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lunes, 29 de enero de 2018

CÓMO FABRICAR UN NUEVO HÉRCULES EN SEIS MINUTOS




Se cuenta que cuando Alfonso XII hizo su entrada triunfal en Madrid se emocionó al ver el entusiasmo con el que aplaudía un hombre y se detuvo a darle las gracias. Esto no es nada, dijo el otro ¡si viera cómo aplaudíamos el día que echamos a su madre!
Cierta o no, esta historia muestra bien que en España la monarquía es una institución muy querida y valorada hasta que deja de serlo. Si hacemos una lista de los Borbones[1] reinantes desde la Guerra de la Independencia hace ya dos siglos , Fernando VII no fue expulsado, Isabel II sí, Alfonso XII no, Alfonso XIII sí y Juan Carlos I no. Si se mantiene la cadencia, a Felipe VI le tocará hacer las maletas...
Sí, es cierto que al final la familia siempre ha vuelto, pero si la primera vez fue apenas un lustro, la segunda fue casi medio siglo el que tuvieron que esperar, así que mejor no pensar en lo que podría significar una tercera expulsión. Y si hay alguien que lo recuerde bien son ellos mismos, pues el único argumento para sostener su posición lo proporciona la memoria. Así que tras su último regreso volvieron preparados y aparte de las leyes que prácticamente les blindaban pero no servían para acrecentar la simpatía hacia sus personas, decidieron apostar fuerte por la prensa y hay que reconocerles que no fue mala elección.
En 1975 había un periódico monárquico, el ABC. Cierto que no ahorraba las alabanzas al Caudillo pero tampoco lo hacía el futuro rey Juan Carlos, de quien se ha dicho que no tolera que se hable mal de Franco en su presencia. Es una de las pocas ocasiones en que se puede decir que ha sido agradecido con alguien.
Aparte del ABC, había un buen montón de periodistas bien situados que habían hecho carrera a base de alabar a quien había que alabar en cada momento y vituperar a los caídos en desgracia. Estos formaban una base de reclutamiento aún mejor que la del ABC, pues a ninguno de ellos le entraría la tentación de reivindicar a Don Juan o alguna locura similar. Habían probado con creces su disposición a arrimarse al sol que más calentara ese día sin miedo a escupir sobre lo escrito el día anterior.
El escalón siguiente lo constituían periodistas jóvenes sin una posición consolidada pero que habían aprendido de sobra las tretas de sus maestros. Hoy les llamaríamos becarios. Eran los llamados a construir el muro de baba tras el que proteger a la Familia Real.
Aparte también había periodistas de oposición, aunque aquí cabe el debate legítimo de hasta qué punto puede ser oposición la que escribe en un medio que se edita bajo una dictadura. De estos, unos pocos se fueron a su casa. Otros, pocos también, se dieron a escribir “en clave”, herederos de una práctica común en las dictaduras que es la de “leer entre líneas”, lo que a veces llevaba a situaciones cómicas.  Pero los más de estos opositores eligieron “evolucionar” poco a poco, sin que se viera mucho la trampa, y uno de ellos acabaría por inventar la brillante fórmula “no soy monárquico, soy juancarlista”[2].
Llamar vergonzoso al comportamiento de esta tropa sería decir muy poco.  Últimamente se ha hecho pública una de tantas historias zafias que cabe atribuir a Don Juan Carlos, la de aquella ocasión en que tiraron por la borda del yate real a una modelo porque Doña Sofía estaba a punto de llegar[3]. La conocemos porque la ha contado recientemente la prensa italiana pero la deducción lógica es que si la conoce la prensa italiana, la española la conocerá con más razón. Y si Doña Sofía se acercaba al barco para reunirse con Don Juan Carlos es que la historia es rancia de cojones, porque hace décadas que la Real Pareja se evita cuidadosamente[4]. Pues bien, estamos hablando de unos cínicos consumados que hasta hace cuatro días hablaban del “matrimonio ejemplar” que formaban Don Juan Carlos y Doña Sofía.
