lunes, 28 de marzo de 2016

SINDICALISTAS Y SINDICALISTOS


Josep Maria Álvarez, recién elegido líder de UGT[1], se queja de que “Nos sentimos maltratados. El sindicalismo ha sido maltratado. Porque el capital, los poderosos, saben que primero tienen que acabar con el instrumento que los ha conseguido. El capital y los poderosos saben que para arrebatar nuestros derechos primero tienen que acabar con el instrumento que los ha conseguido: las organizaciones sindicales”.
En fin, el capital y los poderosos llevan más de un siglo atacando a los sindicatos. Y se puede dar con un canto en los dientes, porque en buena parte de ese siglo largo a los sindicalistas se les perseguía a tiros, al menos en España. No. El desprestigio viene del otro lado, de los trabajadores, obreros, currantes, proletarios o incluso productores, como se les llamaba en la prensa franquista. Es un proceso largo pero, en realidad, fácil de explicar.
Históricamente había dos grandes sindicatos en España: la UGT, socialista, fundada en 1888 y la CNT, anarquista, en 1910. Aunque siempre hubo gente en los dos lados que intentó el acercamiento, siguieron trayectorias divergentes hasta la Guerra Civil. Así, durante la dictadura de Primo de Rivera UGT decidió colaborar con el gobierno, mientras CNT se negó y fue ilegalizada. De este modo, mientras la UGT disfrutaba de los beneficios de su colaboración, los anarquistas eran asesinados por docenas por los pistoleros de la patronal y, aunque formaron grupos de acción para combatir el terror con el terror, el saldo fue siempre desigual, nunca llegaron a equilibrar el salvajismo de los patronos.
Había también sindicatos agrarios, católicos o los llamados “amarillos” que eran creación de la propia patronal , pero ninguno tenía una fuerza comparable a la de estos dos.
Tras la guerra, tanto UGT como CNT quedaron prácticamente desarticuladas y aunque hicieron intentos de reorganización, la policía los desbarataba con facilidad, pues los militantes históricos eran bien conocidos y resultaba sencillo seguir sus pasos.
Sin embargo, durante el Franquismo hubo conflictos laborales, más a medida que se acercaba el final del régimen, solo que adoptaron una forma nueva.

Durante la famosa huelga minera de Asturias en 1962, se optó por formar comisiones obreras, que daban paso  a un sistema de organización asambleario, en el que los mineros elegían a sus representantes para la negociación y los acuerdos a los que estos llegasen debían ser refrendados en asamblea para ser considerados válidos. Este sistema, que fue perfeccionándose con el tiempo, demostró ser válido dentro de los estrechísimos cauces  que marcaba el Franquismo y precisamente por su eficacia, las comisiones obreras llamaron la atención del Partido Comunista, que decidió infiltrarlas para ponerlas a su servicio, pues el PCE nunca tuvo un sindicato propio con un mínimo de influencia. La estrategia tuvo éxito, pero hubo trabajadores que vieron la jugada y se negaron a ponerse al servicio de los intereses de un partido, de modo que en algunas fábricas llegaron a coexistir dos comisiones obreras, una fiel al PCE y la otra defensora de los principios asamblearios.

