Mostrando entradas con la etiqueta Felipe VI. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Felipe VI. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de abril de 2018

LAS MALAS COSTUMBRES


Ignoro cómo acabará este culebrón jurídico República Democrático Pacífica de la Eterna Sonrisa  contra el Estado Social y Democrático de Derecho y, a decir verdad, en el fondo me importa una higa. No tengo bando con el que identificarme porque el que no tiene un ajo tiene una cebolla, como se dice en catalán. Supongo que debe resultar fascinante ser del Madrid o del Barça y disfrutar cuando tu adversario muerde el polvo, pero de la misma forma que el fútbol me trae sin cuidado, también me deja frío el patriotismo[1].

Pero no niego que, como divertimento, está resultando muy entretenido. Unos y otros pasan de la risa al llanto en cuestión de segundos y lo que ayer era un estado nazi hoy es la puritita esencia de la democracia y lo que ayer era un estado serio hoy es una panda de engañados, siendo las cuatro cosas la misma, ríete tú del misterio de la Santísima Trinidad...

De este culebrón jurídico[2] me ha llamado la atención una queja: “El Tribunal Supremo español considera que los tres jueces de Schleswig Holstein se han excedido al responder a “un exhorto judicial valorando si hubo o no violencia suficiente en el proceso soberanista”[3]”.
¿Habrase visto semejante desfachatez?  Aquí eso funciona distinto. Según tengo entendido, hace poco un antiguo fiscal de la Audiencia Nacional se lamentaba de que los alemanes no habían visto una violencia “que hemos visto todos”. Porque como saben los habituales de esta página, en la Audiencia Nacional poseer “gran cantidad de material eléctrico” o un bote de jugo de col lombarda puede sustentar una acusación de terrorismo sin que fiscales, jueces o periodistas de tribunales duden de ello y se puede acusar a un grupo de haber puesto la terrorífica bomba que estalló en la Basílica del Pilar de Zaragoza a despecho de que ya hubiera entonces unos detenidos acusados del mismo delito. Aquí está todo mucho más ordenado. Si el fiscal dice que hay violencia, terrorismo o un poco de las dos cosas pues amén Jesús. El juez lo entiende y la prensa lo difunde.
Que unos años después resulta que la causa queda sobreseída, pues pelillos a la mar, donde dije digo digo Diego, yo me llamo andanas y si te he visto no me acuerdo... Hombre, encima de que les hemos dejado sueltos pese a sus múltiples infamias, no van a esperar que el mismo periódico que les llevó a portada dedique dos líneas a restablecer su buen nombre... poco han pagado para lo que han hecho.
Pero se ve que ahí fuera no funciona así. Que si hay dudas ante acusaciones endebles se estima que la prisión provisional está fuera de lugar. Serán flojos...


¿Ha faltado apoyo?

