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martes, 28 de marzo de 2017

TERRORISTAS SIN TERRORISMO


El pasado día ocho leí que Juan Manuel Bustamante, Nahuel, ha salido en libertad provisional después de dieciséis meses en prisión preventiva, tras haber pasado por cinco cárceles internado en las condiciones más estrictas. Nahuel fue detenido en una de tantas brillantes operaciones que las diversas policías del territorio desarrollan contra el sanguinario terrorismo anarquista. Lo sorprendente en este caso es que no he leído la noticia en medios marginales, de esos que solo tienen un lugar disuelto entre el fango de Internet para publicitarse, sino en el mismísimo diario El País. La información la firma Íñigo Domínguez, que ya se había ocupado del caso en diciembre pasado. No seré yo quien le eche en cara los trece meses que tardó en enterarse del asunto porque el artículo es valiente, y más teniendo en cuenta dónde lo ha publicado[1].
Vayamos a la cuestión. El 5 de noviembre de 2015 el Cuerpo Nacional de Policía informaba sobre la “Operación Ice”, el arresto en Madrid de seis jóvenes que formaban parte del grupo terrorista anarquista Straight Edge (SXE por sus siglas) que, además, está formado por vegetarianos estrictos que rechazan las drogas y el alcohol[2]. El delito que se les imputaba era la quema de dos sucursales bancarias en 2013 y 2015.
¿Las pruebas?
El hecho de que apareciera en el lugar una pintada del grupo dos semanas antes, que colgaran en las redes sociales fotos de bancos con llamamientos a sabotearlos y que uno de los detenidos viva cerca de allí. A ello se suma que su ideología, sus proclamas en Twitter y Facebook contra la autoridad y los bancos, así como varios vídeos que publicaron en YouTube, pretenden “subvertir el orden constitucional”.
El material para explosivos hallado en los registros se compone de botes de humo, bengalas y petardos, “productos industriales de libre comercialización”, según concluye el informe policial. Si bien señala que la pólvora que contiene, “confinada en el recipiente adecuado tiene comportamiento explosivo” en un artefacto de fabricación casera[3]. ¿El problema? Aparte del hecho obvio de que lo que tienen y nada, pariente del Tío Ninguno, está el pequeño escollo de que en los delitos de los que se les acusa no se utilizaron explosivos.
Pero aún hay mucho más, y de bastante enjundia: Las sustancias confiscadas resultaron ser de cocina y limpieza, y “no son idóneas por sí solas para la elaboración de artefactos explosivos o incendiarios”, aunque los peritos señalan que podrían ser manipuladas para fabricar “bombas de humo”.(...) En un bote que contenía un líquido extraño ponía que era lombarda. El análisis concluyó lo siguiente: “Tras su estudio se desprende que se trata de un preparado de naturaleza acuosa, que por sus propiedades organolépticas y por su comportamiento frente a las variaciones del Ph podría ser un caldo de cocción de col lombarda”. Ahí queda eso. Difícil de superar...
Y aquí entramos en lo mejor, el formidable poder de razonamiento que destilan los informes policiales. Por ejemplo, lo que dicen sobre un botellín de cerveza vacío en el domicilio de uno de los arrestados: No tendría mayor relevancia de no ser por el hecho de que el colectivo se caracteriza por su rechazo al alcohol y las drogas, por lo que cabe pensar que el objetivo de tener ese botellín es con el único fin de realizar cócteles molotov. Irrefutable. Yo, que no soy abstemio, he usado botellas y botellines vacíos para poner flores, medir líquidos, envasar gazpachos o cremas o amasar empanadas[4], pero un abstemio solo puede usar para esos fines envases de agua mineral, zumos, infusiones o refrescos.
También el hecho de que este detenido guardara una caja de madera y una de metal con símbolos del grupo “lleva a pensar que es el encargado de la financiación de la organización”. Hay que ser tonto, de haber tenido una caja con el logotipo de Zara podía haber comparecido con esa prueba ante un tribunal y ahora sería dueño de la empresa de Amancio Ortega. Si es que no piensan... y una inapelable: Entre las pintadas atribuidas al grupo en los alrededores del banco atacado había también algunas de carácter feminista, induciendo a pensar que entre los autores se encuentra al menos una mujer.