Murió Franco y pareció que se destapara una olla que llevase mucho tiempo al fuego[2]. En enero de 1976 hubo una oleada de huelgas de la que la más espectacular fue la del Metro de Madrid, que fue militarizado, pero la de consecuencias más profundas fue la de Vitoria, aunque en ese momento pasase desapercibida por producirse en una capital de provincia con merecida fama de tranquila. La huelga vitoriana implicó a varios miles de trabajadores de una decena larga de empresas grandes, medianas y pequeñas, y duró dos meses. Últimamente se ha recordado porque se han cumplido cuarenta años de su final trágico, resuelto en cinco trabajadores muertos. Hasta Pablo Iglesias habló de ellos, como de Salvador Puig Antich. Sin embargo, como en el caso de Salvador, se recuerda la muerte pero se olvida cuidadosamente mencionar por qué luchaban, porque es algo que no interesa, un molesto recordatorio de que las cosas podrían ser de otro modo. Ninguno quiere contribuir a reabrir un camino peligroso, porque las consecuencias pueden ser incontrolables, como en Vitoria, donde se empezó pidiendo aumento de sueldo y se acabó poniendo en cuestión todo el sistema. La huelga vitoriana merecería un estudio en profundidad que aún está por hacer, pese a que ha generado una cierta bibliografía , pero aquí me limitaré a mencionar un par de aspectos. Una de sus consignas era Todo el poder a la Asamblea, porque su organización fue asamblearia en todo momento y a todos los niveles, desde pequeñas asambleas de fábrica hasta macroasambleas de varios miles de trabajadores. Esta estructura de funcionamiento impedía en la práctica que ningún grupo u organización pudiera ponerla a su servicio y así, fracasó el intento del PNV por hacerse con el control de la huelga. La propuesta consistía en un fuerte respaldo económico a cambio de otorgarle al Partido la facultad de señalar su finalización[3]. Y por supuesto, la falta de control externo esa falta de cabeza dirigente con la que poder entenderse o a la que, en última instancia, poder acogotar , la volvía imprevisible y, al tiempo, muy poderosa. La Policía ya lo vio claro entonces: “De cuajar tales dispositivos de crearse Comisiones Representativas en toda la nación y realizarse efectivamente el pretendido engranaje entre ellas el avance del movimiento obrero sería práctico y se traduciría opinamos en una prepotencia muy difícil de contener”[4]. El otro aspecto importante es que, pese a las cinco muertes y la vuelta forzada al trabajo, en realidad la huelga consiguió sus objetivos inmediatos. Como cuenta uno de sus protagonistas, con el final trágico no hay ninguna negociación. Económicamente las empresas conceden todo lo que habíamos pedido pero sin negociar absolutamente nada. Incluso los convenios que vinieron los años siguientes fueron los mejores convenios de la historia de la clase obrera en Vitoria como consecuencia de aquella lucha que vino antes[5].
Con esta y alguna otra torpeza, pronto se vio que este primer gobierno de la Monarquía tenía demasiados resabios franquistas como para poder llevar la nave a buen puerto, de modo que, mediado 1976, Juan Carlos se deshace del rígido Arias Navarro, que miraba demasiado hacia el pasado, y pone en su lugar a Adolfo Suárez, mucho más interesado en mirar hacia el futuro, precisamente porque quería deshacerse de su pasado, algo que desde ese momento , se convirtió en moda. La tarea que el Rey encarga a Suárez es conseguir un régimen que sea equiparable a lo que entonces se conocía como Europa Occidental, es decir, los países que eran miembros del Mercado Común y de la OTAN.
Suárez diseñó un sistema articulado en torno a los partidos políticos y tuvo el buen criterio de incluir entre ellos al Partido Comunista aunque en ese primer momento no lo hiciese público , seguramente porque tenía informes fiables sobre su fuerza real, que estaba muy por detrás de su leyenda. Pero si para Suárez era fácil entender el ambiente político no en vano, el Franquismo en el que se crió también tenía sus familias que, a veces, necesitaban un sistema complicado de cesiones, negociaciones y equilibrios para entenderse, al menos en los niveles bajos o medianos , la cuestión laboral le sobrepasaba. Primero, porque de donde él venía, cualquier desencuentro entre patronos y trabajadores se entendía como un problema de orden público. Segundo, porque allí encontraba elementos discordantes y potencialmente peligrosos, como los asamblearios, con los que no cabía ese tipo de arreglos. Así que optó por aplicar el esquema político, el que conocía, para lidiar con el problema.
UGT y Comisiones estaban ansiosas por colaborar y como les parecía que el proceso no avanzaba con suficiente rapidez, crearon un engendro de circunstancias, la COS, que convocó un paro general de un día para el 12 de noviembre de 1976. Eso sí, previamente advirtieron de que su intención no era en absoluto derribar al nuevo gobierno, sino solo hacer una demostración de fuerza[6]. Lo cierto es que tuvieron éxito, mucha gente participó en aquello, aunque sería interesante hacer una encuesta para saber cuántos se arrepintieron después, como tantos que votaron al PSOE en 1982 y perdieron su puesto de trabajo con la Reconversión Industrial...
A partir de ahí, todo vino en cascada. El 28 de abril de 1977 se legalizaron los sindicatos y el 16 de enero de 1978 comenzaron las elecciones sindicales. Entre ambas fechas, en setiembre de 1977, se firmaron los Pactos de la Moncloa.
CCOO y UGT se sumaron con alegría al plan, como lo habían hecho los partidos de los que eran meras correas de transmisión, el PCE y el PSOE. El esquema era el mismo. Las elecciones sindicales otorgarían poder a las cúpulas de las centrales y, por supuesto, dinero para mantener contentos a los suyos. Ahí nació la nefasta figura del liberado.
De los dos sindicatos históricos, la CNT se negó a entrar en el juego. Apostó por el asamblearismo y perdió. Es complicado explicar las causas del fracaso. Desde luego, hubo guerra sucia. Se montó una provocación en toda regla el “Caso Scala”, con la presencia de un confidente infiltrado (Joaquín Gambín) , para criminalizar a la CNT convirtiéndola en una organización terrorista. Se acusó a Rodolfo Martín Villa, entonces ministro de Gobernación, de estar detrás del montaje pero, por supuesto, nunca se pudo probar. De lo que sí hay constancia es de que le preocupaban más los anarquistas que ETA o los GRAPO porque ambos, a diferencia de los anarquistas, tenían jefes con los que era posible entenderse, aunque también es cierto que no es obligatorio caer en provocaciones. Puede que fuera la falta de un partido detrás en un proceso que fue diseñado para partidos o que fuera una apuesta  demasiado alta para las fuerzas con las que contaba. También hay quien ha apuntado que la CNT refundada ya nació con graves taras[7]. En cualquier caso, esa nueva CNT pudo ser dejada pronto de lado sin consecuencias apreciables, salvo en lugares concretos.
Pero igual que sucedió con los partidos de los que dependían, Comisiones y UGT tuvieron que pagar un precio. La imagen de Santiago Carrillo con la bandera bicolor detrás no significaba cambiar un trapo por otro sino reconocer la Monarquía y obligarse públicamente a defenderla. Con ese simple gesto desautorizaba cuarenta años de lucha del PCE, pero la ilusión de futuro de entonces compensaba liquidar todo su pasado de un plumazo.
Lo que se pidió a cambio a los sindicatos mayoritarios fue que ejercieran de “policía laboral”, y a ello se aplicaron con entusiasmo. En apenas un par de años habían acabado con cualquier alternativa que no pasase por sus manos, aunque tuvieran que recurrir a tácticas tan sucias como denunciar a la policía con nombres y apellidos a miembros de piquetes de huelgas que no habían convocado ellos. La derrota la resumía muy sencillamente Miquel Amorós en un texto de 1995: el “Estatuto de los Trabajadores, obra de la patronal CEOE y de la UGT, apoyada con reticencias por CCOO, fue promulgado el 10 de marzo de 1980. Introducía la flexibilidad de las plantillas y suprimía la práctica corriente de las asambleas, pero no para dar mayor protagonismo a los Comités de Empresa legales sino para darlo a las cúspides de las centrales, consagrando los acuerdos verticales (por arriba). El capítulo relativo al derecho de reunión establecía la periodicidad óptima de las asambleas ¡UNA CADA SEIS MESES! Además, su celebración sucedería fuera del horario de trabajo, con un orden del día prefijado y con los asistentes de otras empresas (si los hubiere) previamente anunciados”[8].
Con los años el proceso se agudizó. La única obsesión de CCOO y UGT parecía ser desmovilizar a los trabajadores, cuya única fuerza era, precisamente, su capacidad de movilización, poder poner en jaque estructuras productivas vitales. El mensaje venía a ser “vosotros id tranquilos a cenar el sábado, no os preocupéis por nada, que ya velamos nosotros por vuestros intereses. Dejadlo en nuestras manos”. Y, por supuesto, como en cualquier engaño, siempre hace falta uno que engañe y otro que se deje engañar. La gran mayoría se fue contenta a cenar el sábado, confiada en que las conquistas conseguidas no podían echarse atrás, del mismo modo que se decía que los pisos nunca podían bajar de precio...
Recuerdo a Javier Arenas, ministro de Trabajo del gobierno de Aznar, alabando a Antonio Gutiérrez, líder de Comisiones entonces, y Gutiérrez tan feliz, devolviendo los cumplidos... Pero cambiaron las tornas. Llegó la crisis y solo entonces los dos “interlocutores sociales” (que ya habían renunciado hasta a ser sindicatos) descubrieron que pilotaban dos cascarones huecos. Se habían aplicado con tanta energía a desmantelar la fuerza que podían tener la que nacía de la fuerza de movilización, más allá del paro simbólico de 24 horas , que cuando hicieron sus llamamientos a la resistencia, descubrieron que no había nadie detrás. Y se indignaban cuando Esperanza Aguirre pedía que se eliminasen los “liberados sindicales”, cuando no había otra propuesta más lógica. Ya habían cumplido su misión, desarmar a los trabajadores. ¿Para qué les necesitaban en el futuro? Hicieron su trabajo de bomberos de forma impecable y fueron recompensados muy generosamente. ¿A qué viene ahora quejarse de que todas las cerillas de la caja están mojadas?[9]







