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lunes, 24 de septiembre de 2018

VIVIR PARA VER




Carlos Solchaga fue ministro de Industria y Energía en el primer gobierno de Felipe González y, por tanto, responsable directo de la Reconversión Industrial que tanto llanto y crujir de dientes trajo consigo. Como hizo muy bien su trabajo, González le ascendió a Economía y Hacienda, desde donde dijo cosas tan brillantes como que España era el país donde era más fácil hacerse rico.
Se le había perdido la pista porque está muy ocupado aplicándose su consejo de amasar millones pero ha vuelto a los periódicos porque participaba en un foro de El Diario Montañés y en el turno de preguntas ha afirmado este lunes que los pensionistas que protestan en las calles por la revalorización de las pensiones ”no tienen razón”, porque “ninguno de ellos ha pagado ni la mitad de lo que perciben”.

Pasando por alto aquella vieja respuesta de que no puede hablar sobre el conjunto de los manifestantes porque no los conoce a todos, tiene razón. El primitivo sistema de pensiones funcionaba como una especie de hucha, tú vas cotizando y de ese dinero aportado saldrá tu pensión.  Hasta que llegó al poder un tal Felipe González y decidió cambiarlo. No por su bondad natural, que es más bien escasa, sino fruto de un cálculo rastrero destinado a ganar votos. Y se le ocurrió el gran invento, las “pensiones no contributivas”, pagar pensión a gente que jamás había cotizado.
Pero el dinero tenía que salir de algún lugar y la competencia de  Solchaga no alcanzaba para hacer rico al Estado, sólo a algunos particulares[1], así que se fue cogiendo de aquí y de allá. A algunos pensionistas, por ejemplo. Mi padre, que no ha ido a las manifestaciones, cobra un monto menor del que le correspondería por cotización y con lo que no le dan a él, financian otras pensiones... Y ni aún así llega, claro.

Solchaga sabe en qué país vive, así que le importa un bledo salir y decir lo que dice porque sabe bien que nadie va a replicarle “¿cómo puedes echar la culpa a otros del problema que tú creaste?”
Porque sabe que la derecha está muy ocupada con la tesis de Sánchez y la izquierda con el último antigitanismo[2].





[1] En particular un grupito conocido entonces como “la beautiful people”, pese a ser todos más feos que el culo de un mono.
[2] Sin firma: “Solchaga dice que los pensionistas que protestan en la calle “no tienen razón” porque no han “pagado ni la mitad de lo que perciben” e insta a no “volver al IPC””. eldiariocantabria.es, 18/09/18. Además, Sobre el conflicto catalán, ha recalcado que “ningún Gobierno puede negociar fuera de la Constitución”. Para quien quiera tomarse el trabajo de buscarla, hay una fotografía de finales de los 70 en la que Solchaga, entonces en el Partido Socialista de Euskadi, sostiene una pancarta pidiendo el derecho de autodeterminación para el País Vasco. También “ha dibujado un buen escenario económico”, así que voy corriendo a meterme debajo de la cama...

viernes, 20 de abril de 2018

DE SARTENES Y TACONES


El día antes de que seis del Proceso acudieran al Supremo mi gran amigo Felipe González aprovechó la presentación de un libro de su gran amigo Joaquín Almunia para dar un par de lecciones. Presento aquí por orden de aparición las citas literales que recogía la crónica de El País sin apenas solución de continuidad[1]:
“Ojalá no metan a ninguno en la cárcel” “Ya sé que nado a contracorriente” “En el ambiente de polarización es difícil decir esto porque parece que uno está interfiriendo” “Al independentismo no hay que destruirlo, hay que ganarlo. Si ellos violan la ley, nosotros tenemos que ser exquisitamente garantistas” “Nos amparamos en las togas porque como políticos somos unos inútiles” “Cuando perdemos vamos a que lo resuelvan los jueces” y esa actitud conlleva que “la política se degrade porque está judicializándose” “Una vez que hemos entregado la responsabilidad judicializando la política a los jueces, de vuelta recibimos la politización inevitable de la justicia” “Una vez ese proceso llega a un determinado punto de saturación, la justicia empieza a tomar decisiones políticas. Eso se llama gobierno de los jueces”.
Y en efecto, nadaba a contracorriente. Llarena no le hizo el menor caso, así que no debe preocuparse porque a nadie le debió parecer que estaba interfiriendo...
Su antiguo subordinado Fernando López Agudín hablaba de la inquietud contenida con la que clamaba, cual profeta bíblico, su digna preocupación. Es lo menos que se puede esperar, mostrar lealtad al antiguo jefe. Después volveré sobre las palabras de González, pero primero me gustaría que nos remontáramos al origen.