Confieso que está un poco traído por los pelos pero a cuenta de este programa de deportes escuchado recientemente me ha venido a la memoria otro que escuché en el año 2013, esta vez sí entero. Fue la tarde en que Madrid perdió por tercera vez consecutiva la candidatura a la organización de los que serán los próximos juegos olímpicos[4].
Entre los detalles llamativos que recuerdo de aquella ocasión están que la nutridísima delegación oficial que viajó a Buenos Aires contaba con un cortador de jamón y con la llorada Rita Barberá y, no sé por qué, no soy capaz de desligar ambos hechos. Pero vayamos al grano...
Esa tarde la delegación española cargó el peso en dos discursos, el de la entonces alcaldesa de Madrid Ana Botella y el del entonces Príncipe de Asturias Don Felipe. La prensa, con la unanimidad de las grandes ocasiones, acordó que el discurso del Príncipe había sido magnífico y el de Ana Botella horrible, como si no los hubiera escrito la misma persona[5].
Supongo que aún hay quien recuerda aquella estrambótica pieza oratoria que le tocó defender a Botella y su momento estelar, el relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor. Pero dudo de que se recuerde igual de bien el magistral discurso de Don Felipe, más que nada porque tampoco fue debidamente reproducido, simplemente se exaltó y fuera. Pero como lo escuché en directo, sí recuerdo una cosa que dijo. Entre sus muchos argumentos brillantes estaba que había que dar los Juegos Olímpicos a Madrid porque los juegos antiguos habían nacido en Grecia y su madre era griega. Eso lo escuché yo con estas orejas que se ha de comer la tierra y hay que reconocer que, aunque no consiguió contrarrestar el desastre Botella, el razonamiento era impecable.
Ahora lo recordaba y pensaba que igual que paró el golpe el tres de octubre con un discurso de seis minutos, poco le habría costado tomar papel y lápiz o haber utilizado, por usar sus propias palabras, una intermediación electrónica o telefónica para dejar claro que su madre es una Schleswig Holstein Sonderburg Glücksburg y por esa razón donde mejor está Puigdemont es aquí, entre los suyos, en una cómoda y acogedora celda.
Con su gracia natural hubiera sido pan comido, pero el problema es que Don Felipe, como Don Hércules, también tiene un lado humano. Y el golpe le ha llegado en el peor momento, cuando estaba enzarzado en un trabajo decisivo, poner paz entre la Reina Madre, la Reina Esposa y la Futura Reina Hija (Dios mediante).
Y seríamos muy injustos si no reconociéramos que trabajos de esa magnitud requieren todo el empleo de sus hercúleas fuerzas...




[1] En contra de mi costumbre, estuve escuchando un programa de deportes (es decir, 90% fútbol y un resto de síntesis apresurada de todo lo demás) hecho en Barcelona porque planteaba una cuestión muy interesante: ¿con quién debían ir los barcelonistas en el Real Madrid Atlético de Madrid? (o al revés, tampoco presté tanta atención). Porque si ganaba el Real Madrid, podía suceder que llegase al Camp Nou siendo el Barça campeón y enfrentado al dilema de hacerle o no el pasillo pero, por otro lado, ¿cómo puede un culé que se precie desear una victoria del Madrid aunque favorezca sus intereses? Reconozco que me dormí antes de llegar a la solución, si es que la hubo.
[2] Que aún está por culminar y sabe Thor  qué sorpresas nos puede deparar aún, líbreme Odín de hacer de profeta, que se me da muy mal...
[3] Pedro Águeda: “El Supremo se juega la carta de la justicia europea para esquivar el varapalo de Alemania con Puigdemont”, eldiario.es, 06/04/18. Cito este por comodidad, pero ha sido reproducido literalmente en otros cuantos medios.
[4] En este caso ante Tokyo, tras haber mordido el polvo frente a Londres y Río de Janeiro. La ignorancia del inglés de los periodistas de RNE les hizo anunciar la eliminación de Tokyo cuando el portavoz del COI explicaba que era la única ciudad que se había clasificado en esa ronda porque Madrid y otra que ahora no recuerdo y no me apetece buscar habían empatado a menos votos. Para su consuelo, no fue el único medio que metió el remo de esa manera.
[5] Un asesor de imagen extranjero que nuestros buenos dineros nos costó.

martes, 27 de febrero de 2018

EL GRAN DESPLANTE



El Gobierno “deplora” la actitud “irresponsable y sectaria” por parte de “determinados cargos institucionales”, en referencia a Ada Colau y Roger Torrent entre otros, que han anunciado su negativa a participar en el recibimiento al Rey en el Mobile World Congress (MWC). “Los desplantes institucionales, además de injustos y mezquinos, ponen en riesgo que Barcelona pueda seguir albergando en el futuro un evento global de tanta importancia”, han indicado fuentes del Ejecutivo[1].
Desde luego, no han ahorrado palabras sonoras. Particularmente me atraen algunas con claros ecos medievales como las que evocan deploraciones, sectas, albergues o la bella voz mezquino pero, pensándolo bien, ¿qué puede haber más medieval que la figura de un rey[2]?