[1] Líder es la forma moderna de llamar al jefe. Porque liderar, lo que se dice liderar, no lideran nada. Por ejemplo, Mariano y Pedro mandan, uno más que otro, pero solo porque en este momento uno tiene más poder, no porque esté mejor dotado, basta con ver las que arma cada vez que abre la boca... La cita que sigue es de “Álvarez (UGT): “Nos hemos sentido maltratados por el capital”, El País, 12/03/16. Suena un poco repetitiva, pero no es mi culpa.
[2] El detonante fue un decreto de congelación salarial de noviembre de 1975, obra del ministro Juan Miguel Villar Mir. El suegro de compi yogui, dicho sea de paso. Algunos no han conocido mal año.
[3] Carlos Carnicero Herreros: La ciudad donde nunca pasa nada. Vitoria, 3 de marzo de 1976. Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, Vitoria-Gasteiz, (2007), p. 106.
[4] Comisaría General de Investigación Social: Boletín Informativo Nº 26, (06/07/76). Citado por Carnicero, p. 80. Hay que aclarar que nunca hubo tal intento de engranaje.
[5] Todo el poder a la Asamblea. Vitoria 3 de Marzo de 1976 en sus documentos. Likiniano Elkartea, (2001), p. 5.
[6] Fue el primero de estos enfrentamientos rituales. Una huelga general de un día carece de sentido. El objeto de la huelga general es, precisamente, hacer caer al gobierno y no tiene límite de tiempo. Se mantiene hasta que triunfa o es derrotada. Pese a lo escrito, reconozco haber participado con entusiasmo en todas las que ha habido desde diciembre de 1988 salvo una, la de 2002, que encontré muy extraña.
[7] Como Miquel Amorós, que se movió por aquel ambiente y casi treinta años después no ahorraba las críticas: “la neoCNT, la casa común de sindicalistas extraviados, aventureros, anarquistas folklóricos y provocadores”. Los incontrolados [crónicas de la españa salvaje 1976 1981]. Klinamen, (Sevilla), 2004, p.9.
[8] Historia de diez años. Esbozo para un cuadro histórico de los progresos de la alienación social. Klinamen, (Sevilla), 2005, p. 96.
[9] Como el texto ha salido muy largo, pronto aparecerá una nota sobre las huelgas de gasolineras de Barcelona que creo que ilustra bien el proceso que aquí se cuenta.

