jueves, 27 de abril de 2017

EL QUE SABE, SABE...




El otro día recuperaban un programa de investigación sobre la que se conoció como “guerra del pan” en el año 2012.
En setiembre de ese año en Quart de Poblet ― un lugar de 25.000 habitantes a cinco kilómetros de Valencia al que se puede llegar en metro ―, un tal José Navarro desataba un torbellino al comenzar a vender barras de pan a veinte céntimos de euro. Entonces el precio medio era de 59 céntimos.
Hasta ese momento, Navarro era un panadero más del gremio que llevaba un pequeño negocio heredado de su padre. La impresión general de sus compañeros era que Navarro solo era la cara visible de un negocio que habían concebido otros y el documental parecía apoyar esa hipótesis.
En cualquier caso, la ofensiva iba en serio. La novedad fue muy bien acogida por los compradores, capaces de hacer cola durante más de una hora para comprar un pan más barato, y ese éxito inicial llevó a una política de expansión que está en la página siguiente de los manuales que escriben los ideólogos que se hacen llamar economistas.
Los otros panaderos no se quedaron de brazos cruzados. Aparte de expulsarle del gremio, acosaron sus negocios hasta tal punto que sus obradores recibían una visita de inspección cada semana y contraatacaron vendiendo pan a veinte céntimos, pese a que reconocían que con esas barras perdían dinero. Varios de ellos murieron del esfuerzo...
Pero bien se dice que quien golpea primero, golpea dos veces. Imparable, Navarro proseguía su expansión. En 2014 facturaba 8.400.000 euros, tenía cincuenta puntos de venta con unos quinientos empleados y vendía 50.000 panes al día. Hasta el gigante Mercadona, golpeado en su tierra natal, llegó a ofrecer “cinco panes tipo bocadillo” por un euro.

Los autores del reportaje consultaron a diversos expertos. Incluso hicieron analizar una de las polémicas barras en un laboratorio y la conclusión fue que aunque sus valores nutricionales eran algo más pobres que los del pan corriente, eran perfectamente comestibles.
El ideólogo de turno consultado en esta ocasión era un tal Gonzalo Bernardos. Extraigo su impresionante currículum de su propia página. Aunque no estoy seguro de si el orden correcto es de arriba abajo o de izquierda a derecha, usaré el primero: Analista y consultor económico e inmobiliario. Profesor Titular de Universidad del Departamento de Teoría Económica de la Universidad de Barcelona. Profesor del Institut Barcelona d’Estudis Internacionals. Comisionado de Recursos Económicos de la Universitat de Barcelona (diciembre 2008 – diciembre 2009). Profesor de la Universitat Oberta de Catalunya. Vicerrector de Economía de la Universitat de Barcelona (enero 2010 – octubre 2012). Director del Master en Desarrollo Personal y Liderazgo. Director del Master de Asesoría y Consultoría Inmobiliaria de la Universidad de Barcelona. Director del Master de Creación, Gestión y Desarrollo de Franquicias de la Universidad de Barcelona.
Decía varias cosas, pero recuerdo dos en especial. La primera era su diagnóstico de futuro: José Navarro era el que estaba haciendo las cosas bien, y a los demás más les valía tomar nota y hacer lo mismo que él estaba haciendo. Quedaba claro que Navarro era el futuro y el resto de obradores el pasado que se resistía a morir. La segunda era la explicación de su éxito: José Navarro triunfaba porque había aplicado una economía de escala.
Para quien no esté versado en la jerga de los ideólogos, aporto aquí una definición que aparece en una especie de “diccionario económico” del diario Expansión redactada por Begoña Blasco Torrejón: “En teoría económica se dice que aparecen Economías de Escala cuando es posible aumentar la producción por encima de lo que se elevan los costes. En suma, hay economías de escala cuando el coste por término medio disminuye a medida que aumenta la producción”. Pero la voz de Wikipedia “Economía de escala” añade un matiz importante: “El concepto de “economías de escala” sirve para el largo plazo”.

Y si en 2014 vendía 50.000, “se especula que llegó a vender 250.000 panes al día[1]”. El problema es que si en 2014 facturaba 8,4 millones de euros, sus gastos eran de 8,6 millones.
Suena triste pero lo que pasó es una reproducción exacta de aquel viejo chiste sobe un industrial de Eibar que perdía dos céntimos con cada tornillo pero no le importaba porque vendía muchos...
Hoy en día Navarro ha vuelto a los niveles más bajos de la panadería, gana menos de mil euros mensuales y debe más de trescientos mil. Nada se sabe de aquellos que parece que le empujaron a la aventura.

El experto Bernardos no se salía del manual de la tribu: innovar, arriesgar, emprender, el 90/10 y el “si quieres puedes” de los que hablaba hace poco. Hasta aplicaba el conjuro de una hipotética “economía de escala” sabiendo que el concepto no era posible en este caso.
Por supuesto, cualquier mente que operase lógicamente podía deducir que los expertos a los que había que escuchar eran el resto de panaderos que decían que era imposible ganar dinero vendiendo pan a veinte céntimos.
Como dato curioso, Gonzalo Bernardos tiene una sección en su página llamada “Predicando y acertando”. Contiene un solo artículo sobre el precio de la vivienda, publicado en 2006. No parece un balance a la altura de su curriculum...
¿O sí?[2]



[1] El reportaje pertenecía a la serie “Equipo de Investigación”, que creo que se emitió en Antena 3 aunque yo lo vi en La Sexta. Todas las cifras proceden de Martín Mucha: “El rey del pan: de vender millones con barras a 20 céntimos, a la ruina”, El Mundo, 05/03/16.
[2] Para intentar salvar los muebles, los periodistas económicos dicen que el efecto beneficioso de esa “guerra del pan” fue que Lidl y DIA bajaron el precio de sus barras a 39 céntimos. Ellos saben o deberían saber que esa decisión no obedece a la amenaza de Navarro sino a la llegada de las masas congeladas. Por otra parte, basta una operación matemática de Primaria para darse cuenta de que el precio de venta es el doble de las barras que vendía Navarro.