¿Cuándo empezó todo esto?
La respuesta más común nos lleva al verano del 2010, cuando el Tribunal Constitucional impugnó unos artículos del Estatuto de Autonomía votado en 2006, del que no se puede decir que hasta entonces hubiera generado demasiado entusiasmo. (Cabe recordar una vez más que ERC había pedido el voto negativo en el referéndum de aprobación ― petición en la que coincidió con el PP, aunque obviamente por razones diversas ― y que la abstención fue abrumadora). Considerado este principio, los comentaristas a los que Rajoy no les gusta ni siquiera un poquito le culpan precisamente por haber llevado el Estatuto al Constitucional. Por su parte, los proclives a Mariano culpan a Zapatero por haber permitido que saliera adelante un ordenamiento que era claramente inconstitucional. En cualquier caso, dejando aparte la atribución de la culpa, ambos bandos de comentaristas se remontan poco más atrás del año 2006. Sin embargo, últimamente algunos han reparado en un hecho que se remonta a principios de los noventa.
El problema del pasado es que no puede defenderse y se puede decir sobre él lo que se quiera, y me incluyo entre sus maltratadores. Iba a escribir que ya nadie cree que la Primera Guerra Mundial fuera causada porque un nacionalista disparó a un miembro de la realeza de un país sin peso alguno en el concierto europeo de entonces pero lo cierto es que he recordado que en 2014, cuando todos los periodistas del mundo recordaron la Gran Guerra por cumplirse su centenario, me harté de escuchar, ver y leer semblanzas del estudiante pistolero y hasta reconstrucciones detalladas al segundo de cómo cometió su crimen. Pero resulta difícil pensar que las mayores potencias europeas enviaran alegremente a morir a millones de sus jóvenes porque se había alterado el orden de sucesión en un rincón de los Balcanes...
Pero en este caso también existe la tendencia contraria, remontar el principio tres siglos atrás, a un episodio de la Guerra de Sucesión  o incluso a las aventuras de un clérigo tronado que corría las sierras setenta años antes...
Algunos cuya memoria oscila entre la que se atribuye tradicionalmente a los peces y a los elefantes, han desempolvado un documento que apareció en los periódicos a finales del año 90[2], el que hoy se conoce como Plan Catalunya 2000 pero que en el artículo que cito se limita a decir que “viene a ser el Programa 2000 de los nacionalistas catalanes”. Lo presenta como “el borrador del programa ideológico de Convergència Democràtica (CDC) para la próxima década”. El resumen del programa deja con la boca abierta leído hoy: “La obsesión por inculcar el sentimiento nacionalista en la sociedad catalana, propiciando un férreo control en casi todos sus ámbitos ― el documento propugna la infiltración de elementos nacionalistas en puestos clave de los medios de comunicación y de los sistemas financiero y educativo ―, y las referencias a un ámbito geográfico ― los Países Catalanes ― que sobrepasa los límites del Principado”.

El apartado dedicado a los objetivos simplemente esgarrifa, como dicen los catalanes con verbo bien expresivo:
Para cumplir sus objetivos, los ponentes no ocultan la necesidad de controlar a los educadores para que cumplan lo estipulado en la doctrina nacionalista. Se aboga, así, por “vigilar la composición de los tribunales de oposición” para todo el profesorado.
Asímismo se alienta a “reorganizar el cuerpo de inspectores de forma que vigilen la correcta cumplimentación de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza”. También se considera necesario “incidir en las asociaciones de padres”[3].
La voluntad de dirigismo queda de nuevo patente en el apartado relativo a los medios de comunicación: hay que “introducir gente nacionalista (...) en todos los puestos claves de los medios de comunicación”. También se postula “incidir en la formación inicial y permanente de los periodistas y de los técnicos de comunicación para garantizar una preparación con conciencia nacional catalana”[4].
El documento promueve la creación de organizaciones patronales, económicas y sindicales catalanas, y la conveniencia de diseñar “una estrategia para optar a los cargos directivos de las instituciones” financieras.
De igual forma, se propugna “incidir sobre la administración de justicia y orden público con criterios nacionales”, y revisar los mecanismos de acceso y promoción del funcionariado.
Visto desde hoy, el plan funcionó como un reloj. Pero se diría que para cumplir con sus objetivos debió necesitar de ciertas complicidades, porque ellos más claro no lo podían decir. Desde el que hizo como que no leyó el artículo, pese a publicarse en su periódico favorito, hasta el que enterró la cabeza en la arena para no ver cómo cobraba forma, y no se puede descartar que estemos hablando de la misma persona...
En lo que respecta a las responsabilidades, Antich dejaba bien claro que la mente pensante del plan era el mismísimo Jordi Pujol:
“El Consell Executiu de la Generalitat ha abordado en las últimas semanas diferentes aspectos del documento y su presidente, Jordi Pujol, ha mantenido reuniones individuales con miembros de su gobierno y con diferentes dirigentes de la coalición nacionalista. Pujol distribuyó un preborrador del documento a los miembros del Gobierno catalán al inicio de las vacaciones de verano de 1989 con el ruego de que lo leyeran y que, en septiembre, hicieran sus aportaciones.
Poco o casi nada se volvió a hablar del asunto en un año. Hace dos meses, Pujol repartió el documento, que tenía novedades. A diferencia de la ocasión anterior, el presidente de la Generalitat solicitó que las aportaciones al documento se hicieran llegar con rapidez y pidió a sus consejeros que lo distribuyeran entre los secretarios generales de los departamentos para que abordaran conjuntamente aspectos que les corresponden y propusieran iniciativas.
La génesis del documento se produce a partir de unas notas de Pujol. Aunque no tiene, aparte del presidente de la Generalitat otros padres, se sabe que han participado los consejeros Macià Alavedra (Economía), Joan Guitart (Educación), Joan Vallvé (Agricultura) y Josep Laporte (Sanidad), así como el secretario general de Convergència, Miquel Roca”.

Seis años antes
En mayo de 1984 los fiscales José María Mena y Carlos Jiménez Villarejo presentaron una querella contra el consejo de administración de Banca Catalana que incluía a su vicepresidente ejecutivo, Jordi Pujol, presidente de la Generalitat entonces. Se les acusaba de delitos de apropiación indebida, falsedad en documento público y mercantil y maquinación para alterar el precio de las cosas. Según contaba treinta años después Jiménez Villarejo en una entrevista[5], Los fiscales generales del Estado, en esa etapa nombrados por el PSOE, me prohibieron que iniciara ninguna investigación y paralizaron siempre cualquier investigación que pudiera perjudicar a Convergencia Democrática y, particularmente a Jordi Pujol a través de sus consejeros.
Fue una etapa de una profunda y amplia corrupción en el seno de los gobiernos de Jordi Pujol, que representaba la continuidad de lo que había empezado en Banca Catalana. Sin embargo hubo un cierre absoluto de los respectivos fiscales generales, todos al servicio de Jordi Pujol. Ahora, cuando se plantea el tema de la relación Cataluña ― España, hay que recordar que en aquellos momentos los gobiernos de Felipe González ― también los del PP pero menos ― protegieron a Pujol y a los gobiernos de CiU de todas las actuaciones penales que les pudieran perjudicar. Me resulta indignante que ahora hablen de España como si fuera el gran enemigo cuando durante tantos años haciendo actuaciones ilícitas, fraudulentas y delictivas, han sido protegidos por ese Estado que ahora parece que detestan tanto.

