martes, 28 de marzo de 2017

TERRORISTAS SIN TERRORISMO


El pasado día ocho leí que Juan Manuel Bustamante, Nahuel, ha salido en libertad provisional después de dieciséis meses en prisión preventiva, tras haber pasado por cinco cárceles internado en las condiciones más estrictas. Nahuel fue detenido en una de tantas brillantes operaciones que las diversas policías del territorio desarrollan contra el sanguinario terrorismo anarquista. Lo sorprendente en este caso es que no he leído la noticia en medios marginales, de esos que solo tienen un lugar disuelto entre el fango de Internet para publicitarse, sino en el mismísimo diario El País. La información la firma Íñigo Domínguez, que ya se había ocupado del caso en diciembre pasado. No seré yo quien le eche en cara los trece meses que tardó en enterarse del asunto porque el artículo es valiente, y más teniendo en cuenta dónde lo ha publicado[1].
Vayamos a la cuestión. El 5 de noviembre de 2015 el Cuerpo Nacional de Policía informaba sobre la “Operación Ice”, el arresto en Madrid de seis jóvenes que formaban parte del grupo terrorista anarquista Straight Edge (SXE por sus siglas) que, además, está formado por vegetarianos estrictos que rechazan las drogas y el alcohol[2]. El delito que se les imputaba era la quema de dos sucursales bancarias en 2013 y 2015.
¿Las pruebas?
El hecho de que apareciera en el lugar una pintada del grupo dos semanas antes, que colgaran en las redes sociales fotos de bancos con llamamientos a sabotearlos y que uno de los detenidos viva cerca de allí. A ello se suma que su ideología, sus proclamas en Twitter y Facebook contra la autoridad y los bancos, así como varios vídeos que publicaron en YouTube, pretenden “subvertir el orden constitucional”.
El material para explosivos hallado en los registros se compone de botes de humo, bengalas y petardos, “productos industriales de libre comercialización”, según concluye el informe policial. Si bien señala que la pólvora que contiene, “confinada en el recipiente adecuado tiene comportamiento explosivo” en un artefacto de fabricación casera[3]. ¿El problema? Aparte del hecho obvio de que lo que tienen y nada, pariente del Tío Ninguno, está el pequeño escollo de que en los delitos de los que se les acusa no se utilizaron explosivos.
Pero aún hay mucho más, y de bastante enjundia: Las sustancias confiscadas resultaron ser de cocina y limpieza, y “no son idóneas por sí solas para la elaboración de artefactos explosivos o incendiarios”, aunque los peritos señalan que podrían ser manipuladas para fabricar “bombas de humo”.(...) En un bote que contenía un líquido extraño ponía que era lombarda. El análisis concluyó lo siguiente: “Tras su estudio se desprende que se trata de un preparado de naturaleza acuosa, que por sus propiedades organolépticas y por su comportamiento frente a las variaciones del Ph podría ser un caldo de cocción de col lombarda”. Ahí queda eso. Difícil de superar...
Y aquí entramos en lo mejor, el formidable poder de razonamiento que destilan los informes policiales. Por ejemplo, lo que dicen sobre un botellín de cerveza vacío en el domicilio de uno de los arrestados: No tendría mayor relevancia de no ser por el hecho de que el colectivo se caracteriza por su rechazo al alcohol y las drogas, por lo que cabe pensar que el objetivo de tener ese botellín es con el único fin de realizar cócteles molotov. Irrefutable. Yo, que no soy abstemio, he usado botellas y botellines vacíos para poner flores, medir líquidos, envasar gazpachos o cremas o amasar empanadas[4], pero un abstemio solo puede usar para esos fines envases de agua mineral, zumos, infusiones o refrescos.
También el hecho de que este detenido guardara una caja de madera y una de metal con símbolos del grupo “lleva a pensar que es el encargado de la financiación de la organización”. Hay que ser tonto, de haber tenido una caja con el logotipo de Zara podía haber comparecido con esa prueba ante un tribunal y ahora sería dueño de la empresa de Amancio Ortega. Si es que no piensan... y una inapelable: Entre las pintadas atribuidas al grupo en los alrededores del banco atacado había también algunas de carácter feminista, induciendo a pensar que entre los autores se encuentra al menos una mujer.
En fin, el primer impulso es el de comparar sus capacidades deductivas con las de Sherlock Holmes y sería profundamente injusto. Más acertado sería equipararles a Augustus S. F. X. Van Dusen, conocido como “La Máquina de Pensar”, al que bastó que le explicasen las reglas del juego del ajedrez para derrotar al campeón mundial en su primera partida[5].
Lo cierto es que en esta extraña sociedad nuestra, para vender una mercancía ― por muy averiada que esté ―, solo se necesita encontrar un comprador y la jueza Lamela compró la historia entera. Lamela se ocupa también de otro caso de terrorismo posmoderno, el de la paliza a los guardias civiles de Alsasua[6].
Se dice que una imagen vale más que mil palabras. ¿Qué tal esa de hace poco más de un año, cuando los policías incautaban como prueba un cuchillo para acusar a los titiriteros? No tiene mucha importancia, porque lo que cuenta es la intención, pero el cuchillo lo empuñaba uno de los títeres y era de madera...
Intentaré ocuparme de la teoría sobre el terrorismo en fechas no lejanas porque tengo mucho leído y escrito, pero baste decir ahora que una de las dos condiciones necesarias para la existencia de terrorismo en la época en que imperaba el uso de la razón era la desproporción entre los fines planteados y los medios de que se disponía para conseguirlos. Raymond Aron lo sintetiza magníficamente: “Acciones violentas cuyos efectos psicológicos no guardan proporción con su resultado puramente físico”[7]. ¿Cómo casa esto con unas acciones que no recibieron atención en ninguno de los medios principales, aunque hubieran sido cometidas por el grupo al que se acusa? En el peor de los casos deberían ser legalmente equivalentes al delito cometido por quien quema el coche del vecino con el que mantiene una disputa.
Es una perversión del razonamiento que explica muy claramente el abogado Eduardo Gómez Cuadrado: “Se introduce también de esta manera, sin tapujos, el denominado “derecho penal del enemigo”, por el cual se sanciona no tanto por el hecho cometido sino por la condición del que lo comete. Así, se puede dar la circunstancia de que el incendio de una sucursal bancaria sea considerado terrorismo solo si lo comete, por ejemplo, un anarquista, pero no si lo lleva a cabo un jubilado afectado por la venta de preferentes”[8]. Como en la guerra, una vez identificado el enemigo no hace falta esperar a que te dispare para tener la excusa de la legítima defensa. Disparas tú primero por si acaso, sabiendo que nadie te va a decir nada porque es el enemigo. Los “demócratas” presumían de que todas las ideas se podían defender si no se usaba la violencia, pero habrá que poner la frase al día para incluir en ella la posesión de un bote de caldo de cocción de col lombarda.
Lo sorprendente es que después de mantener dieciséis meses en la cárcel al malvado Nahuel, la jueza Carmen Lamela ordena su puesta en libertad provisional. La madre de otro detenido declaraba no entender nada: La resolución no responde a ninguna petición previa: la misma magistrada que lo ha mantenido tantos meses alegando falta de arraigo, ahora dice lo contrario. Nos ha sorprendido. No sé si se ha dado cuenta de lo desproporcionado de la medida o del agravio comparativo después de dos semanas viendo cómo dejan en libertad sin fianza a Urdangarín, Rato, Blesa y compañía.
No, hombre, no. ¿Cómo va a ser por eso? Un detenido en régimen FIES no obtiene la libertad de la noche a la mañana por una razón tan frívola. Será que habrá recibido informes de peritos que certifican que hay abstemios que utilizan botellines de cerveza para crear hermosos jardines japoneses o que la col lombarda solo produce meteorismo si se ingiere[9].




