobra al contado y en buena moneda, como corresponde a los hombres de negocios. Roca y el antiguo Rey que aún es Rey se entienden sin necesidad de hablar...
[2] Aquí me asalta una duda ortográfica: ¿debo escribir infanta o Infanta? He decidido interpretar por mi cuenta y riesgo los deseos del rey Felipe (y quizá de la reina Letizia) que le pidió que renunciase a sus derechos dinásticos. Sin estar en la línea de sucesión al trono ni se es Infanta ni se es nada, al menos en mi universo...

martes, 2 de agosto de 2016

LO MEJOR DE CADA CASA



El comienzo es de los que marcan: Comparecemos a título de ciudadanos participantes convencidos de que en política nunca cae el telón, de que en parte alguna nadie esperará a la resolución de nuestras incertidumbres, de que es momento de buscar acuerdos y soluciones en vez de proseguir obsesionados por identificar culpables sobre los que centrifugar responsabilidades indeclinables.
Sé que merecería ser reproducido entero pero me quedaré con esta muestra por falta de espacio[1], aunque del párrafo ya puede deducirse alguna cosa. La primera y más obvia es que entre estos ciudadanos participantes debe de haber algún escritor y quien haya llegado a esta conclusión se podrá sentir satisfecho: entre los firmantes suman once escritores de ambos sexos. ¿Y quién podrá negar que tras el hallazgo de una fórmula tan acabada como “centrifugar responsabilidades indeclinables” ha de haber al menos un poeta? Pues acertará también. De entre los once escritores uno de ellos es también poeta, Benjamín Prado.
Sabiendo que el total de firmantes es de 47, cualquiera pensaría que la autodefinición más repetida sería la de escritor... Pues no, se equivocaría de pleno, la más reivindicada es la de catedrático de universidad. Quince en total. Y eso que alguno hace trampas, como mi querido amigo Fernando Savater, al que diría que no le toca jubilarse hasta el año que viene pero supongo que prefiere reivindicarse escritor antes que funcionario. Mucha hambre hubiera pasado esta lumbrera de haber tenido que vivir de lo que rendían sus libros sin el apreciable colchón de su sueldo de catedrático... Hubo quien lo fue y hoy ya no lo es porque el escalafón no perdona la edad, como Carmen Iglesias, que fue tutora de la infanta Cristina ― ¿o es ya ex-infanta? Ahí confieso mi ignorancia ―, y preceptora del entonces príncipe y hoy rey por lo que el entonces rey y hoy también rey aunque ya no reine, la recompensó con el condado de Gisbert. Solo puede ostentar su pertenencia a dos Reales Academias, la de la Historia y la de la Lengua Española, lugares a los que no se deja de pertenecer hasta que se comprueba que el proceso de descomposición está bien avanzado y el olor no es una falsa alarma. Es cierto que ha estado en sitios más raros ― como la Trilateral ―, pero supongo que a diferencia de lo que habría de exigirse a los que se dedican a asuntos tan serios como la lengua o la historia, allí no les importa mucho que alguien escriba qui prodest. Con esa dirección no es extraño que la disfuncional familia real española irradie tanta cultura...
Los catedráticos parecen habitar un mundo aparte. Hace años ― cuando tenía el nefasto vicio de escuchar las tertulias radiofónicas en las que siempre solía haber al menos uno para dar color ―, me quedaron grabadas frases rotundas como “no me puedo creer que un empresario prefiera contratar trabajadores jóvenes y despreciar el valor de la experiencia que puede aportar un trabajador veterano”. Al principio pensaba que eran una colección de cínicos, pero después me di cuenta de que simplemente se trataba de gente que había perdido cualquier tipo de contacto con la realidad. Al fin y al cabo, la Universidad es una de las pocas pervivencias medievales que han conseguido mantener su esencia. La otra era el Toro de la Vega de Tordesillas, pero este año ya les ha metido en cintura la Junta de Castilla y León.