Así que Colau y Torrent tenían previsto un sabotaje en toda regla porque según el mismo artículo, “El protocolo real exige que antes de los eventos[3] donde asiste el Rey las autoridades salgan a recibirle. Es la llamada línea de recepción”.
Un buen desplante podía revestir varias formas:
Formar en la línea y abandonarla con grandes aspavientos cuando el Borbón se aproximase, 
Esperar a su llegada y girar ciento ochenta grados para ofrecer el culo a Su Majestad,
Dejarle con la mano colgando cuando la extendiera. (Cuando yo era pequeño lo acompañábamos con un gesto evasivo de la mano y la frase “Por aquí se va a Madrid”. Este hubiera sido mi favorito).
Y añadiría dos docenas más sin esforzarme demasiado...

Y sin embargo estamos hablando de Ada Colau, la emperatriz del “amagar y no dar”, aquella a la que permanentemente se le va la fuerza por la boca. ¿Cómo encaró la situación? Pues llegando tarde. Y detrás de ella, Torrent[4]: “Colau y Torrent llegaron juntos después, cuando el Rey ya se encontraba reunido con los restantes invitados, evitando así participar en el recibimiento oficial[5]”. Para entonces Felipe VI ya había saludado “a las restantes autoridades, incluidos los ministros de comunicaciones de Pakistán y Egipto” o a la alcaldesa de L’Hospitalet[6] “antes de pasar al foyer del teatro, donde se celebró un cóctel”.
De la cena me han llamado la atención dos pequeños detalles. El primero, que comenzó a las siete y media, hora a la que en España suele comenzar la merienda[7]. El segundo, que Don Felipe acudió más solo que la una. Se ve que su señora esposa tendría algo mejor que hacer...

Y sigue el cronista: “La alcaldesa, sin embargo, saludó a Felipe VI, según testigos presenciales[8] e incluso departió con él antes de que todas las autoridades pasaran a la platea del teatro, convertida en comedor para la ocasión. Una vez allí se sentaron en la mesa presidida por el Rey, casi enfrente de él (...) Colau aplaudió el discurso del Monarca, mientras Torrent se quedó de brazos cruzados”.

En fin, no se puede ser más hiriente ni más provocador, hace bien el Gobierno en preocuparse. Sin ninguna duda, esto nos costará el congreso...


Esta mañana los congresistas alojados en el hotel donde trabajo estaban seriamente preocupados. No era para menos, la Nespresso de cortesía que se había instalado para los que tenían prisa no funcionaba.
Dejaré para otro día los comentarios al hecho de que encontrándome rodeado de alguno de los mayores expertos en tecnología que pueblan el universo mundo, haya tenido que ser yo, que soy de letras, el que ha conseguido hacerla funcionar.



[1] (Sin firma): “El Gobierno avisa: “El desplante mezquino al Rey amenaza el futuro del Mobile””. El País, 25/02/18.
[2] Aunque aparezca el mal uso de la palabra evento, que en castellano significa precisamente lo imprevisto, pero es cierto que la real y muy real academia de ilustres analfabetos lo ha incorporado a su último diccionario aunque no apareciera en los anteriores. Una vez más, una transliteración del inglés, que no traducción. Para traducirla bien es preciso saber inglés. Y castellano, claro...
[3] ¡Y dale!
[4] De Torrent no sabía nada antes de que le nombraran y no he aprendido nada después. Ya dicen que el que nada no se ahoga...
[5] Miguel González: “El Rey alerta de la posible marcha del Mobile si no hay lealtad institucional”, El País, 26/02/18. De aquí proceden el resto de citas e informaciones.
[6] No tengo a mano el callejero de Barcelona pero yo diría que técnicamente el congreso se celebra en Hospitalet.
[7] Y también en Cataluña. La palabra en catalán es berenar pero también se suele utilizar en castellano el término “merendola” cuando se trata de un acto colectivo y siempre lo he encontrado muy gracioso.
[8] Cabe preguntarse dónde estaba el periodista en ese momento. ¿Un apretón repentino?




