lunes, 8 de febrero de 2016

RAZONABLEMENTE BIEN

Se diría que tienen miedo. En menos de veinticuatro horas El País publicaba tres artículos dominados por la preocupación de que tiremos por la borda lo conseguido, lo que uno de ellos denomina “estos últimos y gloriosos 40 años de democracia”.
Empezaré por este[1], que es el más enigmático porque carga duramente, pero no se sabe contra quién. Nos alerta de que la caída de Roma “se produjo en tan solo el transcurso de una generación”. Porque, según dice, ahora “estamos a cien pasos del abismo”. Nada menos.
Una de sus frases me ha dejado perplejo: “las élites guardan silencio atenazadas por una corrección política que el infantilismo de izquierdas ha convertido en pensamiento dominante”. Quien se haya paseado alguna vez por este sitio sabrá que detesto la corrección política con todas mis fuerzas y no dejo pasar oportunidad para fustigar a los que la practican pero,  ¿realmente cree que esas élites que no define callan por miedo a ser políticamente incorrectas? ¿No será más bien que están esperando a que haya un ganador con el que poder entenderse? Las élites saben que Podemos es tan temible como las CUP, que ladran pero no muerden. Ven cómo sus intereses siguen seguros en Madrid y Barcelona, por mucho que hayan llegado a sus gobiernos unos comunes que dan risa y a los que no se puede llamar comuneros porque sería un insulto hacia estos. En una parte sí estoy de acuerdo, y es que nos define como “una sociedad pasiva y paternalista acostumbrada a mirar para otro lado ante el reto de la responsabilidad”, pero me pregunto cuánto habrán tenido que ver en ello esos gloriosos 40 años.
Antonio Elorza detesta a Pablo Iglesias como un exorcista al demonio y en esta ocasión se queda a gusto[2]. Dice de él que no solo no es un demócrata sino que rechaza la democracia. Es maniqueo y simple, un violento que emplea vocabulario  militar y su acción política se alimenta sobre todo de boxeo. Tiene ya pensado cómo “librarse de opositores elegidos mediante la democracia representativa”, pues, no en vano, es un caudillo populista que practica el centralismo autocrático (al menos Lenin propugnaba el centralismo democrático, así que este es aún peor). La verdad es que Elorza sabe mucho de leninismo, pues durante una época más bien larga fue bastante más leninista que el propio Lenin. Aunque ahora sus simpatías están (o estaban hasta hace poco) más cerca de UPyD. Recuerda mucho al amigo Savater y es que la vergüenza es como la virginidad, cuando se pierde, se pierde para siempre. Antonio Elorza es catedrático en la misma facultad donde daba clases Pablo Iglesias y supongo que las miserias de la vida universitaria tendrán su parte en ese odio tan llamativo.
En el tercero[3], Antoni Zabalza nos da unas cuantas lecciones incluida la demostración matemática de que “no es cierto que la regla de la mayoría sea capaz de sintetizar de forma coherente la voluntad de una colectividad cuando esta se enfrenta a más de dos alternativas”, pero solo me interesa parte de lo que dice en el párrafo final: “La democracia directa no funciona y es incompatible con una sociedad abierta, basada en el imperio de la ley y en la libertad del individuo (...) los países que han jugado con la democracia directa han acabado eliminando libertades individuales, causando dolor y miseria, y destruyendo los fundamentos de su sistema económico. Por el contrario, los que con más modestia se han abstenido de formular arcadias sociales, y limitado la práctica democrática al control de sus gobiernos, han conseguido respeto y tolerancia para con la diversidad, altas cotas de libertad individual, economías dinámicas y prósperas y un reparto razonable del bienestar”.
Así que la democracia directa no funciona, por lo que no es de extrañar que los países que han jugado con ella hayan acabado fatal. En este caso no hay demostración matemática, ni siquiera un triste ejemplo. Porque la democracia directa no se ha podido aplicar jamás en país alguno y el único que ha jugado y sigue jugando con ella es Suiza que, como todo el mundo sabe, no para de eliminar libertades individuales, causar dolor y miseria y destruir los fundamentos de su sistema económico. Ha habido, eso sí, experiencias de democracia directa, pero limitadas a territorios más pequeños. La lista es larga incluye entre otras la Comuna de París, Kronstadt, los espartaquistas berlineses, las colectividades de Aragón o los consejos húngaros de 1956 , y todas tienen algo en común: fueron aplastadas sin piedad por la gente de orden, ya fuera este la democracia representativa o la tiranía comunista. A veces ese aplastamiento muestra paradojas que son solo aparentes, como que las tropas prusianas que habían derrotado a los franceses esperaran caballerosamente a que estos acabasen con su chusma, que era el mayor peligro para el régimen que ambos ejércitos defendían, o que las colectividades aragonesas que habían resistido al ejército franquista fueran desmanteladas por los comunistas de Enrique Líster.
Pero seguro que debe haber una demostración matemática por alguna parte, aunque quizá sea demasiado larga para un artículo de prensa. Por cierto, ¿quién es este Antoni Zabalza que prodiga las certezas con tanta generosidad? Según El País, “es profesor de Economía y fue secretario de Estado de Hacienda”. Sí. Pero es algo más, también es presidente y consejero delegado de Ercros, un pequeño detalle que el diario olvida mencionar. La trayectoria empresarial de Zabalza recuerda mucho a otras cuyas consecuencias hemos tenido que padecer recientemente en nuestros bolsillos. Secretario de Estado de Hacienda y director del Gabinete de Presidencia del Gobierno de Felipe González, fue vocal del consejo de administración de varias empresas estatales como Transmediterránea, el Instituto de Crédito Oficial, Iberia o el extinto Instituto Nacional de Industria, hasta recibir Ercros de las manos de otro ilustre incompetente, Josep Piqué. La empresa, que este ya había dejado muy tocada, no ha dejado de perder valor desde entonces. Apenas dos días después de publicado el artículo se informaba de que antes de final de año despedirá entre ciento cincuenta y doscientos trabajadores.
Ya dice Rajoy que las cosas funcionan “razonablemente bien”. Solo que funcionan razonablemente mejor para don Mariano y don Antoni que para los futuros despedidos de Ercros...