Y como cualquier mundo aparte, también fija las reglas para la reproducción de la especie. Alguno de los firmantes parece haber heredado el título. Así, José María Maravall es hijo del también catedrático José Antonio Maravall, aunque hay que reconocer que el viejo al menos tenía talento, pero la palma se la lleva Félix Ynduráin, catedrático de física, hijo del catedrático Francisco Ynduráin y hermano de Francisco José, también catedrático de física y de Domingo, catedrático de literatura española.
Y es que, la familia... ¿quién puede dudar hoy de que los lazos familiares son uno de los grandes problemas de España echando un simple vistazo a los Borbón? Porque aquí la familia sigue contando mucho, digan lo que digan sobre la “meritocracia” y desatinos similares. Aquí sigue pesando mucho más tener un primo que tener un Master y algo de ello se echa de ver en el elenco de cuarenta y siete ciudadanos participantes que firma el escrito. Aparte de los catedráticos citados se puede encontrar al político Gabriel Elorriaga, hijo del político Gabriel Elorriaga. Papá era franquista y se hizo demócrata, mientras el hijo era demócrata y se hizo del PP. José Antonio Zarzalejos es hijo de José Antonio Zarzalejos, aquella lumbrera que la víspera de la mayor matanza ocurrida en Vitoria ― Gasteiz en tiempos modernos pronunció una sabia frase: “Esto es Vitoria, aquí nunca pasa nada”[2].
Hay otros en los que el lazo no es tan obvio pero sigue siendo igual de evidente: el formidable pensador Fernando Savater era hijo del notario de los Fierro, que hoy apenas son recordados pero en la España de Franco eran uno de los mayores poderes bancarios, que supieron malgastar suficientemente sin que mediara asesinato, como fuera el caso de los Urquijo. Pero desde luego, sin ese apoyo es absolutamente descartable que el muchacho hubiese podido publicar sus tratados en alabanza a Cioran y demás gente prescindible...
También hay quien tiene la filiación familiar más escondida, como Mercedes Cabrera, que se firma catedrática de universidad. No dudo de que lo será, y tampoco se me escapa que el añadido es para distinguirse de la chusma de los catedráticos de instituto que de estos, por cierto, no hay ninguno. Que podría haberlos y a montón, pero ya se ve que las cabezas pensantes de este manifiesto lo han querido restringir a la flor y nata... También podría haberse definido como ex-ministra de Zapatero, que es el cargo por el que la recordamos, porque en la lista hay algún ex, como el acabado Joaquín Almunia o una tal Delia Blanco a la que no tengo el gusto de conocer. La cuestión en este caso es que su segundo apellido es Calvo ― Sotelo y si se descuenta el hecho de que lo recibió por transmisión materna, es más Calvo ― Sotelo que el que fuera presidente del gobierno de UCD Leopoldo Calvo ― Sotelo.
Pero aparte de las familias con apellido compuesto a base de guión, todas las cuales lo recibieron durante el Franquismo, también firma la aristocracia. Aunque dentro de la aristocracia también hay clases. El excomunista Nicolás Sartorius Älvarez de las Asturias Bohorques[3] es hijo de los Condes de San Luis, un título creado en 1848 y que por tanto no se puede comparar al de la también firmante Cayetana Álvarez de Toledo, decimotercera Marquesa de Casa Fuerte.
Pero haciendo abstracción digamos que hay gente como Javier Solana que ha llegado a su puesto por méritos propios, aunque no sea del todo verdad[4]. Uno de los ministros de cultura más incultos de la historia de la democracia, que ya es decir. El que inauguraba la treintaidosava edición del Festival de Cine de San Sebastián en lugar de la trigésimo segunda[5]. Luego fue Secretario General de la OTAN y ordenó el bombardeo del edificio de la Radio Televisión Yugoslava. Ejercicio perfectamente inútil, pues pese a los declarados entonces diez muertos y veinte desparecidos, la cadena volvía a emitir seis horas después. Lo curioso en este caso es que por aquellas fechas su PSOE condenaba en los términos más rotundos un ataque a una sede de Radio Nacional en el País Vasco que, afortunadamente, no había causado desgracias personales. Un ataque a la libertad de expresión, decían...