Pero, pese al muro de silencio y el torrente de baba, hacía falta algo más. Está bien no haber roto un plato pero no puedes esperar que pasen cuarenta años alabándote por ello, es preciso hacer algo. Obrar.
Hay tres categorías de hombres virtuosos: los mártires, que son los que sufren, los santos, que dan ejemplo y los héroes, que hacen. Llegó un momento en que el proceso de canonización en vida mostró sus límites, entre otras razones porque se multiplicaban los Abogados del Diablo. Como el rey emérito no es de mucho sufrir, era más lógico intentar acomodarle en la categoría de héroe y la oportunidad llegó cinco años, tres meses y un día después de haber sido coronado, con motivo de lo que los periodistas, tan amigos de las fórmulas, llaman la intentona golpista del 23 F.
Su momento de gloria, aquel en el que se ganó la Corona, según otra de las fórmulas periodísticas al uso, fue la retransmisión por televisión de un discurso grabado en el que mostraba su adhesión al orden constitucional y anunciaba habérselo transmitido así a los máximos jefes militares cuando ya hacía horas que era evidente que el golpe no iba a triunfar[5]. Me pregunto cuáles eran las alternativas... ¿no haber hablado? ¿haber sido ambiguo? ¿apoyar el golpe derrotado? En ese sentido Juan Carlos marcó tendencia. Hoy está aceptado que se premie a los jefes sólo por hacer su trabajo pero entonces no era tan común.
En realidad tengo la impresión de que la elaboración del mito es posterior[6]. Después del 23 F se comentaba más bien su papel ambiguo y el consejo de guerra a los golpistas no ayudó a despejar las dudas... Lo ubicaría más bien en algún momento de la presidencia de Felipe González, al tiempo que se forjaba La Transición como “versión oficial”, que fue creándose poco a poco y, aunque parezca frívolo, coincidente con la conversión de los chistes del Rey en los chistes de Morán[7].
Sea como fuere, es claro que sienta un precedente. Si el padre tuvo su 23 F para justificar su posición, el heredero no puede ser menos. Y aunque es cierto que apenas lleva tres años y medio en el trono, también es verdad que cuando su padre se “ganó la corona” tenía cuarenta y tres años y este va a hacer cincuenta...  Lo que me llama más la atención es que su momento de gloria tenga que ser calcado al de su padre, un discurso televisado en una situación extraordinaria.
Cierto que en este caso extraordinaria pero poco dramática. El balance de daños del 23 F no registró ni un solo herido leve ni el mínimo daño material, salvo los famosos desconchones en el techo del Congreso producidos por las ráfagas de los guardias civiles en un momento de excitación. Visto así, ahora estaban los famosos mil heridos... Pero en el caso de Juan Carlos, al menos aún nos enfrentábamos a un intento de golpe de estado como tal, por patético y ridículo que fuese. Había allí una gente armada intentando tomar el poder aunque, como bien apuntaron Miquel Amorós y Jaime Semprún en su momento, la gran diferencia fuera que cuando se produjo el intento de golpe de estado del 18 de julio de 1936 la gente salió a la calle a pararlo (o aplaudirlo) mientras en 1981 la gente corrió a casa a seguirlo por la radio[8].  
Es verdad que se hablaba de golpe de estado desde que en setiembre los independentistas catalanes alteraron a su capricho el reglamento del Parlament para conseguir sus fines secesionistas pero difícilmente puede encajarse un intento de secesión en la categoría de un golpe de estado, pero la prensa hace tiempo que no atiende demasiado al rigor conceptual. En este caso parece que se busca el mimetismo a toda costa: si el padre paró un golpe con un discurso televisado, del hijo se espera lo mismo. Y de paso limpian la mala imagen de la dinastía, pues Alfonso XIII tuvo que salir al exilio por haber apoyado al golpista Primo de Rivera[9]... El caso es que Felipe apareció por la tele y habló durante 362 segundos y con eso, al parecer, ya se ha ganado el trono.
