miércoles, 6 de enero de 2016

LOS ORÍGENES (II): UN CIERTO TUFO A INCIENSO


En la anterior entrada me ocupaba de la extraña posición de la izquierda española respecto a los nacionalismos y separatismos periféricos. Pues bien, más importante que la relación con el nacionalismo fue la relación con parte de la Iglesia, pero esta se suele señalar mucho menos.
La defensa de la religión fue uno de los argumentos de la sublevación contra la República. Los caídos del bando franquista lo fueron “por Dios y por España”, por ese orden, y los historiadores suelen llamar “nacional catolicismo” al régimen instaurado tras la guerra, aunque es cierto que sus defensores jamás utilizaron esa expresión para nombrarlo.
Pero la iglesia que defendían y que a su vez les legitimaba públicamente , ya era una reliquia durante la República, no digamos en la posguerra. La Segunda Guerra Mundial hizo mucho daño a Dios. Millones de cristianos se preguntaban cómo había podido permitir que sucedieran Auschwitz, Hiroshima o Dresde y no les convencía ninguna respuesta. Añádase a ello el obvio cambio de mentalidad que provoca dedicar unos años de tu juventud a esquivar las balas que disparan los de enfrente mientras, por tu parte, intentas con toda tu habilidad que dejen de respirar para siempre, y fueron muchos millones de jóvenes europeos los que fueron al frente y aún más millones de mujeres, niños y ancianos los que sufrieron las consecuencias de la guerra en su propia casa[1]. Si a ello se añade, por poner un solo ejemplo, la difusión masiva en los años siguientes de teorías y hallazgos científicos que iban empequeñeciendo el papel de un dios creador, no es difícil llegar a la conclusión de que a finales de la década de 1950 la iglesia católica tenía un grave problema enfrente. El papa Juan XXIII, que era protector de pederastas pero no tonto, se dio cuenta y trató de remediarlo convocando un concilio ecuménico que tenía la tarea de poner la Iglesia al día, lo que se conoció entonces como el “aggiornamento”. Pero Dios tenía otros planes y fue su sucesor, Pablo VI, el que llevó a término el Concilio Vaticano II, a cuyo nombre estará siempre asociado.
El concilio supuso una sacudida para la iglesia española probablemente la más atrasada de Europa occidental, después de la portuguesa[2] , y procuró visibilidad a fenómenos que ya se estaban cociendo, entre los que interesa destacar a los “curas obreros” y las comunidades cristianas de base.
Los “curas obreros” eran los que ejercían la “opción preferencial por los pobres”, como decían los teólogos de la liberación americanos, y se apuntaban a trabajar de obreros para hacer apostolado entre ellos sin colgar los hábitos (aunque al final la mayoría de ellos acabaran abandonándolos para casarse). El más famoso fue José María Llanos, “el padre Llanos”, por lo extremo de su giro ideológico: pasó de dirigir los ejercicios espirituales de Franco a militar en el Partido Comunista de España tras sus vivencias en el Pozo del Tío Raimundo, un suburbio de condiciones terribles. Junto a ellos convivían los “curas rojos”, aquellos que trataban de conciliar el cristianismo con el marxismo, el psicoanálisis, el existencialismo o cualquier otra ideología que pareciera avanzada, como se decía entonces. Uno de los ejemplos más curiosos fue Jesús Aguirre, futuro Duque de Alba, que se especializó en casar a notorios izquierdistas (los entonces conocidos como “progres”), entre ellos la propia Manuela Carmena[3].
A su vez surgieron por todo el territorio las llamadas “comunidades cristianas de base”, agrupadas en torno a algunas parroquias, que buscaban revivir el ambiente del cristianismo primitivo, aquel que se suponía que Jesucristo había instaurado entre sus discípulos y que se había desvirtuado en algún momento del camino, lo que en el fondo no dejaba de ser un modo de expresar una discrepancia política vestida con un transfondo religioso, como un extraño reflejo de actitudes de muchos siglos atrás[4].
Curas obreros, curas rojos y comunidades de base tuvieron una influencia enorme en la izquierda de entonces, basta con pensar en uno de los hechos más interesantes y desconocidos de la famosa Transición; el movimiento huelguístico de Vitoria que acabó con la muerte de cinco obreros el tres de marzo de 1976. Les disparó la policía al salir de una iglesia, porque iglesias eran los lugares donde se celebraban las asambleas, cedidas por curas rojos; una de las caras visibles del movimiento era Jesús Fernández Naves, antiguo cura obrero, y quizá la mejor fuente directa de información sobre aquel conflicto visto desde dentro sea la que recogía “el secretariado social de la diócesis de Vitoria en una serie de cuadernillos trabajados con la colaboración de las Comisiones representativas” (es decir, los propios huelguistas)[5]. Se respiraba iglesia por todos lados, aunque no fuera la parte alta de la jerarquía. Hasta sus enemigos explotaron la circunstancia, pese a la contradicción evidente que suponía que creyentes atacaran a creyentes por el hecho de serlo. Una de las hojas de contrapropaganda que circulaban entonces, mostraba a Fernández Naves vestido de cura (aunque hacía años que no lo era) y a una tal Sor María del Carmen Landaluce (Médico) vestida de monja con un hábito remendado, que cuelgan un cartel en una iglesia que dice: “Se alquila para huelgas. Los bautizos en Sindicatos”, mientras el reverendo padre don Jesús Fernández Naves piensa: “Ya estarán contentos en Moscú”[6].