Hay que recordar que en 1984 Felipe González gozaba de la mayoría más amplia de la que ha gozado gobernante alguno desde que murió el Paco. No necesitaba los votos de nadie para aprobar lo que quisiera. Pero, por alguna razón que sólo él sabrá explicar, González siempre mostró un gran complejo de inferioridad respecto a los nacionalismos periféricos. En 1986 el Partido Socialista de Euskadi[6] ganó las elecciones autonómicas con dos escaños más que el PNV, aunque con menos votos por la especial configuración de las circunscripciones, que dan veinticinco escaños a cada provincia con independencia de su población. El candidato Txiki Benegas recibió la orden de no plantar batalla y facilitar el gobierno a la segunda fuerza, el PNV, a través de un pacto de gobierno que garantizaba que el primer partido no sólo cedía el mando al segundo sino que le apoyaba con sus votos.

Parece claro que aquel plan dado a conocer en 1990 era un empeño personal de Jordi Pujol. El artículo de Antich deja claro que ante la falta de entusiasmo de sus subordinados volvió a remitírselo al año siguiente. Y aunque hacer predicciones sobre un hecho que no ha sucedido es arriesgado, se puede decir que siendo un empeño personal de un solo individuo, “muerto el perro se acabó la rabia”. Es decir, que si se hubiera perseguido penalmente, condenado y encarcelado a Pujol, seguramente la situación sería hoy bien distinta.

Y aquí vuelvo a las declaraciones de Felipe González: Al independentismo no hay que destruirlo, hay que ganarlo. Si ellos violan la ley, nosotros tenemos que ser exquisitamente garantistas (...) Nos amparamos en las togas porque como políticos somos unos inútiles.
Pues sí, él fue exquisitamente garantista, tanto como para obligar a sus subordinados a evitar problemas a alguien que tenía mucho que esconder. Porque las togas las llevan varios, los jueces y también los fiscales. Y en el caso de Rajoy, se puede presumir que ha dado instrucciones a los jueces para que le hagan el trabajo pero en el caso de González es público y notorio y, sin embargo, es reconocido como voz autorizada por un puñado de periodistas cínicos que saben y no quieren recordar y otros cuantos ignorantes que no saben.
Como decía aquella película clásica, dijo la sartén al cazo: apártate que me tiznas y como dice el refranero: habló de putas La Tacones.





[1] José Pérez Colomé: “Felipe González sobre los investigados en el Supremo: “Ojalá no metan a ninguno en la cárcel””. El País, 23/03/18.
[2] José Antich: “El Gobierno catalán debate un documento que propugna la infiltración nacionalista en todos los ámbitos sociales” El País, 28/10/90. Que yo sepa, también lo recogió El Periódico.
[3]




Así leído extraña poco que el 29 de marzo del corriente el Secretariado Permanente del Comité Regional de CNT Catalunya i Balears (sic) hablase de “la amenaza constante que sufre el modelo que instruye y educa a nuestras hijas e hijos” (en catalán usan el mucho más entrañable genérico criatures. Ignoro por qué no lo han conservado en castellano, aunque lo supongo). Por si faltara algo, citan a Thoreau en vano pero ¿de qué maravillarse? Es el efecto de la cultura Google, en febrero un sindicato del metal de la CNT citaba elogiosamente a la ultraliberal Ayn Rand. Mis amigos de Formación Profesional de la adolescencia tenían una frase para el caso: de metal tenían que ser...
[4] Es ya archisabido, y quien quiera puede comprobarlo fácilmente, que durante esa época Jordi Pujol enviaba “entrevistas” a los principales medios que contenían a la vez las preguntas y las respuestas. Y se publicaban tal cual, al menos en La Vanguardia...
[5] Siscu Baiges: “Villarejo: Los fiscales generales del Estado que nombró el PSOE me prohibieron investigar a Pujol”, eldiario.es, 02/08/14.
[6] Quiso llamarse Partido Socialista Vasco pero se le adelantó el microscópico Euskal Sozialista Biltzarra del antiguo etarra Txillardegi (José Luis Álvarez) que tuvo una corta y accidentada vida hasta que acabó por integrarse en Herri Batasuna.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

AGARRARSE A UN CLAVO ARDIENDO

El otro día mostraba mi extrañeza ante ese fenómeno de los independentistas que no eran nacionalistas, esos que quieren la independencia para cambiarlo todo de arriba abajo aunque esa posibilidad no figure ni en la letra pequeña del contrato independentista que conocemos.
Pues bien, tengo comprobado hace tiempo que, por alguna razón diabólica cuya comprensión se me escapa, las malas ideas viajan mucho más rápido que las buenas y esta ha logrado atravesar el Ebro en los últimos días con mínimas adaptaciones. Extendida por Podemos, pero no sólo por ellos, circula la idea de que hay que apostar por el referéndum[1] porque provocaría un cataclismo que permitiría acabar con el “régimen del 78”.

Aquí haré un pequeño inciso[2]. Quizá suene retórico o abstracto pero no me gusta eso de impugnar la Santa Transición. Por una parte transmite la ilusión de que el pasado se puede enmendar, como si pudiera echarse atrás el calendario y corregir los errores. Y de paso, presentarse como una “versión buena” de los actores de entonces. Si Albert Rivera tiene un trastorno de personalidad  que le hace creerse la reencarnación de Adolfo Suárez, Pablo Iglesias[3] vendría a ser una versión mejorada de un Felipe González setentero que no hubiera hecho renegar al PSOE del marxismo chantajeándolo con una dimisión que no se creía ni él. Agua pasada no mueve molino, pero aquí subyace una cierta forma de pensamiento mágico. Si vamos a la raíz del Mal, que es el orden constitucional del 78, y la abolimos por consenso o por decreto, automáticamente triunfará el Bien.