jueves, 20 de abril de 2017

TERRORISMO SIN TERRORISTAS





Cassandra ha sido condenada a un año de cárcel, siete de inhabilitación, un año de privación de derecho al voto y  pago de las costas procesales por hacer chistes sobre el asesinato de Carrero Blanco. Tratándose de una estudiante de veintiún años, la inhabilitación y el pago de las costas suenan especialmente dolorosos. Supongo que es el objetivo...
Por supuesto, aquí hay que dejar de lado el sentido común, la lógica y demás conceptos, que más fastidian que ayudan. Por ejemplo, ¿de qué sirve recordar que ese crimen cometido hace cuarenta y tres años está más que prescrito? Por no decir que ninguno de sus autores fue juzgado por él, pues fue cubierto por la Amnistía del 77 que decía literalmente que “Quedan amnistiados todos los actos de intencionalidad política, cualquiera que fuese su resultado, tipificados como delitos y faltas realizados con anterioridad al día quince de diciembre de mil novecientos setenta y seis”. Obviamente, el propósito era dejar a salvo los crímenes cometidos en nombre de Franco, pero ni aún entonces podían permitirse la alegría de perdonar solo esos. Quizá hoy sí, quién sabe...
Alguien ha recordado muy oportunamente que Tip y Coll hicieron un chiste similar sobre Carrero en 1984. Para quien no les conozca, Tip y Coll eran entonces los humoristas más conocidos y apreciados en España. Tip era votante reconocido de AP (que pocos años después se convirtió en el PP) y Coll del PSOE (que, por lo que leo, no ha condenado formalmente la sentencia pero ha pedido, medio en sordina, un cambio legal. Amagar y no dar, como siempre...). Tanto el PSOE como AP callaron la boca[1].
Hay otro punto muy importante, y es que muchos de los hipócritas que se han rasgado las vestiduras no creen que realmente ETA matase a Carrero sino que a lo sumo fue un peón ciego en una operación mucho más amplia, pero sobre ese punto me ocuparé en breve[2].
Tanto da. Ahora llega la hora de la venganza sobrevenida.
¿Contra quién? Me guardaré mucho de jugar al psicoanálisis pero cualquiera diría que están tratando de enmendar, cuarenta años después, la cobardía intrínseca y los politiqueos infames de un Adolfo Suárez ― ejemplo de Ciudadanos ―, y su UCD ― de la que el PP se declara heredero ―, que no eran capaces de enviar un solo representante del gobierno a los funerales tan habituales entonces en el País Vasco. Por si alguien piensa que me estoy excediendo en mi apreciación, reproduzco una cita del hijo de Luis Carrero Blanco: “lo más duro que he vivido en mis ochenta y un años es que Adolfo Suárez indultara a los asesinos de mi padre”. Le dolió más que el asesinato. Lógico. Suárez había hecho la pelota a su padre hasta caer en la categoría de la infamia.  No paró hasta conseguir un apartamento vecino a los que ocupaban Camilo Alonso Vega y Carrero Blanco en su veraneo: “Durante tres veranos someterá al ministro de la Gobernación [El tal Camilo, conocido como “Camulo” por su gran capacidad de razonamiento] a un asedio agotador. Desde la misa de la mañana hasta la última copa de la noche, Adolfo será para el ministro el más servicial de los amigos. De aquella época es la frase atribuida a la señora Pichot, esposa de Carrero Blanco, señalando que «Suárez no dejaba a mi marido ni a sol ni a sombra». Derrochando esas dotes de excelente relaciones públicas y confiadísimo amigo, Adolfo iba a tejer una amistad que le permitiría el tuteo con Camilo y con el almirante Carrero, un hombre a quien no tuteaban ni sus compañeros de escalafón. Las anécdotas sobre esta etapa pertenecen más a la picaresca hispana, de larga tradición literaria y política, que a la historia”[3].
La nieta de Carrero Blanco ha publicado una carta que es un ejemplo de valentía y nobleza.
Da igual. ¿Qué importa que entre las verdaderas y únicas víctimas en este caso unas no quieran que paguen quienes no han tenido nada que ver y otras pedir cuentas a quien no se portó bien con ellos?
Porque no fueron ellos al juzgado, fue la Guardia Civil quien denunció por su cuenta, sin que ningún ciudadano hubiera formulado acusación alguna. Lógico, teniendo en cuenta que el círculo que conoció los tuits de Cassandra era reducidísimo antes de que se cursara la denuncia.
Y es que las últimas reformas legales nos han dejado en un estado de indefensión total: “las posibles repercusiones de la reforma de 2015, más allá de los primeros casos que estamos conociendo, son potencialmente gravísimas. Las novedades que introduce la reforma son de un alcance extraordinario, y pueden llegar incluso mucho más allá de lo que se ha visto hasta ahora: piense que se introduce hasta el delito de colaboración con el terrorismo por imprudencia; se ha llegado más lejos que en ningún otro ordenamiento occidental a la hora de incluir delitos extraordinariamente vagos y que pueden aprehender comportamientos de lo más variado”[4].
Hay muchísimas materias de las que ocuparse pero solo me ocuparé brevemente de dos, la ampliación del concepto de ofensa frente a la libertad de expresión y la de la capacidad de perseguir.

Ofender sin pretenderlo
Sobre este punto no cabe insistir demasiado. Es fruto de los esfuerzos, no diría conjuntos pero sí concurrentes, de la derecha misionera y la izquierda limosnera: “estamos entrando en una dinámica absurda en la que todo lo que ofende merece ser prohibido. La derecha rancia y la nueva izquierda se dan la mano al hacer prevalecer el derecho a no ser ofendido frente al derecho de la libertad de expresión (...) Sin libertad de expresión, lo único que conseguimos es que haya gente que se sienta perseguida, no que cambie de ideas.
Cuando no compartimos una opinión, no debemos prohibirla, sino refutarla. De lo contrario, dejaremos que crezca un malestar silencioso que puede estallar en cualquier momento”.
Este comentarista sí parece haber sacado una lección de la victoria de Donald Trump. César Strawberry, condenado por unos chistes sobre Carrero tras haber sido absuelto en primera instancia, se muestra contrario a las prohibiciones al autobús de Hazte Oír[5].

Todos sospechosos
Un abogado en ejercicio habla sobre una situación anterior a la entrada en vigor de las últimas reformas legales: “Un indicio de la magnitud de este problema es, a mi juicio, la cantidad de sentencias condenatoria por delitos contra el orden público, [atentado o resistencia a agente de la autoridad] que en el año 2014 ascendieron a 13.475, lo que supone que las condenas por estos delitos ocupan el quinto lugar, sólo por debajo de los delitos contra la seguridad vial (96.698), las lesiones (34.316), los robos (30.815) y los quebrantamientos de condena (14.180), pero por encima de delitos tan comunes como el tráfico de drogas (12.851), los hurtos (11.606), las estafas (9.166) o las falsedades documentales (7.017).
No es posible conocer cuántos de los procesos judiciales por delitos de atentado o resistencia a agente de la autoridad tienen su origen en la efectiva comisión de estos delitos, y cuántos son consecuencia del ocultamiento de una previa actuación policial irregular, pero si entre las funciones de la policía está la prevención del delito, y resulta que los delitos de atentado y resistencia a los agentes de la autoridad ocupan un lugar tan relevante en las estadísticas judiciales, lo que sí parece claro es que, en tales términos, la policía no es parte de la solución, sino del problema”[6].
Pero la situación se ha disparado desde que la mordaza se ha convertido en la norma y la sospecha en la actitud natural. Supongamos que hacemos una clasificación sobre los territorios socialmente más conflictivos de España: ¿en qué lugar quedaría la comunidad autónoma de Cantabria, antigua provincia de Santander?
Pues aquí va un dato que se ha difundido muy poco: “Más allá del caso Preguntar no es delito, Cantabria es el territorio del Estado que ostenta el récord de sanciones tramitadas desde la entrada en vigor de la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como Ley Mordaza: 3.320 expedientes entre el 1 de julio de 2015 y el 28 de enero de 2016”[7]. Si la población total de Cantabria era de 582.206 habitantes en 2016, eso totaliza un 0,57% de la población denunciada en medio año y hablamos de Cantabria, no de Guipúzcoa. Ni Orwell lo hubiera imaginado...
Pero así están las cosas.