viernes, 11 de marzo de 2016

PERIODISTAS

El portavoz del PP Rafael Hernando dice que no había leído la noticia y puede que sea cierto, por una vez. Yo me enteré de casualidad, leyendo El Mundo, pues no había visto nada en El País ni habían dicho nada en las noticias de la SER, lo que esta mañana llevaba a la curiosa paradoja de que Iñaki Gabilondo comentase un hecho del que no se había enterado por la emisora en la que colabora...
Mira que han dado la paliza con el mensaje de Rajoy a Bárcenas, el famoso Luis, se fuerte. Ayer mismo, sin ir más lejos. Sin embargo estos...
El de doña Letizia dice: Te escribí cuando salió el artículo de lo de las tarjetas en la mierda de LOC y ya sabes lo que pienso Javier. Sabemos quién eres, sabes quiénes somos. Nos conocemos, nos queremos, nos respetamos. Lo demás, merde. Un beso compi yogui (miss you!!!) y el de don Felipe dice: ¡Y tanto! Me uno al chat, pero prefiero tener un rato para charlar sin intermediación electrónica ni telefónica. Comemos mañana? Abrazo.
Vamos poco a poco.
El destinatario de los mensajes es Javier López Madrid, compañero de colegio de don Felipe y yerno de uno de los poquísimos de los que se puede decir con propiedad que llevan cuarenta años cortando el bacalao con independencia de quién gobierne en España, Juan Miguel Villar Mir.
El motivo del apoyo era bastante prosaico, rayano en la vulgaridad: Javier López Madrid fue uno de los beneficiarios de las tarjetas opacas de Caja Madrid. 34.800 euros, que se dice que ya ha devuelto. Muy poca originalidad: restaurantes, vuelos, viajes, hoteles, compras en Loewe y Prada y las inevitables cutreces (65 euros en Ryanair, 50 en una pizzería, cargos de entre 6 y un euro en autopistas...). También ha sido interrogado por el juez Eloy Velasco por presunta financiación al PP de Madrid, dentro de la Operación Púnica y se encuentra envuelto en otra trama esta sí, realmente sucia , por acoso sexual a la doctora Elisa Pinto. La denuncia de la mujer acabó convertida por parte de la Policía en varias acusaciones contra ella y fruto de este hecho aparecieron los mensajes, pues la Guardia Civil que mantiene relaciones fraternales con la Policía, como es bien sabido contrainvestigó para recuperarlos, pues habían sido sometidos a un proceso de borrado[1].
¿Qué decir de los mensajes?
Lo primero lo obvio, que son privados, y que la gente se expresa de forma diferente en sus mensajes públicos. Yo mismo soy mucho más zafio por mensajería telefónica que cuando escribo en este medio, en teoría al alcance de miles de millones de personas. Sin embargo, esa consigna que se difundía hace años en grupos al margen de la ley que aconsejaba que había que hablar por teléfono como si estuviera intervenido y escribir las cartas como si alguien las fuera a leer, es hoy más válida que nunca. Y don Felipe lo sabe, por algo fue “el heredero mejor preparado de Europa”, según escribía la prensa que hoy calla, “charlar sin intermediación electrónica ni telefónica”. (Ay, esa manía de adornarse... ¿cuál será la intermediación electrónica? ¿El telégrafo?). En cualquier caso, sabias palabras, aunque no especialmente meritorias viniendo de alguien que ha visto publicadas conversaciones indiscretas de Su Real Padre, aunque es cierto que básicamente en medios extranjeros.
Pero doña Letizia es otra cosa. Suple su falta de preparación con espontaneidad o humanidad, lo que le permite enhebrar una retahíla como  Sabemos quién eres, sabes quiénes somos. Nos conocemos, nos queremos, nos respetamos. Este fragmento me tiene petrificado. Podría aparecer en el cuaderno de un escolar que aprende los verbos o en un ensayo de discurso generado por un robot. También me tiene perplejo por qué una cosa es mierda y la otra merde, y no encuentro razón objetiva que lo justifique, salvo una muy humana propensión a alardear de conocimiento de lenguas, como el miss you!!! con el que finaliza.
¿Y la prensa qué dice? Pues bien poca cosa, porque para ellos la noticia no se ha producido. Volvemos a los tiempos juancarlistas: si no es favorable, no existe. Federico Jiménez Losantos ha dicho algo que parece un disparate, que Rajoy ha filtrado la noticia para hacer daño a Felipe VI por no haberle propuesto para formar gobierno. Quién sabe dónde estará la verdad, pero lo cierto es que, leído dos veces, no parece tan disparatado. En El Mundo ha aparecido una “Carta abierta a Su Majestad la Reina de España del director adjunto de EL MUNDO, Iñaki Gil” donde critica a la reina Letizia con gran valentía hasta donde permiten las rácanas leyes de este país, que sigue siendo muy poco[2]. Sin embargo queda la duda de qué hubiera hecho El Mundo de no ser la mierda de LOC uno de sus suplementos, aunque lo podemos imaginar...
En todo caso, el compi yogui es un hallazgo digno de figurar en una antología, pero los cielos me libren de decir en cuál.






[1] La información y las citas provienen de tres artículos de eldiario.es: “Los reyes de España arroparon a López Madrid cuando estalló el escándalo de las tarjetas ‘black’” (08/03/16), “PP y Ciudadanos evitan comentar el apoyo de los reyes a López Madrid cuando estalló el escándalo de las ‘black’” (09/03/16) y “Los gastos de Javier López Madrid con su tarjeta ‘black’” (09/03/16). Los artículos incluyen enlaces en los que se puede ahondar en, por ejemplo, la espeluznante historia de la doctora Pinto.
[2] “Soy el jefe de “la mierda de LOC” y espero, Majestad, que siga leyéndonos”, El Mundo (09/03/16)

miércoles, 2 de marzo de 2016

LEER A LOS CLÁSICOS (I)