Y del resto, ¿qué decir? Obviamente, si me centrase en los cuarenta y siete, el texto alcanzaría un tamaño ingobernable, así que solo cabe alguna pincelada. Iré por orden de firmantes, saltando muchos. El primero es Santos Juliá, y no es extraño, pues es uno de los inventores de ese hermoso relato de la Santa Transición que hoy se enseña en los colegios. Se ha visto en la obligación de defenderla públicamente en El País cuando le llovieron merecidos palos. Guillermo de la Dehesa, uno de los mayores defensores de ese fracaso quizá irreversible llamado Globalización[6], que fue ministro con el PSOE y al que Alfonso Guerra con su gracejo habitual llamaba “Guillermo de la Deresha”. Ahora ha salido publicado que cobra una cifra infame de una empresa que cotiza en el IBEX 35 por no hacer absolutamente nada. Bueno, sí, tratar de arruinarnos la vida a los demás expandiendo sus doctrinas repugnantes. Miguel Ángel Aguilar, periodista. Cuesta imaginar un personaje más ridículo. Recuerdo cuando dirigía un informativo en televisión, que aparecía amenazando a Slobodan Milosevic. Y la locura le llega hasta hoy. En la cadena SER, donde conocen sus manías, le guardan un espacio para que satisfaga sus delirios de grandeza escribiendo telegramas a quien le place, sea Obama, Putin, Rajoy o Bárcenas, su megalomanía no conoce límites. De El País ya le han echado... También comparece a tan importante fin el escritor Andrés Trapiello, que para alabar a Cervantes criticaba a Quevedo o el director de cine Manuel Gutiérrez ― Aragón ¿Quién podría nombrar el título de su última película? Como anécdota, también firma Tomás de la Quadra ― Salcedo, que pese a ser catedrático de universidad los de mi generación solo le relacionamos con su primo Miguel, aquella cornucopia aventurera subvencionada por el BBVA.
En fin, sobran para dar una idea de lo que tenemos por delante. La España rancia, opresiva, la que con gesto amable niega cualquier posibilidad de cambio. La que con buenos modales te sugiere que cualquier intento de modificar las cosas llevaría al desastre. No toquemos nada, no vaya a ser que la jodamos...
¿Y de qué va el manifiesto al fin? De que hay que ir a un gobierno sea como sea, de que hay que evitar unas terceras elecciones. De que si el PSOE tiene que bajarse los pantalones para que nada cambie, pues que se los baje, que miraremos hacia otro lado a toque de silbato...
Una muestra perfecta de la España inútil, castradora, cobarde. Esa que durante algún momento de la Historia parecía que se podía haber echado abajo pero que cuando llegó la hora de la verdad, la batalla se perdió sin saber cómo.
Algunos recordarán 1936, otros la Primera República o el levantamiento de Riego. Yo, que no tengo cura, pienso que todo se echó a perder aquel 23 de abril de 1521 en el que los Comuneros decidieron plantar batalla en Villalar aun sabiendo que no tenían ninguna oportunidad. El antiguo falangista desencantado José Antonio Maravall escribió unas páginas muy hermosas sobre aquella ocasión fallida. Su socialista hijo no creo ni que recuerde la fecha...





[1] Quien desee leerlo entero lo tiene disponible en “Manifiesto a los diputados electos”, Ahora, 21/07/16, nº 43. Que uno de los firmantes sea la cabeza visible de Ahora solo es muestra de su comprensible orgullo ante un trabajo bien hecho.
[2] La luminosa frase ha dado hasta para título de un libro, Carlos Carnicero: La ciudad donde nunca pasa nada. Vitoria, 3 de marzo de 1976. Servicio Central de  Publicaciones del Gobierno Vasco, Vitoria ― Gasteiz, (2007).
[3] Debe haber un guión por alguna parte, pero no he encontrado dónde...
[4] Firma como presidente de ESADEgeo y distinguished fellow de la Brookings Institution.
[5] No recuerdo la edición exacta ni me voy a tomar el trabajo de buscarla, pero sucedió así.
[6] Espero ocuparme del asunto en un futuro cercano.