Una opinión de hace tiempo
Iker Gallastegi ― al parecer bautizado Manuel ―, pertenece a una de las familias históricas del independentismo vasco. Hijo de Eli Gallastegi, que comandaba una de las dos facciones en las que se dividía el PNV antes de la Guerra Civil. Frente a la posibilista, que hoy podríamos llamar autonomista, la suya era ferozmente independentista y antiespañola. Iker Gallastegi fue militante de ETA en su juventud y padre y tío de notorios etarras, entre ellos Leixuri o Irantzu Gallastegi, esta condenada por el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco.
Sucedió que en 2006 Tele 5 hizo un reportaje sobre el asesinato de Miguel Ángel Blanco y fueron a preguntarle. Gallastegi, de 83 años entonces, estaba echando la partida con los amigos en un bar. Supongo que se habría tomado algún pacharán y a las preguntas de los periodistas al viejo se le calentó la boca y respondió cosas como “¿Por qué nosotros vamos a pedir perdón? ¿Porque hemos matado a unos enemigos de nuestro pueblo?”.
Fue denunciado por el Foro de Ermua y juzgado y condenado por la Audiencia Nacional a un año y tres meses de prisión y siete años y tres meses de inhabilitación, pese a estar jubilado.
Pero hubo una voz discordante. Alguien escribió un artículo que terminaba así: “me provoca un hondo desprecio la caza del fanático cuando es guiada por la venganza combinada con otro fanatismo, aunque sea el de la ley. Y cuando, además, es tan fácil y barato, porque bastaría con prodigar entrevistas televisivas a padres y abuelas de etarras para llenar las cárceles, si eso es lo que se pretende. En fin, unos cuantos demócratas demasiado nuevos deberían aprender que la libertad no se defiende fusilando a la madre de Cabrera”.
El autor del artículo era Jon Juaristi y se publicó en ABC[8].



[1] Cito sin haberlo leído, en contra de mi costumbre. Me baso en una fotografía de una página. Carrero Blanco dice: “De todos mis ascensos, el último fue el más rápido”. El libro es TipyColl-orgía. Lo han fechado en 1984 pero según una página que lo vende, habría sido publicado por Círculo de Lectores en 1983.
[2] En la primera redacción había escrito “una operación de altos vuelos”, pero luego me he dado cuenta de las implicaciones de la frase y rectifico oportunamente. Líbreme el Cielo de hacer uno de esos chistes sobre el Almirante que tan caros se pagan hoy... Ni por asomo.
[3] Gustavo Morales: “Entrevista al hijo de Carrero Banco: “Lo más duro que he vivido en mis 81 años es que Adolfo Suárez indultara a los asesinos de mi padre””, alertadigital.com, 03/01/12. La cita en Gregorio Morán: Adolfo Suárez. Ambición y destino, Debate, (Barcelona), 2009, p. 409.
[4] Manuel Cancio Meliá: “La banalización del terrorismo en España: La Ley y (algunos) jueces”, eldiario,es, 03/03/17. Me gustaría ocuparme más a fondo de lo que dice este artículo. Corro el riesgo de volverme monotemático pero es que la situación es terrible...
[5]José Saturnino Martínez García: “La libertad de expresión en serio”, eldiario.es; 03/03/17 y Gonzalo Cortizo: “César Strawberry, sobre Hazte Oír: “No estoy de acuerdo con que la policía inmovilice un autobús por un cartel””, eldiario.es, 01/03/17. Aunque se le ha pintado como un idiota con mal gusto, César Strawberry demuestra ser un artista inteligente y con criterio.
[6] Jaime Montero: “Cuando la Policía es parte del problema”, Público, 24/01/17. Los subrayados son suyos. Recomiendo vivamente la lectura del artículo porque he tenido que dejar fuera la mayor parte de su argumentación por falta de espacio, solo reproduzco los dos últimos párrafos.
[7] Nando de Diego: “Nou joves s’enfronten a 42 anys de presó per una protesta a la universitat de Cantàbria”, Directa, 23/01/17. La traducción es mía.
[8] Jon Juaristi: “Fanatismos”, ABC, 14/06/09. Lo de la madre de Cabrera alude a que los liberales de Espartero fusilaron a la madre del carlista Cabrera. Como curiosidad, las declaraciones de Gallastegi están tomadas de la página de Hazte Oír, los del autobús.