Resulta curioso comprobar cómo el paso del tiempo entre el discurso del padre y el del hijo altera algunos razonamientos. Felipe dice que “Esas autoridades han menospreciado los afectos y los sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto de los españoles, y con su conducta irresponsable incluso pueden poner en riesgo la estabilidad económica y social de Cataluña y de toda España”[10]. Está claro que si en 1981 Juan Carlos hubiera dicho que criticaba el golpe porque podía ser perjudicial para la economía se hubieran reído de él y por ello se abstuvo de decir semejante cosa. Pero hoy, que casi todos vivimos en el alambre, ese dato puede ser mucho más motivador que la integridad de una constitución de cuyos artículos los gobernantes se ríen a diario.
He encontrado una crónica épica que transmite con intensidad el proceso de creación del discurso que eleva a la categoría de imprescindible al rey Felipe[11].  Ya el comienzo es impagable: “Ese martes se levantó temprano y desayunó con su mujer y sus hijas en el complejo de La Zarzuela, como siempre que está en Madrid durante la semana. La historia, al final, es una mezcla de rutina doméstica y de hechos extraordinarios[12]”. Es probable que se deba a la premura de tiempo pero en el relato abundan las incongruencias. Por ejemplo, dice que “En Zarzuela se escribe a varias manos (...) Todo, también las palabras elegidas y el orden de inclusión, es fruto del trabajo de equipo” y se supone que el equipo lo forman, aparte del Rey, el abogado del estado Jaime Alfonsín Alfonso (gallego de 62 años), Domingo Martínez Palomo, teniente general de la Guardia Civil (andaluz “criado en Murcia” de 63 años) y el periodista Jordi Gutiérrez Roldán (catalán de 58 años)  y deja claro que “A última hora de la mañana, el documento está listo para el visto bueno final”. El visto bueno es el de Rajoy que es el malo de la película, como pronto veremos. Sin embargo, en el mismo párrafo, Romero escribe que “Se graba rápido, el rey tiene interiorizado el discurso desde hace días”. Y lo subraya con negrita... La pregunta es cómo puede tener interiorizado desde días atrás un discurso escrito en comandita esa mañana pero Romero también escribe que “Felipe VI se asoma a la pantalla, como llevan haciendo los reyes más de medio siglo para felicitar la Navidad o hacer una declaración excepcional”. ¿Hace más de medio siglo? Está claro que esta mujer tiene un pequeño problema con la cronología.  Desbarajustes temporales aparte, “El rey guardó las formas institucionales durante 48 horas: dejó que hablara primero el presidente del Gobierno el domingo por la noche, cuando Rajoy negó la existencia del referéndum que todos pudimos ver en directo en las televisiones” y el pobre Felipe hasta pagó un precio físico: “es un hombre prematuramente envejecido con barba cana y patas de gallo. Algunos dicen que su aspecto se debe al enorme esfuerzo que realiza por no levantar la voz, por tragarse sapos con deportividad, por ganarse a pulso el sobrenombre del Paciente, como su abuelo materno, Pablo[13]”.
¿Sus enemigos? Un “Madrid pequeño formado por periodistas, políticos, funcionarios, asesores y correveidiles. Lo que en Zarzuela se denomina “la burbuja” y de la que el rey se siente tan distante. Una Almendra Central que abarca todo lo que ocurre dentro de la M 30, el cinturón que separa a la capital del reino, la de los coches oficiales y los restaurantes caros, de la España normal. Un territorio físico y mental parecido al cinturón que existe en Washington DC, el famoso beltway del que se nutrió el populismo de Trump”.
Resumiendo, que los de los coches oficiales y restaurantes caros estaban contra Felipe y querían verle caer, no en vano votarían a Trump de vivir en Estados Unidos. Cualquiera diría que si esa Almendra Central  estuviera en contra no haría falta que un bigotón tricornudo entrara en el congreso dando voces pero ¿quién puede oponerse a análisis políticos tan finos?