Con las tropas de Bismarck y la totalidad del ejército francés concentrados en las afueras de París, los miembros de la Comuna no tenían la menor oportunidad, y lo sabían. Muchos estaban decididos a morir debido a que, después de haber probado el sabor de una libertad que solo podía ser medida por las insuficiencias de las sorpresas del día anterior, no estaban demasiado dispuestos a aceptar nada que fuese inferior a eso, a vivir como habían vivido solo un día antes, y mucho menos a regresar a la libertad de elegir entre las mercancías que los demás ponían a la venta, entre un domingo en el parque o en el río, lo cual afirma la leyenda inventada después del hecho. En este sentido, la Comuna no fue un secuestro de la historia, sino un regalo que se le hizo a esta, un patrón con el que juzgar al futuro, un momento para ser adorado o condenado[4].



[1] Luis Prados: “España, ¿cómo hemos llegado a esto?”, El País, 19/01/16. No conozco al autor. En Internet aparece información sobre un Luis Prados vinculado al Máster  de Periodismo de ABC, pero como se define “hijo y nieto de periodistas” no sé si se trata de él o de algún pariente. Las familias en las que se hereda el oficio tienen tendencia también a hacer hereditarios los nombres de pila.
[2] Antonio Elorza: “La tentación caudillista” El País, 19/01/16. las dos frases que siguen al titular lo dicen todo: “Para Pablo Iglesias, la acción no tiene otro objetivo que la victoria. La elección racional en beneficio del conjunto de la sociedad no tiene lugar en su presentación militarizada de la política, de impronta leninista”.
[3] Antoni Zabalza: “Podemos, secesión y populismo”, El País, 18/01/16.
[4] Greil Marcus: Rastros de carmín. Una historia secreta del siglo XX, Anagrama, Barcelona, 1999 (2ª ed.) p. 140.

miércoles, 3 de febrero de 2016

DOS NOTICIAS SORPRENDENTES

El 31 de enero escuchaba en Catalunya Informació una noticia sobre la entrega de premios del cine catalán que se celebraba esa misma noche. Después de cantar las excelencias de las diversas películas, la locutora aclaraba que la mayoría de ellas estaban rodadas en castellano.
En octubre de 2007 se habló mucho sobre lo que era la literatura catalana, con motivo de la celebración de cierto aquelarre que nos costó carísimo. En entrevista publicada en El País el día 9, Josep Bargalló, que era director del Instituto Ramón Llull[1], decía que “En cualquier caso, es lo que decía el otro día el expresidente de la Generalitat Jordi Pujol: Rilke y Kafka son checos pero no forman parte de la literatura checa sino de la alemana porque escribieron en esa lengua. Quien escoge una lengua para escribir sabe que está escogiendo una literatura”. Y Carod Rovira, entonces vicepresidente de la Generalitat de Cataluña, decía que “literatura catalana es solo la que se escribe en catalán”. Bueno, en realidad dijo una enorme cantidad de estupideces, como en él era habitual, de modo que “Fuentes de la Vicepresidencia de la Generalitat matizaron el viernes las declaraciones de Carod Rovira al asegurar que el republicano pretendía explicar las diferencias entre literatura y cultura, y argumentar en el documental de la ZDF que “literatura catalana es solo la que se escribe en catalán””[2].
Ahora el cine en castellano rodado en Cataluña o simplemente producido, dirigido o interpretado por catalanes es catalán, pasando por encima de la molesta realidad de que hable castellano o, aún peor, de que esté rodado en España. ¿Han cambiado de postura? Me da que no. Ha debido ser un trago amargo para la presidenta de la academia cinematográfica catalana, independentista declarada y absolutamente convencida pero claro, la alternativa venía a ser una liga futbolística de dos equipos en que una semana el Barça jugara contra el Espanyol y a la siguiente el Espanyol jugara contra el Barça. Para mí que en setiembre votó a las CUP...


