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miércoles, 19 de agosto de 2020

CON FRANQUEZA


Uno de los consensos de la Transición era que no se podía poner en cuestión la monarquía como forma de gobierno. Adolfo Suárez contaba a Victoria Prego que no se pensó en someterlo a referéndum porque creían que se perdería y por supuesto Prego se ocupó de que esas declaraciones no se emitieran en su momento. ¿Por qué ese interés en restaurar la monarquía?

La Historia es un proceso complejo, rara vez hay una sola causa para un efecto y el azar ha jugado su parte en sucesos históricos de gran importancia[1]. Aquí quiero apuntar una causa pero no pretendo que sea la causa. Pero tampoco me parece bien que se olvide.

 

Llegar arriba

La Segunda República nació rodeada de enemigos. Con apenas un año de vida ya sufrió un intento de golpe comandado por el general Sanjurjo que resultó una mamarrachada pero ya estaba ahí el aviso. No quiero despachar aquí la historia de esos cinco años en dos brochazos porque de eso ya hemos tenido demasiado y todo malo, tanto de defensores como de enemigos. La cuestión es que a partir del triunfo del Frente Popular de febrero de 1936 altos mandos militares comenzaron a planear un golpe de estado contra el gobierno vigente. El principal encargado fue el general Emilio Mola y por eso recibió el sobrenombre de El Director. El plan preveía poner al frente al general Sanjurjo porque en el ejército la veteranía es un grado, pero se pensaba más bien en una dirección colegiada y se pretendía contar con el mayor número posible de militares de alta graduación. Por eso se procuró atraer al general Franco, que entonces tenía más prestigio que mando efectivo porque el gobierno, receloso con buen criterio, le había enviado a Canarias.

A Franco sus compañeros golpistas le acabaron llamando la vedette porque se dejaba querer pero no terminaba de deshojar la margarita. Se sabe que su mujer Carmen Polo le había dicho “Paco, tú, jefe” y se ve que lo de alcanzar la jefatura no debía aparecer muy claro en su mente en aquel momento, pero al final acabó por dar el sí.

El caso es que se dio el golpe pero no salió como estaba previsto. Media España se opuso férreamente y como ya sabemos derivó en una guerra civil especialmente larga y cruel. El 20 de julio el general Sanjurjo partió de Estoril, donde se había refugiado como un gallina, pero su avión se estrelló apenas despegado y allí murió. Se dice que la causa fue una maleta llena de condecoraciones que se empeñó en llevar, pese a que el piloto le advirtió de que era demasiado peso. Por orden de antigüedad el mando correspondió entonces al general Miguel Cabanellas pero seguía siendo un puesto honorífico porque las decisiones se tomaban aún de forma colegiada.

Pero Franco ya estaba moviendo los hilos para obedecer a su mujer y el 21 de setiembre consiguió ser nombrado Generalísimo, que como se puede deducir consistía en ser un general con más atribuciones que los demás pero el nombramiento, con ser un avance, no le otorgaba aún el poder total. Viendo que contaba con el viento a favor, una semana después, el 28, consiguió ampliarlo a Jefe del Gobierno del Estado mientras durase la guerra. Cabanellas, que había tenido a Franco a sus órdenes, intentó convencer a sus compañeros para que no le otorgasen esos cargos. Decía que él le conocía bien y sabía que si le daban tanto poder jamás en su vida lo retornaría. Como un eco de su profecía, cuando el decreto salió publicado el día 30 faltaba aquello de mientras durase la guerra pero ninguno de sus compañeros de armas pareció preocuparse. Desde entonces el primero de octubre se celebrará solemnemente la Exaltación de Franco a la Jefatura del Estado.

En junio de 1937 el general Mola muere en un accidente de aviación. No han faltado quienes han visto la larga mano de Franco detrás de ese accidente y el de Sanjurjo pero creo que basta ver cómo eran esos aviones para darse cuenta de que lo raro era que consiguiesen depositar a sus pasajeros sanos y salvos.

Terminada la guerra, Franco conservó su título de Generalísimo y los poetas de su corte le añadieron lo de Caudillo invicto, espada más limpia de Europa, único vencedor del bolchevismo en los campos de batalla y otras cuantas fórmulas a cuál más retorcida. Unos meses después llegó la guerra mundial y Franco apostó mal y tuvo que reinventarse a mitad de carrera pero los Aliados acabaron haciendo como que se lo creían para desilusión de los republicanos que tenían esperanzas de que Franco acompañase a sus amiguetes Hitler y Mussolini[2].

 

Buscando un lugar

A Franco le gustaba repetir que él sólo era responsable ante Dios y ante la Historia. Le preocupaba mucho cuál sería su lugar histórico, qué dirían de él los libros en el futuro.

Su poder no estaba en cuestión y en los casi cuarenta años que mandó nunca tuvo motivos serios de preocupación ni por parte de los amigos ni de los enemigos[3].

Lo de Caudillo, Generalísimo y Salvador de España servía para justificar su mandato pero de cara al Derecho Internacional sonaba un tanto exótico, así que una vez se vio respaldado de hecho por las potencias vencedoras decidió que tenía que revestir su poder de un papel más solemne que el de vencedor de una guerra civil[4].

No había muchas opciones. Lo de rey estaba difícil porque es cosa muy reglamentada y no cumplía ningún requisito y presidente de la república era demasiado cínico hasta para él. Pero como casi siempre había un resquicio legal, la regencia (para eso existen los abogados) aunque planteaba algún problemilla, pero para eso existen los abogados.