En fin, el primer impulso es el de comparar sus capacidades deductivas con las de Sherlock Holmes y sería profundamente injusto. Más acertado sería equipararles a Augustus S. F. X. Van Dusen, conocido como “La Máquina de Pensar”, al que bastó que le explicasen las reglas del juego del ajedrez para derrotar al campeón mundial en su primera partida[5].
Lo cierto es que en esta extraña sociedad nuestra, para vender una mercancía por muy averiada que esté , solo se necesita encontrar un comprador y la jueza Lamela compró la historia entera. Lamela se ocupa también de otro caso de terrorismo posmoderno, el de la paliza a los guardias civiles de Alsasua[6].
Se dice que una imagen vale más que mil palabras. ¿Qué tal esa de hace poco más de un año, cuando los policías incautaban como prueba un cuchillo para acusar a los titiriteros? No tiene mucha importancia, porque lo que cuenta es la intención, pero el cuchillo lo empuñaba uno de los títeres y era de madera...
Intentaré ocuparme de la teoría sobre el terrorismo en fechas no lejanas porque tengo mucho leído y escrito, pero baste decir ahora que una de las dos condiciones necesarias para la existencia de terrorismo en la época en que imperaba el uso de la razón era la desproporción entre los fines planteados y los medios de que se disponía para conseguirlos. Raymond Aron lo sintetiza magníficamente: “Acciones violentas cuyos efectos psicológicos no guardan proporción con su resultado puramente físico”[7]. ¿Cómo casa esto con unas acciones que no recibieron atención en ninguno de los medios principales, aunque hubieran sido cometidas por el grupo al que se acusa? En el peor de los casos deberían ser legalmente equivalentes al delito cometido por quien quema el coche del vecino con el que mantiene una disputa.
Es una perversión del razonamiento que explica muy claramente el abogado Eduardo Gómez Cuadrado: “Se introduce también de esta manera, sin tapujos, el denominado “derecho penal del enemigo”, por el cual se sanciona no tanto por el hecho cometido sino por la condición del que lo comete. Así, se puede dar la circunstancia de que el incendio de una sucursal bancaria sea considerado terrorismo solo si lo comete, por ejemplo, un anarquista, pero no si lo lleva a cabo un jubilado afectado por la venta de preferentes”[8]. Como en la guerra, una vez identificado el enemigo no hace falta esperar a que te dispare para tener la excusa de la legítima defensa. Disparas tú primero por si acaso, sabiendo que nadie te va a decir nada porque es el enemigo. Los “demócratas” presumían de que todas las ideas se podían defender si no se usaba la violencia, pero habrá que poner la frase al día para incluir en ella la posesión de un bote de caldo de cocción de col lombarda.
Lo sorprendente es que después de mantener dieciséis meses en la cárcel al malvado Nahuel, la jueza Carmen Lamela ordena su puesta en libertad provisional. La madre de otro detenido declaraba no entender nada: La resolución no responde a ninguna petición previa: la misma magistrada que lo ha mantenido tantos meses alegando falta de arraigo, ahora dice lo contrario. Nos ha sorprendido. No sé si se ha dado cuenta de lo desproporcionado de la medida o del agravio comparativo después de dos semanas viendo cómo dejan en libertad sin fianza a Urdangarín, Rato, Blesa y compañía.
No, hombre, no. ¿Cómo va a ser por eso? Un detenido en régimen FIES no obtiene la libertad de la noche a la mañana por una razón tan frívola. Será que habrá recibido informes de peritos que certifican que hay abstemios que utilizan botellines de cerveza para crear hermosos jardines japoneses o que la col lombarda solo produce meteorismo si se ingiere[9].