Clásico es aquello que es digno de ser imitado, según una hermosa definición que leí una vez. Nuestra época está tan falta de imaginación que imita a los clásicos aun sin saberlo.
Unos titiriteros han ido a prisión y aunque ya han salido, pesan sobre ellos cargos gravísimos que podrían costarles hasta cuatro años de prisión a cada uno. Durante esos días pensaba a menudo en un compañero de colegio que era sonámbulo. Cuando le apretaba la vejiga se levantaba dormido y en lugar de abrir la puerta del retrete, abría la del armario empotrado que estaba junto a ella y allí se aliviaba. Ha habido muchos sonámbulos estos días.
Los primeros, aquellos padres escandalizados que llamaron a la policía. ¿O no fueron ellos? Porque según el juez, ese público infantil acompañado mayoritariamente por sus padres abandonó escandalizado el lugar por lo que estaban viendo y otros arremetieron contra los actores, paralizando la obra y llamando a los agentes de la autoridad”, así que de su relato se deduce que fueron los niños quienes tomaron la iniciativa[1].
Pero hubo más denunciantes y el primero, conviene no olvidarlo, fue el propio Ayuntamiento de Madrid, por sus “acciones ofensivas, completamente fuera de lugar en cualquier contexto y totalmente irrespetuosos con los valores de convivencia, respeto y diversidad propuestos por el Ayuntamiento de Madrid[2]. Pero, pese a su enérgica decisión que como tienen por costumbre, quisieron revocar días después, cuando el daño ya estaba hecho , no se libraron del justo castigo. El diario ABC, en un artículo titulado muy poco inocentemente[3], dejaba claro que “Gora AlkaETA” era “un juego de palabras relacionado con “Al Qaeda” y con alcaldesa, “alkatea” en euskera, según indicaron a ABC fuentes de la investigación”. Por supuesto, ha quedado claro que estamos hablando de sonámbulos, pues cualquiera que se informe sabrá que los sustantivos en vascuence como en inglés , carecen de género, por tanto alkate (la –a es el artículo) es quien ocupa la alcaldía, con independencia de que sea hombre o mujer. En todo caso, poca pena por el ataque, bien se lo merece por chota.
Después llegó todo un baile de sonámbulos y aquí van algunos, aunque no sé si en el orden cronológico correcto. “El ministro en funciones del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha calificado de “absolutamente repugnantes” estos hechos que, ha dicho, “traspasan todas las líneas rojas”. “No se puede jugar con la apología y el enaltecimiento del terrorismo en ninguna circunstancia ni lugar, no se puede humillar a las víctimas, y si además se hace en el contexto de una fiesta infantil, adquieren unos niveles de reproche” añade Fernández Díaz. “Confío en que la Audiencia Nacional estará una vez más en su lugar””[4]. Begoña Villacís, portavoz de Ciudadanos en el ayuntamiento, afirmaba que “que los niños vean cómo se ensalza a ETA o se viola a una bruja no es aceptable[5] y más tarde volvía a la carga acusando “al gobierno de Manuela Carmena de “defender” a ETA”. A su vez, “el portavoz adjunto del Grupo Popular, Íñigo Henríquez de Luna[6], y la portavoz de Cultura de su formación, Isabel Rosell, acudirán a los juzgados de Plaza de Castilla para presentar la denuncia, [por colaboración en enaltecimiento del terrorismo y desprotección de menores] (...) mientras que la portavoz municipal, Esperanza Aguirre, emitía un tuit apuntando que, o Carmena la cesaba, [a Mayer] o sería “corresponsable de un posible delito de enaltecimiento del terrorismo””. La guinda la ponían la Asociación de Víctimas del Terrorismo y Dignidad y Justicia que, de una tacada y sin pestañear, se querellaban “contra los titiriteros Alfonso Lázaro y Raúl García, contra el director artístico Ramón Ferrer Prada, contra la concejal de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, Celia Mayer, así como contra la alcaldesa de la ciudad, Manuela Carmena”, aunque el juez y el fiscal sólo admitieron la parte de los titiriteros y rechazaron el resto[7].
¿Cómo no recordar la cita?

y, diciendo y haciendo, desenvainó la espada, y de un brinco se puso junto al retablo y, con acelerada y nunca vista furia, comenzó a llover cuchilladas sobre la titerera morisma, derribando a unos, descabezando a otros, estropeando a este, destrozando aquel, y entre otros muchos, tiró un altibajo tal, que si maese Pedro no se abaja, se encoge y agazapa, le cercenara la cabeza con más facilidad que si fuera hecha de masa de mazapán. Daba voces maese Pedro diciendo
Deténgase vuesa merced, señor don Quijote, y advierta que estos que derriba, destroza y mata no son verdaderos moros, sino unas figurillas de pasta. ¡Mire, pecador de mí, que me destruye y echa a perder toda mi hacienda!

En aquella época todo el mundo reía con ese capítulo, pues entendían que solo un loco podía arremeter contra un espectáculo de títeres[8]. Pero así están las cosas hoy. Si triunfaran los sonámbulos y los titiriteros fueran condenados, en el futuro cualquier novelista o cineasta que ambientara su historia en el País Vasco de los años ochenta y osara reproducir una manifestación de Herri Batasuna con las pancartas y consignas que siempre aparecían, podría ir a la cárcel con este precedente. Y sin embargo, no siempre ha sido así...
En agosto del 2003, en un concierto incluido en el programa oficial de fiestas del Ayuntamiento de Vitoria Gasteiz, dos encapuchados subieron al escenario y enarbolaron una pancarta más grande que ellos con el emblema de ETA que, conviene recordarlo, entonces estaba activa y lo hacía notar siempre que tenía ocasión.
No se denunció a nadie. Ni a los encapuchados, ni al grupo que daba el concierto, ni al alcalde el hoy ministro de Sanidad en funciones Alfonso Alonso , ni a la concejala de Cultura Encina Serrano, ni al programador, suponiendo que lo hubiera. Sin embargo hoy, cuando hace más de cuatro años que ETA anunció que lo dejaba definitivamente, no solo ha subido la calificación penal del delito sino que se acusa hasta a quien no lo comete. La situación recuerda otro clásico, este en forma de refrán: A moro muerto, gran lanzada[9].




