Mostrando entradas con la etiqueta Ciudadanos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ciudadanos. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de noviembre de 2016

... Y NADA MÁS QUE LA VERDAD

Resulta que el Diccionario Oxford ha elegido post – truth como palabra del año y a los medios mundiales les ha faltado tiempo para hacerse eco. En castellano parece que se transcribirá como posverdad y significa “que denota circunstancias en las cuales los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.
Aunque según se dice la palabra ya se había utilizado antes, la definición propuesta parece claramente inspirada por el referéndum británico y la elección de Donald Trump. En este caso Colombia u Holanda no cuentan porque para ciertos ambientes culturales anglosajones lo que no habla inglés simplemente no existe.
Desde luego, los periódicos que la han jaleado se sitúan automáticamente en el otro lado, en el que valora los hechos objetivos y no la emoción o las creencias. Son como esos que se hartan de llamar tonto a todo el mundo, ni se les pasa por la cabeza la posibilidad de pertenecer al grupo. Así que me ha dado por revisar al más serio entre los serios para ver exactamente en qué momento se encuentra respecto a la verdad, si anterior, coetáneo o posterior. Tampoco he buscado exhaustivamente, me he contentado con tres ejemplos pero desechando muchos para no aburriros[1].
Julio Carabaña es profesor de Sociología en la UCM y autor de un libro titulado Pobres y ricos. En su artículo trata de demostrar que la desigualdad no ha crecido utilizando “el índice de Gini (0, cuando todos consiguen lo mismo, y 100, cuando uno se lo queda todo)”.
Comienza retador: “La teoría (o la ideología, o la narrativa) dominante dice que la globalización aumenta la desigualdad y que la desigualdad produce populismo, nacionalismo y xenofobia, con etiquetas de derecha y de izquierda. Pero ¿y si la desigualdad no hubiera aumentado, o no hubiera aumentado tanto, o hubiera aumentado por razones distintas de la globalización?”. Fuerte apuesta, pardiez. Dejaremos de lado que el aumento de la desigualdad no suele achacarse a la globalización sino al neoliberalismo para no chafarle el argumento. Aunque sí desvelaré el final, porque lo que interesa es el argumento central. Sí, desde luego, era obvio, la desigualdad no ha aumentado. Lo mejor es cómo lo prueba. Resulta que en España el índice de Gini no ha aumentado desde mediados de los 90. “Como apuntaba la OCDE, el aumento de la desigualdad en España durante la crisis puede reducirse a un fenómeno mucho más simple, el aumento de la pobreza. Los pobres severos pasaron de ser el 2% de la población en 2007 a ser el 5% en 2009 y 2013. En la misma magnitud que han aumentado los pobres severos han disminuido también las clases medias”. Que quede claro.
Es posible por tanto hablar de un populismo  genérico. Hay sin embargo dos grandes diferencias entre los populismos de derechas y de izquierdas. Primero, obviamente, las políticas: “Podemos y el Frente Nacional tienen en común que dirigen sus ataques contra una élite liberal que creen responsable de los problemas. Difieren en el tipo de problemas que identifican y enfatizan, y en las soluciones que ofrecen”, dice Benjamin Stanley, profesor en la Universidad SWPS de Varsovia (Polonia)[2].
Así que ven la realidad de forma diferente y, como es lógico, tampoco coinciden en las medidas a tomar. Entonces ¿en qué coinciden? En culpar a una élite liberal. Por supuesto, aquí hay una polisemia que el muy conocido en su casa a la hora de comer Benjamin Stanley no se ocupa en precisar, porque liberal en Estados Unidos significa izquierdista mientras que en Europa se refiere a los economistas de extrema derecha que celebran cada despido considerándolo una “reducción de costes laborales”. Cuando tanto el PSOE como Ciudadanos dijeron en voz alta y con todas las letras que nunca apoyarían un gobierno con Mariano Rajoy de presidente caían en esa definición tan laxa de populismo. Suerte que la prudencia les hizo rectificar...
La última aportación la proporciona Steve Roberts, de la Singularity University, una universidad apoyada por Google y la NASA según la misma lógica que alumbró la Trump University. Una universidad que ofrece un programa que cuesta 14.000 dólares y tiene una duración de seis días. Según Roberts, “ofrecemos una experiencia que cambia tu mentalidad, que transforma a la gente y cuando se marchan no vuelven a ser los mismos”.
Cierto que hace tres mil años que los alquimistas vienen prometiendo esto mismo, pero no eran tan insensatos como para asegurar resultados en una semana. Ellos requerían toda una vida, por eso siempre se pinta a los alquimistas como ancianos...