La regencia se aplica cuando existe un heredero al trono pero aún no puede acceder a él, generalmente por ser menor de edad. La regente suele ser la madre y en su defecto un consejo de regencia. También puede aplicarse por incapacidad manifiesta del heredero pero en el caso borbónico esa categoría carece de sentido.

El problema era obvio: Alfonso XIII tenía heredero, Juan de Borbón, que ya era un buen mozo. Tanto que había intentado alistarse en el bando sublevado y Franco había ordenado ponerle en la frontera porque no quería nadie cerca que pudiera hacerle sombra por pequeñita que fuera y la excusa que se le dio era que un rey tenía que serlo de todos los españoles y por tanto no podía tomar partido por ningún bando. Una excusa tan mala como cualquier otra.

Hay que recordar la profecía del general Cabanellas, Franco no iba a soltar el poder de ninguna manera así que tenía que encontrar una excusa para invalidar a Juan de Borbón como pretendiente y la mejor que encontró fue que estaba invalidado para el trono porque un rey tenía que serlo de todos los españoles y por tanto no podía tomar partido por ningún bando. Hay que reconocer que el Paco tenía sentido del humor...

Ya estaba armado el andamiaje legal que necesitaba, de modo que el 6 de julio de 1947 presentó a referéndum su Ley de Sucesión que definía a España como reino y ganó por incomparecencia de sus rivales. Ya era oficialmente el regente del Reino de España, como se podía llamar desde entonces.

Y ahí se juntaron el hambre y las ganas de comer. En el verano de 1948 el heredero al trono concertó con Franco que se educase en España Juan Carlos, su hijo de diez años al que llamaban Juanito para diferenciarlo de su padre. A Franco le interesaba un respaldo borbónico a su idea, por tibio que fuera, y a Juan de Borbón meter el pie de alguna manera porque veía que el asunto estaba hecho con su colaboración o sin ella.

 

Quítate tú pa ponerme yo

Se puede debatir si Franco era o no inteligente y habría que empezar por acordar una definición de inteligencia. Tengo mi opinión pero aquí no viene al caso. Lo que sí defenderé es que Franco tenía ese tipo de astucia cazurra que tienen los campesinos que engañan al Diablo en los cuentos medievales[5]. Su modo de gobernar consistía en no dar nunca demasiado poder a un grupo pero mantener ilusionados a todos con la posibilidad de recibirlo y con los Borbones siguió el mismo juego que tan buenos resultados le había dado[6] y lo estiró como un chicle. Veintidós años tardó en decidirse por el hijo, aunque había mandado suficientes señales al padre para que supiera que él no iba a ser, pero cada uno ve lo que quiere ver, especialmente si corre sangre borbónica por sus venas, aunque da la impresión de que el hijo de Allfonso XIII confiaba más en un cambio de idea del Generalísimo que en la fidelidad de su hijo[7].

El 22 de julio de 1969 Franco designa a Juan Carlos como sucesor con el título de Príncipe de España, un título salido de la fértil imaginación del Paco. El título tradicional del heredero de la corona española es Príncipe de Asturias, pero sólo lo puede otorgar el jefe de la Casa Real y Juan de Borbón tenía poco donde agarrarse y no estaba dispuesto a cederlo sin contraprestaciones, pero ese detalle preocupaba poco a Franco. Ya había concedido títulos nobiliarios sin tener atribución. Inventó para Juan Carlos el título de Príncipe de España y a correr[8]...

Pero aunque era su elección clara, Franco no quería que Juan Carlos se durmiera en los laureles y lo diera todo por hecho y por eso le amenazaba con nombrar heredero al primogénito de la otra rama borbónica, Alfonso de Borbón Dampierre, que además estaba casado con su nieta, lo que ilusionaba especialmente a la mujer del Paco, que se sentía llamada como mínimo a fundar una dinastía[9]. Así conseguía que Juan Carlos no se subiera a la parra y el flamante Príncipe de España, que veía cuánto podía ganar y cuánto perder con su rebeldía, se sujetó al orden al punto de que hasta hoy no consiente que nadie hable mal de Franco en su presencia. Debe ser la única vez en su vida que ha sido agradecido.  

 

Conclusión

Sucedido el hecho biológico que era como los periodistas cursis de entonces llamaban a la muerte de Franco[10] Juan Carlos ocupó por fin el trono y no lo soltó durante casi cuarenta años, sólo Rajoy le privó de llegar a la cifra redonda.


Objetivo cumplido. Las aspiraciones del Franco regente ya están satisfechas. No veo ninguna razón histórica para que los Felipes, Leonores, Sofías, Elenas o Froilanes y Victoriafedericas sigan ocupándolo o aspirando a ocuparlo.

 

 



[1] Una pregunta fascinante que no tiene respuesta: ¿qué hubiera sucedido si la bomba que colocó Georg Elser consigue su objetivo y Hitler muere nada más empezar la Segunda Guerra Mundial? Estuvo a punto de lograrlo...

[2] El principal abogado de Franco ante los vencedores fue el campeón de la democracia Winston Churchill. En su momento ya había escrito a Mussolini que si él fuera italiano sería fascista. A Franco le castigaron simbólicamente impidiendo que España entrara en la ONU y se convocó una manifestación multitudinaria de protesta en Madrid en la que había una pancarta con un lema memorable: “Si ellos tienen onu, nosotros tenemos dos”.