lunes, 29 de enero de 2018

CÓMO FABRICAR UN NUEVO HÉRCULES EN SEIS MINUTOS




Se cuenta que cuando Alfonso XII hizo su entrada triunfal en Madrid se emocionó al ver el entusiasmo con el que aplaudía un hombre y se detuvo a darle las gracias. Esto no es nada, dijo el otro ¡si viera cómo aplaudíamos el día que echamos a su madre!
Cierta o no, esta historia muestra bien que en España la monarquía es una institución muy querida y valorada hasta que deja de serlo. Si hacemos una lista de los Borbones[1] reinantes desde la Guerra de la Independencia hace ya dos siglos , Fernando VII no fue expulsado, Isabel II sí, Alfonso XII no, Alfonso XIII sí y Juan Carlos I no. Si se mantiene la cadencia, a Felipe VI le tocará hacer las maletas...
Sí, es cierto que al final la familia siempre ha vuelto, pero si la primera vez fue apenas un lustro, la segunda fue casi medio siglo el que tuvieron que esperar, así que mejor no pensar en lo que podría significar una tercera expulsión. Y si hay alguien que lo recuerde bien son ellos mismos, pues el único argumento para sostener su posición lo proporciona la memoria. Así que tras su último regreso volvieron preparados y aparte de las leyes que prácticamente les blindaban pero no servían para acrecentar la simpatía hacia sus personas, decidieron apostar fuerte por la prensa y hay que reconocerles que no fue mala elección.
En 1975 había un periódico monárquico, el ABC. Cierto que no ahorraba las alabanzas al Caudillo pero tampoco lo hacía el futuro rey Juan Carlos, de quien se ha dicho que no tolera que se hable mal de Franco en su presencia. Es una de las pocas ocasiones en que se puede decir que ha sido agradecido con alguien.
Aparte del ABC, había un buen montón de periodistas bien situados que habían hecho carrera a base de alabar a quien había que alabar en cada momento y vituperar a los caídos en desgracia. Estos formaban una base de reclutamiento aún mejor que la del ABC, pues a ninguno de ellos le entraría la tentación de reivindicar a Don Juan o alguna locura similar. Habían probado con creces su disposición a arrimarse al sol que más calentara ese día sin miedo a escupir sobre lo escrito el día anterior.
El escalón siguiente lo constituían periodistas jóvenes sin una posición consolidada pero que habían aprendido de sobra las tretas de sus maestros. Hoy les llamaríamos becarios. Eran los llamados a construir el muro de baba tras el que proteger a la Familia Real.
Aparte también había periodistas de oposición, aunque aquí cabe el debate legítimo de hasta qué punto puede ser oposición la que escribe en un medio que se edita bajo una dictadura. De estos, unos pocos se fueron a su casa. Otros, pocos también, se dieron a escribir “en clave”, herederos de una práctica común en las dictaduras que es la de “leer entre líneas”, lo que a veces llevaba a situaciones cómicas.  Pero los más de estos opositores eligieron “evolucionar” poco a poco, sin que se viera mucho la trampa, y uno de ellos acabaría por inventar la brillante fórmula “no soy monárquico, soy juancarlista”[2].
Llamar vergonzoso al comportamiento de esta tropa sería decir muy poco.  Últimamente se ha hecho pública una de tantas historias zafias que cabe atribuir a Don Juan Carlos, la de aquella ocasión en que tiraron por la borda del yate real a una modelo porque Doña Sofía estaba a punto de llegar[3]. La conocemos porque la ha contado recientemente la prensa italiana pero la deducción lógica es que si la conoce la prensa italiana, la española la conocerá con más razón. Y si Doña Sofía se acercaba al barco para reunirse con Don Juan Carlos es que la historia es rancia de cojones, porque hace décadas que la Real Pareja se evita cuidadosamente[4]. Pues bien, estamos hablando de unos cínicos consumados que hasta hace cuatro días hablaban del “matrimonio ejemplar” que formaban Don Juan Carlos y Doña Sofía.