La otra aparecía en El País el 1 de febrero y me bastó con el titular y la frase que le acompañaba: Los Mossos atacan de nuevo el supermercado de la droga de la Mina. Los agentes prevén una treintena de detenidos, algunos de clanes tradicionales como los Jodorovich.
¿Prevén una treintena de detenidos? ¿Qué significa eso? ¿Que solo llevan treinta pares de esposas? ¿Que en la tocinera solo caben treinta y en cuanto se llene salen ululando sirenas hacia comisaría?
¿Y si no se llena? ¿Y si solo detienen a quince? Porque eso representaría un gran problema...
Detener a veintinueve tendría su regusto amargo para ellos pero la ciudadanía lo entendería Uno de treinta sería un “error de medición”, que dicen los físicos. Pero de veintisiete hacia abajo ya es un 10%, que empieza a ser una desviación considerable aunque se mire con buenos ojos...
A ver, siempre cabe el recurso de detener a alguien porque no lleva el DNI encima, ha mirado mal a un agente o ha susurrado alguna inconveniencia que se pueda calificar de desacato, pero no resultaría muy elegante.
Prevén. Es muy diferente de buscan. Porque ahí sí cabe el ridículo más espantoso, porque los periodistas pueden preguntar quiénes son esos treinta buscados y comparar esa lista con la de detenidos[3]. Ni pensar en lo que podría resultar de la confrontación de ambas listas...
La verdad es que me pareció todo tan maravilloso que no he querido estropear este momento de disfrute buscando si al final fueron treinta, dieciséis o cuarenta y cinco... 



[1] Viene a ser el equivalente catalán del Instituto Cervantes, aunque supongo que ellos prefieren compararse con los Institutos Goethe alemanes. Ignoro si existe tal cosa en Austria o Dinamarca, que son sus espejos favoritos.
[2] “Carod justifica la exclusión de autores catalanes en castellano de Fráncfort”, El Mundo, 06/10/07. (El viernes era día 5).
[3] Suponiendo que en la era de ruedas de prensa sin preguntas o declaraciones retransmitidas por circuito cerrado de televisión los periodistas se atrevieran a tanto, que parece una hipótesis punto menos que disparatada...

domingo, 31 de enero de 2016

HACE CASI SIETE AÑOS

HACE CASI SIETE AÑOS

Me ha parecido curioso recuperar un artículo que se publicó en la desaparecida revista gratuita de mi barrio hace ya casi siete años. Se titulaba Arde Berga y dice así[1]:

“Decía Marx, y es de suponer que con algún fundamento, que los obreros no tienen patria. Los anarquistas la rechazaron también, tanto como a Dios y al amo. Ironías de la vida, más de un siglo después, las grandes corporaciones del capitalismo nos han confirmado que éste tampoco reconoce ninguna, ni siquiera a sus estados, si no es como meros garantes de la pax capitalista. Pese a tanta unanimidad, la implantación del nacionalismo entre ciertos movimientos sociales es un hecho; ahora bien, no es menos cierto que las contradicciones que tal maridaje plantea, sobre todo cuando esos movimientos aspiran a tener representación institucional, suelen llevar a un desenlace poco afortunado. Numerosos ejemplos, como el de Euskadi, dejan a las claras con cuanta frecuencia el elemento nacional acaba primando sobre el social en las luchas que estos grupos protagonizan; por lo demás, parece claro que es difícil postular un nacionalismo sin patria y una patria sin fronteras, esas viejas y feas cicatrices que la guerra deja culebreando en los mapas políticos, así como nos cuesta imaginar una patria sin estado y, menos aún, un estado sin ejército, aunque éste se pretenda popular. Más difícil aún es despojar a semejante elenco de los componentes insolidarios y represores.
Un poco de todo esto ha venido ejemplificándose durante los últimos meses en la zona del Berguedá. En este caso, el origen del conflicto está en un artículo publicado por el Pèsol Negre, periódico libertario del Alt Llobregat i Cardener, en el que se criticó a las Candidatures d’Unitat Popular (CUP), con representación en el Ajuntament, por su apoyo a la Ordenança Cívica municipal.
Además de algunas agresiones previas (por ejemplo, alguien le rajó las ruedas del coche a un redactor del Pèsol), la escalada de violencia comenzó la madrugada del 24 de diciembre, cuando un miembro de las CUP, incluido en su lista electoral, y otro del Casal independentista, encapuchados, reventaron la puerta de Cal Okupi de Berga y apedrearon la ventana del cuarto donde dormía el único ocupante de la casa en ese momento; volvieron poco después, ya sin capucha, para amenazar al desvelado okupa y a los miembros de los colectivos libertarios en los que milita. Pese a las peticiones dirigidas a las CUP para que se posicionaran sobre la actitud de su militante, la organización responde con un clamoroso silencio. Sea como sea, lejos de amainar, el conflicto vive otra vuelta de tuerca: la madrugada de fin de año alguien intenta quemar el Ateneu Anarquista Columna Terra i Llibertat de Berga con pastillas de parafina y líquido inflamable, resultando afectada sólo la entrada del local.
Queda postergado sine die el debate sobre si es posible un nacionalismo de izquierdas, incluso ácrata; probablemente, quienes pensamos que es incongruente tal combinación lo tenemos tan claro como aquellos que defienden la viabilidad de ese proyecto político o, mejor dicho, de esos proyectos, no siempre compatibles entre ellos mismos. La única respuesta a ese debate irresoluble es, pues, la convivencia: ya hemos restado suficiente entre tod@s. Ahora bien, el conflicto de Berga (del que, por cierto, esperamos no tener más noticia) saca de nuevo a la luz esa incomodidad que, inevitablemente, la izquierda que aspira a una nación y al poder político siente frente a otra izquierda: la que cree sólo en los pueblos, en su derecho a la autodeterminación social y en su capacidad para crear sus propias herramientas de participación y lucha.”