Así que cuando el 12 de octubre pasado Ada Colau condenó la celebración del genocidio, mi imaginación calenturienta me recordó esa influencia tan clara de una parte de la mentalidad cristiana en las creencias de estos izquierdistas, tan nuevos y tan arcaicos a la vez[7]. Para que se entienda lo que quiero decir, no me resisto a transcribir una cita que para mí encierra las claves ideológicas de lo que era el cristianismo primitivo, aunque ya tenga tres siglos a sus espaldas: “Por lo que respecta a la moral de Jesús Cristo, si se distingue la que le era propia de la que tenía en común con los filósofos, se encontrará que la primera tiene dos defectos considerables. Uno, que exige de los hombres cosas absolutamente imposibles y contra su naturaleza, como la obligación de odiarse a sí mismo, amar a los enemigos, no ofrecer resistencia a los malvados, etc. El otro es que parece haber sido imaginada con el objeto de mantener una tropa de miserables y de vagabundos, como lo fueron sus apóstoles y sus discípulos. ¿Acaso esa moral no está llena de imprecaciones contra la insensibilidad de los ricos? ¿No encontramos en ella lecciones que enseñan a vivir a costa de los demás? Se encuentran allí formularios de bendiciones para las ciudades, los pueblos, las aldeas, las casas y las personas que dieron una buena acogida a sus seguidores, y maldiciones contra los lugares que no quisieron recibirlos”[8]. Por supuesto, cuando el Cristianismo se convirtió en la religión oficial de Roma esta teología de pedigüeños fue sustituida por otra que consideraba que el poder era una bendición que Dios derramaba sobre sus elegidos. No hay que ser un lince para ver la analogía que movía a las comunidades cristianas de base de los sesenta.
Comenzaré por la segunda parte. Según una fuente hostil[9], el Observatori DESC, del que procede el núcleo de Barcelona en Comú (Colau, Pisarello, Asens, Pin...), recibió 3’8 millones de euros de subvenciones públicas entre 2008 y 2014 y especifica que en 2014 un año flojo , de los 444.309 € que les tocaron, dedicaron 182.144 a gastos de personal y 84.111 a pagar asesorías externas. Puede que yo sea de otra época, pero no creo que sean estos suplicantes los que nos lleven a la emancipación, como dice la famosa canción. Espero ocuparme despacio sobre ello algún día, pero si Felipe González pasa a la historia por algún motivo debería ser por el arte con el que utilizó las subvenciones para desmantelar cualquier atisbo de protesta. Fue muchísimo más eficaz que veinte pelotones de antidisturbios con carta blanca.
La primera es obvia hasta para alguien tan antipatriota como yo: las culpas son imborrables, nunca caducan, es un pecado original que no se lava ni con el bautismo. Es lo que llamo la “Doctrina Colau”: si perteneces a la estirpe equivocada, tu responsabilidad heredada te acompañará siempre, aunque puedes mejorarla haciendo autocrítica pública por ti y por todos tus antepasados, aunque maldita la cosa que tuvieran que ver en ello[10]. Pero claro, en la responsabilidad también hay grados. Gerardo Pisarello, el teniente de alcalde de Ada Colau, está libre de pecado, pese a que si no se hubiera producido el genocidio previo, jamás hubieran podido ir sus antepasados a Argentina a colaborar en la expoliación de las riquezas indígenas. A diferencia de los míos, que se quedaron en su casa.




[1] Este hecho, que no se suele citar, puede ayudar a explicar la enorme diferencia de población creyente que hay entre Europa y los Estados Unidos.
[2] Los ultras del Régimen nunca perdonaron a Pablo VI, al que consideraron personalmente responsable de lo que vino después. En diciembre de 1970 a cuenta de que el Papa pidió clemencia para los condenados a muerte del Proceso de Burgos , la revista ¿Qué pasa? escribía: “Para nosotros el Papa, en cuanto representante de Jesucristo, es anterior y superior a España, a la patria, a Franco, a todas las naciones y a todo lo humano. Pero el Papa en cuanto a no representante de Jesucristo, en cuanto a representante de su propia personalidad privada, en cuanto a representante de intereses puramente humanos, en cuanto a Montini, es cuasi infinitamente inferior a España, la patria y a Franco como cabeza de la nación”. (Reproducido en Fernando Díaz Plaja: La España franquista en sus documentos (La posguerra española en sus documentos), Plaza y Janés, Barcelona, 1976, p. 500).
[3] Jesús Aguirre es el hilo conductor del imprescindible libro de Gregorio Morán: El cura y los mandarines. Historia no oficial del bosque de los letrados (1962  1996), Akal. Madrid, 2014.
[4] Un estudio clásico sobre las herejías medievales como expresiones políticas es el de Norman Cohn: En pos del milenio, recientemente reeditado por las riojanas Pepitas de Calabaza. Para quien prefiera la ficción es muy recomendable Q, escrito por Luther Blissett, que es un seudónimo colectivo que ahora firma como Wu Ming.
[5] Según los describe Gasteiz: Vitoria. De la huelga a la matanza, Ruedo Ibérico, s. l., 1976, p. 31. En el libro ocupan de la página 31 a la 85, pese a que treinta y dos años después un historiador pretenda haberlos descubierto (Iñigo González Inchaurraga: Vitoria, 3 de marzo. Un conflicto transicional, Ediciones García , S. L., s. l. 2008). Claro que este librito cita fuera de contexto, altera las citas a su capricho y contiene alguna falta de ortografía que hace daño a la vista.
[6] La describo como aparece en el libro de Antonio Rivera y Santiago de Pablo: Profetas del pasado. La conformación de una cultura política III. Las derechas en Álava, Ikusager, Vitoria, 2014, ilustración 112. La imagen es tan pequeña y borrosa que mis pobres medios digitales no me permiten reproducirla con claridad. Confieso que ignoro todo sobre María del Carmen Landaluce.
[7] Sin querer entrar en lo ridículo que resulta en términos históricos , describir un proceso que comenzó hace quinientos años y duró más de trescientos, con un concepto acuñado en el siglo XX. Si tuviera algo de formación política sabría aquello de que cada sociedad solo se plantea los problemas que puede resolver, pero supongo que una idea así le provocará dolor de cabeza.
[8] Anónimo clandestino del siglo XVIII: Tratado de los tres impostores. Moisés, Jesús Cristo, Mahoma. El Cuenco de Plata, Buenos Aires, 2006, p. 114.
[9] “L’escandol esquitxa l’Observatori DESC/ICV – EUiA/Barcelona en Comú”, directe!cat, 18/05/15. Este es un medio que no oculta su ideología, su lema es El digital dels que votaran #SíSí.
[10] Es justo reconocer que el germen de esta  idea aparece en un contexto diferente en un pequeño libro tanto en tamaño como en profundidad , de Emilio Lopez Adan “Beltza”: Terrorismo y violencia revolucionaria. Likiniano Elkartea, Bilbao, 1998, pp. 40ss. (El autor firma así, sin tildes. Supongo que es un intento de euskaldunización sobre unos apellidos imposibles). Ya dice Lázaro de Tormes que no hay libro por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena, sin olvidar que Dios escribe derecho con renglones torcidos...