[1] Es solo uno de los efectos que conlleva dejar de leer a los clásicos, se pierde la habilidad para la redacción. La cita es de “El juez envía a prisión a los dos titiriteros detenidos en Madrid por enaltecimiento del terrorismo”, Público, 06/02/16 y la cursiva es mía.
[2] “El juez Ismael Moreno ordena prisión provisional sin fianza para los dos titiriteros”, El Confidencial, 05/02/16.
[3] “Un juez ahorcado, una monja muerta y carteles de “Gora AlkaETA”: la obra de títeres de Carmena”.
[4] Desde luego, un lector de clásicos nunca hablará de líneas rojas ni de niveles de reproche adquiridos y, por cierto, mal concordados...
[5] Le recomendaría la lectura de un pequeño clásico de Federico García Lorca, el Retablillo de don Cristóbal. En él aprendería qué clase de cosas hacen los títeres de cachiporra y, de paso, que el título de la obra que tanto detesta no es casual.
[6] ¿Será descendiente nunca mejor dicho del Enrique Enríquez, señor de Bembibre y Bolaños y conde de Alba de Liste, del que cuentan las Coplas de la panadera que
por ganar honra a deshora
los contrarios ofendiera,
mas la gran gente ropera
que con él fue a desranchar
fizo, por cierto, quedar
su persona prisionera?
[7] Las citas proceden de “La concejal de Cultura de Madrid, tras la polémica de los titiriteros: “Estamos indignados””, Público, (leído el 07/02/16), “Ahora Madrid ve una “sátira” y no un delito en la actuación de los títeres “, El Confidencial, (06/02/16), “El PP denunciará a la concejala de Cultura Celia Mayer por “colaboración en enaltecimiento del terrorismo””, el diario, (06/02/16) y la página de la AVT.
[8] Sí, es la famosa historia del retablo de maese Pedro, en el capítulo 26 de la segunda parte del Quijote.
[9] Ya decía el sabio Quevedo que los refranes son “evangelios abreviados”.

martes, 16 de febrero de 2016

BREVE TRATADO DE DERMATOLOGÍA


 La corrupción en el PP se desborda como una letrina atascada. Su organización regional en Valencia se ve imputada en bloque, con la notable excepción de su jefa Barberá, blindada jurídicamente de forma demasiado oportuna con su nombramiento como senadora. Esa es la última noticia de aquellas tierras pero tenemos ya la piel tan dura a estas alturas que ni siquiera nos indignó saber unos días antes que Consuelo Ciscar, directora del Instituto Valenciano de Arte Moderno hasta 2014, estaba imputada[1] por delitos tan poco originales como pagar 32.400 euros por una obra tasada en 2.000. Como mucho pensamos que qué se podía esperar si su marido cumple condena de seis años de prisión por los delitos cometidos cuando era consejero de la Generalitat valenciana... estamos ya aburridos de ese tipo de vulgaridades. Como quien cae en una letrina y no puede salir, se nos ha atrofiado el olfato. Sin embargo, otra noticia del mismo día me ha llamado la atención, no por el hecho en sí sino por el desparpajo con el que habla una de sus protagonistas.
Se está juzgando el asesinato de Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León. Las principales acusadas, madre e hija, son dos militantes de su mismo partido y el presunto móvil sería un ajuste de cuentas, aunque en su momento varios figurones con bastantes cosas que ocultar intentaron desviar la autoría hacia el otro lado del espectro político. Entre ellos Barberá, claro, que a poca vergüenza nunca le ha ganado nadie. Pues bien, a mí, pese a todo lo que llevamos encima, aún me sorprende leer la ligereza con la que una de las acusadas explica que Carrasco creó una plaza de funcionario para un ingeniero de telecomunicaciones creada para mí y que era para mí y que como no se quiso acostar con la Carrasco, esta hizo que el tribunal diese la plaza a otro aspirante.
Hemos llegado a tal nivel de podredumbre moral que ante una declaración así en sede judicial, nadie ha pedido que se abra una investigación sobre lo declarado, para saber si se creó una plaza a dedo y el tribunal la adjudicó a quien le indicó la presidenta de la diputación y si eso era un hecho corriente, pues la acusada ha declarado que todo el mundo sabía que para optar a una plaza en la Diputación tenías que tener padrinos...
Eso sí, nuestra hipocresía sigue intacta. Se pasó por encima de lo que se dijo en su momento sobre cómo la finada manejaba sus asuntos, incluido el hecho de que cobrara trece sueldos al mismo tiempo, pero hubo gran escándalo porque en el lugar donde cayó muerta Carrasco alguien escribió “Aquí murió un bicho”. Tenemos la piel tan fina respecto a lo simbólico que mejor no pensar en la que se hubiera armado de haber escrito “Toma del frasco, Carrasco”...





[1] Sí, sé que ahora se dice investigada, pero es que yo estudié por el plan antiguo.