[3] De los cuarenta años se puede decir que la primera mitad tuvo el poder absoluto y la segunda el poder final. En cualquier caso, su palabra siempre fue ley, la diferencia es que en la primera mitad de su mandato hablaba mucho más que en la segunda. En setiembre de 1975, apenas dos meses antes de morir, se negó a conmutar cinco penas de muerte pese a que se lo pidieron desde el Papa hasta su hermano. Fue una decisión personal que iba en contra de toda la política exterior que el régimen había diseñado cuidadosamente, pero donde hay patrón no manda marinero...

[4] No sé por qué, ahora me he acordado de Arturo Pérez Reverte. No contento con su título de escritor superventas, quería ser considerado un buen escritor y se volcó en que le nombrasen académico de la lengua. Es lo máximo que podía conseguir porque si no es buen escritor ahora es difícil que lo sea en el futuro. Pérez Reverte es a la escritura lo que Camela a la música, con la diferencia de que los Camela no pretenden ser otra cosa que lo que son. Obviamente son bastante más inteligentes.

[5] Si el Diablo acordaba con el campesino que él se llevaría lo que quedase por encima del suelo, el campesino plantaba nabos. Al año siguiente el Diablo cambiaba de opinión y el campesino plantaba trigo pero es un modo de razonar que tiene sus limitaciones. Por ejemplo, Franco pensaba que un país podía imprimir más moneda de la que le correspondía siempre y cuando los otros países no lo supieran. Esa brillante estrategia mandó a muchos españoles a la cama sin cenar. Por cierto que la flor del nabo es muy hermosa.

[6] Según propia confesión este método de gobierno lo aprendió cuando tuvo que tratar con las kabilas marroquíes.

[7] Ya he contado alguna vez que Juan Carlos prometió no ocupar el trono mientras estuviera vivo su padre pero su padre no le creía. El asunto venía de lejos: cuando el adolescente Juan Carlos mató a su hermano pequeño con una pistola su padre le hizo jurar que no lo había hecho a propósito. Entre los Borbones los conceptos de amor paterno, amor filial y amor fraterno son muy relativos y con razón...

[8] Primero y único, salvando la ignorancia de Pedro Almodóvar en una gala de los premios Goya

[9] Según Carmen Martínez Bordiú, su esposa de entonces y nieta favorita de Franco, Alfonso “tragaba con todo”. Su cornamenta superaba con creces los colmillos del elefante que hizo caer en desgracia a Juan Carlos. Se sabe que su abuela Carmen Polo la llamaba La Pecadora.

[10] Alguno sigue en activo...