Pero, pese al muro de silencio y el torrente de baba, hacía falta algo más. Está bien no haber roto un plato pero no puedes esperar que pasen cuarenta años alabándote por ello, es preciso hacer algo. Obrar.
Hay tres categorías de hombres virtuosos: los mártires, que son los que sufren, los santos, que dan ejemplo y los héroes, que hacen. Llegó un momento en que el proceso de canonización en vida mostró sus límites, entre otras razones porque se multiplicaban los Abogados del Diablo. Como el rey emérito no es de mucho sufrir, era más lógico intentar acomodarle en la categoría de héroe y la oportunidad llegó cinco años, tres meses y un día después de haber sido coronado, con motivo de lo que los periodistas, tan amigos de las fórmulas, llaman la intentona golpista del 23 F.
Su momento de gloria, aquel en el que se ganó la Corona, según otra de las fórmulas periodísticas al uso, fue la retransmisión por televisión de un discurso grabado en el que mostraba su adhesión al orden constitucional y anunciaba habérselo transmitido así a los máximos jefes militares cuando ya hacía horas que era evidente que el golpe no iba a triunfar[5]. Me pregunto cuáles eran las alternativas... ¿no haber hablado? ¿haber sido ambiguo? ¿apoyar el golpe derrotado? En ese sentido Juan Carlos marcó tendencia. Hoy está aceptado que se premie a los jefes sólo por hacer su trabajo pero entonces no era tan común.
En realidad tengo la impresión de que la elaboración del mito es posterior[6]. Después del 23 F se comentaba más bien su papel ambiguo y el consejo de guerra a los golpistas no ayudó a despejar las dudas... Lo ubicaría más bien en algún momento de la presidencia de Felipe González, al tiempo que se forjaba La Transición como “versión oficial”, que fue creándose poco a poco y, aunque parezca frívolo, coincidente con la conversión de los chistes del Rey en los chistes de Morán[7].
Sea como fuere, es claro que sienta un precedente. Si el padre tuvo su 23 F para justificar su posición, el heredero no puede ser menos. Y aunque es cierto que apenas lleva tres años y medio en el trono, también es verdad que cuando su padre se “ganó la corona” tenía cuarenta y tres años y este va a hacer cincuenta...  Lo que me llama más la atención es que su momento de gloria tenga que ser calcado al de su padre, un discurso televisado en una situación extraordinaria.
Cierto que en este caso extraordinaria pero poco dramática. El balance de daños del 23 F no registró ni un solo herido leve ni el mínimo daño material, salvo los famosos desconchones en el techo del Congreso producidos por las ráfagas de los guardias civiles en un momento de excitación. Visto así, ahora estaban los famosos mil heridos... Pero en el caso de Juan Carlos, al menos aún nos enfrentábamos a un intento de golpe de estado como tal, por patético y ridículo que fuese. Había allí una gente armada intentando tomar el poder aunque, como bien apuntaron Miquel Amorós y Jaime Semprún en su momento, la gran diferencia fuera que cuando se produjo el intento de golpe de estado del 18 de julio de 1936 la gente salió a la calle a pararlo (o aplaudirlo) mientras en 1981 la gente corrió a casa a seguirlo por la radio[8].  
Es verdad que se hablaba de golpe de estado desde que en setiembre los independentistas catalanes alteraron a su capricho el reglamento del Parlament para conseguir sus fines secesionistas pero difícilmente puede encajarse un intento de secesión en la categoría de un golpe de estado, pero la prensa hace tiempo que no atiende demasiado al rigor conceptual. En este caso parece que se busca el mimetismo a toda costa: si el padre paró un golpe con un discurso televisado, del hijo se espera lo mismo. Y de paso limpian la mala imagen de la dinastía, pues Alfonso XIII tuvo que salir al exilio por haber apoyado al golpista Primo de Rivera[9]... El caso es que Felipe apareció por la tele y habló durante 362 segundos y con eso, al parecer, ya se ha ganado el trono.