En el 2009 la CUP apenas era conocida en Cataluña, no digamos fuera. Su implantación se reducía a unos pocos núcleos rurales de los que Berga, con sus quince mil habitantes, es un buen ejemplo. Entonces era la época de las ordenanzas cívicas. Las de Barcelona fueron muy contestadas porque mientras el ayuntamiento proponía fuertes multas para chavales que circularan indebidamente en patín, por ejemplo, no tenía ningún problema en que se edificara el hotel W prácticamente en la arena de la playa, lo que parece (solo parece, ojo) contravenir unas cuantas leyes estatales y alguna que otra norma municipal[2]. Barcelona fue imitada por muchos otros lugares hasta el disparate y hubo ordenanzas que prohibieron besarse en el paseo marítimo o comer un bocadillo en la calle. Ignoro cómo eran las de Berga, pero no creo que fueran una gran aportación a las libertades cívicas.
En cualquier caso, ya que hablamos de civismo, es gratificante comprobar cómo la participación institucional ha suavizado los modales de estos muchachos. ¿Qué habrían hecho entonces si un profesor universitario les hubiera maldecido a ellos y a todos sus descendientes[3], como sucedió hace poco cuando rechazaron apoyar el gobierno que decidieron apoyar pocos días después? No, esos tiempos quedaron definitivamente atrás. Su paso por el parlamento les enseñó que aunque en momentos de máxima indignación sea legítimo amenazar con una zapatilla a los malvados, se consigue mucho más abrazándose con el presidente. Es todo un avance contemplar cómo hoy agachan el lomo hasta casi tocar el suelo y piden perdón humildemente por sus errores pasados.


No faltarán malpensados que opinen que la diferencia se debe a que unas críticas vienen de un lado y otras de otro. Se equivocan. Hace poco leía un sesudo análisis en el que se demostraba que las CUP eran las herederas del anarquismo catalán del primer tercio del siglo XX y algunos de sus dirigentes como la inconfundible Anna Gabriel , militan en la CGT, sindicato anarquista pero que también concurre a elecciones, en su caso las sindicales.



[1] Masala,46 (marzo abril del 2009), p.3. Escrito por el poeta Mateo Rello, que tenía una sección fija llamada Casa Fanelli cocina de mercado. (Fanelli fue el principal introductor del anarquismo en España). Salvo error por mi parte no he alterado nada, pese a que contradice alguna de mis normas ortográficas.
[2] Colau se comprometió a revisar la ordenanza si llegaba a la alcaldía. Desconozco en qué estado se halla el asunto.
[3] Sí, en ese nivel de delirio nos movemos por esta zona...

jueves, 28 de enero de 2016

APROVECHANDO QUE EL SENA PASA POR PARÍS...


Nota previa: Fiel a mi costumbre de no enredarme en cuestiones semánticas, aquí llamaré terrorismo a lo que los periódicos más difundidos del mundo entienden por terrorismo. Que cada quien aplique sus propios filtros y correcciones.