lunes, 8 de febrero de 2016

RAZONABLEMENTE BIEN

Se diría que tienen miedo. En menos de veinticuatro horas El País publicaba tres artículos dominados por la preocupación de que tiremos por la borda lo conseguido, lo que uno de ellos denomina “estos últimos y gloriosos 40 años de democracia”.
Empezaré por este[1], que es el más enigmático porque carga duramente, pero no se sabe contra quién. Nos alerta de que la caída de Roma “se produjo en tan solo el transcurso de una generación”. Porque, según dice, ahora “estamos a cien pasos del abismo”. Nada menos.
Una de sus frases me ha dejado perplejo: “las élites guardan silencio atenazadas por una corrección política que el infantilismo de izquierdas ha convertido en pensamiento dominante”. Quien se haya paseado alguna vez por este sitio sabrá que detesto la corrección política con todas mis fuerzas y no dejo pasar oportunidad para fustigar a los que la practican pero,  ¿realmente cree que esas élites que no define callan por miedo a ser políticamente incorrectas? ¿No será más bien que están esperando a que haya un ganador con el que poder entenderse? Las élites saben que Podemos es tan temible como las CUP, que ladran pero no muerden. Ven cómo sus intereses siguen seguros en Madrid y Barcelona, por mucho que hayan llegado a sus gobiernos unos comunes que dan risa y a los que no se puede llamar comuneros porque sería un insulto hacia estos. En una parte sí estoy de acuerdo, y es que nos define como “una sociedad pasiva y paternalista acostumbrada a mirar para otro lado ante el reto de la responsabilidad”, pero me pregunto cuánto habrán tenido que ver en ello esos gloriosos 40 años.
Antonio Elorza detesta a Pablo Iglesias como un exorcista al demonio y en esta ocasión se queda a gusto[2]. Dice de él que no solo no es un demócrata sino que rechaza la democracia. Es maniqueo y simple, un violento que emplea vocabulario  militar y su acción política se alimenta sobre todo de boxeo. Tiene ya pensado cómo “librarse de opositores elegidos mediante la democracia representativa”, pues, no en vano, es un caudillo populista que practica el centralismo autocrático (al menos Lenin propugnaba el centralismo democrático, así que este es aún peor). La verdad es que Elorza sabe mucho de leninismo, pues durante una época más bien larga fue bastante más leninista que el propio Lenin. Aunque ahora sus simpatías están (o estaban hasta hace poco) más cerca de UPyD. Recuerda mucho al amigo Savater y es que la vergüenza es como la virginidad, cuando se pierde, se pierde para siempre. Antonio Elorza es catedrático en la misma facultad donde daba clases Pablo Iglesias y supongo que las miserias de la vida universitaria tendrán su parte en ese odio tan llamativo.
En el tercero[3], Antoni Zabalza nos da unas cuantas lecciones incluida la demostración matemática de que “no es cierto que la regla de la mayoría sea capaz de sintetizar de forma coherente la voluntad de una colectividad cuando esta se enfrenta a más de dos alternativas”, pero solo me interesa parte de lo que dice en el párrafo final: “La democracia directa no funciona y es incompatible con una sociedad abierta, basada en el imperio de la ley y en la libertad del individuo (...) los países que han jugado con la democracia directa han acabado eliminando libertades individuales, causando dolor y miseria, y destruyendo los fundamentos de su sistema económico. Por el contrario, los que con más modestia se han abstenido de formular arcadias sociales, y limitado la práctica democrática al control de sus gobiernos, han conseguido respeto y tolerancia para con la diversidad, altas cotas de libertad individual, economías dinámicas y prósperas y un reparto razonable del bienestar”.
Así que la democracia directa no funciona, por lo que no es de extrañar que los países que han jugado con ella hayan acabado fatal. En este caso no hay demostración matemática, ni siquiera un triste ejemplo. Porque la democracia directa no se ha podido aplicar jamás en país alguno y el único que ha jugado y sigue jugando con ella es Suiza que, como todo el mundo sabe, no para de eliminar libertades individuales, causar dolor y miseria y destruir los fundamentos de su sistema económico. Ha habido, eso sí, experiencias de democracia directa, pero limitadas a territorios más pequeños. La lista es larga incluye entre otras la Comuna de París, Kronstadt, los espartaquistas berlineses, las colectividades de Aragón o los consejos húngaros de 1956 , y todas tienen algo en común: fueron aplastadas sin piedad por la gente de orden, ya fuera este la democracia representativa o la tiranía comunista. A veces ese aplastamiento muestra paradojas que son solo aparentes, como que las tropas prusianas que habían derrotado a los franceses esperaran caballerosamente a que estos acabasen con su chusma, que era el mayor peligro para el régimen que ambos ejércitos defendían, o que las colectividades aragonesas que habían resistido al ejército franquista fueran desmanteladas por los comunistas de Enrique Líster.
Pero seguro que debe haber una demostración matemática por alguna parte, aunque quizá sea demasiado larga para un artículo de prensa. Por cierto, ¿quién es este Antoni Zabalza que prodiga las certezas con tanta generosidad? Según El País, “es profesor de Economía y fue secretario de Estado de Hacienda”. Sí. Pero es algo más, también es presidente y consejero delegado de Ercros, un pequeño detalle que el diario olvida mencionar. La trayectoria empresarial de Zabalza recuerda mucho a otras cuyas consecuencias hemos tenido que padecer recientemente en nuestros bolsillos. Secretario de Estado de Hacienda y director del Gabinete de Presidencia del Gobierno de Felipe González, fue vocal del consejo de administración de varias empresas estatales como Transmediterránea, el Instituto de Crédito Oficial, Iberia o el extinto Instituto Nacional de Industria, hasta recibir Ercros de las manos de otro ilustre incompetente, Josep Piqué. La empresa, que este ya había dejado muy tocada, no ha dejado de perder valor desde entonces. Apenas dos días después de publicado el artículo se informaba de que antes de final de año despedirá entre ciento cincuenta y doscientos trabajadores.
Ya dice Rajoy que las cosas funcionan “razonablemente bien”. Solo que funcionan razonablemente mejor para don Mariano y don Antoni que para los futuros despedidos de Ercros...