lunes, 4 de enero de 2016

LOS ORÍGENES (I): EL ESTADO ESPAÑOL


           Desde que irrumpieron los nuevos partidos en las municipales de mayo pasado doy vueltas a la cuestión de por qué entre todas las formas que podrían haber adoptado, han acabado en lo que son. Creo que en ello tienen mucho que ver las circunstancias históricas, que en España estuvieron marcadas sin duda por la larga duración del periodo franquista, lo que dotó a la izquierda local de características originales respecto a las de otros países vecinos.
Dos cuestiones me parecen especialmente importantes: la actitud respecto al nacionalismo que trataré aquí , y la influencia de algunas corrientes religiosas, que quedará para otro texto[1].
Hace poco entrevistaron a Ada Colau y a algunos comentaristas les llamó la atención que la alcaldesa utilizara la ridícula perífrasis “el estado español” para evitar decir España[2].Creo que para entender el empleo de una fórmula tan absurda hay que recurrir a la historia de la izquierda desde el final de la Guerra Civil hasta la época constitucional, que se podría resumir en una palabra: debilidad.
Por supuesto, es sencillo de explicar. Durante la guerra y la fase dura de la posguerra (digamos unos diez años a contar desde la victoria), el franquismo se dedicó a la eliminación física de la oposición mediante ejecuciones o con largas condenas de cárcel. En los años que siguieron, apenas fue necesario tomar medidas tan extremas, pues los diversos servicios de información conocían perfectamente sus estructuras clandestinas y las desarticulaban cada vez que consideraban que habían alcanzado un tamaño peligroso. Solo a finales del franquismo pareció que el control de la oposición se les fue un poco de las manos, pero no hay que descartar que solo lo pareciera[3].

En paralelo se produjo otro proceso, la distancia creciente entre los militantes del interior y las viejas cúpulas exiliadas desde 1939. Basta comprobar cómo en los años 70 algunos partidos hacían llamamientos a los campesinos, que ya no existían como tales. O habían emigrado a las ciudades y se habían convertido en obreros industriales o, los que se quedaron en el pueblo, habían tenido acceso a maquinaria, abonos y semillas seleccionadas y se habían convertido en agricultores, que es otra cosa muy distinta[4].
De forma que había diferencias, a veces muy importantes, entre la visión del exilio y la visión del interior, aunque con suerte dispar para unos y otros. El incalificable Carrillo[5] no permitió nunca que el PCE del interior se le fuera de las manos aunque hubiera que recurrir a las tretas más viles , mientras en el PSOE se dio un “golpe de estado” que aupó al poder a mi querido Felipe González y su camarilla, los que apenas ocho años después llegaban al gobierno con todas las bendiciones.
En cualquier caso, la izquierda del interior era débil, así que tuvo que recurrir a alianzas en las que tampoco estaba en disposición de elegir, simplemente si el otro tenía algo que mejorase su situación, con él se juntaba. En los lugares donde existía un nacionalismo bien enraizado, a él se acercaba. Obviamente en el País Vasco y Cataluña. También en Galicia, pero este era mucho menos potente.
Sin embargo, el nacionalismo histórico no era izquierdista, estaba compuesto por gente de orden. Su comportamiento durante la Guerra Civil fue bastante vergonzante. El PNV se ocupó de velar para que no se destruyera la industria pesada vizcaína mirando por los intereses de sus propietarios y accionistas , aunque sabía de sobra que desde el día siguiente esa industria se pondría a trabajar en contra del bando republicano. Por su parte, el nacionalismo catalán se entregó en cuerpo y alma a desbaratar la revolución que se llevaba a cabo en su territorio, quizá la más profunda que se haya producido jamás en parte alguna, pero que era obra de murcianos, andaluces y otras gentes de oscuros orígenes[6]. Es cierto que existía un ala izquierda del nacionalismo vasco, Acción Nacionalista Vasca (ANV), pero aparte de ser bastante tibia hoy diríamos socialdemócrata , era muy minoritaria.  Lo más llamativo de ella era su laicismo militante, frente al catolicismo intransigente del PNV. Su grito de guerra era “Gora Euskadi sin sotanas”. En cuanto a Esquerra Republicana de Catalunya, basta apuntar dos datos. Los dirigentes veteranos de Esquerra en el poder que recordamos (como Carod Rovira) militaron durante los setenta en el PSAN (siglas catalanas del Partido Socialista de Liberación Nacional), porque la Esquerra de entonces, dirigida por Heribert Barrera, aún no se había puesto al día y no tenía mayor problema en culpar a los inmigrantes de todas las desgracias de Cataluña. El otro es más divertido: Ramón Franco fue senador por ERC en las cortes republicanas. Por supuesto, Ramón era hermano del futuro generalísimo Paco y para más escarnio , su avión desapareció en el mar cuando, según sospechas bien fundadas, se dirigía a bombardear Barcelona.
La relación con ETA puede servir de ejemplo de la ambigüedad de la izquierda de entonces hacia el nacionalismo. La primera ETA era anticomunista lo que no es raro porque nació de una escisión en EGI, las juventudes del PNV , pero a raíz de los triunfos de Castro en Cuba y el FLN en Argelia adoptó lo que entonces se llamó un enfoque tercermundista, considerando a Euskadi una colonia e importando el socialismo que formaba parte de la ideología de los movimientos de liberación nacional. No por casualidad su consigna Aberria ala hil! es una traducción literal del ¡Patria o muerte! cubano. La izquierda del interior comenzó a relacionarse con ella, muchas veces sin conocimiento del exilio, por el prestigio que le aportaba entonces el uso de las armas, que se multiplicó con la admiración que causó la osadía y perfección técnica del atentado contra Carrero Blanco[7]. Un prestigio que no sufrió daños cuando al año siguiente cometió la infame masacre de la cafetería Rolando en la calle Correo de Madrid[8]. Entonces se produjeron situaciones muy extrañas. Recuerdo haber tenido en mis manos una edición de la época de Operación Ogro el libro en el que ETA da su versión del atentado contra Carrero , dedicada a Felipe González[9]. Estaba muy extendida la visión de ETA como una campeona del antifranquismo y, sin embargo, ETA había sido muy clara en ese punto. Decía que los partidos españoles luchaban contra Franco como si no existiera opresión nacional en Euskadi, mientras ETA luchaba contra la opresión nacional en Euskadi como si no existiera Franco, así que sólo se engañaba quien quería engañarse.
Más allá de este ejemplo, la relación con el nacionalismo llevó a la izquierda a asumir de forma natural muchos de sus conceptos, lo que marcaba una diferencia muy clara con la mayoría de la izquierda europea. No hace falta buscar demasiado para encontrar fotografías de finales de los 70 en las que futuros ministros y altos cargos del PSOE sostienen pancartas en defensa del derecho de autodeterminación.