[1] Es una gran suerte que Íñigo Domínguez no necesite presentar el certificado de buena conducta para hablar de terrorismo. A diferencia de tantos de sus colegas que se hicieron expertos en ETA sin salir de Madrid esos que pronunciaban jaika y seji cuando leían Haika y Segi , Domínguez fue periodista en el País Vasco cuando los periodistas eran objetivo prioritario de ETA. Cuenta sus vivencias en un artículo muy recomendable: “Viviendo con los etarras”, publicado en Jot Down en setiembre pasado y disponible en Internet.
[2] Esto no es ninguna novedad. Figuras míticas del anarquismo eran abstemios y no fumadores porque consideraban que semejantes adicciones eran cortapisas a la libertad. Simultáneamente, otras corrientes anarquistas (sobre todo las ligadas a tendencias artísticas) han impulsado el uso de sustancias como estimulantes de la conciencia más allá de las reglas que nos encierran. Ambas interpretaciones coexisten desde que el anarquismo empezó a tomar forma.
[3] De esto deberían tomar nota los cazadores. Que jamás se les ocurra mirar mal a un policía...
[4] Y debo decir que sustituyen con gran ventaja al clásico rodillo de madera. En este caso deben ser “litronas” o de vino. Son preferibles las últimas por su cuello más largo y regular, que permite un agarre más cómodo.
[5] También ha sido traducido como La Máquina Pensante (el original es The Thinking Machine). Como curiosidad, su autor, Jacques Futrelle, fue una de las víctimas del Titanic.
[6] ¿Casualidad? No conozco los detalles del caso pero tengo leído que algunas veces se elige la fecha de presentación de la denuncia de acuerdo con el calendario de guardias de los jueces de la Audiencia Nacional. Otra curiosidad: una de las personas que más hizo porque se incorporase el neologismo jueza fue Manuela Carmena, cuando ejercía como tal.
[7] Para quien no le conozca, Raymond Aron era un hombre muy de derechas, pero también inteligente y culto.
[8] Y que conste que su artículo no está inspirado por este caso concreto, pero la maniobra es tan burda y ha sido tan explotada que todo el que es consciente de hasta qué límites hemos retrocedido en la cuestión de la libertad individual acaba pensando siempre en estos ejemplos tan zafios.
[9] Los artículos mencionados aparecen por orden de cita. Íñigo Domínguez: “Cómo se monta un nuevo “grupo terrorista””, El País, 18/12/16 (Recomiendo su lectura porque he tenido que dejar fuera muchas cuestiones interesantes por falta de espacio, aunque de alguna me ocuparé pronto), Eduardo Gómez Cuadrado: “El Golem antiterrorista”, CTXT, 16/01/17 e Íñigo Domínguez: “La juez deja libre al anarquista vegano acusado de terrorismo”, El País, 08/03/17 (El primer título fue ligeramente distinto: “En libertad el anarquista vegano acusado de terrorismo”). Más recientemente el asunto ha conseguido espacio en otro medio muy poco sospechoso de connivencia con el terrorismo: Juan Soto Ivars: “Quemad a ese anarquista, ¡es una bruja!” El Confidencial, 22/03/17.

miércoles, 2 de marzo de 2016

LEER A LOS CLÁSICOS (I)


Clásico es aquello que es digno de ser imitado, según una hermosa definición que leí una vez. Nuestra época está tan falta de imaginación que imita a los clásicos aun sin saberlo.
Unos titiriteros han ido a prisión y aunque ya han salido, pesan sobre ellos cargos gravísimos que podrían costarles hasta cuatro años de prisión a cada uno. Durante esos días pensaba a menudo en un compañero de colegio que era sonámbulo. Cuando le apretaba la vejiga se levantaba dormido y en lugar de abrir la puerta del retrete, abría la del armario empotrado que estaba junto a ella y allí se aliviaba. Ha habido muchos sonámbulos estos días.
Los primeros, aquellos padres escandalizados que llamaron a la policía. ¿O no fueron ellos? Porque según el juez, ese público infantil acompañado mayoritariamente por sus padres abandonó escandalizado el lugar por lo que estaban viendo y otros arremetieron contra los actores, paralizando la obra y llamando a los agentes de la autoridad”, así que de su relato se deduce que fueron los niños quienes tomaron la iniciativa[1].