martes, 28 de marzo de 2017

TERRORISTAS SIN TERRORISMO


El pasado día ocho leí que Juan Manuel Bustamante, Nahuel, ha salido en libertad provisional después de dieciséis meses en prisión preventiva, tras haber pasado por cinco cárceles internado en las condiciones más estrictas. Nahuel fue detenido en una de tantas brillantes operaciones que las diversas policías del territorio desarrollan contra el sanguinario terrorismo anarquista. Lo sorprendente en este caso es que no he leído la noticia en medios marginales, de esos que solo tienen un lugar disuelto entre el fango de Internet para publicitarse, sino en el mismísimo diario El País. La información la firma Íñigo Domínguez, que ya se había ocupado del caso en diciembre pasado. No seré yo quien le eche en cara los trece meses que tardó en enterarse del asunto porque el artículo es valiente, y más teniendo en cuenta dónde lo ha publicado[1].
Vayamos a la cuestión. El 5 de noviembre de 2015 el Cuerpo Nacional de Policía informaba sobre la “Operación Ice”, el arresto en Madrid de seis jóvenes que formaban parte del grupo terrorista anarquista Straight Edge (SXE por sus siglas) que, además, está formado por vegetarianos estrictos que rechazan las drogas y el alcohol[2]. El delito que se les imputaba era la quema de dos sucursales bancarias en 2013 y 2015.
¿Las pruebas?
El hecho de que apareciera en el lugar una pintada del grupo dos semanas antes, que colgaran en las redes sociales fotos de bancos con llamamientos a sabotearlos y que uno de los detenidos viva cerca de allí. A ello se suma que su ideología, sus proclamas en Twitter y Facebook contra la autoridad y los bancos, así como varios vídeos que publicaron en YouTube, pretenden “subvertir el orden constitucional”.
El material para explosivos hallado en los registros se compone de botes de humo, bengalas y petardos, “productos industriales de libre comercialización”, según concluye el informe policial. Si bien señala que la pólvora que contiene, “confinada en el recipiente adecuado tiene comportamiento explosivo” en un artefacto de fabricación casera[3]. ¿El problema? Aparte del hecho obvio de que lo que tienen y nada, pariente del Tío Ninguno, está el pequeño escollo de que en los delitos de los que se les acusa no se utilizaron explosivos.
Pero aún hay mucho más, y de bastante enjundia: Las sustancias confiscadas resultaron ser de cocina y limpieza, y “no son idóneas por sí solas para la elaboración de artefactos explosivos o incendiarios”, aunque los peritos señalan que podrían ser manipuladas para fabricar “bombas de humo”.(...) En un bote que contenía un líquido extraño ponía que era lombarda. El análisis concluyó lo siguiente: “Tras su estudio se desprende que se trata de un preparado de naturaleza acuosa, que por sus propiedades organolépticas y por su comportamiento frente a las variaciones del Ph podría ser un caldo de cocción de col lombarda”. Ahí queda eso. Difícil de superar...
Y aquí entramos en lo mejor, el formidable poder de razonamiento que destilan los informes policiales. Por ejemplo, lo que dicen sobre un botellín de cerveza vacío en el domicilio de uno de los arrestados: No tendría mayor relevancia de no ser por el hecho de que el colectivo se caracteriza por su rechazo al alcohol y las drogas, por lo que cabe pensar que el objetivo de tener ese botellín es con el único fin de realizar cócteles molotov. Irrefutable. Yo, que no soy abstemio, he usado botellas y botellines vacíos para poner flores, medir líquidos, envasar gazpachos o cremas o amasar empanadas[4], pero un abstemio solo puede usar para esos fines envases de agua mineral, zumos, infusiones o refrescos.
También el hecho de que este detenido guardara una caja de madera y una de metal con símbolos del grupo “lleva a pensar que es el encargado de la financiación de la organización”. Hay que ser tonto, de haber tenido una caja con el logotipo de Zara podía haber comparecido con esa prueba ante un tribunal y ahora sería dueño de la empresa de Amancio Ortega. Si es que no piensan... y una inapelable: Entre las pintadas atribuidas al grupo en los alrededores del banco atacado había también algunas de carácter feminista, induciendo a pensar que entre los autores se encuentra al menos una mujer.
En fin, el primer impulso es el de comparar sus capacidades deductivas con las de Sherlock Holmes y sería profundamente injusto. Más acertado sería equipararles a Augustus S. F. X. Van Dusen, conocido como “La Máquina de Pensar”, al que bastó que le explicasen las reglas del juego del ajedrez para derrotar al campeón mundial en su primera partida[5].
Lo cierto es que en esta extraña sociedad nuestra, para vender una mercancía ― por muy averiada que esté ―, solo se necesita encontrar un comprador y la jueza Lamela compró la historia entera. Lamela se ocupa también de otro caso de terrorismo posmoderno, el de la paliza a los guardias civiles de Alsasua[6].
Se dice que una imagen vale más que mil palabras. ¿Qué tal esa de hace poco más de un año, cuando los policías incautaban como prueba un cuchillo para acusar a los titiriteros? No tiene mucha importancia, porque lo que cuenta es la intención, pero el cuchillo lo empuñaba uno de los títeres y era de madera...
Intentaré ocuparme de la teoría sobre el terrorismo en fechas no lejanas porque tengo mucho leído y escrito, pero baste decir ahora que una de las dos condiciones necesarias para la existencia de terrorismo en la época en que imperaba el uso de la razón era la desproporción entre los fines planteados y los medios de que se disponía para conseguirlos. Raymond Aron lo sintetiza magníficamente: “Acciones violentas cuyos efectos psicológicos no guardan proporción con su resultado puramente físico”[7]. ¿Cómo casa esto con unas acciones que no recibieron atención en ninguno de los medios principales, aunque hubieran sido cometidas por el grupo al que se acusa? En el peor de los casos deberían ser legalmente equivalentes al delito cometido por quien quema el coche del vecino con el que mantiene una disputa.
Es una perversión del razonamiento que explica muy claramente el abogado Eduardo Gómez Cuadrado: “Se introduce también de esta manera, sin tapujos, el denominado “derecho penal del enemigo”, por el cual se sanciona no tanto por el hecho cometido sino por la condición del que lo comete. Así, se puede dar la circunstancia de que el incendio de una sucursal bancaria sea considerado terrorismo solo si lo comete, por ejemplo, un anarquista, pero no si lo lleva a cabo un jubilado afectado por la venta de preferentes”[8]. Como en la guerra, una vez identificado el enemigo no hace falta esperar a que te dispare para tener la excusa de la legítima defensa. Disparas tú primero por si acaso, sabiendo que nadie te va a decir nada porque es el enemigo. Los “demócratas” presumían de que todas las ideas se podían defender si no se usaba la violencia, pero habrá que poner la frase al día para incluir en ella la posesión de un bote de caldo de cocción de col lombarda.
Lo sorprendente es que después de mantener dieciséis meses en la cárcel al malvado Nahuel, la jueza Carmen Lamela ordena su puesta en libertad provisional. La madre de otro detenido declaraba no entender nada: La resolución no responde a ninguna petición previa: la misma magistrada que lo ha mantenido tantos meses alegando falta de arraigo, ahora dice lo contrario. Nos ha sorprendido. No sé si se ha dado cuenta de lo desproporcionado de la medida o del agravio comparativo después de dos semanas viendo cómo dejan en libertad sin fianza a Urdangarín, Rato, Blesa y compañía.
No, hombre, no. ¿Cómo va a ser por eso? Un detenido en régimen FIES no obtiene la libertad de la noche a la mañana por una razón tan frívola. Será que habrá recibido informes de peritos que certifican que hay abstemios que utilizan botellines de cerveza para crear hermosos jardines japoneses o que la col lombarda solo produce meteorismo si se ingiere[9].