Y de tal universidad, tales sabios. El susodicho Roberts responde a una pregunta diciendo que “Hace 50 años éramos granjeros. Todos estábamos preocupados porque las máquinas nos quietarían (sic) el trabajo, era la única manera de ganar dinero: tener una granja y vender comida”.
Hasta en un país tan industrialmente atrasado como España que levante la mano el que en 1966 sus padres o sus abuelos vivían de tener una granja y vender comida...
La pregunta es: si no están en la posverdad ni en la verdad, ¿estarán en la preverdad?




[1] Todos proceden de El País. Aquí van por orden de mención: Julio Carabaña: “¿Y si la desigualdad no ha crecido?” (22/11/16), Jordi Pérez Colomé y Kiko Llaneras: “De Trump a Podemos, qué es el populismo” (14/11/16) y Ana Torres Menárguez: “La mayoría de universidades del mundo van a desaparecer” (25/10/16).
[2] Encuentro un poco triste que El País se vea obligado a aclarar a sus actuales lectores que Varsovia está en Polonia. Aún recuerdo la lluvia de cartas de indignación que recibió un redactor de El País Semanal hace ya unos cuantos años (demasiados, según parece) por escribir “ad divinis” en lugar de “a divinis”.

lunes, 20 de julio de 2015

¿QUIÉN DIJO IMPOSIBLE?


Alexis Tsipras acababa de convocar el referéndum y en la radio entrevistaban a un cargo municipal del PP. No recuerdo su nombre ni el de la ciudad a la que decía representar, pero sí que al acabar la última pregunta que era de ámbito estrictamente local aprovechó para soltar algo así como “lo que está pasando en Grecia es culpa de que allí gobierna un partido que es como Podemos”. Era tal su vehemencia que pensé que peperos y podemeros no podrían ponerse nunca de acuerdo en nada[1]. ¡Cuánto me equivocaba!
El 1 de julio El Mundo informaba de que “Las Cortes gastan 64.200 euros en 99 iPhone 6 para sus diputados”. El artículo decía que La mesa de las Cortes Valencianas, compuesta por todos los grupos de la Cámara PP, PSPV, Compromís, Ciudadanos y Podemos ha aprobado un gasto de 64.200 euros para la compra de 99 terminales de ihone  (sic) 6 de 16 GB para todos los diputados del Parlamento valenciano, a una media de 648,48 euros por aparato. Como detalle, el informe de informática avisaba de que el previsible desajuste de la facturación se deberá regularizar al final de dicho periodo, a finales de octubre de 2015. En lenguaje comprensible, que la factura iba a ascender a mucho más que esos 64.000 euros...
Hubo escándalo de la ciudadanía votante y contribuyente, así que nuestros representantes salieron a justificarse. El mismo periódico publicaba otra pieza titulada “El presidente de las Cortes dice que la compra de 99 iPhone responde a la ‘necesidad de comunicarse’”. Leyéndola aprendemos que El presidente de Les Corts Valencianes, Francesc Colomer, ha manifestado hoy que la decisión (...) forma parte del “operativo y de la necesidad de comunicarse los diputados”. (Esta es buena. Operativo, según la Academia, es “que obra y hace su efecto”, “preparado y listo para ser utilizado o entrar en acción” u “organización para acometer una acción”. La “necesidad de comunicarse los diputados” parece pueril estando reunidos en la misma sala, pero quizá quería decir otra cosa y no sabía cómo). Prosigue el artículo: el portavoz adjunto de Compromís en Les Corts, Fran Ferri, ha señalado también que fueron los servicios técnicos los que aconsejaron la opción del iPhone 6 por motivos de “seguridad, encriptación y durabilidad”, y que la compañía ofrece gratuitamente el aparato si no se pasan del gasto. “Fueron los servicios técnicos”... Cómo me ha recordado esta frase al debate televisado Zapatero-Rajoy cuando el entonces presidente echó en cara al ahora presidente lo de los “hilillos de plastilina” del Prestige y este respondió con voz destemplada “yo dije lo que me dijo un técnico”. Por otro lado, mientras decía esto, Fran Ferri ya sabía que “el informe de informática” dejaba claro que se iban a “pasar del gasto” sí o sí.
En El País del mismo día, en un artículo titulado “Polémica por la compra del iPhone 6 para los diputados valencianos”, nos informaban de que El portavoz socialista Manuel Mata no ha ocultado su irritación por las críticas que, en su opinión, dificultarán el trabajo de los diputados y las relaciones con los ciudadanos: No podemos trabajar sin encriptación y el retraso en la compra de los ordenadores impedirá que los ciudadanos puedan enviar correos a los diputados a su e-mail corporativo.  ¿Por dónde empezar a glosar esta joya de la oratoria? Me encanta el lapsus del “e-mail corporativo”, reconoce que los partidos existentes (y seguramente por existir) no funcionan sino como empresas, que es la traducción más adecuada para corporate[2]. Después está lo de las “relaciones con los ciudadanos”. Sí, sé que en algún país hay representantes elegidos por una circunscripción que, según se dice, votan resoluciones siguiendo el parecer de sus representados. No es el caso español. Aquí cada representante de un partido vota lo que decide su jefe de grupo y cuando no es así, se convierte en noticia y, desde luego, muy poco común.
La “prueba del nueve” es la irritación. Hace tiempo que tengo comprobado que, en una discusión, el que parece más enfadado es el que menos razón tiene.
Hasta aquí la piña de la mesa de diputados defendiendo lo indefendible. Y en esto llegó Internet... Bastaron unas cuantas críticas vía Twitter para que los que, como un solo hombre, defendían la medida, renunciaran a ella, del tranquilo al airado, del técnico al excéntrico, del elevado desde el fango hasta el chico de casa buena[3]...
Pareciendo imposible, al final resultó bastante fácil ponerles de acuerdo.