lunes, 29 de enero de 2018

CÓMO FABRICAR UN NUEVO HÉRCULES EN SEIS MINUTOS




Se cuenta que cuando Alfonso XII hizo su entrada triunfal en Madrid se emocionó al ver el entusiasmo con el que aplaudía un hombre y se detuvo a darle las gracias. Esto no es nada, dijo el otro ¡si viera cómo aplaudíamos el día que echamos a su madre!
Cierta o no, esta historia muestra bien que en España la monarquía es una institución muy querida y valorada hasta que deja de serlo. Si hacemos una lista de los Borbones[1] reinantes desde la Guerra de la Independencia hace ya dos siglos , Fernando VII no fue expulsado, Isabel II sí, Alfonso XII no, Alfonso XIII sí y Juan Carlos I no. Si se mantiene la cadencia, a Felipe VI le tocará hacer las maletas...
Sí, es cierto que al final la familia siempre ha vuelto, pero si la primera vez fue apenas un lustro, la segunda fue casi medio siglo el que tuvieron que esperar, así que mejor no pensar en lo que podría significar una tercera expulsión. Y si hay alguien que lo recuerde bien son ellos mismos, pues el único argumento para sostener su posición lo proporciona la memoria. Así que tras su último regreso volvieron preparados y aparte de las leyes que prácticamente les blindaban pero no servían para acrecentar la simpatía hacia sus personas, decidieron apostar fuerte por la prensa y hay que reconocerles que no fue mala elección.
En 1975 había un periódico monárquico, el ABC. Cierto que no ahorraba las alabanzas al Caudillo pero tampoco lo hacía el futuro rey Juan Carlos, de quien se ha dicho que no tolera que se hable mal de Franco en su presencia. Es una de las pocas ocasiones en que se puede decir que ha sido agradecido con alguien.
Aparte del ABC, había un buen montón de periodistas bien situados que habían hecho carrera a base de alabar a quien había que alabar en cada momento y vituperar a los caídos en desgracia. Estos formaban una base de reclutamiento aún mejor que la del ABC, pues a ninguno de ellos le entraría la tentación de reivindicar a Don Juan o alguna locura similar. Habían probado con creces su disposición a arrimarse al sol que más calentara ese día sin miedo a escupir sobre lo escrito el día anterior.
El escalón siguiente lo constituían periodistas jóvenes sin una posición consolidada pero que habían aprendido de sobra las tretas de sus maestros. Hoy les llamaríamos becarios. Eran los llamados a construir el muro de baba tras el que proteger a la Familia Real.
Aparte también había periodistas de oposición, aunque aquí cabe el debate legítimo de hasta qué punto puede ser oposición la que escribe en un medio que se edita bajo una dictadura. De estos, unos pocos se fueron a su casa. Otros, pocos también, se dieron a escribir “en clave”, herederos de una práctica común en las dictaduras que es la de “leer entre líneas”, lo que a veces llevaba a situaciones cómicas.  Pero los más de estos opositores eligieron “evolucionar” poco a poco, sin que se viera mucho la trampa, y uno de ellos acabaría por inventar la brillante fórmula “no soy monárquico, soy juancarlista”[2].
Llamar vergonzoso al comportamiento de esta tropa sería decir muy poco.  Últimamente se ha hecho pública una de tantas historias zafias que cabe atribuir a Don Juan Carlos, la de aquella ocasión en que tiraron por la borda del yate real a una modelo porque Doña Sofía estaba a punto de llegar[3]. La conocemos porque la ha contado recientemente la prensa italiana pero la deducción lógica es que si la conoce la prensa italiana, la española la conocerá con más razón. Y si Doña Sofía se acercaba al barco para reunirse con Don Juan Carlos es que la historia es rancia de cojones, porque hace décadas que la Real Pareja se evita cuidadosamente[4]. Pues bien, estamos hablando de unos cínicos consumados que hasta hace cuatro días hablaban del “matrimonio ejemplar” que formaban Don Juan Carlos y Doña Sofía.
Pero, pese al muro de silencio y el torrente de baba, hacía falta algo más. Está bien no haber roto un plato pero no puedes esperar que pasen cuarenta años alabándote por ello, es preciso hacer algo. Obrar.
Hay tres categorías de hombres virtuosos: los mártires, que son los que sufren, los santos, que dan ejemplo y los héroes, que hacen. Llegó un momento en que el proceso de canonización en vida mostró sus límites, entre otras razones porque se multiplicaban los Abogados del Diablo. Como el rey emérito no es de mucho sufrir, era más lógico intentar acomodarle en la categoría de héroe y la oportunidad llegó cinco años, tres meses y un día después de haber sido coronado, con motivo de lo que los periodistas, tan amigos de las fórmulas, llaman la intentona golpista del 23 F.
Su momento de gloria, aquel en el que se ganó la Corona, según otra de las fórmulas periodísticas al uso, fue la retransmisión por televisión de un discurso grabado en el que mostraba su adhesión al orden constitucional y anunciaba habérselo transmitido así a los máximos jefes militares cuando ya hacía horas que era evidente que el golpe no iba a triunfar[5]. Me pregunto cuáles eran las alternativas... ¿no haber hablado? ¿haber sido ambiguo? ¿apoyar el golpe derrotado? En ese sentido Juan Carlos marcó tendencia. Hoy está aceptado que se premie a los jefes sólo por hacer su trabajo pero entonces no era tan común.
En realidad tengo la impresión de que la elaboración del mito es posterior[6]. Después del 23 F se comentaba más bien su papel ambiguo y el consejo de guerra a los golpistas no ayudó a despejar las dudas... Lo ubicaría más bien en algún momento de la presidencia de Felipe González, al tiempo que se forjaba La Transición como “versión oficial”, que fue creándose poco a poco y, aunque parezca frívolo, coincidente con la conversión de los chistes del Rey en los chistes de Morán[7].