Pero hubo más denunciantes y el primero, conviene no olvidarlo, fue el propio Ayuntamiento de Madrid, por sus “acciones ofensivas, completamente fuera de lugar en cualquier contexto y totalmente irrespetuosos con los valores de convivencia, respeto y diversidad propuestos por el Ayuntamiento de Madrid[2]. Pero, pese a su enérgica decisión que como tienen por costumbre, quisieron revocar días después, cuando el daño ya estaba hecho , no se libraron del justo castigo. El diario ABC, en un artículo titulado muy poco inocentemente[3], dejaba claro que “Gora AlkaETA” era “un juego de palabras relacionado con “Al Qaeda” y con alcaldesa, “alkatea” en euskera, según indicaron a ABC fuentes de la investigación”. Por supuesto, ha quedado claro que estamos hablando de sonámbulos, pues cualquiera que se informe sabrá que los sustantivos en vascuence como en inglés , carecen de género, por tanto alkate (la –a es el artículo) es quien ocupa la alcaldía, con independencia de que sea hombre o mujer. En todo caso, poca pena por el ataque, bien se lo merece por chota.
Después llegó todo un baile de sonámbulos y aquí van algunos, aunque no sé si en el orden cronológico correcto. “El ministro en funciones del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha calificado de “absolutamente repugnantes” estos hechos que, ha dicho, “traspasan todas las líneas rojas”. “No se puede jugar con la apología y el enaltecimiento del terrorismo en ninguna circunstancia ni lugar, no se puede humillar a las víctimas, y si además se hace en el contexto de una fiesta infantil, adquieren unos niveles de reproche” añade Fernández Díaz. “Confío en que la Audiencia Nacional estará una vez más en su lugar””[4]. Begoña Villacís, portavoz de Ciudadanos en el ayuntamiento, afirmaba que “que los niños vean cómo se ensalza a ETA o se viola a una bruja no es aceptable[5] y más tarde volvía a la carga acusando “al gobierno de Manuela Carmena de “defender” a ETA”. A su vez, “el portavoz adjunto del Grupo Popular, Íñigo Henríquez de Luna[6], y la portavoz de Cultura de su formación, Isabel Rosell, acudirán a los juzgados de Plaza de Castilla para presentar la denuncia, [por colaboración en enaltecimiento del terrorismo y desprotección de menores] (...) mientras que la portavoz municipal, Esperanza Aguirre, emitía un tuit apuntando que, o Carmena la cesaba, [a Mayer] o sería “corresponsable de un posible delito de enaltecimiento del terrorismo””. La guinda la ponían la Asociación de Víctimas del Terrorismo y Dignidad y Justicia que, de una tacada y sin pestañear, se querellaban “contra los titiriteros Alfonso Lázaro y Raúl García, contra el director artístico Ramón Ferrer Prada, contra la concejal de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, Celia Mayer, así como contra la alcaldesa de la ciudad, Manuela Carmena”, aunque el juez y el fiscal sólo admitieron la parte de los titiriteros y rechazaron el resto[7].
¿Cómo no recordar la cita?

y, diciendo y haciendo, desenvainó la espada, y de un brinco se puso junto al retablo y, con acelerada y nunca vista furia, comenzó a llover cuchilladas sobre la titerera morisma, derribando a unos, descabezando a otros, estropeando a este, destrozando aquel, y entre otros muchos, tiró un altibajo tal, que si maese Pedro no se abaja, se encoge y agazapa, le cercenara la cabeza con más facilidad que si fuera hecha de masa de mazapán. Daba voces maese Pedro diciendo
Deténgase vuesa merced, señor don Quijote, y advierta que estos que derriba, destroza y mata no son verdaderos moros, sino unas figurillas de pasta. ¡Mire, pecador de mí, que me destruye y echa a perder toda mi hacienda!