[1] Ahora se ha puesto de moda la palabra podemitas para denominar a los seguidores de Podemos. No me gusta. No sé de dónde deriva pero apostaría a que, o bien sigue el mismo camino que lleva de Jesús a jesuitas, o bien hunde sus raíces en las denominaciones de las tribus de la Biblia. Me sonaría mejor podemistas, pero reconozco que es un capricho.
[2] El diccionario Collins da primero “corporación” y después “sociedad anónima”. Si vamos al de la Academia, corporación es “organización compuesta por personas que, como miembros de ella , la gobiernan” (que no es el caso, pues todos los partidos se gobiernan de otro modo, un afiliado de base no gobierna nada...) y “Empresa, normalmente de grandes dimensiones, en especial si agrupa a otras menores”.
[3] Quien quiera más detalle puede acudir a Sabemos Digital y su artículo “Cómo twitter marca una agenda política: El caso del iPhonegate del gobierno valenciano”.

domingo, 26 de abril de 2015

¿DÓNDE ESTÁS, LÓGICA?


Según el diccionario, lógica es la “ciencia que expone las leyes, modos y formas del conocimiento científico”. Definición que encuentro muy desacertada desde mi pobre capacidad de razonamiento. Yo diría que es la lógica la que debe validar el conocimiento científico y no al revés, más en una época en la que una fábrica de barritas de chocolate encarga un estudio de nutrición a un laboratorio y de sus resultados se deduce que la barrita de chocolate es el alimento más nutritivo y equilibrado que quepa imaginar[1].
Sucede que, últimamente, encuentro muchos ataques a lo que yo definiría como lógica aunque, claro, si hemos de consultar a los científicos de ahora, quizá sean expresiones de lógica en estado puro. Pondré algún ejemplo pero sólo como muestra, pues lo cierto es que si me detuviera en todos, darían para un tratado de varios cientos de páginas.