[1] Es una gran suerte que Íñigo Domínguez no necesite presentar el certificado de buena conducta para hablar de terrorismo. A diferencia de tantos de sus colegas que se hicieron expertos en ETA sin salir de Madrid ― esos que pronunciaban jaika y seji cuando leían Haika y Segi ―, Domínguez fue periodista en el País Vasco cuando los periodistas eran objetivo prioritario de ETA. Cuenta sus vivencias en un artículo muy recomendable: “Viviendo con los etarras”, publicado en Jot Down en setiembre pasado y disponible en Internet.
[2] Esto no es ninguna novedad. Figuras míticas del anarquismo eran abstemios y no fumadores porque consideraban que semejantes adicciones eran cortapisas a la libertad. Simultáneamente, otras corrientes anarquistas (sobre todo las ligadas a tendencias artísticas) han impulsado el uso de sustancias como estimulantes de la conciencia más allá de las reglas que nos encierran. Ambas interpretaciones coexisten desde que el anarquismo empezó a tomar forma.
[3] De esto deberían tomar nota los cazadores. Que jamás se les ocurra mirar mal a un policía...
[4] Y debo decir que sustituyen con gran ventaja al clásico rodillo de madera. En este caso deben ser “litronas” o de vino. Son preferibles las últimas por su cuello más largo y regular, que permite un agarre más cómodo.
[5] También ha sido traducido como La Máquina Pensante (el original es The Thinking Machine). Como curiosidad, su autor, Jacques Futrelle, fue una de las víctimas del Titanic.
[6] ¿Casualidad? No conozco los detalles del caso pero tengo leído que algunas veces se elige la fecha de presentación de la denuncia de acuerdo con el calendario de guardias de los jueces de la Audiencia Nacional. Otra curiosidad: una de las personas que más hizo porque se incorporase el neologismo jueza fue Manuela Carmena, cuando ejercía como tal.
[7] Para quien no le conozca, Raymond Aron era un hombre muy de derechas, pero también inteligente y culto.
[8] Y que conste que su artículo no está inspirado por este caso concreto, pero la maniobra es tan burda y ha sido tan explotada que todo el que es consciente de hasta qué límites hemos retrocedido en la cuestión de la libertad individual acaba pensando siempre en estos ejemplos tan zafios.
[9] Los artículos mencionados aparecen por orden de cita. Íñigo Domínguez: “Cómo se monta un nuevo “grupo terrorista””, El País, 18/12/16 (Recomiendo su lectura porque he tenido que dejar fuera muchas cuestiones interesantes por falta de espacio, aunque de alguna me ocuparé pronto), Eduardo Gómez Cuadrado: “El Golem antiterrorista”, CTXT, 16/01/17 e Íñigo Domínguez: “La juez deja libre al anarquista vegano acusado de terrorismo”, El País, 08/03/17 (El primer título fue ligeramente distinto: “En libertad el anarquista vegano acusado de terrorismo”). Más recientemente el asunto ha conseguido espacio en otro medio muy poco sospechoso de connivencia con el terrorismo: Juan Soto Ivars: “Quemad a ese anarquista, ¡es una bruja!” El Confidencial, 22/03/17.

lunes, 27 de febrero de 2017

VIEJAS IDEAS NUEVAS

Si quieres, puedes

El año pasado asistí a un cursillo de esos a los que tenemos que asistir de vez en cuando los que trabajamos para otros o los que no tienen plaza fija en alguna de las múltiples administraciones, por aquello de la importancia de la formación continua, que viene a ser una especie de ITV que sufrimos con resignación. El conferenciante[1] nos ilustró sobre la reciente teoría del 90/10. Este nuevo hallazgo se resume en que cuando tú te propones algún objetivo, tan solo el diez por ciento son condiciones que escapan a tu control, el otro noventa por ciento depende de ti. Y esta casilla se puede llenar con toda la basura optimista que se nos ocurra: afán de superación, constancia, desprecio al fracaso, creencia en las propias posibilidades... Vamos, el viejísimo “si quieres, puedes”. Sin embargo, es tan evidente que por mucho que yo me esfuerce jamás podré correr los cien metros lisos por debajo de los diez segundos o que tampoco podré levantar una pesa de ciento cincuenta kilos...

Por supuesto, lo interesante de esta frase no es su afirmación radiante y luminosa de la creencia en uno mismo sino su negación. Si no has podido, es porque no has querido lo suficiente, es decir, una vez más, la culpa es tuya. Sí, no hay que decirlo, la idea no tiene nada de nuevo. Los que venimos de una herencia judeocristiana sabemos que ya hemos nacido con un pecado, por lo que pueda pasar. Por eso hay que montar catarsis públicas como la del fin de semana pasado aquí donde yo vivo, donde ciento sesenta mil o medio millón (¿qué importa la exactitud ante semejante gesto?) salieron a proclamar que ellos son buenos aunque los gobernantes sean malos.
Lo he escrito más arriba, lo de que no hay límites es una idea más vieja que el mundo. De ella dan testimonio los relatos de milagros y héroes y los libros de magia. Sin embargo parece que ahora tiene más éxito que nunca, lejos queda ese sabio dicho de “fíate de la Virgen y no corras”. Y es que, (esta idea merecería más espacio y quizá alguna vez se lo dedique) me da la impresión de que en estos tiempos recientes la frontera entre realidad y ficción se está borrando a una velocidad alarmante. La demostración más cruda la proporcionan las páginas de Internet que recogen autofotos que se hicieron algunos creyentes en sus posibilidades de burlar los límites, segundos antes de morir[2].

Curiosamente, la gente que vivía en siglos anteriores, a la que estos miran con condescendencia como unos pobrecillos que nacieron “en la época equivocada”, sí tenía claros los códigos de lectura. Si leían una crónica en la que se decía que los cristianos habían matado a trescientos mil moros sin sufrir baja alguna gracias a la intercesión del apóstol Santiago, ya entendían que la batalla se ganó porque los cristianos tuvieron el viento a favor y mientras las flechas del enemigo se perdían en el trayecto, las propias contaban con un impulso suplementario.

Nunca como ahora

Pero pese a tanta inyección de moral somos pesimistas, ese es el diagnóstico. Los que trabajan por nuestro bien se han dado cuenta. La gente refunfuña de todo, se queja, no está contenta. Le ha dado por decir que la corrupción, la mentira y el despilfarro lo invaden todo, desde la Universidad Rey Juan Carlos hasta la familia del propio rey Juan Carlos. Hasta el Papa está asustado con lo que ve en su propia casa... Miremos donde miremos, no vemos más que escenarios deprimentes y Trump solo es la imagen que condensa el malestar pero los expertos, que no son tontos, saben que antes de la llegada del hombre de la mofeta en la cabeza también andábamos cabizbajos y renqueantes. Por tanto, descartan la salida fácil, que sería decir odiad a Trump, que es el causante de todos los males, pues saben que tendría corta vida.

Así que últimamente les ha dado por glosar lo bien que vivimos, visto en perspectiva. Que si el hambre y la pobreza han retrocedido, que si avanza la alfabetización, que si nunca ha habido menos violencia, como recordaba hace poco un tonto egregio[3]. Parece que siguen un guión escrito por otros, y bien pudiera ser[4]... En cualquier caso, la idea a retener es que nunca se ha vivido mejor que ahora, la Humanidad jamás ha estado mejor. Y por uno de esos azares del destino, descubro que no hacen sino reproducir un argumento que ya se usaba en Inglaterra cinco años atrás, pues según decía el número de navidad de 2012 de la revista The Spectator: “Puede que no se perciba así, pero 2012 ha sido el año más extraordinario en la historia mundial. Puede parecer una afirmación extravagante, pero los datos la corroboran. Nunca ha habido menos hambre, menos enfermedad ni más prosperidad. Occidente sigue en su bache económico, pero casi todos los países en vías de desarrollo progresan rápidamente, y la gente sale de la pobreza a un ritmo como nunca se recuerda. Las víctimas mortales de la guerra y de los desastres naturales felizmente también han sido bajas. Vivimos en una edad de oro”[5].