Citaré un ejemplo entre otros muchos, pero muy llamativo. En 1983 se aprobaba en el parlamento catalán la Ley de Normalización Lingüística, que dispone que el catalán es la “lengua vehicular” para la enseñanza. Entonces el PSOE de Felipe González disfrutaba la mayoría absoluta más numerosa que haya disfrutado nadie desde 1977, no necesitaba a los nacionalistas catalanes para nada. No entraré aquí en si la ley es buena o mala, hay opiniones para todos los gustos. Creo que la enseñanza está tan desvirtuada que tanto da una ley como otra, pero esa es otra historia... La cuestión es ¿cuántos países homologables a España permiten que en una parte de su territorio no se pueda enseñar en la lengua oficial? La respuesta es ninguno, y no hace falta irse al ejemplo extremo de Francia. La lengua vernácula podrá ser co-oficial, pero en ninguna parte es exclusiva, solo en Cataluña. Esa es una cesión que ningún gobierno del entorno hubiera hecho. Y si alguien recuerda que en ese mismo año nacieron los GAL, también se le puede recordar que el PSE llegó a ceder la presidencia del Gobierno Vasco al PNV sin pelear, tras haberle aventajado en votos, aunque no en escaños. Basta pensar en los desafíos actuales de Pedro Sánchez a Rajoy para percibir la diferencia.
Se trataba simplemente de que para esa izquierda que se había vestido de prestado tanto tiempo, el nacionalismo atesoraba una superioridad moral, con lo que acabaron por cederles la primacía en algo tan intangible como el discurso público, las claves que deben marcar la opinión general. Esta tendencia ha llegado hasta hoy. En Cataluña se observa cómo los que marcan las reglas del juego son los catalanistas y se vio muy claro con la cuestión del referéndum. En 2014 era el asunto central[10] y los opinantes se dividían entre los que lo reclamaban mayoría en los medios públicos y subvencionados, que aquí son casi todos y los que lo rechazaban. Sin embargo, la mera aceptación de la hipótesis del referéndum como opción natural ya era una cesión de terreno por parte de los que no son catalanistas, porque procesos separatistas hay varias decenas en el mundo, pero votaciones solo ha habido en dos, Quebec y Escocia. No hay visos de que las vaya a haber en Bélgica, Córcega, Trentino Alto Adigio, Irlanda del Norte (curioso que nadie lo mencionase cuando lo de Escocia) o cualquier otro lugar de Europa. Por no recordar situaciones de fuera del continente tan dramáticas como Sahara, Palestina o el Tíbet. Por tanto, el referéndum no es la conclusión lógica, sino, de nuevo, la excepción clamorosa. Pero nadie lo dijo claramente, ni siquiera la derecha más correosa, que se agarraba a la constitución de 1978 como a un clavo ardiendo. Lo denunciaba por ilegal, en lugar de descartarlo por ser una opción totalmente marginal en términos estadísticos.












[1] La idea original estaba pensada como una sola entrada, pero acabó complicándose hasta alcanzar un tamaño poco manejable, así que he decidido partirla en dos.
[2] Ridícula porque los que la utilizan solo la emplean para España y Francia. Nunca hablan del estado noruego o el estado italiano, dicen Noruega o Italia, como la gente normal.
[3] Esta es una materia quizá irresoluble, al menos en un futuro cercano. La administración española no se caracteriza por su transparencia y muchos documentos clave se han destruido. Se sabe que el incalificable Martín Villa (incalificable porque cualquier otro adjetivo aplicable a su persona cae dentro del código penal)  ordenó quemar los archivos del Movimiento. Alguien pensará que no es extraño que acabara su carrera como alto ejecutivo del grupo PRISA.
[4] Quedaban los jornaleros, pero muy localizados en Extremadura y Andalucía, nada que ver con las ideas que tenían en la cabeza las viejas momias.
[5] No es extraño que acabase sus días compartiendo tertulia en la SER con Rodolfo Martín Villa (el señorito recibía en casa). Allí se dedicaban a lavar sus biografías bajo el silencio ignorante de la presentadora.
[6] Lo que, por supuesto, no es cierto. Abundaban los apellidos catalanes entre los revolucionarios, solo que ese dato no cuadraba con su historia canónica. Como decía el historiador Vicens Vives, el anarquismo era una idea extraña a Cataluña.
[7] Sintetizada en la famosa frase del entonces ministro de Gobernación (y futuro sustituto del propio Carrero) Carlos Arias Navarro: “Cabrones, qué bien les ha salido...”
[8] Estos dos atentados son buena muestra de lo escrito. Para llevarlos a cabo fue imprescindible la ayuda de dos militantes críticos del PCE Alfonso Sastre y Genoveva Forest , que pusieron a disposición de ETA buena parte de la infraestructura clandestina del PCE en Madrid sin saberlo la dirección en París. ETA nunca se atrevió a reivindicar la matanza de la cafetería, cuya discusión llevó a la escisión ETAm – ETA pm, pero resultaba evidente que habían sido ellos.
[9] Sospecho que era la de Ruedo Ibérico, pero no tengo oportunidad de comprobarlo.
[10] Se supone que ya no lo es, tras el inicio de la desconexión. Sin embargo, alguno de los comentadores que se mueven en los círculos cercanos a Junts pel Sí  dicen que la declaración sería en realidad una maniobra para forzar el referéndum. Sea como fuere, ahora mismo los únicos que defienden la opción con claridad son Podemos y sus asociados.

jueves, 24 de diciembre de 2015

DIALOGO DE SORDOS



“Y mira si hay mayor disparate que no beber vino y no comer tocino, y tiene la ley de Mahoma que lo abone”.