Resulta curioso comprobar cómo el paso del tiempo entre el discurso del padre y el del hijo altera algunos razonamientos. Felipe dice que “Esas autoridades han menospreciado los afectos y los sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto de los españoles, y con su conducta irresponsable incluso pueden poner en riesgo la estabilidad económica y social de Cataluña y de toda España”[10]. Está claro que si en 1981 Juan Carlos hubiera dicho que criticaba el golpe porque podía ser perjudicial para la economía se hubieran reído de él y por ello se abstuvo de decir semejante cosa. Pero hoy, que casi todos vivimos en el alambre, ese dato puede ser mucho más motivador que la integridad de una constitución de cuyos artículos los gobernantes se ríen a diario.
He encontrado una crónica épica que transmite con intensidad el proceso de creación del discurso que eleva a la categoría de imprescindible al rey Felipe[11].  Ya el comienzo es impagable: “Ese martes se levantó temprano y desayunó con su mujer y sus hijas en el complejo de La Zarzuela, como siempre que está en Madrid durante la semana. La historia, al final, es una mezcla de rutina doméstica y de hechos extraordinarios[12]”. Es probable que se deba a la premura de tiempo pero en el relato abundan las incongruencias. Por ejemplo, dice que “En Zarzuela se escribe a varias manos (...) Todo, también las palabras elegidas y el orden de inclusión, es fruto del trabajo de equipo” y se supone que el equipo lo forman, aparte del Rey, el abogado del estado Jaime Alfonsín Alfonso (gallego de 62 años), Domingo Martínez Palomo, teniente general de la Guardia Civil (andaluz “criado en Murcia” de 63 años) y el periodista Jordi Gutiérrez Roldán (catalán de 58 años)  y deja claro que “A última hora de la mañana, el documento está listo para el visto bueno final”. El visto bueno es el de Rajoy que es el malo de la película, como pronto veremos. Sin embargo, en el mismo párrafo, Romero escribe que “Se graba rápido, el rey tiene interiorizado el discurso desde hace días”. Y lo subraya con negrita... La pregunta es cómo puede tener interiorizado desde días atrás un discurso escrito en comandita esa mañana pero Romero también escribe que “Felipe VI se asoma a la pantalla, como llevan haciendo los reyes más de medio siglo para felicitar la Navidad o hacer una declaración excepcional”. ¿Hace más de medio siglo? Está claro que esta mujer tiene un pequeño problema con la cronología.  Desbarajustes temporales aparte, “El rey guardó las formas institucionales durante 48 horas: dejó que hablara primero el presidente del Gobierno el domingo por la noche, cuando Rajoy negó la existencia del referéndum que todos pudimos ver en directo en las televisiones” y el pobre Felipe hasta pagó un precio físico: “es un hombre prematuramente envejecido con barba cana y patas de gallo. Algunos dicen que su aspecto se debe al enorme esfuerzo que realiza por no levantar la voz, por tragarse sapos con deportividad, por ganarse a pulso el sobrenombre del Paciente, como su abuelo materno, Pablo[13]”.
¿Sus enemigos? Un “Madrid pequeño formado por periodistas, políticos, funcionarios, asesores y correveidiles. Lo que en Zarzuela se denomina “la burbuja” y de la que el rey se siente tan distante. Una Almendra Central que abarca todo lo que ocurre dentro de la M 30, el cinturón que separa a la capital del reino, la de los coches oficiales y los restaurantes caros, de la España normal. Un territorio físico y mental parecido al cinturón que existe en Washington DC, el famoso beltway del que se nutrió el populismo de Trump”.
Resumiendo, que los de los coches oficiales y restaurantes caros estaban contra Felipe y querían verle caer, no en vano votarían a Trump de vivir en Estados Unidos. Cualquiera diría que si esa Almendra Central  estuviera en contra no haría falta que un bigotón tricornudo entrara en el congreso dando voces pero ¿quién puede oponerse a análisis políticos tan finos?