En fin, tanto Gibraltar español y siguen mirándose en el espejo británico como palurdos que salen de casa por primera vez. Hasta Rajoy dijo que quería hacer de RTVE una cadena como la BBC que, por cierto, tampoco es ya una cosa extraordinaria. Algunas alcaldías están contratando asesores dotados de poderes mágicos para conseguir que las compañías radicadas en Londres se trasladen por arte de birlibirloque a su ciudad, sin dudar de que conseguirán tan dudoso objetivo. ¡Qué demonios, es la ley del 90/10!
Está claro, el que no se consuela es porque no quiere, en los países donde una parte importante de la población ha pasado de ganar un dólar diario a un dólar y medio ha aumentado su poder adquisitivo en un cincuenta por ciento, lo que es un considerable avance de la distribución de la riqueza que redunda en un enorme beneficio para la Humanidad en su conjunto.
Puede ser que haya elegido muy mal a la gente con la que me relaciono, pero diría que el noventa y cinco por ciento de ellos[6] están dispuestos a declarar que vivían mejor hace diez o quince años...





[1] Un tipo que tuvo la osadía de atribuir a Quevedo una frase de Antonio Machado (“solo el necio confunde valor y precio”). Fue muy divertido, una pequeña satisfacción después de asistir a semejante tabarra. Cuando le hice notar que se había equivocado de autor, me respondió citando al Quevedo de los chistes: Sí, sí, Quevedo, el de “entre el clavel y la rosa, su majestad escoja”. Después me sopló un colega que mientras este la pifiaba, su compañero buscaba la cita en el portátil y le hacía un gesto de “cambia de tema”. Desde luego, nadie está obligado a conocer la obra de Quevedo o la de Machado, pero sí parece buena práctica centrarse en lo que uno conoce...
[2] Son tan deprimentes que no voy a dar referencias, pero encontrarlas es muy sencillo.
[3] El mismo que habla del fin de nuestra civilización cuando hay un atentado. ¿En qué quedamos?
[4] No me gustan las teorías de la conspiración, que pienso que tratan de atribuir un orden, aunque sea “diabólico”, al caos en que vivimos pero por una circunstancia que me involucró casi directamente (un suicidio en la acera de enfrente de donde me encontraba), acabé descubriendo que cuando comenzó la crisis los editores de los principales diarios suscribieron un pacto con el gobierno para no informar sobre suicidios, por miedo a la imitación y por ser una noticia que bajaría la moral colectiva. Sucedió bajo la presidencia de Zapatero pero parece que Rajoy no renegó de esa parte de la herencia.
[5] Citado en Slavoj Žiżek: Problemas en el paraíso. Del fin de la historia al fin del capitalismo, Anagrama, (Barcelona), 2016, p. 27s.
[6] Excluidos los funcionarios de carrera, que quizá no debieran sentirse tan optimistas si contemplasen las barbas rapadas de sus vecinos griegos.

lunes, 20 de febrero de 2017

UNIVERSOS PARALELOS



Cada quien tiene su versión sobre la teoría de los universos paralelos y no sé cuántas se parecerán lo suficiente a la original que, por otra parte, fue ideada por un tipo bien curioso.

La mía es totalmente de andar por casa en el sentido más literal, pues encuentro universos paralelos a distancias que se pueden recorrer a pie. A veces me basta con escuchar las vivencias de gente a la que conocí en un cierto momento para pensar que su vida posterior ha debido transcurrir en un universo diferente al que yo habito. En otras ocasiones ni siquiera necesito haberles conocido antes...
Pensaba en esto el viernes, cuando escuché la tan esperada sentencia del caso Noos.
Por un lado estaba el coro propietario o visitante asiduo de los grandes medios con su letanía de que la justicia es igual para todos, con especial protagonismo de su abogado, Miquel Roca, que estaba levitando, según dijo textualmente. Además ha conseguido que su elevada minuta[1] se la tenga que pagar la acusación particular, lo que queda como advertencia para futuros aventureros. No han faltado detalles rastreros como el de José Antonio Zarzalejos arremetiendo contra el juez Castro por el hecho de haber intentado cumplir con su deber lo mejor posible teniendo que luchar en solitario contra la Agencia Tributaria, la Abogacía del Estado o la propia Fiscalía en todas sus ramas. Están exultantes y no termina de entenderse muy bien por qué, ya había dicho Rajoy en su momento que consideraba que la infanta[2] era inocente y la lucidez y visión de futuro de don Mariano deberían haber bastado para tranquilizarles.
Al otro lado estaban los que consideran la sentencia un tongo, un amaño, un pasteleo, un paripé... y que por supuesto, como los del bando infantesco, ya sabían en su fuero interno, externo y mediopensionista que las cosas no iban a ser de otro modo y que ver a una infanta sentada en el banquillo contestando como un muñeco animado por José Luis Moreno en su peor día era lo máximo a lo que podían aspirar. A diferencia de las licencias que se toman los respetadores de las sentencias judiciales siempre que digan lo que ellos piensan, estos han sido muy moderados en sus apreciaciones. Un ejemplo de puro guante blanco, nada de zarzalejear atacando a las juezas que firman la sentencia. Pese a que las porras de Twitter, fácilmente consultables, apostaban de forma casi unánime por la absolución de la infanta ― lo que nadie en su sano juicio pensaba que podía ser de otra manera ―, a Urdangarín le calculaban una media de ocho años, obviamente dejándose llevar por la cabeza y no por el corazón. Ni siquiera se ha cumplido esa idea de que Urdangarín pagase por los pecados de ambos. Ni siquiera ha caído la pedrea, los más optimistas podrán tomarlo como un reintegro y el resto, ni eso.
Sin embargo, en mi universo particular está muy extendida la idea de que somos mayoría los que pensamos que encima de putas, pagamos la cama. Pero yo vivo en un mundo muy extraño, en el que la gente es estimada por lo que vale y en el que no cuentan la cuna, las amistades, los negocios comunes o los secretos compartidos. No hace falta decirlo, es un universo muy pequeño.