Sea como fuere, es claro que sienta un precedente. Si el padre tuvo su 23 F para justificar su posición, el heredero no puede ser menos. Y aunque es cierto que apenas lleva tres años y medio en el trono, también es verdad que cuando su padre se “ganó la corona” tenía cuarenta y tres años y este va a hacer cincuenta...  Lo que me llama más la atención es que su momento de gloria tenga que ser calcado al de su padre, un discurso televisado en una situación extraordinaria.
Cierto que en este caso extraordinaria pero poco dramática. El balance de daños del 23 F no registró ni un solo herido leve ni el mínimo daño material, salvo los famosos desconchones en el techo del Congreso producidos por las ráfagas de los guardias civiles en un momento de excitación. Visto así, ahora estaban los famosos mil heridos... Pero en el caso de Juan Carlos, al menos aún nos enfrentábamos a un intento de golpe de estado como tal, por patético y ridículo que fuese. Había allí una gente armada intentando tomar el poder aunque, como bien apuntaron Miquel Amorós y Jaime Semprún en su momento, la gran diferencia fuera que cuando se produjo el intento de golpe de estado del 18 de julio de 1936 la gente salió a la calle a pararlo (o aplaudirlo) mientras en 1981 la gente corrió a casa a seguirlo por la radio[8].  
Es verdad que se hablaba de golpe de estado desde que en setiembre los independentistas catalanes alteraron a su capricho el reglamento del Parlament para conseguir sus fines secesionistas pero difícilmente puede encajarse un intento de secesión en la categoría de un golpe de estado, pero la prensa hace tiempo que no atiende demasiado al rigor conceptual. En este caso parece que se busca el mimetismo a toda costa: si el padre paró un golpe con un discurso televisado, del hijo se espera lo mismo. Y de paso limpian la mala imagen de la dinastía, pues Alfonso XIII tuvo que salir al exilio por haber apoyado al golpista Primo de Rivera[9]... El caso es que Felipe apareció por la tele y habló durante 362 segundos y con eso, al parecer, ya se ha ganado el trono.
Resulta curioso comprobar cómo el paso del tiempo entre el discurso del padre y el del hijo altera algunos razonamientos. Felipe dice que “Esas autoridades han menospreciado los afectos y los sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto de los españoles, y con su conducta irresponsable incluso pueden poner en riesgo la estabilidad económica y social de Cataluña y de toda España”[10]. Está claro que si en 1981 Juan Carlos hubiera dicho que criticaba el golpe porque podía ser perjudicial para la economía se hubieran reído de él y por ello se abstuvo de decir semejante cosa. Pero hoy, que casi todos vivimos en el alambre, ese dato puede ser mucho más motivador que la integridad de una constitución de cuyos artículos los gobernantes se ríen a diario.
He encontrado una crónica épica que transmite con intensidad el proceso de creación del discurso que eleva a la categoría de imprescindible al rey Felipe[11].  Ya el comienzo es impagable: “Ese martes se levantó temprano y desayunó con su mujer y sus hijas en el complejo de La Zarzuela, como siempre que está en Madrid durante la semana. La historia, al final, es una mezcla de rutina doméstica y de hechos extraordinarios[12]”. Es probable que se deba a la premura de tiempo pero en el relato abundan las incongruencias. Por ejemplo, dice que “En Zarzuela se escribe a varias manos (...) Todo, también las palabras elegidas y el orden de inclusión, es fruto del trabajo de equipo” y se supone que el equipo lo forman, aparte del Rey, el abogado del estado Jaime Alfonsín Alfonso (gallego de 62 años), Domingo Martínez Palomo, teniente general de la Guardia Civil (andaluz “criado en Murcia” de 63 años) y el periodista Jordi Gutiérrez Roldán (catalán de 58 años)  y deja claro que “A última hora de la mañana, el documento está listo para el visto bueno final”. El visto bueno es el de Rajoy que es el malo de la película, como pronto veremos. Sin embargo, en el mismo párrafo, Romero escribe que “Se graba rápido, el rey tiene interiorizado el discurso desde hace días”. Y lo subraya con negrita... La pregunta es cómo puede tener interiorizado desde días atrás un discurso escrito en comandita esa mañana pero Romero también escribe que “Felipe VI se asoma a la pantalla, como llevan haciendo los reyes más de medio siglo para felicitar la Navidad o hacer una declaración excepcional”. ¿Hace más de medio siglo? Está claro que esta mujer tiene un pequeño problema con la cronología.  Desbarajustes temporales aparte, “El rey guardó las formas institucionales durante 48 horas: dejó que hablara primero el presidente del Gobierno el domingo por la noche, cuando Rajoy negó la existencia del referéndum que todos pudimos ver en directo en las televisiones” y el pobre Felipe hasta pagó un precio físico: “es un hombre prematuramente envejecido con barba cana y patas de gallo. Algunos dicen que su aspecto se debe al enorme esfuerzo que realiza por no levantar la voz, por tragarse sapos con deportividad, por ganarse a pulso el sobrenombre del Paciente, como su abuelo materno, Pablo[13]”.
¿Sus enemigos? Un “Madrid pequeño formado por periodistas, políticos, funcionarios, asesores y correveidiles. Lo que en Zarzuela se denomina “la burbuja” y de la que el rey se siente tan distante. Una Almendra Central que abarca todo lo que ocurre dentro de la M 30, el cinturón que separa a la capital del reino, la de los coches oficiales y los restaurantes caros, de la España normal. Un territorio físico y mental parecido al cinturón que existe en Washington DC, el famoso beltway del que se nutrió el populismo de Trump”.
Resumiendo, que los de los coches oficiales y restaurantes caros estaban contra Felipe y querían verle caer, no en vano votarían a Trump de vivir en Estados Unidos. Cualquiera diría que si esa Almendra Central  estuviera en contra no haría falta que un bigotón tricornudo entrara en el congreso dando voces pero ¿quién puede oponerse a análisis políticos tan finos?