En aquella época todo el mundo reía con ese capítulo, pues entendían que solo un loco podía arremeter contra un espectáculo de títeres[8]. Pero así están las cosas hoy. Si triunfaran los sonámbulos y los titiriteros fueran condenados, en el futuro cualquier novelista o cineasta que ambientara su historia en el País Vasco de los años ochenta y osara reproducir una manifestación de Herri Batasuna con las pancartas y consignas que siempre aparecían, podría ir a la cárcel con este precedente. Y sin embargo, no siempre ha sido así...
En agosto del 2003, en un concierto incluido en el programa oficial de fiestas del Ayuntamiento de Vitoria Gasteiz, dos encapuchados subieron al escenario y enarbolaron una pancarta más grande que ellos con el emblema de ETA que, conviene recordarlo, entonces estaba activa y lo hacía notar siempre que tenía ocasión.
No se denunció a nadie. Ni a los encapuchados, ni al grupo que daba el concierto, ni al alcalde el hoy ministro de Sanidad en funciones Alfonso Alonso , ni a la concejala de Cultura Encina Serrano, ni al programador, suponiendo que lo hubiera. Sin embargo hoy, cuando hace más de cuatro años que ETA anunció que lo dejaba definitivamente, no solo ha subido la calificación penal del delito sino que se acusa hasta a quien no lo comete. La situación recuerda otro clásico, este en forma de refrán: A moro muerto, gran lanzada[9].




[1] Es solo uno de los efectos que conlleva dejar de leer a los clásicos, se pierde la habilidad para la redacción. La cita es de “El juez envía a prisión a los dos titiriteros detenidos en Madrid por enaltecimiento del terrorismo”, Público, 06/02/16 y la cursiva es mía.
[2] “El juez Ismael Moreno ordena prisión provisional sin fianza para los dos titiriteros”, El Confidencial, 05/02/16.
[3] “Un juez ahorcado, una monja muerta y carteles de “Gora AlkaETA”: la obra de títeres de Carmena”.
[4] Desde luego, un lector de clásicos nunca hablará de líneas rojas ni de niveles de reproche adquiridos y, por cierto, mal concordados...
[5] Le recomendaría la lectura de un pequeño clásico de Federico García Lorca, el Retablillo de don Cristóbal. En él aprendería qué clase de cosas hacen los títeres de cachiporra y, de paso, que el título de la obra que tanto detesta no es casual.
[6] ¿Será descendiente nunca mejor dicho del Enrique Enríquez, señor de Bembibre y Bolaños y conde de Alba de Liste, del que cuentan las Coplas de la panadera que
por ganar honra a deshora
los contrarios ofendiera,
mas la gran gente ropera
que con él fue a desranchar
fizo, por cierto, quedar
su persona prisionera?
[7] Las citas proceden de “La concejal de Cultura de Madrid, tras la polémica de los titiriteros: “Estamos indignados””, Público, (leído el 07/02/16), “Ahora Madrid ve una “sátira” y no un delito en la actuación de los títeres “, El Confidencial, (06/02/16), “El PP denunciará a la concejala de Cultura Celia Mayer por “colaboración en enaltecimiento del terrorismo””, el diario, (06/02/16) y la página de la AVT.
[8] Sí, es la famosa historia del retablo de maese Pedro, en el capítulo 26 de la segunda parte del Quijote.
[9] Ya decía el sabio Quevedo que los refranes son “evangelios abreviados”.

miércoles, 6 de enero de 2016

LOS ORÍGENES (II): UN CIERTO TUFO A INCIENSO


En la anterior entrada me ocupaba de la extraña posición de la izquierda española respecto a los nacionalismos y separatismos periféricos. Pues bien, más importante que la relación con el nacionalismo fue la relación con parte de la Iglesia, pero esta se suele señalar mucho menos.
La defensa de la religión fue uno de los argumentos de la sublevación contra la República. Los caídos del bando franquista lo fueron “por Dios y por España”, por ese orden, y los historiadores suelen llamar “nacional catolicismo” al régimen instaurado tras la guerra, aunque es cierto que sus defensores jamás utilizaron esa expresión para nombrarlo.