La dinastía de los Austrias se dio a reivindicar a Hércules como uno de los precedentes mitológicos de la monarquía hispana. Felipe IV encargó una serie sobre los trabajos de Hércules a Zurbarán de la que hoy se conservan diez lienzos en el Museo del Prado. En honor a la verdad, no constituyen su mejor trabajo...
Hércules es también uno de los protagonistas de la preciosa ópera breve de Sebastián Durón La guerra de los gigantes, escrita hacia 1700 y considerada una apología de Felipe V, entonces en guerra con Carlos de Austria[14].
Heracles, más conocido por su nombre romano Hércules, fue el mayor de los héroes griegos y para ganar semejante reconocimiento, tuvo que afrontar doce trabajos que desafiaban cualquier capacidad. De entre todos ellos, mi favorito es el quinto, el menos “heroico”. Le ordenaron limpiar los establos de Augias, rey de Élide, y atesoraban tal cantidad de mierda que tuvo que desviar los cursos de los ríos Alfeo y Peneo para poder limpiarlos con la fuerza sumada de sus corrientes. Aunque yo no entiendo de almendras, avellanas o nueces, me parece un ejemplo a imitar.





[1] Cuando Juan Carlos recibió a Condoleeza Rice le dijo “Hola, señora Arroz”. Ella le podía haber respondido “Good morning, Mr. Bourbon”, porque es exactamente la misma palabra. Como decía aquel personaje de la tele, “yo digo lo mismo que él, pero a él le llaman campechano y a mí gañán”.
[2] Que hoy recuerda otra simpleza similar, lo de “soy independentista pero no nacionalista”. En cuanto a las situaciones cómicas, hubo quien consideró en su momento que la serie infantil “Pippi Calzaslargas”  era un gol que los anarquistas habían conseguido colar a la única televisión existente entonces. O al menos eso ha dicho alguna vez el ex humorista Forges.
[3] Jamás olvidaré la rotunda frase que me dijo una vez una modelo profesional: a cualquier cosa le llaman modelo.
[4] No hay que ser muy listo para darse cuenta de que la Reina Emérita prácticamente ha olvidado el castellano.
[5] Entre medias de la película La princesa y el pirata, protagonizada por Bob Hope. Si no recuerdo mal, al comenzar la película Hope aparece diciendo “yo salgo luego, y hago de cobarde”. Pese a lo avanzado de la hora y mi corta edad, tuve permiso para quedarme levantado esa noche...
[6] Es un hecho que merecería una investigación detallada, porque creo que de ella se derivarían lecciones muy interesantes, pero ahora mismo necesitaría un tiempo y unos medios de los que no dispongo para realizarla con la seriedad que requiere.
[7] Fernando Morán fue ministro de Exteriores con Felipe González. Según se dice, era inteligente y soberbio, así que es de imaginar cómo se sintió cuando le adjudicaban acciones atribuidas al Rey Emérito, aunque fueran de mentirijillas.
[8] Hoy todo se desdibuja pero aquella fue conocida como “la noche de los transistores”. Hay gente que recuerda haber visto en directo la entrada de Tejero en el Congreso cuando en realidad esas imágenes sólo se ofrecieron a partir del día 24.
[9] Y salió tan rápido que olvidó a su mujer en Madrid. Ella jamás se lo perdonó.
[10] El discurso completo lo publicó El País el 05/10/17 bajo el título “Discurso completo del Rey sobre Cataluña”.
[11] Ana Romero: “La forja de un rey en sólo seis minutos”, El Mundo, 14/01/18. Al parecer, es un avance de un libro titulado El rey ante el Espejo, puesto a la venta el 16 de enero.
[12] En un texto que reproduje en 2015 ya quedaba clara la importancia que la familia da al desayuno: “Los Borbón – Ortiz son de desayunos completos y calmados, no les van las prisas. (...) el diálogo forma parte de su modelo de educación (...) “Doña Letizia es una experta en nutrición, a la que le interesa el procedimiento dietético y científico de la cocina (...) Ha guisado desde niña, y su padre, Jesús Ortiz, es un grandísimo cocinero”.
[13] Rey de Grecia donde, pese a sus desgracias actuales, no echan de menos a los reyes lo más mínimo. Serán desagradecidos...
[14] Pese a ser el maestro de capilla de Felipe hoy diríamos el director de su orquesta y su compositor residente , Durón simpatizaba secretamente con el archiduque Carlos y cuando este se hallaba a las puertas de Madrid sacó a los músicos de su rival a cantar el Te Deum en acción de gracias. Se precipitó. Carlos no llegó a entrar en la capital y Durón quedó señalado por su imprudencia. Tuvo que exiliarse a Francia y aunque Felipe, conocedor de su talento, le perdonó, Durón no regresó. Hechos como este deberían hacer replantearse a los catalanistas su visión simplista de la Historia, pero está claro que ni se los van a enseñar en su escuela ni los van a ver en su televisión...

lunes, 20 de febrero de 2017

UNIVERSOS PARALELOS



Cada quien tiene su versión sobre la teoría de los universos paralelos y no sé cuántas se parecerán lo suficiente a la original que, por otra parte, fue ideada por un tipo bien curioso.