Según un artículo reciente[1], se han producido más de dos mil setecientas operaciones antiterroristas en Francia desde que el presidente francés declaró el estado de emergencia tras los ataques del 13 de noviembre pasado, lo que da una media de más de cincuenta al día. Sin embargo, los resultados no se corresponden con la magnitud de los esfuerzos. Ante semejante despliegue se tendría que haber garantizado la celebración de actos que han acabado suspendidos por miedo, alguno de ellos demasiado simbólico como para que no se entienda su suspensión como una debilidad demasiado evidente.
Pero hay más. Registros domiciliarios, clausuras arbitrarias de asociaciones y restricción del derecho de reunión, todo ello sin necesidad de comunicárselo a un juez. Puedes quejarte ante un tribunal, pero solo después. Como recuerda el artículo, con las leyes existentes nada impidió a Hollande decretar el estado de emergencia el 13 de noviembre ni prorrogarlo hasta el 26 de febrero, pero quiere más. Reformar la constitución para facilitar la declaración del estado de emergencia y eliminar impedimentos legales a las acciones del gobierno bajo el estado de emergencia, que incluyen registros sin orden judicial y detenciones preventivas, así como despojar de la nacionalidad francesa a nativos convictos de terrorismo, lo que recuerda demasiado a aquello de implantar la pena de muerte para disuadir a los terroristas suicidas[2]...
Hollande ha decretado que Francia está en guerra y, en cierto modo, ha acertado. Las solicitudes para  ingresar en el ejército se han disparado después de los atentados, aunque no se ha dicho nada parecido de la policía, parece que ha calado la visión de una guerra entendida como guerra convencional, de las que se libran con ejércitos[3]
Una brevísima historia de la lucha moderna contra el terrorismo debería comenzar con la incapacidad del ejército inglés para derrotar a la EOKA del coronel Grivas en Chipre, en los años cincuenta. Las tácticas militares de los ingleses nada valían contra un enemigo que no se comportaba como preveían sus reglamentos y las amenazas y la aplicación de la fuerza solo servían para incrementar el apoyo a su causa. Poco después Francia tuvo que hacer frente al FLN argelino y como aún se movía con esa vieja lógica, descargó el peso de la lucha sobre el ejército, en especial los temibles paracaidistas[4], que combinaron lo que se podría definir un acierto estratégico con un enorme error táctico. El acierto fue darse cuenta de que la clave para derrotar al FLN consistía en reunir la máxima información posible sobre el enemigo a batir y el error, conseguirla mediante el empleo sistemático de la violencia, con la tortura como su método básico. Desarbolaron al Frente en la capital, pero no pudieron detener el proceso de independencia, al que alimentaron indirectamente con su brutalidad[5]. Tuvieron que pasar dos décadas para que el general de los carabineros italianos Alberto Dalla Chiesa diera una lección de cómo se podía derrotar al terrorismo sin recurrir a lo que luego se llamó eufemísticamente atajos. Dalla Chiesa decía que para derrotar a las Brigadas Rojas había que llegar a pensar como ellos, es decir, había que reunir toda la información posible y saber interpretarla. No cabe duda de su aplicación magistral. Aún hoy, los antiguos brigadistas se preguntan cómo fue posible que de sus filas saliera un porcentaje tan enorme de arrepentidos y disociados y la única explicación lógica es que cuando se conoce al enemigo como a uno mismo, se le puede golpear donde más le duele.  Su victoria sobre las Brigadas Rojas es modélica por haber sido hecha sin porquerías y el gobierno italiano se lo recompensó mandándole a combatir a la mafia siciliana sin la protección adecuada. Apenas duró unos meses, claro, y muchos italianos piensan que fue precisamente su obsesión por reunir información lo que le perdió, pues suponen que llegaron a su conocimiento muchos datos molestos[6]...
La receta de Dalla Chiesa sigue teniendo validez hoy. Parece obvio repetirlo pero la información es la clave de las victorias. Por eso, entre las medidas disparatadas que han pedido loa cuerpos policiales y los servicios de inteligencia, está la de poder intervenir a su albedrío los servicios de mensajería instantánea. ¿De verdad necesitan acceder a ellos? ¿Cuánta gente necesitarían para seguir la pista a las decenas de millones de mensajes que se emiten a diario?
No. La lección más dolorosa que proporcionó la comisión oficial que investigó los atentados del 11S fue que se disponía de toda la información para haberlos evitado, pero cada servicio  la guardó para sí en lugar de ponerla en común. De modo que todo el mundo tenía alguna pieza clave del rompecabezas, pero nadie tenía acceso a la imagen completa. Seguía en vigor y probablemente aún sigue, pese a la dolorosa lección , el lema que Francis Bacon puso por escrito por primera vez, “La información es poder[7]”.
No, la receta es la que ha funcionado siempre: sobornar o chantajear a los elementos más débiles, seguir la pista de las armas utilizadas, infiltrar agentes en los puntos sensibles y vigilar los lugares “calientes”. No hace falta más. Pero claro, hace falta gente que sepa árabe, por ejemplo, y eso obliga a un esfuerzo suplementario.
Por cierto, magnífica la portada del número de aniversario de Charlie Hebdo...