La dinastía de los Austrias se dio a reivindicar a Hércules como uno de los precedentes mitológicos de la monarquía hispana. Felipe IV encargó una serie sobre los trabajos de Hércules a Zurbarán de la que hoy se conservan diez lienzos en el Museo del Prado. En honor a la verdad, no constituyen su mejor trabajo...
Hércules es también uno de los protagonistas de la preciosa ópera breve de Sebastián Durón La guerra de los gigantes, escrita hacia 1700 y considerada una apología de Felipe V, entonces en guerra con Carlos de Austria[14].
Heracles, más conocido por su nombre romano Hércules, fue el mayor de los héroes griegos y para ganar semejante reconocimiento, tuvo que afrontar doce trabajos que desafiaban cualquier capacidad. De entre todos ellos, mi favorito es el quinto, el menos “heroico”. Le ordenaron limpiar los establos de Augias, rey de Élide, y atesoraban tal cantidad de mierda que tuvo que desviar los cursos de los ríos Alfeo y Peneo para poder limpiarlos con la fuerza sumada de sus corrientes. Aunque yo no entiendo de almendras, avellanas o nueces, me parece un ejemplo a imitar.





[1] Cuando Juan Carlos recibió a Condoleeza Rice le dijo “Hola, señora Arroz”. Ella le podía haber respondido “Good morning, Mr. Bourbon”, porque es exactamente la misma palabra. Como decía aquel personaje de la tele, “yo digo lo mismo que él, pero a él le llaman campechano y a mí gañán”.
[2] Que hoy recuerda otra simpleza similar, lo de “soy independentista pero no nacionalista”. En cuanto a las situaciones cómicas, hubo quien consideró en su momento que la serie infantil “Pippi Calzaslargas”  era un gol que los anarquistas habían conseguido colar a la única televisión existente entonces. O al menos eso ha dicho alguna vez el ex humorista Forges.
[3] Jamás olvidaré la rotunda frase que me dijo una vez una modelo profesional: a cualquier cosa le llaman modelo.
[4] No hay que ser muy listo para darse cuenta de que la Reina Emérita prácticamente ha olvidado el castellano.
[5] Entre medias de la película La princesa y el pirata, protagonizada por Bob Hope. Si no recuerdo mal, al comenzar la película Hope aparece diciendo “yo salgo luego, y hago de cobarde”. Pese a lo avanzado de la hora y mi corta edad, tuve permiso para quedarme levantado esa noche...
[6] Es un hecho que merecería una investigación detallada, porque creo que de ella se derivarían lecciones muy interesantes, pero ahora mismo necesitaría un tiempo y unos medios de los que no dispongo para realizarla con la seriedad que requiere.
[7] Fernando Morán fue ministro de Exteriores con Felipe González. Según se dice, era inteligente y soberbio, así que es de imaginar cómo se sintió cuando le adjudicaban acciones atribuidas al Rey Emérito, aunque fueran de mentirijillas.
[8] Hoy todo se desdibuja pero aquella fue conocida como “la noche de los transistores”. Hay gente que recuerda haber visto en directo la entrada de Tejero en el Congreso cuando en realidad esas imágenes sólo se ofrecieron a partir del día 24.
[9] Y salió tan rápido que olvidó a su mujer en Madrid. Ella jamás se lo perdonó.
[10] El discurso completo lo publicó El País el 05/10/17 bajo el título “Discurso completo del Rey sobre Cataluña”.
[11] Ana Romero: “La forja de un rey en sólo seis minutos”, El Mundo, 14/01/18. Al parecer, es un avance de un libro titulado El rey ante el Espejo, puesto a la venta el 16 de enero.
[12] En un texto que reproduje en 2015 ya quedaba clara la importancia que la familia da al desayuno: “Los Borbón – Ortiz son de desayunos completos y calmados, no les van las prisas. (...) el diálogo forma parte de su modelo de educación (...) “Doña Letizia es una experta en nutrición, a la que le interesa el procedimiento dietético y científico de la cocina (...) Ha guisado desde niña, y su padre, Jesús Ortiz, es un grandísimo cocinero”.
[13] Rey de Grecia donde, pese a sus desgracias actuales, no echan de menos a los reyes lo más mínimo. Serán desagradecidos...
[14] Pese a ser el maestro de capilla de Felipe hoy diríamos el director de su orquesta y su compositor residente , Durón simpatizaba secretamente con el archiduque Carlos y cuando este se hallaba a las puertas de Madrid sacó a los músicos de su rival a cantar el Te Deum en acción de gracias. Se precipitó. Carlos no llegó a entrar en la capital y Durón quedó señalado por su imprudencia. Tuvo que exiliarse a Francia y aunque Felipe, conocedor de su talento, le perdonó, Durón no regresó. Hechos como este deberían hacer replantearse a los catalanistas su visión simplista de la Historia, pero está claro que ni se los van a enseñar en su escuela ni los van a ver en su televisión...