Pero la iglesia que defendían y que a su vez les legitimaba públicamente , ya era una reliquia durante la República, no digamos en la posguerra. La Segunda Guerra Mundial hizo mucho daño a Dios. Millones de cristianos se preguntaban cómo había podido permitir que sucedieran Auschwitz, Hiroshima o Dresde y no les convencía ninguna respuesta. Añádase a ello el obvio cambio de mentalidad que provoca dedicar unos años de tu juventud a esquivar las balas que disparan los de enfrente mientras, por tu parte, intentas con toda tu habilidad que dejen de respirar para siempre, y fueron muchos millones de jóvenes europeos los que fueron al frente y aún más millones de mujeres, niños y ancianos los que sufrieron las consecuencias de la guerra en su propia casa[1]. Si a ello se añade, por poner un solo ejemplo, la difusión masiva en los años siguientes de teorías y hallazgos científicos que iban empequeñeciendo el papel de un dios creador, no es difícil llegar a la conclusión de que a finales de la década de 1950 la iglesia católica tenía un grave problema enfrente. El papa Juan XXIII, que era protector de pederastas pero no tonto, se dio cuenta y trató de remediarlo convocando un concilio ecuménico que tenía la tarea de poner la Iglesia al día, lo que se conoció entonces como el “aggiornamento”. Pero Dios tenía otros planes y fue su sucesor, Pablo VI, el que llevó a término el Concilio Vaticano II, a cuyo nombre estará siempre asociado.
El concilio supuso una sacudida para la iglesia española probablemente la más atrasada de Europa occidental, después de la portuguesa[2] , y procuró visibilidad a fenómenos que ya se estaban cociendo, entre los que interesa destacar a los “curas obreros” y las comunidades cristianas de base.
Los “curas obreros” eran los que ejercían la “opción preferencial por los pobres”, como decían los teólogos de la liberación americanos, y se apuntaban a trabajar de obreros para hacer apostolado entre ellos sin colgar los hábitos (aunque al final la mayoría de ellos acabaran abandonándolos para casarse). El más famoso fue José María Llanos, “el padre Llanos”, por lo extremo de su giro ideológico: pasó de dirigir los ejercicios espirituales de Franco a militar en el Partido Comunista de España tras sus vivencias en el Pozo del Tío Raimundo, un suburbio de condiciones terribles. Junto a ellos convivían los “curas rojos”, aquellos que trataban de conciliar el cristianismo con el marxismo, el psicoanálisis, el existencialismo o cualquier otra ideología que pareciera avanzada, como se decía entonces. Uno de los ejemplos más curiosos fue Jesús Aguirre, futuro Duque de Alba, que se especializó en casar a notorios izquierdistas (los entonces conocidos como “progres”), entre ellos la propia Manuela Carmena[3].
A su vez surgieron por todo el territorio las llamadas “comunidades cristianas de base”, agrupadas en torno a algunas parroquias, que buscaban revivir el ambiente del cristianismo primitivo, aquel que se suponía que Jesucristo había instaurado entre sus discípulos y que se había desvirtuado en algún momento del camino, lo que en el fondo no dejaba de ser un modo de expresar una discrepancia política vestida con un transfondo religioso, como un extraño reflejo de actitudes de muchos siglos atrás[4].