La mía es totalmente de andar por casa en el sentido más literal, pues encuentro universos paralelos a distancias que se pueden recorrer a pie. A veces me basta con escuchar las vivencias de gente a la que conocí en un cierto momento para pensar que su vida posterior ha debido transcurrir en un universo diferente al que yo habito. En otras ocasiones ni siquiera necesito haberles conocido antes...
Pensaba en esto el viernes, cuando escuché la tan esperada sentencia del caso Noos.
Por un lado estaba el coro propietario o visitante asiduo de los grandes medios con su letanía de que la justicia es igual para todos, con especial protagonismo de su abogado, Miquel Roca, que estaba levitando, según dijo textualmente. Además ha conseguido que su elevada minuta[1] se la tenga que pagar la acusación particular, lo que queda como advertencia para futuros aventureros. No han faltado detalles rastreros como el de José Antonio Zarzalejos arremetiendo contra el juez Castro por el hecho de haber intentado cumplir con su deber lo mejor posible teniendo que luchar en solitario contra la Agencia Tributaria, la Abogacía del Estado o la propia Fiscalía en todas sus ramas. Están exultantes y no termina de entenderse muy bien por qué, ya había dicho Rajoy en su momento que consideraba que la infanta[2] era inocente y la lucidez y visión de futuro de don Mariano deberían haber bastado para tranquilizarles.
Al otro lado estaban los que consideran la sentencia un tongo, un amaño, un pasteleo, un paripé... y que por supuesto, como los del bando infantesco, ya sabían en su fuero interno, externo y mediopensionista que las cosas no iban a ser de otro modo y que ver a una infanta sentada en el banquillo contestando como un muñeco animado por José Luis Moreno en su peor día era lo máximo a lo que podían aspirar. A diferencia de las licencias que se toman los respetadores de las sentencias judiciales siempre que digan lo que ellos piensan, estos han sido muy moderados en sus apreciaciones. Un ejemplo de puro guante blanco, nada de zarzalejear atacando a las juezas que firman la sentencia. Pese a que las porras de Twitter, fácilmente consultables, apostaban de forma casi unánime por la absolución de la infanta lo que nadie en su sano juicio pensaba que podía ser de otra manera , a Urdangarín le calculaban una media de ocho años, obviamente dejándose llevar por la cabeza y no por el corazón. Ni siquiera se ha cumplido esa idea de que Urdangarín pagase por los pecados de ambos. Ni siquiera ha caído la pedrea, los más optimistas podrán tomarlo como un reintegro y el resto, ni eso.
Sin embargo, en mi universo particular está muy extendida la idea de que somos mayoría los que pensamos que encima de putas, pagamos la cama. Pero yo vivo en un mundo muy extraño, en el que la gente es estimada por lo que vale y en el que no cuentan la cuna, las amistades, los negocios comunes o los secretos compartidos. No hace falta decirlo, es un universo muy pequeño.



[1] Ciento cincuenta mil del ala, según se ha dicho. Este no es un mundo de caballeros, aquí no se hacen favores, todo se cobra al contado y en buena moneda, como corresponde a los hombres de negocios. Roca y el antiguo Rey que aún es Rey se entienden sin necesidad de hablar...
[2] Aquí me asalta una duda ortográfica: ¿debo escribir infanta o Infanta? He decidido interpretar por mi cuenta y riesgo los deseos del rey Felipe (y quizá de la reina Letizia) que le pidió que renunciase a sus derechos dinásticos. Sin estar en la línea de sucesión al trono ni se es Infanta ni se es nada, al menos en mi universo...