Pues no. Las cosas mejorarían si se presentara un programa mejor y se dispusiera de los medios para hacerlo cumplir aunque fuera mediante el uso de la fuerza, pues tener el poder no significa otra cosa que disponer de la fuerza. Pero ese programa alternativo no aparece por ningún lado, se supone que se dará por sí mismo una vez pongamos en fuga al malvado Rajoy.
Alguien lo ha sintetizado muy bien en un texto dado a conocer hoy: al “crack económico se ha sumado la crisis política, institucional, social y territorial” por lo que considera que “las grietas del régimen del 78 resultan evidentes”. E incluso destaca que “el proceso catalán es la realidad principal que puede quebrar ese régimen”.
De todos los textos que he leído, este es el que mejor condensa esta idea de que la independencia catalana conlleva aparejada la caída del régimen del 78.
Mentiría si dijera que no me ha sorprendido su autoría. Es el último comunicado de ETA[4].

Mientras se cocía el régimen del 78, ETA entrenaba y armaba al primer comando operativo de Terra Lliure. Frederic Bentanachs, uno de los supervivientes, suele recordar que su instructor Txomin Iturbe[5] les dijo que en tres meses estarían muertos, presos o huidos.
Mira por dónde, esta profecía sí se cumplió.








[1] O sea, por el triunfo del voto afirmativo, pues nadie contempla la otra posibilidad.
[2] En los próximos meses me gustaría dedicar espacio a cuestiones de teoría política. Espero que no sea una de tantas promesas incumplidas en estos ya casi tres años. En mi descargo he de decir que si no las he cumplido, tampoco las he olvidado y me suelen atormentar de vez en cuando...
[3] Que no se llama Pablo Iglesias por casualidad, como dijo una vez...
[4] Aitor Ubarretxena: “ETA pide para Euskadi un proceso independentista como el catalán”, El Periódico, 27/09/17. Las negritas y las comillas son suyas.
[5] La otra era María Dolores González Cataráin, Yoyes, ejecutada por ETA en la década siguiente por botiflera.

viernes, 28 de octubre de 2016

¿LA DERROTA FINAL?


 Algunos escriben que a Felipe González y Juan Luis Cebrián no les han dejado hablar en la Universidad Autónoma de Madrid. La mejor crónica es sin duda la de El País. No en vano, veinticuatro horas después aún figuraba la primera entre las noticias más leídas[1].
El arranque lo dice todo: “Alrededor de 200 violentos, gran parte de los cuales ocultaban su rostro con caretas y capuchas”... En fin, si nos guiamos por la foto que acompaña al artículo, los cinco que llevan capuchas ocultan su cocorota, no su rostro, claramente visible porque son las capuchas de sus sudaderas. No son capuchas modelo terrorista con sus tres agujeritos, dos para los ojos y uno para la boca. Las caretas sí lo ocultan, claro, pero es que su finalidad no es el enmascaramiento sino la representación de una persona distinta a quien la lleva. Y esto es así al menos desde la Grecia Antigua[2].
(Y aquí viene la nota chusca. “La decana Olivas” dice que “les rogué que en la misma medida que yo acudía con la cara destapada ellos también se quitaran las caretas. No accedieron. Entendí rápidamente que su ánimo no era de diálogo sino de franca y abierta confrontación” y Manuela Carmena ha dicho “Me preocupa muchísimo por qué uno se pone capucha, careta”. “Eso es cerrarse a la empatía, a la capacidad de mediación, a que el otro ni siquiera te pueda mirar. Me parece terrible”.
Todo muy razonable. Si no fuera porque en el párrafo anterior se nos informa de que “Las autoridades universitarias ya han expresado su condena y han abierto una investigación para intentar identificar a los cientos de personas que impidieron el desarrollo del acto al bloquear las entradas”. Decisión a la que no será ajena la decana Olivas, supongo. Y es que no están los tiempos para descuidarse. Uno puede acabar en la cárcel por cosas así. De hecho por bastante menos, como veremos[3]...)
Del resto del artículo citaré unos párrafos más que vienen a cuento con lo que voy a tratar. Quien quiera leerlo entero lo tiene fácil. Salvo que lo hayan actualizado y no se parezca en absoluto al que yo he leído, que tampoco es una posibilidad despreciable[4]. Dice o decía que “La manifestación ha sido convocada por la autodenominada Federación Estudiantil Libertaria (FEL), a través de un pasquín” (...) “Hasta la facultad ha llegado un autobús cuyos ocupantes se han unido a varias decenas de jóvenes, muchos ya enmascarados, que procedían de la facultad de Psicología” (...) “Antonio Rovira, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Madrid y director del Máster en Gobernanza y Derechos Humanos” ha dicho que “Había otra posibilidad, que era recurrir a la fuerza y despejar el camino, pero eso en eso tiene que ser muy excepcional en el ámbito universitario, cuando no hay otra salida” (...) “Los participantes vienen de fuera, no son de esta facultad”.
(Antes de entrar en materia, dos apuntes rápidos. ¿Cómo se puede ser catedrático y director de un Máster y hablar tan mal? El otro es un clásico “cañí”: Cuando en un pueblo sin tradición criminal reciente se produce un asesinato, la primera reacción de los vecinos, con el alcalde a su cabeza, es decir que los autores “no son del pueblo”. Por desgracia para los que dicen tales cosas, en el noventa por ciento de los casos sí lo son... Sin olvidar la pregunta tonta: si no son de la facultad, ¿para qué abren una investigación? Es evidente que no van a identificar a nadie).
La verdad es que el hecho de que estos dos fantasmas del pasado no se hayan atrevido a entrar donde se suponía que iban a soltar su perorata me importa más bien poco. Pueden hablar y recibir atención siempre que les venga en gana, ya sea en casa o en cualquier otro medio. Ellos no tienen que romper lunas de sucursales bancarias para recibir quince segundos de atención en el telediario. Sí me importa más el trasfondo del artículo, que tenía como objetivo final atacar a Podemos.
Sí, lo sé, estoy aburrido de escribir ― y vosotros de leer ―, que El País no desperdicia ocasión de atacar a Podemos, pero es que esta vez, como diría el participante medio de un programa de televisión exitoso, es muy fuerte... Sucede que el diario que en otro tiempo fue de referencia acusa a Podemos de haber organizado los disturbios que nunca fueron.
Según El País, convocó al acto la Federación de Estudiantes Libertarios. Casi lo que más me gusta es que lo hiciera a través de un pasquín, un medio sedicioso que tiene acreditados por lo menos trescientos cincuenta años de antigüedad. Menudos fósiles, con lo fácil que hubiera sido enviar una nota a El País o la Cadena SER... Y aquí surge una primera dificultad. Es cierto que la FEL convocó al acto, pero ha dejado claro que no fue la única convocante sino una más entre varias organizaciones, pero pasaremos por alto este punto. Para el diario fueron ellos. El problema es que si se trata de una organización anarquista malamente se va a dejar manejar por un partido que se rige por un principio de estricta autoridad. Y aquí encaja la fórmula autodenominada. El material humano que recolecta últimamente este periódico es tan defectuoso que no se da cuenta de que, salvo el nombre con el que tus padres te inscriben en el Registro Civil, el resto de nombres que alguien elige en su vida son siempre autodenominaciones. El País, PRISA o el PSOE no tenían existencia hasta que decidieron autodenominarse así. Sí, nada impide que yo me autodenomine Rey de España, pero hace falta que después se me reconozca como tal. Cuando se creó la Federación Estudiantil Libertaria, que fue hace poco, no recuerdo ningún artículo en El País denunciando que era un instrumento de Podemos para Dios sabe qué diabólicos fines... Simplemente la ignoraron o ni siquiera tuvieron conocimiento de su existencia. Pero el uso de la palabra es bien claro, se trata de presentar a la FEL como un instrumento que Pablo Iglesias maneja desde las bambalinas cual Fu-Manchú.
Dentro de esta estrategia pueril entra en juego el autobús. El acto (casi) tuvo lugar en la Universidad Autónoma, mientras que los matones de Iglesias son alumnos de la Complutense, así que hace falta transportarlos desde su guarida. Y lo de la facultad de Psicología se me escapa pero seguro que para alguien que esté al tanto de los navajazos del submundo universitario madrileño será una prueba más que apunta hacia el mismo lugar. Y es esta  insistencia en apuntar hacia Podemos en general y Pablo Iglesias en particular la que me deprime. Intentaré explicarme.