[1] Ciento cincuenta mil del ala, según se ha dicho. Este no es un mundo de caballeros, aquí no se hacen favores, todo se cobra al contado y en buena moneda, como corresponde a los hombres de negocios. Roca y el antiguo Rey que aún es Rey se entienden sin necesidad de hablar...
[2] Aquí me asalta una duda ortográfica: ¿debo escribir infanta o Infanta? He decidido interpretar por mi cuenta y riesgo los deseos del rey Felipe (y quizá de la reina Letizia) que le pidió que renunciase a sus derechos dinásticos. Sin estar en la línea de sucesión al trono ni se es Infanta ni se es nada, al menos en mi universo...

martes, 31 de enero de 2017

UN FARSANTE Y UNA MOMIA

Se llama Santiago Íñiguez, es presidente de la IE University y decano de la IE Business School y el entrevistador le presenta como “uno de los españoles más reconocidos en el ámbito de la formación empresarial”.
La primera pregunta que se me ocurre es ¿para qué necesita formarse un empresario? Que se miren en el espejo de Trump. Cuanto más ignorante, zafio, despiadado y lleno de prejuicios, mejor te irá en el mundo de los negocios. Por usar una frase que gusta mucho en ese ámbito, conseguirás todo lo que te propongas.
En respuesta a una pregunta dice que “La tecnología está sustituyendo la actividad de carácter manual y rutinaria, y eso hay que agradecerlo, porque sustituye tareas poco enriquecedoras y poco satisfactorias, pero también está generando múltiples empleos que no existían anteriormente, en el terreno de la gestión del entorno digital, del análisis del ‘big data’ o de la gestión global. Hay muchas nuevas funciones que surgen por el desarrollo de la tecnología”.
Es curioso cómo cambian las cosas... El trabajo manual siempre fue el símbolo del trabajo, ― “con sus propias manos”, se decía en tono de admiración ―, y hoy es una peste de la que hay que huir. Por otra parte, quizá sea yo muy raro pero prefiero un trabajo rutinario a uno “creativo”. Mis neuronas se resienten y prefiero aplicarlas, por ejemplo, a escribir estas divagaciones que a hacer rico a uno que no me lo va a agradecer y que en cuanto pueda prescindir de mí, me dará la patada en el culo sin mayor solemnidad. Trabajo porque soy tan exquisito que necesito un techo para guarecerme debajo cuando hace frío o llueve y porque no me fían en el supermercado, que si no, iba a trabajar la madre del topo[1]. Me sobran oportunidades satisfactorias y enriquecedoras. De mi educación cristiana recuerdo que el trabajo es una maldición divina y con los años aprendí que la palabra procede de “tripalium”, que era un instrumento de tortura.
Pero la cuestión no es cuáles son mis preferencias. Lo importante aquí es que el orden funcionaba sobre un contrato social: tendrás que trabajar y, a cambio, recibirás un salario que te permitirá mantenerte y darte algún capricho. Así es como funcionaba el invento y lo habíamos interiorizado de tal manera que nos parecía normal dedicar un tercio de tu vida a velar por los intereses de otro que te lo agradecerá siempre por debajo del valor de lo que produces porque si no, no habría ganancia. Pero aquello que nos contaron ya no sirve. El trabajo será un bien escaso por el que habrá que pelear y, una vez obtenido, dar gracias por pertenecer a la categoría de los explotados en lugar de a la de los excluidos[2].
En cuanto a lo del ‘big data’ y demás, veremos que las convicciones son muy firmes pero, según cómo, pueden serlo un poco menos. Parece que aún hay cierto margen...
Y sigue: “Por otro lado, tenemos datos de la UE y EEUU que demuestran el auge del trabajo por cuenta propia, de ‘freelance’ y autónomos. En España el entorno de los autónomos ha sido considerado como marginal desde el punto de vista del interés político, y hay que tomárselo en serio y promoverlo, ya que es algo genuinamente emprendedor. En EEUU, en 2020, una cuarta parte de la población laboral será de trabajadores autónomos. De modo que las grandes corporaciones tendrán menos trabajadores en términos absolutos.
Un momento, se le olvida Cuba, donde han creado una nueva palabra: “cuentapropista”. La cuestión es que, en Cuba, como en el “mundo libre”, no hay otra opción. Ese auge del trabajo por cuenta propia no es una decisión voluntaria de gente que ha decidido ser emprendedora. O bien son falsos autónomos o son los que han sido despedidos y se han quedado al margen y no tienen otra salida  que venderse lo mejor que sepan o puedan.
Y el tipo continúa: “Sin embargo, soy optimista y estoy seguro de que se van a generar nuevas oportunidades, nuevas habilidades y nuevos conocimientos. El reto no es cómo buscar compensaciones económicas para trabajadores cuyo contenido se queda obsoleto sino cómo formar al nuevo perfil de talento para identificar esas nuevas oportunidades. Hay que tomar como referencia la formación continuada”.
Aquí hay un salto mental bastante grande que confieso que me resulta imposible dar. Hablando su jerga estúpida se podría llegar a pensar en el contenido de un trabajo pero ¿el contenido de un trabajador? ¿qué demonios es eso?. Pero queda clara una cosa: no habrá renta básica, subsidio de desempleo indefinido ni ningún otro tipo de compensaciones económicas. Será la ley de la selva. Los fuertes, los talentosos que identifiquen las nuevas oportunidades, sobrevivirán. Los demás, se siente... Y aquí el propagandista se muestra más papista que el Papa, porque sus amos en la cumbre de  Davos  ya se han estado planteando la cuestión de la renta básica universal[3]. Es pura lógica. Si el motor es el consumo, ¿quién echará fuego a la caldera? Claro que en ese Foro Económico Mundial de Davos el mayor defensor del libre comercio fue el delegado del Partido Comunista Chino...
El entrevistador le dice que “El directivo también puede ser reemplazado por los programas informáticos, no solo los trabajadores manuales”.
Respuesta: “Valoro mucho la aportación del ‘big data’ y de los algoritmos a la hora de tomar decisiones, pero el ‘big data’ no es la nueva religión y tampoco el oráculo que va a determinar qué decisión tomar ante dilemas serios. Quizá en Uber un algoritmo pueda coordinar la asignación de servicios, o que el pilotaje de avión se haga por ordenador, pero nadie tomaría una decisión clave en una empresa, ni dejaría una decisión judicial importante, como la del Tribunal Supremo o la de un Tribunal Superior de Justicia en manos de robots o algoritmos. Ya hay algoritmos que están en consejos de administración, pero nadie nombraría presidente del consejo a un algoritmo. Hay estudios que aseguran que los trabajos rutinarios sí serán sustituidos, pero todos los que tengan que ver con una dimensión cualitativa o relacional necesariamente pasarán por la actividad humana”.
Pronto me ocuparé del tema, pero precisamente hace pocos días el Tribunal Supremo ha dictado sentencia diciendo que la intención es irrelevante, que lo que cuenta es la literalidad del mensaje, así que nadie mejor que una máquina para interpretar literalmente.
“Nadie nombraría presidente del consejo a un algoritmo”. ¿Por qué no? Es como cuando dicen que la globalización es irreversible (que este también lo dice, por cierto). La Historia está llena de ejemplos irreversibles a los que se dio vuelta sin mayor problema.  Si cuando hablan de destruir empleos utilizan el eufemismo “reducción de costes laborales”, sin duda los mayores costes laborales son los de los consejos de administración. Ese es un dato objetivo, (solo por hablar como ellos, yo diría que todos los datos son objetivos). ¿No sería, pues, un gran ahorro?
Los trabajos “insustituibles”, aquellos que tienen que ver con “una dimensión cualitativa o relacional”, es decir, los que no se juzgan con cualidades objetivas, son precisamente aquellos que llevan a la ruina a las empresas. Son los de los que sientan en el consejo de administración de una compañía eléctrica a un Ángel Acebes que mintió a conciencia siendo Ministro de Interior cuando los atentados del 11 ― M y de allí fue a Bankia. Ningún algoritmo recomendaría la contratación de Ángel Acebes, ni aún el más simple. No hace mucho leía que Google y otras grandes compañías de la rama informática están incorporando unos “botones” para apagar los programas por si les da por pensar demasiado...
 “Hay estudios que aseguran”... esta frase es equivalente al “Anunciado en TV” que acompañaba a  algunos productos hace años. Cuando se cuenta con un estudio serio y riguroso, a nadie le importa citarlo, para que todos podamos juzgar su exactitud.