Curas obreros, curas rojos y comunidades de base tuvieron una influencia enorme en la izquierda de entonces, basta con pensar en uno de los hechos más interesantes y desconocidos de la famosa Transición; el movimiento huelguístico de Vitoria que acabó con la muerte de cinco obreros el tres de marzo de 1976. Les disparó la policía al salir de una iglesia, porque iglesias eran los lugares donde se celebraban las asambleas, cedidas por curas rojos; una de las caras visibles del movimiento era Jesús Fernández Naves, antiguo cura obrero, y quizá la mejor fuente directa de información sobre aquel conflicto visto desde dentro sea la que recogía “el secretariado social de la diócesis de Vitoria en una serie de cuadernillos trabajados con la colaboración de las Comisiones representativas” (es decir, los propios huelguistas)[5]. Se respiraba iglesia por todos lados, aunque no fuera la parte alta de la jerarquía. Hasta sus enemigos explotaron la circunstancia, pese a la contradicción evidente que suponía que creyentes atacaran a creyentes por el hecho de serlo. Una de las hojas de contrapropaganda que circulaban entonces, mostraba a Fernández Naves vestido de cura (aunque hacía años que no lo era) y a una tal Sor María del Carmen Landaluce (Médico) vestida de monja con un hábito remendado, que cuelgan un cartel en una iglesia que dice: “Se alquila para huelgas. Los bautizos en Sindicatos”, mientras el reverendo padre don Jesús Fernández Naves piensa: “Ya estarán contentos en Moscú”[6].

Así que cuando el 12 de octubre pasado Ada Colau condenó la celebración del genocidio, mi imaginación calenturienta me recordó esa influencia tan clara de una parte de la mentalidad cristiana en las creencias de estos izquierdistas, tan nuevos y tan arcaicos a la vez[7]. Para que se entienda lo que quiero decir, no me resisto a transcribir una cita que para mí encierra las claves ideológicas de lo que era el cristianismo primitivo, aunque ya tenga tres siglos a sus espaldas: “Por lo que respecta a la moral de Jesús Cristo, si se distingue la que le era propia de la que tenía en común con los filósofos, se encontrará que la primera tiene dos defectos considerables. Uno, que exige de los hombres cosas absolutamente imposibles y contra su naturaleza, como la obligación de odiarse a sí mismo, amar a los enemigos, no ofrecer resistencia a los malvados, etc. El otro es que parece haber sido imaginada con el objeto de mantener una tropa de miserables y de vagabundos, como lo fueron sus apóstoles y sus discípulos. ¿Acaso esa moral no está llena de imprecaciones contra la insensibilidad de los ricos? ¿No encontramos en ella lecciones que enseñan a vivir a costa de los demás? Se encuentran allí formularios de bendiciones para las ciudades, los pueblos, las aldeas, las casas y las personas que dieron una buena acogida a sus seguidores, y maldiciones contra los lugares que no quisieron recibirlos”[8]. Por supuesto, cuando el Cristianismo se convirtió en la religión oficial de Roma esta teología de pedigüeños fue sustituida por otra que consideraba que el poder era una bendición que Dios derramaba sobre sus elegidos. No hay que ser un lince para ver la analogía que movía a las comunidades cristianas de base de los sesenta.
Comenzaré por la segunda parte. Según una fuente hostil[9], el Observatori DESC, del que procede el núcleo de Barcelona en Comú (Colau, Pisarello, Asens, Pin...), recibió 3’8 millones de euros de subvenciones públicas entre 2008 y 2014 y especifica que en 2014 un año flojo , de los 444.309 € que les tocaron, dedicaron 182.144 a gastos de personal y 84.111 a pagar asesorías externas. Puede que yo sea de otra época, pero no creo que sean estos suplicantes los que nos lleven a la emancipación, como dice la famosa canción. Espero ocuparme despacio sobre ello algún día, pero si Felipe González pasa a la historia por algún motivo debería ser por el arte con el que utilizó las subvenciones para desmantelar cualquier atisbo de protesta. Fue muchísimo más eficaz que veinte pelotones de antidisturbios con carta blanca.
La primera es obvia hasta para alguien tan antipatriota como yo: las culpas son imborrables, nunca caducan, es un pecado original que no se lava ni con el bautismo. Es lo que llamo la “Doctrina Colau”: si perteneces a la estirpe equivocada, tu responsabilidad heredada te acompañará siempre, aunque puedes mejorarla haciendo autocrítica pública por ti y por todos tus antepasados, aunque maldita la cosa que tuvieran que ver en ello[10]. Pero claro, en la responsabilidad también hay grados. Gerardo Pisarello, el teniente de alcalde de Ada Colau, está libre de pecado, pese a que si no se hubiera producido el genocidio previo, jamás hubieran podido ir sus antepasados a Argentina a colaborar en la expoliación de las riquezas indígenas. A diferencia de los míos, que se quedaron en su casa.