Sucede que el espacio se estrecha. Sí, de acuerdo que es necesario simplificar la realidad para poder entenderla, pero de ahí a deducir que cualquier cosa no ya mínimamente crítica sino más allá de PP, PSOE o Ciudadanos tiene que estar manejada por Podemos, en fin...
Pero esa es la conclusión, fuera del Parlamento no hay vida. Si hay alguien más allá de Podemos solo sabremos de su existencia cuando sea detenido y puesto a disposición del juez. Y aquí no hay mucho lugar para la sutileza. Se ha acusado y encarcelado preventivamente a gente por tener una camiseta, un libro que se vende en librerías de forma legal o utilizar un servidor de correo encriptado. Se ha acusado a tres grupos diferentes de haber colocado el mismo petardo en la Basílica del Pilar o a un grupo de atacar cajeros automáticos sin necesidad de explicar cuáles, dónde, ni cuándo. Luego la mayoría han salido, porque aquello no se aguantaba por ningún lado, pero mientras tanto se han “comido” una buena temporada en prisión[5]. Basta revisar los resultados prácticos de las diversas operaciones Pandora...
Y sin embargo, esos que nos movemos en esa franja lunática que se sitúa más allá de Podemos hemos entrado al trapo. He leído en páginas libertarias análisis sobre el “golpe de estado” de los barones del PSOE contra Pedro Sánchez. Y Dios me libre de esconderme, yo también barajé escribir sobre el asunto, pero es que es difícil resistir a tanta unanimidad como flota sobre el ambiente mediático.
En este caso solo hay que detenerse a reflexionar un momento. Observar al demonio bolivariano en su esplendor. Ver cómo Madrid, Barcelona, Zaragoza, Cádiz o Zamora se han convertido en los referentes de la contestación mundial y cómo el capitalismo huye de ellas espantado... Si no son capaces de asimilar esto es que la cosa está realmente mal.

Por supuesto, la pregunta es retórica. No creo que estemos ante la derrota final. Creo que estamos en un momento en el que se están delimitando los campos y depende de nuestra inteligencia y determinación el poder convertir el futuro negro que nos aguarda en algo que, al menos, parezca gris pálido...
Ya nos hemos anotado una victoria simbólica, y en una época que vive de símbolos tampoco es un logro despreciable. Hace quince años, diez, incluso cinco, a los portavoces del caos que nos gobierna se les llenaba la boca diciendo que la única democracia era la que no tenía adjetivos. Era un ataque contra una forma de democracia claramente más avanzada ― la democracia directa ― pero que se sustentaba apelando a formas regresivas y, de hecho, ya inexistentes entonces ― la “democracia orgánica” de Franco o las “democracias populares” del antiguo Bloque del Este[6] ―. Sucede que últimamente la democracia directa va ganando su lugar, aunque sea bajo la modesta fórmula de un referéndum muy de vez en cuando, y ese avance palpable les ha obligado a adjetivar a la suya, que era la buena precisamente por estar libre de adjetivos. Ahora es la democracia representativa. Claramente la única verdadera, pero que ahora se bate en igualdad de condiciones lingüísticas con la otra, con la mala y peligrosa.
Algo es algo.