[1] “France’s diminished liberties”, International New York Times, 05/01/16, p. 6.
[2] Y el propio New York Times recuerda que Hollande junto con su partido , se opuso cuando Sarkozy propuso la misma medida.
[3] A diferencia de Afganistán, donde Osama Bin Laden era un mero invitado del régimen talibán, o Irak, que no tenía nada que ver con el 11-S, el Estado Islámico controla un territorio bien definido. Sí, por supuesto, existe el riesgo de que mueran civiles, pero aún estamos por ver la primera guerra en la que no mueran civiles. Por cierto, según dicen los medios, las solicitudes para  ingresar en el ejército francés se han multiplicado por diez. Parece que hay ganas de ajustar cuentas...
[4] En sus filas formaba entonces un don nadie llamado Jean – Marie Le Pen.
[5] Aprovecho aquí para recomendar una película, La batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo (1966) que es una sobria recreación del desmantelamiento del FLN en la capital argelina y que se podría definir como un “documental con actores”. Su Operación Ogro (1979) es decepcionante porque en ella se toma muchas más libertades. Aun con eso, la secuencia del atentado contra Carrero está tan bien resuelta que ha sido reproducida innumerables veces, de tal manera que en estos tiempos de confusión no descarto que haya quien crea que se trata de imágenes originales.
[6]Como anécdota, hace poco he encontrado una especie de eslabón intermedio entre los paracaidistas franceses y Dalla Chiesa. El entonces capitán del ejército uruguayo Luis Agosto, que tenía obsesión por reunir los “papelitos” que encontraban a los tupamaros detenidos, lo que le permitió reconstruir infraestructuras, organigramas y todo tipo de lazos. Pero utilizaba la tortura, aunque una tortura “moderada”; presume de que nadie se le murió en la bañera, que era su método. El tacho, que dicen por allá. Desde luego, visto en contexto era un gran avance, pues la policía uruguaya utilizaba la tortura como técnica desde siempre y solo al comisario Otero hoy famoso pero al que nadie hizo caso entonces , le dio por reunir información. Tampoco resulta presentable, aunque también es cierto que la mayoría de tupamaros que pasaron por sus manos hablan bien de él, muchos de ellos por comparación con lo que vivieron en otros cuarteles,  lo que da lugar a reflexiones interesantes de las que me gustaría ocuparme en el futuro. Su historia se relata en un libro curiosísimo, Leonardo Haberkorn: Milicos y tupas, Fin de Siglo, (¿Montevideo?), 2011.
[7] Ahora ha llegado al castellano una expresión curiosa, “comunidad de inteligencia”, que es una traducción literal de una expresión inglesa. Es absolutamente engañosa. Si por algo se caracterizan los servicios de inteligencia es por guardarse la información para ellos solos y no compartirla, salvo que les obligue un juez.