Con las tropas de Bismarck y la totalidad del ejército francés concentrados en las afueras de París, los miembros de la Comuna no tenían la menor oportunidad, y lo sabían. Muchos estaban decididos a morir debido a que, después de haber probado el sabor de una libertad que solo podía ser medida por las insuficiencias de las sorpresas del día anterior, no estaban demasiado dispuestos a aceptar nada que fuese inferior a eso, a vivir como habían vivido solo un día antes, y mucho menos a regresar a la libertad de elegir entre las mercancías que los demás ponían a la venta, entre un domingo en el parque o en el río, lo cual afirma la leyenda inventada después del hecho. En este sentido, la Comuna no fue un secuestro de la historia, sino un regalo que se le hizo a esta, un patrón con el que juzgar al futuro, un momento para ser adorado o condenado[4].



[1] Luis Prados: “España, ¿cómo hemos llegado a esto?”, El País, 19/01/16. No conozco al autor. En Internet aparece información sobre un Luis Prados vinculado al Máster  de Periodismo de ABC, pero como se define “hijo y nieto de periodistas” no sé si se trata de él o de algún pariente. Las familias en las que se hereda el oficio tienen tendencia también a hacer hereditarios los nombres de pila.
[2] Antonio Elorza: “La tentación caudillista” El País, 19/01/16. las dos frases que siguen al titular lo dicen todo: “Para Pablo Iglesias, la acción no tiene otro objetivo que la victoria. La elección racional en beneficio del conjunto de la sociedad no tiene lugar en su presentación militarizada de la política, de impronta leninista”.
[3] Antoni Zabalza: “Podemos, secesión y populismo”, El País, 18/01/16.
[4] Greil Marcus: Rastros de carmín. Una historia secreta del siglo XX, Anagrama, Barcelona, 1999 (2ª ed.) p. 140.

miércoles, 3 de febrero de 2016

DOS NOTICIAS SORPRENDENTES

El 31 de enero escuchaba en Catalunya Informació una noticia sobre la entrega de premios del cine catalán que se celebraba esa misma noche. Después de cantar las excelencias de las diversas películas, la locutora aclaraba que la mayoría de ellas estaban rodadas en castellano.
En octubre de 2007 se habló mucho sobre lo que era la literatura catalana, con motivo de la celebración de cierto aquelarre que nos costó carísimo. En entrevista publicada en El País el día 9, Josep Bargalló, que era director del Instituto Ramón Llull[1], decía que “En cualquier caso, es lo que decía el otro día el expresidente de la Generalitat Jordi Pujol: Rilke y Kafka son checos pero no forman parte de la literatura checa sino de la alemana porque escribieron en esa lengua. Quien escoge una lengua para escribir sabe que está escogiendo una literatura”. Y Carod Rovira, entonces vicepresidente de la Generalitat de Cataluña, decía que “literatura catalana es solo la que se escribe en catalán”. Bueno, en realidad dijo una enorme cantidad de estupideces, como en él era habitual, de modo que “Fuentes de la Vicepresidencia de la Generalitat matizaron el viernes las declaraciones de Carod Rovira al asegurar que el republicano pretendía explicar las diferencias entre literatura y cultura, y argumentar en el documental de la ZDF que “literatura catalana es solo la que se escribe en catalán””[2].
Ahora el cine en castellano rodado en Cataluña o simplemente producido, dirigido o interpretado por catalanes es catalán, pasando por encima de la molesta realidad de que hable castellano o, aún peor, de que esté rodado en España. ¿Han cambiado de postura? Me da que no. Ha debido ser un trago amargo para la presidenta de la academia cinematográfica catalana, independentista declarada y absolutamente convencida pero claro, la alternativa venía a ser una liga futbolística de dos equipos en que una semana el Barça jugara contra el Espanyol y a la siguiente el Espanyol jugara contra el Barça. Para mí que en setiembre votó a las CUP...


La otra aparecía en El País el 1 de febrero y me bastó con el titular y la frase que le acompañaba: Los Mossos atacan de nuevo el supermercado de la droga de la Mina. Los agentes prevén una treintena de detenidos, algunos de clanes tradicionales como los Jodorovich.
¿Prevén una treintena de detenidos? ¿Qué significa eso? ¿Que solo llevan treinta pares de esposas? ¿Que en la tocinera solo caben treinta y en cuanto se llene salen ululando sirenas hacia comisaría?
¿Y si no se llena? ¿Y si solo detienen a quince? Porque eso representaría un gran problema...
Detener a veintinueve tendría su regusto amargo para ellos pero la ciudadanía lo entendería Uno de treinta sería un “error de medición”, que dicen los físicos. Pero de veintisiete hacia abajo ya es un 10%, que empieza a ser una desviación considerable aunque se mire con buenos ojos...
A ver, siempre cabe el recurso de detener a alguien porque no lleva el DNI encima, ha mirado mal a un agente o ha susurrado alguna inconveniencia que se pueda calificar de desacato, pero no resultaría muy elegante.
Prevén. Es muy diferente de buscan. Porque ahí sí cabe el ridículo más espantoso, porque los periodistas pueden preguntar quiénes son esos treinta buscados y comparar esa lista con la de detenidos[3]. Ni pensar en lo que podría resultar de la confrontación de ambas listas...
La verdad es que me pareció todo tan maravilloso que no he querido estropear este momento de disfrute buscando si al final fueron treinta, dieciséis o cuarenta y cinco... 



[1] Viene a ser el equivalente catalán del Instituto Cervantes, aunque supongo que ellos prefieren compararse con los Institutos Goethe alemanes. Ignoro si existe tal cosa en Austria o Dinamarca, que son sus espejos favoritos.
[2] “Carod justifica la exclusión de autores catalanes en castellano de Fráncfort”, El Mundo, 06/10/07. (El viernes era día 5).
[3] Suponiendo que en la era de ruedas de prensa sin preguntas o declaraciones retransmitidas por circuito cerrado de televisión los periodistas se atrevieran a tanto, que parece una hipótesis punto menos que disparatada...