La dinastía de los Austrias se dio a reivindicar a Hércules como uno de los precedentes mitológicos de la monarquía hispana. Felipe IV encargó una serie sobre los trabajos de Hércules a Zurbarán de la que hoy se conservan diez lienzos en el Museo del Prado. En honor a la verdad, no constituyen su mejor trabajo...
Hércules es también uno de los protagonistas de la preciosa ópera breve de Sebastián Durón La guerra de los gigantes, escrita hacia 1700 y considerada una apología de Felipe V, entonces en guerra con Carlos de Austria[14].
Heracles, más conocido por su nombre romano Hércules, fue el mayor de los héroes griegos y para ganar semejante reconocimiento, tuvo que afrontar doce trabajos que desafiaban cualquier capacidad. De entre todos ellos, mi favorito es el quinto, el menos “heroico”. Le ordenaron limpiar los establos de Augias, rey de Élide, y atesoraban tal cantidad de mierda que tuvo que desviar los cursos de los ríos Alfeo y Peneo para poder limpiarlos con la fuerza sumada de sus corrientes. Aunque yo no entiendo de almendras, avellanas o nueces, me parece un ejemplo a imitar.





[1] Cuando Juan Carlos recibió a Condoleeza Rice le dijo “Hola, señora Arroz”. Ella le podía haber respondido “Good morning, Mr. Bourbon”, porque es exactamente la misma palabra. Como decía aquel personaje de la tele, “yo digo lo mismo que él, pero a él le llaman campechano y a mí gañán”.
[2] Que hoy recuerda otra simpleza similar, lo de “soy independentista pero no nacionalista”. En cuanto a las situaciones cómicas, hubo quien consideró en su momento que la serie infantil “Pippi Calzaslargas”  era un gol que los anarquistas habían conseguido colar a la única televisión existente entonces. O al menos eso ha dicho alguna vez el ex humorista Forges.
[3] Jamás olvidaré la rotunda frase que me dijo una vez una modelo profesional: a cualquier cosa le llaman modelo.
[4] No hay que ser muy listo para darse cuenta de que la Reina Emérita prácticamente ha olvidado el castellano.
[5] Entre medias de la película La princesa y el pirata, protagonizada por Bob Hope. Si no recuerdo mal, al comenzar la película Hope aparece diciendo “yo salgo luego, y hago de cobarde”. Pese a lo avanzado de la hora y mi corta edad, tuve permiso para quedarme levantado esa noche...
[6] Es un hecho que merecería una investigación detallada, porque creo que de ella se derivarían lecciones muy interesantes, pero ahora mismo necesitaría un tiempo y unos medios de los que no dispongo para realizarla con la seriedad que requiere.
[7] Fernando Morán fue ministro de Exteriores con Felipe González. Según se dice, era inteligente y soberbio, así que es de imaginar cómo se sintió cuando le adjudicaban acciones atribuidas al Rey Emérito, aunque fueran de mentirijillas.
[8] Hoy todo se desdibuja pero aquella fue conocida como “la noche de los transistores”. Hay gente que recuerda haber visto en directo la entrada de Tejero en el Congreso cuando en realidad esas imágenes sólo se ofrecieron a partir del día 24.
[9] Y salió tan rápido que olvidó a su mujer en Madrid. Ella jamás se lo perdonó.
[10] El discurso completo lo publicó El País el 05/10/17 bajo el título “Discurso completo del Rey sobre Cataluña”.
[11] Ana Romero: “La forja de un rey en sólo seis minutos”, El Mundo, 14/01/18. Al parecer, es un avance de un libro titulado El rey ante el Espejo, puesto a la venta el 16 de enero.