Le presentan como “sin lugar a dudas, el gran historiador catalán vivo”, pero seguramente es porque nació en 1931. También le suelen presentar como “maestro de historiadores” pero supongo que será porque dio clase en la universidad durante muchos años. Josep Fontana militó en el PSUC, la sucursal catalana del PCE nacida para ahogar la revolución anarquista del 36, pero últimamente se ha pasado al catalanismo más vociferante. El periodista dice:
“Hay quien habla directamente del fin del trabajo, porque el sistema ya no podrá ofrecer suficiente ocupación”.
Respuesta: “(...) esto son sandeces. La transformación del trabajo se ha producido siempre. Refiriéndose a los robots, por ejemplo, un economista norteamericano decía que el problema será saber de quién son los robots, a quienes beneficiarán. Es una tontería decir que la desaparición de trabajos mecánicos en la industria puede significar el fin del trabajo. Teóricamente, en una sociedad muy organizada, hay un sector en el cual las capacidades de absorción son ilimitadas. Es el sector servicios. Justamente, una de las enormes diferencias en la respuesta a la crisis de China y de los países occidentales es que la política del estado chino ha sido, en buena medida, la de absorber en el sector servicios buena parte de la gente que se quedaba sin oficio al desaparecer empresas que no eran rentables y que había que suprimir. Es evidente que la robotización puede hacer que se pierdan muchos puestos de trabajo, pero si los robots producen más beneficio, estos beneficios se tendrían que traducir en más impuestos, que permitan dar ocupación a más gente dedicada a servicios sociales. Si algo sabemos que falta en este país son médicos y enfermeros en los hospitales, en cantidad, y aquí no hay ningún robot que los pueda sustituir. Esto del fin del trabajo es una barbaridad. En todo caso, sería la de determinados tipos de trabajo”.
Resulta un poco difícil buscar luz en este batiburrillo conceptual. Por supuesto, lo del impuesto a los robots recuerda mucho a lo de la “Tasa Tobin” con la que tanto nos dieron la paliza a principios de siglo. La idea era imponer una tasa que gravaría las transacciones especulativas. Quedó en  nada, claro. ¿Por qué habrían de pagarla si lo hacen para ahorrar dinero? ¿Por la fuerza de la razón? Por otro lado, ¿está poniendo a China como ejemplo de planificación? Mira, ahí coincide con Mariano Rajoy que alababa su crecimiento al 7% que ya está al seis y pico. ¿Este alaba qué? ¿su organización? ¿su justicia social? ¿su eficiencia? Por no entrar en la cuestión de que, por supuesto, no hay ningún sector donde las capacidades de absorción sean ilimitadas, eso no hay ni que explicarlo.
Resurgen sus viejos fantasmas... Cuando se lee el Manifiesto comunista de Marx y Engels lo primero que llama la atención es que es una defensa cerrada de la eficiencia del capitalismo, al que solo critican por sus aspectos morales. Fontana se ha quedado anclado en esa época y el único capitalismo que se corresponde con el que describían los dos barbudos es el de la China actual. Por otro lado, como alto funcionario que fue, solo entiende que el estado sea quien lo arregle todo, como le ingresaba e ingresa milagrosamente su sustanciosa paga anual. En esto  se parece a Colau, que también da por sentada la inyección de fondos públicos desde su experiencia laboral en ONGs (y aquí la N parece una broma). Y sin embargo, el estado no arregla nada. Él dice que es evidente que faltan médicos y enfermeros y la realidad es que sobran. Cientos de ellos salen cada año con un contrato bajo el brazo hacia lugares donde se les aprecia más. 

Convertido al catalanismo más extremo, en el 2014 Josep Fontana perpetró un bodrio titulado La formació de la identitat. Una história de Catalunya. En El Periódico, (22/10/14) le preguntaban: “¿No habrá traducción?
― He dicho que no. Quería explicar cosas a gente que tiene la misma cultura, que ha tenido las mismas experiencias, que se ha encontrado con los mismos problemas y con la que tenemos una visión del mundo compartida, que es lo que acaba fabricando toda esa identidad.
Cualquiera diría que si se han de dar todas esas condiciones es que en realidad no explica nada[4]. Pero el periodista insiste:
― ¿Se rinde? ¿No hay nada a hacer?
― No es eso solo. He escrito este libro pensando en lectores catalanes. Si he de hacer los mismos razonamientos a lectores castellanos, lo tendría que reescribir completamente. Y no sé si vale la pena el esfuerzo.
En fin, ¿qué decir? Los castellanos somos tan subnormales que el amigo Fontana debería reescribir en clave de mi ma ― má me mi ― ma, yo a ― mo a mi ma ― má los razonamientos que los catalanistas cogen al vuelo. Normal que dude ante tan ciclópea tarea...
No sé si debido a su pasado criptocomunista o a su presente de converso al catalanismo más extremo, Fontana figuraba el último en la lista de Ada Colau al Ayuntamiento de Barcelona[5].



[1] Es decir, topota madre.
[2] Y mientras tanto, el anarquismo organizado lleva meses inmerso en un debate sobre el “sindicalismo revolucionario”. Es triste comprobar que las fuerzas que se supone que quieren el cambio sigan analizando el mundo con conceptos decimonónicos.
[3] Héctor G. Barnés: “Lo único que pone de acuerdo a las élites y a Podemos: la renta básica universal”, El Confidencial, 23/01/17.
[4] Aunque quién sabe lo que quería decir el viejo... Es evidente que la entrevista está horriblemente traducida del catalán, basta ver ese doloroso ¿No hay nada a hacer? Lo digo porque en catalán suele utilizarse el verbo explicar como sinónimo de contar. En catalán los chistes no se cuentan, se explican.
[5] Para quien quiera leerlos enteros, Esteban Hernández: “Cómo está afectando a los directivos la llegada del populismo”, El Confidencial, 22/01/17 y Carles Bellsolà: “Josep Fontana: El sistema, tal como funcionaba, ya no convence a la gente”, Público, 21/12/16.