[1] Miquel Alberola: “Un grupo de violentos impide una conferencia en la Universidad Autónoma de Madrid”, El País, 19/10/16. Para un relato más coherente con lo que se sabe y se puede ver en las imágenes difundidas recomiendo leer a Javier González: “Por qué protesté contra González y Cebrián”, publicado en CTXT y reproducido en Público el 21/10/16. Por supuesto, Javier González es el seudónimo de un estudiante que, juiciosamente, no quiere utilizar su nombre real por miedo a represalias académicas. Es que esto de la libertad de expresión va por barrios...
[2] Las caretas representaban a víctimas de los GAL elegidas cuidadosamente. Salvo Lasa, que figuraba como símbolo por haber sido la primera, el resto eran víctimas “civiles”, es decir, gente que no tenía la menor relación con ETA, que hubo unas cuantas. El otro día Felipe González ― que está perdiendo facultades ―, habló de más sobre el tema en la emisora de su amigo Cebrián, aunque la entrevistadora fingió sordera repentina.
[3] J. J. Mateo y J. Casqueiro: “Condena generalizada al boicot a Felipe González en la Universidad Autónoma”, El País, 20/10/16.
[4] Una anécdota. Recientemente la policía francesa ha encontrado un depósito de armas de ETA de tamaño considerable y coincidió que El País y Público utilizaron la misma fotografía para ilustrar la noticia. Aparecían unos enmascarados vestidos de negro, que llevaban varios objetos, atravesando una zona boscosa. Uno parecía claramente un detector de metales pero otro de ellos, según cómo se mirase, podía parecer una pala o también un RPG7, arma antitanque que se sabe que ETA poseía. El pie de foto de El País decía “Guardias civiles, camino del desmantelamiento de un zulo/ GUARDIA CIVIL” y el de Público “Supuestos miembros De ETA inspeccionan la zona del Caserío de Legorreta/ REUTERS”. Sospecho que esta vez tenía razón El País, porque horas después la foto del artículo de Público era otra. Un signo de los tiempos. Alguna página de Internet incluye fe de erratas cuando rectifica un error, pero son las menos. El otro signo es que a simple vista no se pueda distinguir a un guardia civil de un etarra, pero esto daría para mucho...
[5] Cuando te encarcelan sin razón, un día ya es demasiado. Los que lo han sufrido dirán que ojalá hubiera sido un día...
[6] Aquí es curioso comprobar cómo “el fuerte siempre tiene razón”. Echan pestes de Venezuela pero no ahorran alabanzas a la tiranía china que compra su deuda pública, con Rajoy de campeón indiscutible de las alabanzas. 

miércoles, 29 de junio de 2016

EL ARTE DE PREGUNTAR





En apenas un día y sin salir de las páginas de El País  les han llamado hooligans, borrachos y viejos egoístas a los que no les importa sacrificar el futuro de los jóvenes. Felipe González lee la cartilla a Cameron desde la autoridad que le da haber ganado el único referéndum que convocó, aunque no fuera eso exactamente lo que había prometido hacer antes de llegar al poder.
Les ha escocido, es evidente. Ellos, que apostaban por el otro resultado, se resisten a reconocer que la época en que sus deseos coincidían con la realidad hace tiempo que ha pasado. Como anécdota, otro veterano de la periferia artística de la corte de González, el viejo rockero Miguel Ríos[1], invitaba en un concierto a “votar bien de una puta vez”, porque a este tampoco le cuadra lo que ve.
En esta ocasión se juntan dos asuntos, por un lado la contrariedad ante un resultado que no esperaban, pero por el otro aparece una objeción de base ante el propio método: ¿qué es eso de pedir opinión a la chusma sobre cuestiones que son demasiado complicadas para que pueda entenderlas? No. Eso debe quedar en manos de los políticos profesionales, que para eso los elegimos, les recompensamos soberanamente y miramos hacia otro lado si, como se ha recordado hace poco, la mano derecha no sabe lo que hace la mano izquierda (que, por otra parte, es lo que sucede en general).
Ya no El País sino todos los defensores del orden, nos dicen que los votantes ingleses y galeses se han dejado llevar por el corazón y no por la cabeza. (En Escocia, Irlanda del Norte y Gibraltar estaban a favor de quedarse. Hasta he leído un artículo que lo explica porque la educación en Escocia es mucho mejor). Tenían que haber escuchado a los expertos, que para eso están, que amenazan con consecuencias económicas catastróficas, aunque de momento el único dato objetivo es que el viernes la bolsa de Madrid cayó más que la de Londres.
El País lleva tiempo atacando esa absurda idea de que un referéndum tenga algo que ver con el concepto de democracia. No falta una cita diaria, directa o indirecta, con objeciones tan ridículas como que Franco los convocaba. También convocaba elecciones, un detalle que olvidan, así como recordar que tanto unos como otras estaban amañados.
Y es un proceso mental que me sorprende. ¿Cómo puede ser que la ciudadanía que se equivoca por costumbre cuando dice sí o no, sea sabia y ejemplar cuando introduce una papeleta con una lista de la que con mucha suerte conoce los dos primeros nombres? Si en Inglaterra los viejos han desoído por puro egoísmo los sabios avisos de los expertos económicos, en España los viejos han votado para que les garantice las pensiones al partido que ya casi se ha fundido la llamada “hucha de las pensiones” para atender a otros gastos. Un gran ejemplo de razonamiento económico...