miércoles, 6 de enero de 2016

LOS ORÍGENES (II): UN CIERTO TUFO A INCIENSO


En la anterior entrada me ocupaba de la extraña posición de la izquierda española respecto a los nacionalismos y separatismos periféricos. Pues bien, más importante que la relación con el nacionalismo fue la relación con parte de la Iglesia, pero esta se suele señalar mucho menos.
La defensa de la religión fue uno de los argumentos de la sublevación contra la República. Los caídos del bando franquista lo fueron “por Dios y por España”, por ese orden, y los historiadores suelen llamar “nacional catolicismo” al régimen instaurado tras la guerra, aunque es cierto que sus defensores jamás utilizaron esa expresión para nombrarlo.
Pero la iglesia que defendían y que a su vez les legitimaba públicamente , ya era una reliquia durante la República, no digamos en la posguerra. La Segunda Guerra Mundial hizo mucho daño a Dios. Millones de cristianos se preguntaban cómo había podido permitir que sucedieran Auschwitz, Hiroshima o Dresde y no les convencía ninguna respuesta. Añádase a ello el obvio cambio de mentalidad que provoca dedicar unos años de tu juventud a esquivar las balas que disparan los de enfrente mientras, por tu parte, intentas con toda tu habilidad que dejen de respirar para siempre, y fueron muchos millones de jóvenes europeos los que fueron al frente y aún más millones de mujeres, niños y ancianos los que sufrieron las consecuencias de la guerra en su propia casa[1]. Si a ello se añade, por poner un solo ejemplo, la difusión masiva en los años siguientes de teorías y hallazgos científicos que iban empequeñeciendo el papel de un dios creador, no es difícil llegar a la conclusión de que a finales de la década de 1950 la iglesia católica tenía un grave problema enfrente. El papa Juan XXIII, que era protector de pederastas pero no tonto, se dio cuenta y trató de remediarlo convocando un concilio ecuménico que tenía la tarea de poner la Iglesia al día, lo que se conoció entonces como el “aggiornamento”. Pero Dios tenía otros planes y fue su sucesor, Pablo VI, el que llevó a término el Concilio Vaticano II, a cuyo nombre estará siempre asociado.
El concilio supuso una sacudida para la iglesia española probablemente la más atrasada de Europa occidental, después de la portuguesa[2] , y procuró visibilidad a fenómenos que ya se estaban cociendo, entre los que interesa destacar a los “curas obreros” y las comunidades cristianas de base.
Los “curas obreros” eran los que ejercían la “opción preferencial por los pobres”, como decían los teólogos de la liberación americanos, y se apuntaban a trabajar de obreros para hacer apostolado entre ellos sin colgar los hábitos (aunque al final la mayoría de ellos acabaran abandonándolos para casarse). El más famoso fue José María Llanos, “el padre Llanos”, por lo extremo de su giro ideológico: pasó de dirigir los ejercicios espirituales de Franco a militar en el Partido Comunista de España tras sus vivencias en el Pozo del Tío Raimundo, un suburbio de condiciones terribles. Junto a ellos convivían los “curas rojos”, aquellos que trataban de conciliar el cristianismo con el marxismo, el psicoanálisis, el existencialismo o cualquier otra ideología que pareciera avanzada, como se decía entonces. Uno de los ejemplos más curiosos fue Jesús Aguirre, futuro Duque de Alba, que se especializó en casar a notorios izquierdistas (los entonces conocidos como “progres”), entre ellos la propia Manuela Carmena[3].
A su vez surgieron por todo el territorio las llamadas “comunidades cristianas de base”, agrupadas en torno a algunas parroquias, que buscaban revivir el ambiente del cristianismo primitivo, aquel que se suponía que Jesucristo había instaurado entre sus discípulos y que se había desvirtuado en algún momento del camino, lo que en el fondo no dejaba de ser un modo de expresar una discrepancia política vestida con un transfondo religioso, como un extraño reflejo de actitudes de muchos siglos atrás[4].
Curas obreros, curas rojos y comunidades de base tuvieron una influencia enorme en la izquierda de entonces, basta con pensar en uno de los hechos más interesantes y desconocidos de la famosa Transición; el movimiento huelguístico de Vitoria que acabó con la muerte de cinco obreros el tres de marzo de 1976. Les disparó la policía al salir de una iglesia, porque iglesias eran los lugares donde se celebraban las asambleas, cedidas por curas rojos; una de las caras visibles del movimiento era Jesús Fernández Naves, antiguo cura obrero, y quizá la mejor fuente directa de información sobre aquel conflicto visto desde dentro sea la que recogía “el secretariado social de la diócesis de Vitoria en una serie de cuadernillos trabajados con la colaboración de las Comisiones representativas” (es decir, los propios huelguistas)[5]. Se respiraba iglesia por todos lados, aunque no fuera la parte alta de la jerarquía. Hasta sus enemigos explotaron la circunstancia, pese a la contradicción evidente que suponía que creyentes atacaran a creyentes por el hecho de serlo. Una de las hojas de contrapropaganda que circulaban entonces, mostraba a Fernández Naves vestido de cura (aunque hacía años que no lo era) y a una tal Sor María del Carmen Landaluce (Médico) vestida de monja con un hábito remendado, que cuelgan un cartel en una iglesia que dice: “Se alquila para huelgas. Los bautizos en Sindicatos”, mientras el reverendo padre don Jesús Fernández Naves piensa: “Ya estarán contentos en Moscú”[6].

Así que cuando el 12 de octubre pasado Ada Colau condenó la celebración del genocidio, mi imaginación calenturienta me recordó esa influencia tan clara de una parte de la mentalidad cristiana en las creencias de estos izquierdistas, tan nuevos y tan arcaicos a la vez[7]. Para que se entienda lo que quiero decir, no me resisto a transcribir una cita que para mí encierra las claves ideológicas de lo que era el cristianismo primitivo, aunque ya tenga tres siglos a sus espaldas: “Por lo que respecta a la moral de Jesús Cristo, si se distingue la que le era propia de la que tenía en común con los filósofos, se encontrará que la primera tiene dos defectos considerables. Uno, que exige de los hombres cosas absolutamente imposibles y contra su naturaleza, como la obligación de odiarse a sí mismo, amar a los enemigos, no ofrecer resistencia a los malvados, etc. El otro es que parece haber sido imaginada con el objeto de mantener una tropa de miserables y de vagabundos, como lo fueron sus apóstoles y sus discípulos. ¿Acaso esa moral no está llena de imprecaciones contra la insensibilidad de los ricos? ¿No encontramos en ella lecciones que enseñan a vivir a costa de los demás? Se encuentran allí formularios de bendiciones para las ciudades, los pueblos, las aldeas, las casas y las personas que dieron una buena acogida a sus seguidores, y maldiciones contra los lugares que no quisieron recibirlos”[8]. Por supuesto, cuando el Cristianismo se convirtió en la religión oficial de Roma esta teología de pedigüeños fue sustituida por otra que consideraba que el poder era una bendición que Dios derramaba sobre sus elegidos. No hay que ser un lince para ver la analogía que movía a las comunidades cristianas de base de los sesenta.
Comenzaré por la segunda parte. Según una fuente hostil[9], el Observatori DESC, del que procede el núcleo de Barcelona en Comú (Colau, Pisarello, Asens, Pin...), recibió 3’8 millones de euros de subvenciones públicas entre 2008 y 2014 y especifica que en 2014 un año flojo , de los 444.309 € que les tocaron, dedicaron 182.144 a gastos de personal y 84.111 a pagar asesorías externas. Puede que yo sea de otra época, pero no creo que sean estos suplicantes los que nos lleven a la emancipación, como dice la famosa canción. Espero ocuparme despacio sobre ello algún día, pero si Felipe González pasa a la historia por algún motivo debería ser por el arte con el que utilizó las subvenciones para desmantelar cualquier atisbo de protesta. Fue muchísimo más eficaz que veinte pelotones de antidisturbios con carta blanca.
La primera es obvia hasta para alguien tan antipatriota como yo: las culpas son imborrables, nunca caducan, es un pecado original que no se lava ni con el bautismo. Es lo que llamo la “Doctrina Colau”: si perteneces a la estirpe equivocada, tu responsabilidad heredada te acompañará siempre, aunque puedes mejorarla haciendo autocrítica pública por ti y por todos tus antepasados, aunque maldita la cosa que tuvieran que ver en ello[10]. Pero claro, en la responsabilidad también hay grados. Gerardo Pisarello, el teniente de alcalde de Ada Colau, está libre de pecado, pese a que si no se hubiera producido el genocidio previo, jamás hubieran podido ir sus antepasados a Argentina a colaborar en la expoliación de las riquezas indígenas. A diferencia de los míos, que se quedaron en su casa.