lunes, 11 de enero de 2016

PENSADOR QUE PIENSA A RATOS

Hace poco el insustituible filósofo Fernando Savater nos deleitaba con un artículo del que disfruté especialmente de un párrafo:
En primer término, los que forman el partido mayoritario del país según las últimas elecciones, dos millones de votos por delante del siguiente. Me refiero, claro está, a quienes no votan, sea porque están en la inopia (“¡y yo qué sé!”) o porque creen pertenecer a la élite (“a mi no me engañan, yo no entro en el juego”). En los comicios con mayor oferta política de nuestra historia reciente no han encontrado motivo para salir de casa (excluyo, por supuesto, a los miles que quisieron votar desde el extranjero y no pudieron hacerlo por una infecta burocracia). La verdad es que no merecen vivir en un país democrático, sino en un establo con televisión y ADSL. Ahí seguirán, hasta que el voto obligatorio les recuerde que son ciudadanos mal que les pese[1].
En fin, como miembro del partido mayoritario del país, agradecerle que reconozca nuestra victoria. También afearle que no pueda cumplir sus promesas, pues si bien he superado el régimen de estabulación y ahora vivo en un piso, aún no dispongo de televisor ni de una buena conexión a Internet, aunque espero solucionar pronto esta última carencia sin esperar a la improbable generosidad de don Fernando.
No es la primera vez que lo escribo: ¡Qué mala es la memoria! Yo, que guardaba como oro en paño unas seguidillas abstencionistas del siglo XIX recopiladas por quien firma ese artículo... Porque Savater ha estado en tantos lados que su trayectoria resulta difícil de reconstruir, pero aún conservo algún recuerdo de ella.
Sí, claro, don Fernando coleccionaba seguidillas abstencionistas porque durante una época era un peligroso anarquista de salón, comecuras de boquilla, que reivindicaba la revolución frente a la política mientras tronaba contra la universidad desde su empleo universitario... ¡Si hasta intenté leer su Panfleto contra el Todo, un insufrible ejercicio de pedantería del que me engañó su estimulante título!
Pero no aguantó mucho en esas latitudes, como tanto anarquista de pose que hubo por aquellos años. Hay que entender que mi descubrimiento de las veleidades ácratas de Fernández Savater[2] coincidió en el tiempo con su etapa en ¡Basta ya!, una organización civil que daba la cara valientemente frente a la amenaza cierta de ETA. Nada que objetar.
¿O sí?
Ahora suena muy remoto, pero en esos mismos años Federico Jiménez Losantos, César Vidal y alguna otra figura menor, tenían una influencia nada despreciable en la opinión pública desde sus programas de radio emitidos por la cadena de los obispos. Durante esa época me dediqué a recopilar citas desviadas, mentiras fácilmente desmontables o simples absurdos proferidos por estos personajes. De Federico Jiménez Losantos guardaba con cariño dos especialmente llamativos, uno en el que llamaba “socialista” a Berlusconi y otro, un artículo de 1981, en el que tachaba a Savater[3] de “abertzale” y “proetarra”. Eran tan evidentemente ridículos... Pues bien, lo de Berlusconi está aún por demostrar y se me antoja de demostración difícil , pero en lo de don Fernando tenía razón, era abertzale y proetarra. En 1978, al tiempo que escribía artículos en Egin, era profesor del campus de Zorroaga (San Sebastián). En esa facultad se celebraban “asambleas de facultad presididas por un tipo encapuchado que dejaba la pistola sobre la mesa” y el alumno más brillante era José Luis Álvarez Santacristina, “Txelis”, uno de los máximos dirigentes de ETA cuando fue detenido en 1992. El propio interesado ha reconocido que aprobaba a los alumnos de ETA presos cuyos nombres le facilitaban en una lista, sin mayor control de su trabajo académico. En 2004 lo explicaba con su frivolidad habitual: “En mi ingenuidad creía y muchos como yo que los de la guerrilla eran los buenos y que la violencia de ETA era la inercia del pasado, del franquismo, y que iba a desaparecer más pronto que tarde”[4]. Y no hace falta explicar más. Era ingenuo, como yo cuando pensaba que Jiménez Losantos disparataba...
“En los comicios con mayor oferta política de nuestra historia reciente”, dice. Y supongo que lo dice porque en las próximas elecciones (¿de aquí a tres meses?) no estará la opción a la que ahora apoya con su indudable clarividencia política, Unión Progreso y Democracia. Pero los que éramos niños en los años setenta coleccionábamos pegatinas (al menos en el País Vasco, donde yo vivía) y, sinceramente, no había color. ¿Quién se acuerda hoy del Frente Democrático de Izquierdas, con sus manos entrelazadas? (Agrupación de electores que enmascaraba al PTE, según descubrí años después). Entonces sabíamos diferenciar entre la Liga Comunista y la Liga Comunista Revolucionaria[5], aunque nos perdiéramos entre las infinitas escisiones del falangismo: F.E. de las JONS, Falange Española Independiente, Falange Española Auténtica, los Círculos José Antonio, los diferentes grupos que se apellidaban sindicalista... (y eso que en mi caso solo los recuerdo por su diferente cotización en el mercado de intercambio, de acuerdo con su rareza).  Pero claro, entonces don Fernando estaba en otra cosa, tronando contra las urnas, ignoro si por inope o por elitista. Sí sospecho que estuvo en un buen establo, pues ha conservado una potencia intelectual tan formidable.



[1] “Ni podemos ni debemos”, El País, 07/01/16. Confieso que suelo revisar la edición digital de este periódico, más por rutina que porque lo merezca, pero esta maravilla se me pasó. Llegué a ella a través de Caffe Reggio, una página muy interesante que reproduce artículos de opinión de varios periódicos y que parece tener problemas últimamente. Fernando Savater ha perdido a su esposa recientemente y se planteaba renunciar a leer o escribir, según se publicó. Celebro sinceramente que haya superado su melancolía.
[2] Supongo que se despojó de un apellido tan corriente por creer pertenecer a la élite, no por estar en la inopia.
[3] Respetaré su elección de abandonar el molesto Fernández que tan cacofónico suena junto a su nombre de pila.
[4] Los datos de este párrafo proceden de Gregorio Morán: El cura y los mandarines. Historia no oficial del Bosque de los Letrados. Cultura y política en España 1962-1996. Akal, Madrid, 2014, pp. 508-9. Lo del aprobado general a los presos es recuerdo personal de una entrevista que le hicieron.
[5] En una de ellas andaba envuelto José María Mendiluce, que luego compartió con Savater el hecho de haber recibido un  premio Planeta, aunque creo que el de Savater fue de consolación, pero a nadie le amarga un dulce.