         Miremos hacia la economía. No sé si lo es ahora, pero Bill Gates ha sido y dejado de ser el hombre más rico del mundo durante los últimos veinte años, lo que para mucha gente equivale también a ser el hombre más listo del mundo[2]. Gates se hizo millonario con el sistema operativo Windows[3], que se actualizaba cada dos años con periodicidad constante. A Windows 96 le sucedió Windows 98 y a este, Windows 2000 y cada lanzamiento tenía su puesta en escena, que era inmediatamente reproducida por los medios de todo el mundo. Por alguna razón no explicada (seguramente la avaricia) esa periodicidad bianual se rompió en el 2001, con el lanzamiento de Windows XP, una clara anomalía, pero en muchos más sentidos de los que podía imaginar Gates. Esa versión oportunista conquistó un éxito absoluto, de modo que, según datos de la Wikipedia, el 8 de abril del 2013, después del lanzamiento de varias versiones superiores, el sistema operativo Windows XP “ocupaba el segundo lugar en uso mundial (...) significando que de cada diez ordenadores, cuatro utilizaban el sistema”. Parece que fue su tope, y a partir de ahí llegó la decadencia. La reacción de Gates fue la clásica del capitalismo del siglo XXI. Por un lado empecinarse en el error, seguir lanzando Windows a intervalos regulares mientras trataba de matar a su criatura más exitosa para forzar el paso a los nuevos. Por otro, en lugar de analizar qué ha fallado en aquello que sabes hacer y mejorarlo con humildad y paciencia, se volvió hacia aquello de lo que no sabía ni entendía, la telefonía móvil. Los ideólogos lo llaman diversificación, y el resultado siempre suele ser el mismo. Los dos o tres casos que aparecen en los libros de “marketing” son excepciones que, por mucha voluntad que pongan sus autores, nunca se convertirán en regla. El experimento de Gates se saldó con el despido de 15.000 trabajadores, aunque, desde luego, declaró beneficios.
Su lugar lo ocupó un hombre y su compañía que representaban una patada contra la lógica en todos los términos. Me refiero, claro, a Apple y Steve Jobs. Jobs aprovechó el combate de Gates contra sí mismo para transformar al perdedor Mac en el ganador Apple, no vendiendo las cualidades del producto, sino cambiando la imagen de la marca, que pasó de ser algo de raritos a ser un rasgo de los tocados por la Fortuna, y que pasó a implicar que la Fortuna podía tocarte a ti también si te unías a su modernidad[4]. Del uso de la lógica por parte de Steve Jobs basta apuntar que trató de curarse el cáncer comiendo manzanas y así le fue...
De esta historia se deriva otra patada a la lógica como la entendemos los que no estamos en la Academia , que tiene mucho de incomprensión del capitalismo como nos lo explican. Un ejecutivo incompetente toma una mala decisión que una  aseguradora se meta en el negocio inmobiliario, por ejemplo y la consecuencia es que, mientras el ejecutivo cobra dos millones en bonos por el resultado global de la compañía, ha habido que despedir a 20.000 trabajadores que, por el contrario, desempeñaban su trabajo de forma impecable.
Se dice que el gran capital, en forma de multinacionales, domina el mundo. No es cierto. Sólo lo es en la medida en que los gobiernos respaldan sus intereses. La United Fruit ponía y quitaba gobiernos en Centroamérica pero sólo porque podía contar con los marines estadounidenses para derribarlos con las armas[5]. Hoy esa manera de actuar no está bien vista y United Fruit acabó por convertirse en Chiquita, haciendo bastante honor a su nuevo nombre.
Parecía que Podemos había entendido ese mensaje. Se presentó a las elecciones europeas con la que era la plataforma más rompedora de los que tenían opciones de sacar algún escaño. Uno o dos, según las encuestas. Sacaron cinco y, a raíz de aquello, se situaron en el objetivo de los medios. Estaba claro que la gente les había votado por su lenguaje radical. No sólo eso, sus cinco escaños en las europeas pronto les auparon a la primera posición en intención de voto. Es evidente que ignoro las razones por las que la mayoría de los encuestados declaraban apoyarles, pero tengo claro que si llegase al poder en el parlamento español un partido que se negase a pagar la deuda externa, en cuestión de horas se le sumarían Grecia y Portugal y, en cuestión de días, Italia. Y entonces se volvería la tortilla... Porque Italia y España juntas (por ese orden) pesan demasiado en la economía mundial. Conseguirían una renegociación ventajosa de la deuda y, de propina, la caída de algún fantoche. Algo así era lo que parecía encarnar Podemos.
Por supuesto, se encontraron con un ataque en toda regla de los principales medios informativos que, no lo olvidemos, están en manos de bancos, multinacionales y fondos varios[6]. Pues bien, si lo que les había dado el apoyo electoral mayoritario era su discurso radical, ¿qué cabía hacer? Desde la frialdad, uno diría que mantenerlo. Hacer oídos sordos a las televisiones, radios y periódicos que querían llevarles a su terreno y seguir proclamando un programa de ruptura, que era el que les había llevado hasta ahí. ¿Qué hicieron? Todo lo contrario, enfangarse en el terreno de juego preparado por el enemigo y, además, aceptando sus reglas de juego. El resultado: que se catapulte a su costa la alternativa auspiciada por esos medios, Ciudadanos. Un partido que los que vivimos en Cataluña sabemos que ni es nuevo ni es siquiera de centro ni, desde luego, está limpio. Mientras tanto, la cabeza visible de Podemos se dedica a regalar series de televisión al rey Felipe...