[12] En un texto que reproduje en 2015 ya quedaba clara la importancia que la familia da al desayuno: “Los Borbón – Ortiz son de desayunos completos y calmados, no les van las prisas. (...) el diálogo forma parte de su modelo de educación (...) “Doña Letizia es una experta en nutrición, a la que le interesa el procedimiento dietético y científico de la cocina (...) Ha guisado desde niña, y su padre, Jesús Ortiz, es un grandísimo cocinero”.
[13] Rey de Grecia donde, pese a sus desgracias actuales, no echan de menos a los reyes lo más mínimo. Serán desagradecidos...
[14] Pese a ser el maestro de capilla de Felipe hoy diríamos el director de su orquesta y su compositor residente , Durón simpatizaba secretamente con el archiduque Carlos y cuando este se hallaba a las puertas de Madrid sacó a los músicos de su rival a cantar el Te Deum en acción de gracias. Se precipitó. Carlos no llegó a entrar en la capital y Durón quedó señalado por su imprudencia. Tuvo que exiliarse a Francia y aunque Felipe, conocedor de su talento, le perdonó, Durón no regresó. Hechos como este deberían hacer replantearse a los catalanistas su visión simplista de la Historia, pero está claro que ni se los van a enseñar en su escuela ni los van a ver en su televisión...

lunes, 18 de diciembre de 2017

MIRANDO HACIA ATRÁS CON IRA


 Un hombre ha muerto en una reyerta nocturna en Zaragoza y lo que al principio no atrajo gran atención ha acabado ocupando mucho espacio por dos razones. La primera que, al parecer, la causa de la muerte fue que la víctima llevaba unos tirantes con la rojigualda. Pero la que ha disparado la atención de los medios es que el detenido y acusado del crimen es Rodrigo Lanza, uno de los condenados por el caso 4 F, el que dio origen a la afamada película Ciutat morta.
Hay que recordar que su emisión de mala manera en TV3 sin ser anunciada y condenada al minoritario segundo canal, en el que batió todas las marcas de audiencia hasta entonces y a día de hoy , llevó a un movimiento popular que pedía la revisión del caso. Lo que no sucedió, faltaría más...
La reacción de la prensa que no lo veía claro entonces (es decir, casi toda la existente) ha comenzado por una especie de justificación con efectos retroactivos que podría resumirse en: ¿veis? Teníamos razón, era un canalla[1].
Aunque cabe decir que no se han esforzado mucho. Por ejemplo, el siempre excesivo Jiménez Losantos escribe que “Lanza fue condenado, pero sólo a nueve años de cárcel, tras apalear a un guardia urbano de Barcelona hasta dejarlo tetrapléjico”. Según Arcadi Espada, “fue condenado junto a otros pandilleros por dejar tetrapléjico a un guardia urbano a causa de una pedrada. Hechos que dieron origen al documental Ciutat morta de cuyas mentiras ya me ocupé en su momento”[2].
El siempre transparente Federico ha llevado tan lejos su proyección del presente sobre el pasado que se inventa nada menos que un apaleamiento retroactivo. Es sabido que este hombre nunca ha tenido mucha memoria pero hasta el momento nadie se ha atrevido a tanto, aunque cosas veredes, que dijo aquel... Arcadi sí se ciñe a la sentencia cuando habla de la pedrada pero su derrape va por otro lado. Cuando dice que de las mentiras de Ciutat morta ya se ocupó en su momento, remite a algo titulado “Empate a muertos” que publicó el 8 de diciembre del 2014[3]. En ese breve texto no sólo no se ocupa de nada de lo mencionado en la película sino que ni siquiera aparece la palabra “mentira”. Más bien trata de mostrar una especie de ironía lánguida que hace agua por todos los lados, puesto que su natural es la pose de profeta del Antiguo Testamento desparramando maldiciones a diestro y siniestro. Por algo se dice aquello de “zapatero, a tus zapatos”.