Pero aunque este haya sido el más escandaloso, ha habido otros en los que la ciudadanía ha fracasado estrepitosamente. Pocos lo recuerdan ya porque sucedió en una fecha tan remota como abril pasado, pero hubo un referéndum en Holanda sobre el que El País no ahorró su lección en forma de editorial[2]. Me apetece recordarlo porque entonces aún mantenían la compostura, se trataba mucho más de dar clase magistral a unos pobres ingenuos que de una severa advertencia a unos gamberros. En abril aún no habían atesorado tanto miedo como para perder las formas.
Lo que se votaba era la ratificación del acuerdo de asociación entre la Unión Europea y Ucrania (que, como recuerda El País, había sido aprobado por los parlamentarios holandeses, es decir, los que realmente saben lo que está en juego). Seguramente era una casualidad, pero la foto que acompañaba al texto mostraba un grupo de chicas jóvenes sujetando una bandera europea. En fin, eligieron esta foto como podían haber elegido otra de viejos desdentados sujetando una bandera ucraniana...
Como recordaba el editorialista, “El objetivo del acuerdo, firmado en 2013, es fomentar el diálogo político y desarrollar la economía de Ucrania”, aunque ya veremos que no todo el mundo coincidía en que el tratado que se rechazó albergara unos fines tan nobles. Seguía una objeción que se podría definir como de forma, por usar el lenguaje de los tribunales: “El referéndum salió adelante gracias a un medio digital euroescéptico y a la acción de un grupo del mismo perfil ― significativamente llamado Geenpiel, Ni idea ―, que aprovecharon que el Gobierno acaba de rebajar a 300.000 las firmas necesarias para convocar un referéndum sobre cualquier asunto. El no ganó, pero más de dos tercios de los votantes se quedaron en casa. Solo el 20% del electorado respalda la negativa”. ¿A quién le importa por cuenta de quién salió adelante el referéndum? ¿Acaso eso lo vuelve ilegítimo? Hoy día la infanta Cristina espera sentencia porque consiguió sentarla en el banquillo un sindicato fantasma de ultraderecha cuyo principal dirigente está en la cárcel. ¿Y bien? ¿Quién lo lamenta aparte del fiscal Pedro Horrach y los portavoces de un puñado de partidos? Antiguamente se decía aquello de “Dios escribe derecho con renglones torcidos”. En cuanto al juego de los porcentajes, la ley introduce un quórum del 30%, que se cumplió, y el No ganó. Pero sigue adelante, y entre los procedimientos que reprueba hay uno a recordar: “los mandatos revocatorios, que permiten deponer a los cargos públicos sin necesidad de convocar elecciones”. Hay más puntos pero son tan ridículos que no pararé en ellos, quien sienta curiosidad ya sabe dónde acudir.
Una voz que no pertenece al elitista club de editorialistas de El País sino a un tal José Zorrilla, que apenas atesora dos décadas de experiencia en la carrera diplomática, titulaba “Holanda nos ha salvado de Ucrania. La admisión del estado ucraniano en la Unión Europea iría a favor de los intereses estadounidenses, pero probablemente no de los europeos. Los holandeses lo han visto claro”[3].
Aunque a veces, cuando la ciudadanía se equivoca gravemente cabe tomar medidas extraordinarias. Irlanda celebró un referéndum sobre el Tratado de Lisboa el 12 de junio del 2008 y fue rechazado por un 53,4% de los votantes frente al 46,6%. La participación fue de un 53,1% del censo. Era tan evidente que los votantes se habían equivocado que se repitió el 2 de octubre del 2009. Con una participación del 59%, el 67,13% votaron Sí y el 32,87 No. Hablemos como adultos, no hay error que no corrija el tiempo, y si hubieran hecho falta diez votaciones hasta que saliera el Sí, pues diez votaciones que hubiéramos contado.
Pero, demonios, si uno sigue leyendo el número de El País en el que se insulta a los votantes mayoritarios de Gran Bretaña se encuentra un texto que comienza con un tono triunfal que no llega a abandonar: “La oposición ha superado con una exponencial ventaja la etapa de la validación de firmas exigidas”[4] y acaba diciendo: “El siguiente paso en la meteórica carrera por el revocatorio es la recaudación de más de 4 millones de firmas (20% del padrón electoral). Si la MUD logra conseguir este porcentaje, el Consejo Electoral está obligado a convocar una consulta popular, donde los opositores deben obtener más votos de los conseguidos por el mandatario venezolano en las elecciones de 2013 (algo más de 7,5 millones de papeletas). Es una batalla contra el tiempo, porque de producirse el referendo después de enero, el poder lo podría asumir hasta 2019 otro dirigente del chavismo: el hoy vicepresidente Aristóbulo Istúriz”.
En el mismo periódico que criticaba en abril los mandatos revocatorios, que permiten deponer a los cargos públicos sin necesidad de convocar elecciones.
No es que tengan miedo, es que están cagaos.