[1] Este hecho, que no se suele citar, puede ayudar a explicar la enorme diferencia de población creyente que hay entre Europa y los Estados Unidos.
[2] Los ultras del Régimen nunca perdonaron a Pablo VI, al que consideraron personalmente responsable de lo que vino después. En diciembre de 1970 a cuenta de que el Papa pidió clemencia para los condenados a muerte del Proceso de Burgos , la revista ¿Qué pasa? escribía: “Para nosotros el Papa, en cuanto representante de Jesucristo, es anterior y superior a España, a la patria, a Franco, a todas las naciones y a todo lo humano. Pero el Papa en cuanto a no representante de Jesucristo, en cuanto a representante de su propia personalidad privada, en cuanto a representante de intereses puramente humanos, en cuanto a Montini, es cuasi infinitamente inferior a España, la patria y a Franco como cabeza de la nación”. (Reproducido en Fernando Díaz Plaja: La España franquista en sus documentos (La posguerra española en sus documentos), Plaza y Janés, Barcelona, 1976, p. 500).
[3] Jesús Aguirre es el hilo conductor del imprescindible libro de Gregorio Morán: El cura y los mandarines. Historia no oficial del bosque de los letrados (1962  1996), Akal. Madrid, 2014.
[4] Un estudio clásico sobre las herejías medievales como expresiones políticas es el de Norman Cohn: En pos del milenio, recientemente reeditado por las riojanas Pepitas de Calabaza. Para quien prefiera la ficción es muy recomendable Q, escrito por Luther Blissett, que es un seudónimo colectivo que ahora firma como Wu Ming.
[5] Según los describe Gasteiz: Vitoria. De la huelga a la matanza, Ruedo Ibérico, s. l., 1976, p. 31. En el libro ocupan de la página 31 a la 85, pese a que treinta y dos años después un historiador pretenda haberlos descubierto (Iñigo González Inchaurraga: Vitoria, 3 de marzo. Un conflicto transicional, Ediciones García , S. L., s. l. 2008). Claro que este librito cita fuera de contexto, altera las citas a su capricho y contiene alguna falta de ortografía que hace daño a la vista.
[6] La describo como aparece en el libro de Antonio Rivera y Santiago de Pablo: Profetas del pasado. La conformación de una cultura política III. Las derechas en Álava, Ikusager, Vitoria, 2014, ilustración 112. La imagen es tan pequeña y borrosa que mis pobres medios digitales no me permiten reproducirla con claridad. Confieso que ignoro todo sobre María del Carmen Landaluce.
[7] Sin querer entrar en lo ridículo que resulta en términos históricos , describir un proceso que comenzó hace quinientos años y duró más de trescientos, con un concepto acuñado en el siglo XX. Si tuviera algo de formación política sabría aquello de que cada sociedad solo se plantea los problemas que puede resolver, pero supongo que una idea así le provocará dolor de cabeza.
[8] Anónimo clandestino del siglo XVIII: Tratado de los tres impostores. Moisés, Jesús Cristo, Mahoma. El Cuenco de Plata, Buenos Aires, 2006, p. 114.
[9] “L’escandol esquitxa l’Observatori DESC/ICV – EUiA/Barcelona en Comú”, directe!cat, 18/05/15. Este es un medio que no oculta su ideología, su lema es El digital dels que votaran #SíSí.
[10] Es justo reconocer que el germen de esta  idea aparece en un contexto diferente en un pequeño libro tanto en tamaño como en profundidad , de Emilio Lopez Adan “Beltza”: Terrorismo y violencia revolucionaria. Likiniano Elkartea, Bilbao, 1998, pp. 40ss. (El autor firma así, sin tildes. Supongo que es un intento de euskaldunización sobre unos apellidos imposibles). Ya dice Lázaro de Tormes que no hay libro por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena, sin olvidar que Dios escribe derecho con renglones torcidos...