El siempre primario Jiménez Losantos hace la transposición tal cual para que sus lectores no tengan que devanarse mucho los sesos pero Arcadi se ciñe al texto literal de la sentencia, la famosa pedrada. Hace ya casi tres años escribí sobre la práctica imposibilidad médica de la pedrada para causar una fractura de cráneo sin haber provocado daños masivos en el tejido facial, menos aún tratándose de unos pandilleros alfeñiques como Rodrigo y sus amigos, hubiera hecho falta un Sansón. Entonces no existía la palabra posverdad, pero bien pudiera haberse inventado ese día. Por contra, no me ocupé demasiado de la maceta la obvia arma del crimen , y lo que la rodeaba, porque preferí centrarme en otras cosas.
Sé que en los países que son como hay que ser las verdades judiciales las establecen los jueces, y el nuestro no podía ser menos, pero si uno ve Ciutat morta se da cuenta de algo que resulta bastante obvio: la maceta que no está en el suelo antes de que el urbano se desplome, sí está después. Aparece como por arte de ensalmo tras oírse los gritos de los cascos, los cascos que profieren sus compañeros. Curiosamente, parecen  no reparar en ella, porque sus restos son recogidos por el servicio de limpieza municipal y no vuelve a saberse de ellos, aunque las primeras versiones oficiales sí hablaban del impacto de una maceta[4].
¿Simple negligencia en la recogida de pruebas? Pudiera ser. Pero en la película se hablaba de otro aspecto que nunca fue suficientemente investigado. Los periodistas escriben hoy que el edificio estaba ocupado por radicales de extrema izquierda, como si fuera un CSO más[5]. Sin embargo, los portavoces de los CSO del barrio declaraban que aquello no iba con ellos y que no entendían sus motivaciones. Porque en realidad el edificio lo “gestionaba” un individuo que se dedicaba a organizar fiestas y cobraba entrada y, como obvios resultados, los que acudían allí iban con ganas de fiesta, no de reivindicación y los ruidos y problemas continuaban hasta bien amanecido el día. Dos y dos... los CSO deducían que se trataba de una maniobra para desprestigiarles y facilitar su desalojo al poner en contra a los vecinos.
Sí, suena a una conspiración fabulosa. Salvo por un pequeño pero muy engorroso detalle: el edificio era propiedad del ayuntamiento, un hecho que acarreaba un buen montón de responsabilidades civiles tras sí[6]. Por supuesto, los jueces no creen en conspiraciones, pero si les diera algún día por creer podrían explicar de un modo sencillo estas cuestiones que a día de hoy resultan inexplicables...

Pero, por lo que veo, ahora ha cambiado el objetivo y se trata de aprovechar el suceso para atacar a Podemos. No he tenido estómago para adentrarme en las profundidades cavernarias de ABC  o La Razón pero de los que he visto el más infame es El Español, el nuevo juguete de Pedro J. Ramírez tras ser echado de El Mundo con cajas destempladas. El final de su “rugido del león” del día 14 (que es como llaman en la casa a su editorial sin miedo ni vergüenza)[7] dice así:

“Coquetear con la mística de la revolución por infantilismo, o por hacer proselitismo barato, puede parecer divertido y rentable políticamente, pero es también un juego muy peligroso. Tanto el líder de Podemos como la alcaldesa de Barcelona y el candidato de En Comú Podem, Xavier Domènech, apoyaron a la madre de Lanzas cuando ésta ayudó a sufragar un documental Ciutat morta para exculpar a su hijo tras salir de prisión. Algunos destacados periodistas también dieron cobertura a su versión.
Ahora sabemos también que esta señora es la hija de un golpista chileno y que quizá tratando de redimir el pasado familiar se convirtió en una activista de la izquierda radical y antisistema en que milita su hijo. En el caso Lanzas, parece evidente que las raíces del odio son fruto de un contexto no sólo personal y familiar sino también político”.