Francisco de Quevedo, Libro de todas las cosas y otras muchas más.

Se dice que no hay peor sordo que el que no quiere oír y es gran verdad. Vuelven los crímenes religiosos a Francia y vuelven los papanatas de aquí a negar que los que empezaron a disparar al grito de ¡Alá es grande! tengan que ver con la religión. Es evidente que no pretendo convencer de nada a mentes cerradas tan herméticamente, solo quería añadir algo sobre lo que pasé por encima cuando traté el asunto de Charlie Hebdo. Tiene que ver con las justificaciones que exhiben los bienpensantes, que ya las invocaban entonces pero a las que en ese momento no dediqué espacio.
Las noticias de París me llevaron a buscar buenas lecturas, para que la razón pudiese dominar a la rabia, y entre ellas estaba Ibn Warraq, que es el seudónimo de un autor que tuvo la desgracia de criarse en un ambiente musulmán pero tuvo también la lucidez suficiente para despegarse por completo del entorno de podredumbre moral que le rodeaba. Elegí Por qué no soy musulmán[1], libro inspirado por el clásico artículo de Bertrand Russell “Por qué no soy cristiano”. No creo necesario insistir en que ambos son lecturas bien recomendables para oxigenar las neuronas.
Como a mí no me convence que Mahoma haya volado por los aires gracias a un caballo sin haber sido coceado primero y veo q que tanto él como su dios responsable civil subsidiario en este caso , fallaron lastimosamente sus profecías acerca de la llegada del hombre a la Luna, no me queda otra opción que interpretar el Corán y sus adiciones posteriores como obra humana, es decir, como una recopilación ideológica y moral. Y aquí es donde choco con los inventores del concepto de islamofobia (que, literalmente, significaría “fobia a la sumisión”, lo que no parece malo de por sí). Al parecer la palabrota fue definida por primera vez en 1997[2], en un informe de un cierto The Runnymede Trust encargado el año anterior. La parte más conocida del informe consta de ocho puntos que tienen dos versiones, una abierta y otra cerrada. Poca sorpresa aquí, la cerrada es la del islamófobo. El quinto punto dice en su versión abierta que se ve el Islam “como una genuina fe religiosa, practicada sinceramente por sus partidarios,” y en su versión cerrada como “una ideología política, utilizada para obtener una ventaja política o militar[3]”.
Dos consideraciones irritantes. La primera es que según este consejo de sabios soy un islamófobo de la peor especie. Confieso que duermo poco y mal desde que lo supe... La segunda y obvia es que esta superposición de enunciados es una manipulación burda y mezquina, una simplificación rastrera porque, si se excluyen los elementos tendenciosos,  ambas versiones son compatibles. Veamos. La buena hace hincapié en que es una fe genuina (lo de religiosa es redundante) practicada sinceramente. Desde luego, los asesinos de París la practicaban sinceramente y para constatar que es una fe genuina basta con ver que sus practicantes cumplen la definición de fe, que es “creer lo que no vimos”. Sin embargo, nada de eso es incompatible con que sea una ideología política si le quitamos lo que no vimos.
Como dice Sayeed Abdul A’la Maududi, una de las cuatro grandes influencias que colaboraron en el surgimiento moderno del islamismo militante, “En realidad el islamismo es una ideología y un plan revolucionarios que tienen por fin alterar el orden social del mundo entero y establecer uno nuevo que obedezca a los principios e ideales propios. “Musulmán” es el nombre de este Partido Revolucionario Internacional organizado por el islamismo para llevar a cabo su programa revolucionario, y la jihad es la lucha revolucionaria y el principal empeño del Partido Islámico para conseguir este objetivo”[4].
Dicho sea con la modestia que debe caracterizar a quien no pertenece a una comisión internacional de sabios, yo aquí veo a alguien que considera el Islam como una genuina fe religiosa, que además es la suya y la practica sinceramente quizá demasiado sinceramente , y al tiempo la ve como una ideología política utilizada para obtener una ventaja política y militar a la vez. Posee la verdad correcta y la errónea al mismo tiempo, según la ha decretado esa banda de manipuladores. No olvidemos que estos sofistas ridículos son los creadores del concepto de islamofobia, que a día de hoy es prácticamente inexistente o completamente marginal en Europa, por mucho que estos asalariados de la mentira lo agiten como espantajo. En su caso la Islamofobia es un deseo que no se ha convertido en realidad.
Uno diría que examinando la tradición escrita de la doctrina musulmana encuentra muchas justificaciones a lo ocurrido en París, casi una en cada página. Pero no, quien piense eso está equivocado, las verdaderas justificaciones son muy otras, aunque en realidad todas acaben siendo la misma...
El 19 de noviembre del 2015 El País publicaba un artículo muy extraño titulado “Para el Estado Islámico, el islam no es paz”. Ya la primera frase me dejó perplejo: Puede parecer increíble, pero el Estado Islámico quiere (¡y necesita!) convencer especialmente a los musulmanes europeos de que el “islam no es paz”. Tras leer una frase tan estupenda fui al final del artículo por ver si había alguna referencia sobre el autor y me topé con esto: “Jaume Flaquer, jesuita, es responsable del área teológica de Cristianisme y Justícia”. El disparate empezaba a encajar mejor. ¿Increíble que una banda que se carga a ciento treinta a sangre fría trate de convencer de que la ideología por la que lucha no es pacífica?
Un jesuita en activo que termina su artículo con un párrafo que lo resume todo perfectamente: “Si este es su objetivo, Europa debe ser cauta e inteligente para no caer en la trampa de la islamofobia. De lo contrario, ayudaremos al Estado Islámico a desarrollarse como le ayudamos a nacer cuando invadimos Irak”.
¿Cuando invadimos Irak? Un servidor se manifestó varias veces contra la invasión en dos ciudades distintas y un sábado me tocó correr para enlazar con una manifestación porque venía de otra. ¿Qué responsabilidad tengo yo en la invasión de Irak y de rebote en el desarrollo del Estado Islámico?
Toda. Da igual lo que yo diga. Llevo encima una culpa imborrable que no puedo expiar ni tras la absolución de un jesuita, pues tuve la enorme desgracia de nacer en Europa antes de que Sadam Hussein llegara al poder en Irak. Culpables por nacer donde nacimos, que evidentemente es culpa nuestra y que, además, no caduca nunca[5].
La cuestión de la culpa arrastrada eternamente la resume muy bien Elie Kedourie: “El éxito político justificaba al Islam, y el curso de la historia mundial probaba la verdad de la religión. Los musulmanes lucharon para extender los límites del Islam y humillar a los no creyentes; la lucha era sagrada y la recompensa para quien caía luchando era la dicha eterna. La propia historia del Islam parecía mostrar sin lugar a dudas tal creencia, lo que insufló a los musulmanes confianza en sí mismos y un fuerte sentimiento de superioridad. De aquí que la larga serie de derrotas sufridas a manos de la Europa cristiana solo pudieran socavar la autoestima de los musulmanes y trajeran como resultado una crisis moral e intelectual de grandes proporciones. Porque la derrota militar no solo era una derrota en sentido material, también ponía en duda la verdad de la propia revelación musulmana”[6]
Aquí descansa todo. En el momento en que se detuvo la expansión de una religión creada por y para la guerra, una religión de la espada. Se puede hablar de Siria, pero antes de los atentados de Madrid no existía Siria. Se puede hablar de Irak, pero antes de los atentados de Bali no existía Irak. Se puede hablar de Afganistán, pero antes de los atentados de Nueva York no existía Afganistán.
Osama Bin Laden[7] justificó el 11-S porque diez años atrás las tropas de Estados Unidos habían profanado lugares santos de Arabia Saudí. Un crimen así no prescribe nunca. Ha habido idiotas estos días que se han remontado a la caída del imperio otomano o a las propias cruzadas y contra eso no hay defensa[8].
En cualquier caso, pese a Siria, Irak, Afganistán o la toma de Granada, la reivindicación del Estado Islámico esa organización que no tiene nada que ver con la religión, como deja claro su nombre , acusaba a los muertos de frívolos, decadentes y degenerados. Literalmente, de haber caído en la abominación, perversión e idolatría. Murieron por salir a cenar, beber, reír, cantar y besar un viernes, en lugar de quedarse en casa culo en pompa hacia La Meca, balbuceando salmodias y sacudiendo un rato a la mujer entre rezo y rezo...[9]