viernes, 8 de enero de 2016

UNA HEREJÍA

Hay cosas que no se deben pensar y, desde luego, si uno comete el tremendo error de pensarlas, debe abstenerse de decirlas.
Llevo tiempo dando vueltas a las ideas más corrientemente admitidas hoy sobre política en su sentido más amplio, lo que incluye el concepto de democracia, como no podía ser de otra manera. No hace mucho señalé de pasada que frente a la opinión común , la democracia más antigua no es ni Gran Bretaña ni los Estados Unidos; es Suiza, ese lugar extraño donde según se dice , los ciudadanos son soldados durante buena parte de su vida y guardan sus armas de dotación en casa, como los antiguos griegos, y que reconoce cuatro lenguas oficiales[1] . El tercer tomo del Diccionario de Autoridades de la Real Academia publicado en 1732 , definía democracia como “Gobierno popular, como el de las Repúblicas de los Cantones Suizos y otras”. En 1732 los Estados Unidos de América no existían ni como proyecto y Gran Bretaña era una monarquía como tantas otras del continente.
Suiza es el ejemplo más desarrollado de democracia. La frecuencia con la que se consulta a la población sobre asuntos que le atañen directamente es envidiable, al menos para mí[2]. Sin embargo, Suiza recibe ataques demoledores de todas partes[3]. Algunos son efecto del actual clima bienpensante, por ejemplo cuando se les arrastró por el fango por haber votado que se prohibieran los minaretes en las mezquitas. En este caso solo deseo a los críticos que tengan al lado un muecín que les atormente los oídos cinco veces al día a horas intempestivas. Otros son tan disparatados como afearles precisamente eso, preguntar demasiado a menudo a la población.
También hay acusaciones de más calado, como que su posición de neutralidad durante la Segunda Guerra Mundial les permitió hacer negocios con los nazis, que eran muy rentables y carentes de ética al mismo tiempo. Cierto, pero también lo es que muchos países europeos pequeños se declararon neutrales pero dejaron de serlo porque Alemania les invadió, no porque decidieran plantar cara. Por supuesto, no tiene sentido especular sobre ello puesto que no sucedió, pero me da que sería interesante haber visto el comportamiento de alguna de esas naciones en caso de no haber sido invadidas.
Pero sí es cierto que Suiza es un lugar que tiende a cerrarse. Su política migratoria es restrictiva y, dentro de la confederación, las comunidades más pequeñas son hostiles hacia el forastero. Esta característica, por cierto, no es exclusiva, también es muy común en Gran Bretaña o Estados Unidos, además de otros muchos lugares.
Pensando sobre esto, he llegado por elevación a otros lugares y épocas que experimentaron la sensación de hallarse en una democracia auténtica. Las ciudades griegas, por ejemplo, todas de tamaño reducido y en las que, pese a ello, los extranjeros (los famosos metecos) estaban excluidos de participar en la asamblea[4]. O la primera república española, que es sabido que acabó fraccionándose en cantones, simbolizados en el grito de ¡Viva Cartagena! La Comuna de París apenas tuvo dos meses de vida, pero también parece que apuntaba hacia ese lado...
La pregunta es ¿deben ser las democracias abiertas, como dice la opinión actual, o cerradas sobre sí mismas ejerciendo una autodefensa férrea?
Dejo la respuesta a cada cual...[5]







[1] Una de ellas, el romanche, se subdivide en cinco dialectos, pese a que solo tiene 35.000 hablantes.
[2] Aunque mi religión me impide votar en las elecciones tal y como están diseñadas, me permite participar en consultas. No fui a votar la de la independencia catalana porque tanto me daba el no como el sí-no o el sí-sí, pero no porque sintiera escrúpulos de conciencia.
[3] Y muchas veces los más violentos salen de la boca de los propios suizos. No saben cuánto se engañan los que creen que la autocrítica feroz es patrimonio de su pueblo, y no lo digo solo por este ejemplo. Por cierto, me parece mucho más sana la autocrítica que la complacencia y la indulgencia de los errores propios.
[4] También las mujeres y los esclavos, pero entonces tampoco había otros sitios en el mundo donde les fuera mejor en cuestión de intervenir en los “asuntos de estado”. Lo cierto es que todos los matriarcados que describen los observadores antiguos parecen errores de interpretación, cuando no fábulas.
[5] Escrito esto hace tiempo, leo que lugares considerados universalmente tan envidiables como Suecia y Dinamarca están empezando a cerrar sus fronteras, aún no se sabe si como gesto o con carácter permanente.