Querido Pedro J., tienes razón en lo de que algunos destacados periodistas también dieron cobertura a su versión. Sin ir más lejos, un tal Gregorio Morán dedicó al asunto una de sus “sabatinas intempestivas”. ¿Que de qué te suena? Pues de que ahora las publica en tu periódico porque perdiste el culo para ficharle cuando le echaron de La Vanguardia. Y te diré una cosa que seguramente no recuerdas: hasta sale en la película. Y no apoyando tu versión precisamente.... tú verás lo que haces con él. En cuanto a lo de que ahora sabemos también que esta señora es la hija de un golpista chileno, eso sólo confirma lo mal periodista que eres, pues bien podías haberlo averiguado en 2014. ¿O es que estás confesando que te has enterado por Twitter? Respecto a lo de airear las conexiones familiares, sólo hay que hacerlo si existe una buena razón para ello. Por ejemplo, si alguien en casa se dedica a la moda, es lícito hablar de burkas o de corsés pero si no, el asunto está muy traído por los pelos[8]...
Si aplicamos el retrovisor lo aplicamos para todo. Ciutat morta recoge unas declaraciones muy sinceras de Rodrigo diciendo que sale de la cárcel con muchas ganas de algo que puede entenderse como justicia o venganza. Es evidente que comerte cinco años de cárcel por haber ido a una fiesta no es la mejor medicina para mantener el alma serena. Y, prosiguiendo con la revisión, bien podría decirse que de no haber sido así el muerto de Zaragoza hoy estaría vivo. Por la misma regla de tres[9].






[1] Por supuesto, mi razón para escribir esto es que a principios de 2015 escribí sobre el asunto y sigo manteniéndome en la misma posición, y de paso añadiré alguna cosa que esquivé en su momento por no alargar mucho el texto. Entonces citaba un artículo de Albano Dante Fachín y aunque sus posiciones políticas hayan variado mucho desde entonces, eso no ha variado un punto el interés de su texto.
[2] Federico Jiménez Losantos: “Te matan por español”, El Mundo, 13/12/17 y Arcadi Espada: “¿En qué otro país sino en España?”, El Mundo, 12/12/17.
[3] Una cosa hay que reconocerle: la vio antes de que la echaran por el Canal 33. De hecho la vio antes que yo, que la vi en el cine.
[4] Ya mencioné que TV3 cambió su primera versión para adaptarla a la nueva de la pedrada, aunque por suerte alguien había conservado una grabación de la original.
[5] Centro Social Ocupado. Como la prensa se ha dado a utilizar la k para tratar de meter en el mismo saco a los auténticos okupas con motivaciones políticas con la gente que sólo quiere evitar el pago de un alquiler o una hipoteca por el motivo que sea, hace años que hubo de inventarse esta sigla para diferenciar una cosa de otra.
[6] Una, y no pequeña, era hacer al ayuntamiento propietario del arma del crimen.
[7] Titulado “Caso Lanza: las raíces del odio”. Las negritas y cursivas son suyas. Si Federico cifra en nueve los años de condena, aquí se convierten en siete. Cabe recordar también que en su momento Ada Colau fue muy criticada por quienes pedían la revisión del caso porque aprovechó la coyuntura para publicar un tweet pidiendo el voto para las elecciones municipales que ganó pocos meses después.
[8] Ya que he mencionado esos grandes ejemplos de periodismo patrio que son ABC y La Razón, cuando se produjo la escisión en el primero que llevó a la creación de la segunda, Pedro J. (entonces director de El Mundo) apostó sin reservas por la versión de La Razón. El Luca de Tena que entonces llevaba ABC le recordó con mucha elegancia que cuando su periódico pudo hacer sangre de él se abstuvo de hacerlo y Pedro J. tuvo que recular públicamente...
[9] Por canales de Internet que no son los habituales están llegando datos que difieren bastante de lo que se lee en los medios. No los reproduzco porque no están contrastados pero sería de desear una investigación larga, detallada y profunda. Por soñar que no quede...