[1] La historia editorial de este libro es un poco complicada. Hubo una edición española pero no llegué a conseguirla porque se editó como si fuera algo clandestino y vergonzante y cuando fui a pedirla a la librería ya estaba agotada y descatalogada. Solo los editores sabrán por qué no reeditaron un libro con tanta demanda... Europa Laica ha colgado en Internet un extracto generoso (nueve de los diecisiete capítulos). Ibn Warraq: Why I am not a muslim, Prometheus books, Amherst, 1995 es la edición original.
[2] Aunque se empleaba con anterioridad. La utiliza Joseph Hoffmann en el prólogo al libro de Ibn Warraq (edición original, p. X). Sin embargo, todas las referencias que he leído de diversos agelastas remiten a ese documento.
[3] Literalmente, “Islam seen as a genuine religious faith, practised sincerely by its adherents” o “Islam seen as a   political ideology, used for political or military advantage”.
[4] Ambas citas proceden de la página 16 de la edición extractada por Europa Laica. No aparecen en el original porque fueron escritas expresamente para el prólogo a la traducción castellana.
[5] Sobre esta cuestión me explicaré mejor cuando explique la Doctrina Colau, sobre la que me ocupé antes de los atentados parisinos pero aún está en revisión y, espero, de publicación próxima.
[6] Citado por Ibn Warraq a través de B. Lewis (ed): The World of Islam, Londres, 1976, p. 322. La traducción se basa en la reproducida por Europa Laica (p. 220) pero con unos cuantos cambios a la vista del original (p. 209). Alguien podrá decir que Kedourie era un conservador con todas las letras. Cierto. Sucede que me parece un buen resumen, breve y centrado, de ideas que han expuesto otros muchos. Sucede también que no soy sectario y valoro las ideas por lo que valen, no por quién las emita.
[7] Al parecer la transcripción correcta de su apellido sería Ben Laden, pero se cambió la e por la i porque con e sonaba “demasiado judío”
[8] Respecto al imperio otomano, recuerdo que hace muchísimo tiempo vi en televisión un documental en el que un anciano palestino muy simpático contaba cómo cuando aún eran parte del imperio, los turcos les decían “vosotros los árabes sois unos burros”. Y al vejete le entraba la risa al recordarlo...
[9] Terminado de escribir esto se ha hecho pública la noticia de que Samra Kesinović, una adolescente austriaca que fue engañada para unirse al Estado Islámico a los 17 años, ha sido asesinada a golpes cuando pretendía escapar


martes, 22 de diciembre de 2015

RECUERDOS


El día 27 de noviembre La Vanguardia publicaba un largo artículo de tres páginas en el que examinaba de forma crítica los “procesos de participación ciudadana” que llevan a cabo Colau y los suyos desde el Ayuntamiento de Barcelona[1].
Es evidente que el diario del señor conde era más partidario de Trías, pero el texto no parece tan escorado como para que se deba dudar de lo que dice. Haré aquí un resumen apretado, fijándome en especial en las partes que han despertado ciertos recuerdos, como luego se verá. Comienza citando una frase que Ada Colau decía en campaña electoral: “Un ayuntamiento que camina preguntando y obedeciendo” (y ya se comprobará que hay mucho más de lo primero que de lo segundo). El resto lo citaré encabalgado, pero creo que se conserva el sentido.