[1] Este hecho, que no se suele citar, puede ayudar a explicar la enorme diferencia de población creyente que hay entre Europa y los Estados Unidos.
[2] Los ultras del Régimen nunca perdonaron a Pablo VI, al que consideraron personalmente responsable de lo que vino después. En diciembre de 1970 a cuenta de que el Papa pidió clemencia para los condenados a muerte del Proceso de Burgos , la revista ¿Qué pasa? escribía: “Para nosotros el Papa, en cuanto representante de Jesucristo, es anterior y superior a España, a la patria, a Franco, a todas las naciones y a todo lo humano. Pero el Papa en cuanto a no representante de Jesucristo, en cuanto a representante de su propia personalidad privada, en cuanto a representante de intereses puramente humanos, en cuanto a Montini, es cuasi infinitamente inferior a España, la patria y a Franco como cabeza de la nación”. (Reproducido en Fernando Díaz Plaja: La España franquista en sus documentos (La posguerra española en sus documentos), Plaza y Janés, Barcelona, 1976, p. 500).
[3] Jesús Aguirre es el hilo conductor del imprescindible libro de Gregorio Morán: El cura y los mandarines. Historia no oficial del bosque de los letrados (1962  1996), Akal. Madrid, 2014.
[4] Un estudio clásico sobre las herejías medievales como expresiones políticas es el de Norman Cohn: En pos del milenio, recientemente reeditado por las riojanas Pepitas de Calabaza. Para quien prefiera la ficción es muy recomendable Q, escrito por Luther Blissett, que es un seudónimo colectivo que ahora firma como Wu Ming.
[5] Según los describe Gasteiz: Vitoria. De la huelga a la matanza, Ruedo Ibérico, s. l., 1976, p. 31. En el libro ocupan de la página 31 a la 85, pese a que treinta y dos años después un historiador pretenda haberlos descubierto (Iñigo González Inchaurraga: Vitoria, 3 de marzo. Un conflicto transicional, Ediciones García , S. L., s. l. 2008). Claro que este librito cita fuera de contexto, altera las citas a su capricho y contiene alguna falta de ortografía que hace daño a la vista.
[6] La describo como aparece en el libro de Antonio Rivera y Santiago de Pablo: Profetas del pasado. La conformación de una cultura política III. Las derechas en Álava, Ikusager, Vitoria, 2014, ilustración 112. La imagen es tan pequeña y borrosa que mis pobres medios digitales no me permiten reproducirla con claridad. Confieso que ignoro todo sobre María del Carmen Landaluce.
[7] Sin querer entrar en lo ridículo que resulta en términos históricos , describir un proceso que comenzó hace quinientos años y duró más de trescientos, con un concepto acuñado en el siglo XX. Si tuviera algo de formación política sabría aquello de que cada sociedad solo se plantea los problemas que puede resolver, pero supongo que una idea así le provocará dolor de cabeza.
[8] Anónimo clandestino del siglo XVIII: Tratado de los tres impostores. Moisés, Jesús Cristo, Mahoma. El Cuenco de Plata, Buenos Aires, 2006, p. 114.
[9] “L’escandol esquitxa l’Observatori DESC/ICV – EUiA/Barcelona en Comú”, directe!cat, 18/05/15. Este es un medio que no oculta su ideología, su lema es El digital dels que votaran #SíSí.
[10] Es justo reconocer que el germen de esta  idea aparece en un contexto diferente en un pequeño libro tanto en tamaño como en profundidad , de Emilio Lopez Adan “Beltza”: Terrorismo y violencia revolucionaria. Likiniano Elkartea, Bilbao, 1998, pp. 40ss. (El autor firma así, sin tildes. Supongo que es un intento de euskaldunización sobre unos apellidos imposibles). Ya dice Lázaro de Tormes que no hay libro por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena, sin olvidar que Dios escribe derecho con renglones torcidos...