[1] Muchos heavys de los 80 ya le considerábamos entonces un oportunista y le llamábamos con desprecio El Panadero, porque era socio de una panadería junto a viejas glorias del Real Madrid. (Ya sé que el plural correcto es heavies, pero entonces no lo sabíamos...)
[2] Se titulaba “Lecciones de Holanda”, publicado el día 8, y lo cierto es que me han quedado dudas sobre si era un referéndum de alcance regional o nacional, porque en ese caso la denominación correcta sería Países Bajos...

[3] Frente al alegato voluntarista de El País, este está lleno de datos. Lo publicó El Confidencial el 08/04/16.
[4] Maolis Castro: “Activado el referendo revocatorio contra Maduro”. Y de subtítulo: “La oposición ha conseguido la validación de 409.313 firmas, el doble de lo exigido por el Consejo Electoral para iniciar un sufragio que deponga al mandatario”.

lunes, 8 de febrero de 2016

RAZONABLEMENTE BIEN

Se diría que tienen miedo. En menos de veinticuatro horas El País publicaba tres artículos dominados por la preocupación de que tiremos por la borda lo conseguido, lo que uno de ellos denomina “estos últimos y gloriosos 40 años de democracia”.
Empezaré por este[1], que es el más enigmático porque carga duramente, pero no se sabe contra quién. Nos alerta de que la caída de Roma “se produjo en tan solo el transcurso de una generación”. Porque, según dice, ahora “estamos a cien pasos del abismo”. Nada menos.
Una de sus frases me ha dejado perplejo: “las élites guardan silencio atenazadas por una corrección política que el infantilismo de izquierdas ha convertido en pensamiento dominante”. Quien se haya paseado alguna vez por este sitio sabrá que detesto la corrección política con todas mis fuerzas y no dejo pasar oportunidad para fustigar a los que la practican pero,  ¿realmente cree que esas élites que no define callan por miedo a ser políticamente incorrectas? ¿No será más bien que están esperando a que haya un ganador con el que poder entenderse? Las élites saben que Podemos es tan temible como las CUP, que ladran pero no muerden. Ven cómo sus intereses siguen seguros en Madrid y Barcelona, por mucho que hayan llegado a sus gobiernos unos comunes que dan risa y a los que no se puede llamar comuneros porque sería un insulto hacia estos. En una parte sí estoy de acuerdo, y es que nos define como “una sociedad pasiva y paternalista acostumbrada a mirar para otro lado ante el reto de la responsabilidad”, pero me pregunto cuánto habrán tenido que ver en ello esos gloriosos 40 años.
Antonio Elorza detesta a Pablo Iglesias como un exorcista al demonio y en esta ocasión se queda a gusto[2]. Dice de él que no solo no es un demócrata sino que rechaza la democracia. Es maniqueo y simple, un violento que emplea vocabulario  militar y su acción política se alimenta sobre todo de boxeo. Tiene ya pensado cómo “librarse de opositores elegidos mediante la democracia representativa”, pues, no en vano, es un caudillo populista que practica el centralismo autocrático (al menos Lenin propugnaba el centralismo democrático, así que este es aún peor). La verdad es que Elorza sabe mucho de leninismo, pues durante una época más bien larga fue bastante más leninista que el propio Lenin. Aunque ahora sus simpatías están (o estaban hasta hace poco) más cerca de UPyD. Recuerda mucho al amigo Savater y es que la vergüenza es como la virginidad, cuando se pierde, se pierde para siempre. Antonio Elorza es catedrático en la misma facultad donde daba clases Pablo Iglesias y supongo que las miserias de la vida universitaria tendrán su parte en ese odio tan llamativo.
En el tercero[3], Antoni Zabalza nos da unas cuantas lecciones ― incluida la demostración matemática de que “no es cierto que la regla de la mayoría sea capaz de sintetizar de forma coherente la voluntad de una colectividad cuando esta se enfrenta a más de dos alternativas”―, pero solo me interesa parte de lo que dice en el párrafo final: “La democracia directa no funciona y es incompatible con una sociedad abierta, basada en el imperio de la ley y en la libertad del individuo (...) los países que han jugado con la democracia directa han acabado eliminando libertades individuales, causando dolor y miseria, y destruyendo los fundamentos de su sistema económico. Por el contrario, los que con más modestia se han abstenido de formular arcadias sociales, y limitado la práctica democrática al control de sus gobiernos, han conseguido respeto y tolerancia para con la diversidad, altas cotas de libertad individual, economías dinámicas y prósperas y un reparto razonable del bienestar”.
Así que la democracia directa no funciona, por lo que no es de extrañar que los países que han jugado con ella hayan acabado fatal. En este caso no hay demostración matemática, ni siquiera un triste ejemplo. Porque la democracia directa no se ha podido aplicar jamás en país alguno y el único que ha jugado y sigue jugando con ella es Suiza que, como todo el mundo sabe, no para de eliminar libertades individuales, causar dolor y miseria y destruir los fundamentos de su sistema económico. Ha habido, eso sí, experiencias de democracia directa, pero limitadas a territorios más pequeños. La lista es larga ― incluye entre otras la Comuna de París, Kronstadt, los espartaquistas berlineses, las colectividades de Aragón o los consejos húngaros de 1956 ―, y todas tienen algo en común: fueron aplastadas sin piedad por la gente de orden, ya fuera este la democracia representativa o la tiranía comunista. A veces ese aplastamiento muestra paradojas que son solo aparentes, como que las tropas prusianas que habían derrotado a los franceses esperaran caballerosamente a que estos acabasen con su chusma, que era el mayor peligro para el régimen que ambos ejércitos defendían, o que las colectividades aragonesas que habían resistido al ejército franquista fueran desmanteladas por los comunistas de Enrique Líster.
Pero seguro que debe haber una demostración matemática por alguna parte, aunque quizá sea demasiado larga para un artículo de prensa. Por cierto, ¿quién es este Antoni Zabalza que prodiga las certezas con tanta generosidad? Según El País, “es profesor de Economía y fue secretario de Estado de Hacienda”. Sí. Pero es algo más, también es presidente y consejero delegado de Ercros, un pequeño detalle que el diario olvida mencionar. La trayectoria empresarial de Zabalza recuerda mucho a otras cuyas consecuencias hemos tenido que padecer recientemente en nuestros bolsillos. Secretario de Estado de Hacienda y director del Gabinete de Presidencia del Gobierno de Felipe González, fue vocal del consejo de administración de varias empresas estatales como Transmediterránea, el Instituto de Crédito Oficial, Iberia o el extinto Instituto Nacional de Industria, hasta recibir Ercros de las manos de otro ilustre incompetente, Josep Piqué. La empresa, que este ya había dejado muy tocada, no ha dejado de perder valor desde entonces. Apenas dos días después de publicado el artículo se informaba de que antes de final de año despedirá entre ciento cincuenta y doscientos trabajadores.
Ya dice Rajoy que las cosas funcionan “razonablemente bien”. Solo que funcionan razonablemente mejor para don Mariano y don Antoni que para los futuros despedidos de Ercros...


Con las tropas de Bismarck y la totalidad del ejército francés concentrados en las afueras de París, los miembros de la Comuna no tenían la menor oportunidad, y lo sabían. Muchos estaban decididos a morir debido a que, después de haber probado el sabor de una libertad que solo podía ser medida por las insuficiencias de las sorpresas del día anterior, no estaban demasiado dispuestos a aceptar nada que fuese inferior a eso, a vivir como habían vivido solo un día antes, y mucho menos a regresar a la libertad de elegir entre las mercancías que los demás ponían a la venta, entre un domingo en el parque o en el río, lo cual afirma la leyenda inventada después del hecho. En este sentido, la Comuna no fue un secuestro de la historia, sino un regalo que se le hizo a esta, un patrón con el que juzgar al futuro, un momento para ser adorado o condenado[4].



[1] Luis Prados: “España, ¿cómo hemos llegado a esto?”, El País, 19/01/16. No conozco al autor. En Internet aparece información sobre un Luis Prados vinculado al Máster  de Periodismo de ABC, pero como se define “hijo y nieto de periodistas” no sé si se trata de él o de algún pariente. Las familias en las que se hereda el oficio tienen tendencia también a hacer hereditarios los nombres de pila.
[2] Antonio Elorza: “La tentación caudillista” El País, 19/01/16. las dos frases que siguen al titular lo dicen todo: “Para Pablo Iglesias, la acción no tiene otro objetivo que la victoria. La elección racional en beneficio del conjunto de la sociedad no tiene lugar en su presentación militarizada de la política, de impronta leninista”.
[3] Antoni Zabalza: “Podemos, secesión y populismo”, El País, 18/01/16.
[4] Greil Marcus: Rastros de carmín. Una historia secreta del siglo XX, Anagrama, Barcelona, 1999 (2ª ed.) p. 140.