El proyecto de presupuestos municipales para el 2016 prevé ampliar la partida de “participación y relación con la ciudadanía” de 9,1 a 14,1 millones de euros (...) Algunos partidos han insinuado, por decirlo suavemente, “amiguismo” en algunas contrataciones (...) La mayoría de la oposición pone en cuestión no la participación en sí misma, sino la manera de conducirla, encauzarla. “Dirigirla” hacia los propósitos del gobierno, dicen los más críticos. Los dardos apuntan principalmente a las contrataciones de empresas dinamizadoras y la “repetición” de procesos y consultas. (...) En todo caso, el equipo de Colau ha advertido que de las consultas y participaciones no prosperarán propuestas que vayan contra su programa de gobierno. (...) Los consejos de barrio son un espacio de participación donde mejor se manifiesta el nuevo estilo. Reuniones con vecinos que, en líneas generales, presentaban quejas y reivindicaciones se han transformado con la presencia de monitores o “dinamizadores” externos. En los consejos que han adoptado la nueva fórmula (...) forman dos o tres grupos de trabajo con vecinos sobre temáticas determinadas (...) que discuten y elaboran propuestas con la orientación, dirección o acompañamiento de los monitores. Por último, y refiriéndose a las críticas de los grupos de la oposición, La externalización de estos trabajos se ve como privatización de la gestión de los procesos participativos, siendo “estos trabajos”, diversos trabajos de dinamización, evaluación y elaboración de conclusiones en procesos participativos.

Bien. Hasta aquí lo que dio de sí noviembre de 2015, pero según avanzaba en la lectura, más me recordaba a una fecha mítica, una de las que se han ganado su lugar en la Historia con un guión en medio, el legendario 15 de mayo del 2011, el 15-M. Pues bien, yo estuve allí. No en el de Madrid, donde nació, sino en el de Barcelona, que es donde vivo. Tampoco fue el 15. Hay que recordar que ese día había convocada una manifestación bastante extraña cuyo mensaje principal era no votar a los partidos que habían apoyado una ley para restringir accesos a Internet, a la que se añadió una mezcla de gente que pedía desde no votar a votar a partidos minoritarios.
No fue el 15 y no tengo muy claro si fue el 16 o el 17, pero fue uno de los dos. Una buena amiga y yo decidimos acercarnos, porque aquello sonaba bien. Cosa impresionante: miles de personas sentadas en el centro de la plaza, en completo silencio, y una chica micrófono en mano, presta a comenzar[2].
En fin, comenzó la asamblea y una de las primeras sorpresas fue que se aplaudía sin aplaudir, moviendo las manos sin hacer ruido (en una plaza muy grande rodeada por edificios de oficinas en los que nadie duerme a esa hora) pero la asamblea se interrumpía cuando llegaba el pasacalles cacerolada, ruidoso como nada en el mundo. Cuando pregunté por lo que a mí me parecía un contrasentido claro, me respondieron que la gente se tenía que desahogar.
Callaron los caceroleros y la muchacha retomó su discurso, donde una de las propuestas más importantes era declarar que todo aquello no era obra de Democracia Real Ya, que se aprobó mayoritariamente. Y ella seguía leyendo... Entonces un grupo pequeño una docena , intentó intervenir, pero ella se lo impidió.
Resultó que no era una asamblea sino un plebiscito. Se trataba de refrendar o reprobar lo ya acordado por otros, pero sin capacidad para alterar el texto ya fijado.
Unos cuantos preguntamos dónde y cómo se acordaba el texto y nos dieron una hora y una ubicación para intervenir en la comisión política y participar en la elaboración de los textos. Así que al día siguiente aparecimos en el lugar y hora indicados. Allí nos dijeron que la cosa no funcionaba exactamente así, que había una gente que estaba las veinticuatro horas y que estos eran los que en realidad estaban al tanto de todos los giros argumentales y eran los que podían graduarlos. Les respondí que bien empezaban creando aristocracias, dando más valor a unas opiniones que a otras independientemente de los argumentos, pues ese es el concepto aristocrático, valorar la posición sobre cualquier otra consideración. Así que mi amiga y yo optamos por irnos a tomar un vino. Quizá fueran dos...
Se les empezaba a ver el plumero pero, aún así, acudimos a la siguiente asamblea. Una vedette del ambiente marginal propuso que había que redactar un manifiesto porque Quim Monzó había escrito que los de la plaza ni siquiera tenían un manifiesto[3]. No sé cuántos lo oyeron, pero le respondí que “eso te pasa por leer a Quim Monzó”. Tuve éxito, hubo risas.
La cuestión fue que la elaboración del manifiesto se sometió a votación y fue derrotada ampliamente. A la portavoz no le quedó otro remedio que admitir que la votación se había perdido y no habría manifiesto.
Al día siguiente, la misma que anunció solemnemente que no habría manifiesto convocaba a asistir a una esquina de la plaza a los que quisieran contribuir al manifiesto.
Claro, ahí nos descolgamos, ya era demasiado.
Luego fueron los mossos a traición un día y les forraron a palos, y se extrañaban de que la policía les pegase. Después me llegó al buzón una convocatoria para una asamblea de barrio del 15 – M, que se había descentralizado para conquistar los barrios.
Acudí a varias. Las anécdotas graciosas eran que la gente se esforzaba por hablar en catalán, aunque era evidente que no lo dominaban, y que había un muchacho que no hacía más que llamar a la violencia y di por supuesto que él era el mosso infiltrado.
En fin, era una buena tribuna para exponer tus ideas, aunque siempre hablasen los mismos. Pero sí debo decir que quien no hablaba era porque no quería, pues jamás se le retiró o negó la palabra a nadie.
Y así caminaba la asamblea. No llegamos a grandes acuerdos pero era un sitio donde se escuchaban cosas interesantes. Un buen lugar para pasar un par de horas a la semana.
Hasta que un día apareció un muchacho que se presentó como “dinamizador”. Al parecer, algo debía preocupar a la dirigencia del 15 – M. Quién sabe si era porque decidíamos poco o porque lo poco que decidíamos no les cuadraba...
La cuestión es que aquel comisario político estaba allí, examinándonos, tomando nota mental de si lo que se decía era adecuado o se salía de la línea. Cómo me recordaba la escena a los exámenes orales del horrible colegio en el que estudié, cuando el cura movía la mano del bolígrafo negro al rojo sin detenerse en ninguno hasta que acababas...
Aprobamos. De hecho comenzó haciéndonos la pelota, aunque después dejó claro en qué fallábamos y por qué. A la semana siguiente no volví. Me pareció una intromisión demasiado descarada. Pero un mes después, me picó la curiosidad y me acerqué a la plaza. No había nadie.
Ignoro cuándo se produjo la deserción masiva, pero sí tengo claro que el dinamizador  acabó siendo un dinamitador. Y nunca sabré si estaba triste o sonreía cuando lo supo...