Una muy de este tiempo: el dominio de la palabra sobre la realidad. Se diría que hoy la lógica cree en conjuros[7] y esta nueva lógica se manifiesta de dos formas. Una es la creencia en la acción mágica de las leyes. No paran de dictar leyes contra el maltrato a las mujeres y, por supuesto, no consiguen nada. Los recursos disponibles son los que son, y hay más mujeres maltratadas que policías y mira que hay policías , de tal modo que si una ley acaba por asignar un policía a cada maltratada, simplemente la ley no se podrá cumplir. Por no hablar del absurdo que encierra en sí crear una cadena perpetua para condenar a individuos que desean suicidarse. Mucho miedo les pondrá en el cuerpo... Esta creencia en el poder de la palabra escrita remite directamente a la infancia y tiene otra derivación en los guardianes de los diccionarios. Últimamente ha surgido una campaña que se basa en que el famoso diccionario recoge en una acepción de gitano la definición de trapacero. Parecería, si les hacemos caso, que si se elimina esta del diccionario, todos los prejuicios existentes desde uno y otro lado desaparecerán. Sin embargo, no es así. No es la vida la que es el reflejo del diccionario sino el diccionario el que es el reflejo de la vida. Y si no es así, no es el cambio del diccionario el que conseguirá el otro. En términos de lógica formal, A implica B y su negación es al revés, no B implica no A. Es el cambio de la realidad el que habría de implicar el cambio del diccionario, y no a la inversa.
Sin embargo, el ansia de los purificadores no tiene fin. Hoy hay ediciones expurgadas de Tom Sawyer y Huckleberry Finn donde se han eliminado las palabras injun y nigger, reemplazadas por Indian y slave[8]. La palabra nigger aparece 219 veces. El problema es que Samuel Langhorne Clemens, que firmaba Mark Twain, era antirracista y escribía precisamente para reflejar la estupidez de su época. Cuando la tía Sally pregunta si hay algún herido en una explosión, Huck responde: “No señora, mató a un negro” y la tía dice “Bueno, ha habido suerte, porque a veces hay gente que resulta herida”[9]. La intención combativa es muy clara, (salvo para el intelecto escaso de los agelastas) y uno se pregunta cómo se reduce la ofensa sustituyendo “negro” por “esclavo”... Por mi parte, diré que ojalá tuviéramos unos cuantos Mark Twains ahora...[10]





[1] Desconozco el griego, así que no puedo opinar sobre el significado de la palabra logos, pero diría que si es la ciencia la que define el método, la expresión “método científico” resulta algo absurda.
[2] Cuando ha dejado de ser el primero, era el segundo y por poco margen. No hay historia dramática ni ejemplar detrás.
[3] Los profesionales de la informática lo llaman asistemáticoinoperativo, pero lo cierto es que para los que utilizamos el 10% de las capacidades de nuestro PC es tan bueno o malo como otro cualquiera...
[4] Cuando se abre la tienda de Apple del Paseo de Gracia de Barcelona, los empleados, dispuestos en dos filas, aplauden a los clientes que hacían cola para entrar, como si cada día fuese una inauguración perpetua.
[5] De ahí viene el término República Bananera, cuando una exportadora de bananas ponía y quitaba gobiernos a su conveniencia.
[6]De inversión” o “buitres”, según las preferencias de cada cual.
[7] “Fórmula mágica que se dice, recita o escribe para conseguir algo que se desea”, según el diccionario ya citado, que no es otro que el de la Real Academia vigente hasta hace unos meses.
[8] Peter Messent: “Censoring Mark Twain’s ‘r- words’ is unacceptable” The Guardian, 05/01/11.
[9] “No’m. Killed a nigger, Well, it’s lucky; because sometimes people do get hurt”. Véase nota anterior.
[10] Cuando Felipe González llegó al poder decretó la llamada “Reconversión Industrial”, que consistía en cerrar por las bravas las empresas del INI que no eran rentables en ese momento. Una de ellas, Astilleros Euskalduna, fue modelo de combatividad. Los obreros llegaron a inventar un “robot” que devolvía las pelotas de goma. Pues bien, en el tejado de la fábrica habían pintado un ¿Dónde estás, justicia? que a mí me emocionaba. Prometo ocuparme en el futuro de Felipe González...