[1] “Excesos de participación”, Vivir, pp.  1-3. Vivir  es un cuadernillo central con paginación independiente del resto del diario.
[2] Me sonaba haberla visto conduciendo una tediosa charla convocada por un grupúsculo independentista – marxista – leninista – feminista – animalista (antipatriarcal y antiespecista, por usar su jerga) pero no podría jurarlo.
[3] Escritor de ámbito local, poco conocido fuera pero mantenido por gente como el señor Conde de Godó, que le paga una columna diaria.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

¿EXISTIÓ FRANCO?

Historiadores serios y otros que no lo son tanto, afirman con rotundidad que un tal Francisco Franco Bahamonde murió el 20 de noviembre de 1975 pero, la verdad, yo cada vez lo pongo más en duda[1].

Porque si existió Franco, debía ser alguien que sobrepasaba la talla humana. Un gigante. Un titán. Un semidiós. Porque tantas tareas de las que se encargó rebasan el alcance de cualquier mortal y, sin embargo, los testimonios coinciden sospechosamente en que era más bien un alfeñique. Él sólo fusiló a decenas de miles, torturó, encarceló, censuró... Cualquier otro hubiera necesitado la colaboración entusiasta de muchos seguidores obedientes, pero en este caso no fue así. Es un lugar común que durante la guerra firmaba las penas de muerte mientras tomaba café. ¿Todas? Lo dicho, ni el brazo de Hércules unía tal rapidez y firmeza. Se afirma que nunca se separaba del brazo incorrupto de Santa Teresa que tomó prestado de un convento, y que hubo una propuesta para hacerle cardenal que él mismo frenó sin duda por humildad , pero el milagro de gobernar un país de más de medio millón de kilómetros cuadrados[2] durante casi cuarenta años es una tarea mucho más peliaguda que convencer a unos ángeles para que aren tus campos mientras tú te dedicas a conversar con Dios.
Hay autores que han intentado romper este laberinto con la hipótesis de que Franco habría tenido colaboradores humanos, hombres de carne y hueso que cumplían sus órdenes y que, en algún caso, hasta llegarían a adelantarse a ellas interpretando la voluntad del Caudillo por su propia cuenta, pero las pruebas que aportan no resisten el menor análisis. Examinaré dos ejemplos de presuntos ministros franquistas para que quede clara la endeblez del argumento. Mencionan a un tal Manuel Fraga, sin darse cuenta del absurdo de que un hombre pudiera servir a un régimen que prohibió los partidos políticos por ser la causa de las divisiones entre los españoles y apenas enterrado su mentor, fundara un partido que hoy dirige los destinos de España. ¿En qué cabeza cabe? El otro supuesto ministro es mucho menos conocido, pero la contradicción es aún más flagrante. El canario Demetrio Carceller, cuyos descendientes son los que manejan la cervecera Damm, famosa hoy por su compromiso inquebrantable con el catalanismo. Absurdo.
Otro dato evidente que me mueve a dudar de la existencia del personaje es que alguien que según la leyenda , mandó durante cuarenta años con un poder absoluto, debería haber dejado algún rastro tangible. ¿Cómo puede ser que este hombre no tenga un triste monumento en toda la geografía española o solo un puñado, como dicen algunos rumores sin confirmar? Si hasta un mindundi de provincias como Carlos Fabra hizo erigir su estatua en un aeropuerto sin aviones para pavonearse delante de sus nietos... Aunque hace poco leí que no muy lejos de allí, en un instituto de enseñanza media, habían retirado un escudo franquista que, la verdad, al verlo en fotografía solo parecía un compuesto artificial de los escudos de varios reyes antiguos, pero en él no figuraba el rostro de Franco ni elemento alguno de su escudo nobiliario. Eso sí, guardaba un sospechoso parecido con el escudo oficial de la época en que se debió construir el edificio.
Es inquietante la similitud que guarda este hecho con otros recientes bien documentados. Un presidente de Aragón mandó retirar del escudo oficial unas cabezas de moros muertos que llevaban allí unos cuantos siglos para evitar que alguien se ofendiera, aunque al hacerlo quedó una cruz que tiene la misma capacidad de ofensa. Siendo Xavier Trías alcalde de Barcelona, desapareció de la fachada del ayuntamiento una alusión muy incómoda a una constitución española antigua porque, como es sabido, los historiadores oficiales de esta parte han decretado que ningún catalán ha podido jamás sentirse identificado con una constitución que no sea la de la futura república catalana, aún por escribir.
Hechos que, tomados juntos, llevarían a una conclusión sorprendente, la de que si se hace desaparecer un vestigio del pasado, el propio pasado desaparece con él[3]. A los que las palabras Gran Hermano les evoquen algo más que un programa de televisión ya un poco revenido, les podría recordar a un tal Winston Smith ante su escritorio, dedicado disciplinadamente a cumplir con su labor. Antes de descubrir que había otras alternativas y buscarse así su propia desgracia, claro.





[1] También se ha escrito que en realidad murió el día 19, pero no se anunció hasta el día siguiente por dos razones. Una, para que coincidiera con la fecha del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera y la otra, que es la que más me gusta, para evitar una curiosa coincidencia: si se suman la fecha del inicio de la Guerra Civil (18/07/36) y la de su final (01/04/39) se obtiene el 19 de noviembre del 75.
[2] Sin contar las colonias en África, que aumentaban con creces su superficie incluso cuando solo quedaba el Sahara, en el momento de su presunta muerte.
[3] Si prosperase la doctrina Colau sobre el genocidio, de la que espero ocuparme pronto, me temo que en un futuro la fachada de la Universidad de Salamanca, el Castillo de la Mota y otros cuantos lugares dejarían de ser como los recordamos.