[1] Es una gran suerte que Íñigo Domínguez no necesite presentar el certificado de buena conducta para hablar de terrorismo. A diferencia de tantos de sus colegas que se hicieron expertos en ETA sin salir de Madrid ― esos que pronunciaban jaika y seji cuando leían Haika y Segi ―, Domínguez fue periodista en el País Vasco cuando los periodistas eran objetivo prioritario de ETA. Cuenta sus vivencias en un artículo muy recomendable: “Viviendo con los etarras”, publicado en Jot Down en setiembre pasado y disponible en Internet.
[2] Esto no es ninguna novedad. Figuras míticas del anarquismo eran abstemios y no fumadores porque consideraban que semejantes adicciones eran cortapisas a la libertad. Simultáneamente, otras corrientes anarquistas (sobre todo las ligadas a tendencias artísticas) han impulsado el uso de sustancias como estimulantes de la conciencia más allá de las reglas que nos encierran. Ambas interpretaciones coexisten desde que el anarquismo empezó a tomar forma.
[3] De esto deberían tomar nota los cazadores. Que jamás se les ocurra mirar mal a un policía...
[4] Y debo decir que sustituyen con gran ventaja al clásico rodillo de madera. En este caso deben ser “litronas” o de vino. Son preferibles las últimas por su cuello más largo y regular, que permite un agarre más cómodo.
[5] También ha sido traducido como La Máquina Pensante (el original es The Thinking Machine). Como curiosidad, su autor, Jacques Futrelle, fue una de las víctimas del Titanic.
[6] ¿Casualidad? No conozco los detalles del caso pero tengo leído que algunas veces se elige la fecha de presentación de la denuncia de acuerdo con el calendario de guardias de los jueces de la Audiencia Nacional. Otra curiosidad: una de las personas que más hizo porque se incorporase el neologismo jueza fue Manuela Carmena, cuando ejercía como tal.
[7] Para quien no le conozca, Raymond Aron era un hombre muy de derechas, pero también inteligente y culto.
[8] Y que conste que su artículo no está inspirado por este caso concreto, pero la maniobra es tan burda y ha sido tan explotada que todo el que es consciente de hasta qué límites hemos retrocedido en la cuestión de la libertad individual acaba pensando siempre en estos ejemplos tan zafios.
[9] Los artículos mencionados aparecen por orden de cita. Íñigo Domínguez: “Cómo se monta un nuevo “grupo terrorista””, El País, 18/12/16 (Recomiendo su lectura porque he tenido que dejar fuera muchas cuestiones interesantes por falta de espacio, aunque de alguna me ocuparé pronto), Eduardo Gómez Cuadrado: “El Golem antiterrorista”, CTXT, 16/01/17 e Íñigo Domínguez: “La juez deja libre al anarquista vegano acusado de terrorismo”, El País, 08/03/17 (El primer título fue ligeramente distinto: “En libertad el anarquista vegano acusado de terrorismo”). Más recientemente el asunto ha conseguido espacio en otro medio muy poco sospechoso de connivencia con el terrorismo: Juan Soto Ivars: “Quemad a ese anarquista, ¡es una bruja!” El Confidencial, 22/03/17.

lunes, 27 de febrero de 2017

VIEJAS IDEAS NUEVAS

Si quieres, puedes

El año pasado asistí a un cursillo de esos a los que tenemos que asistir de vez en cuando los que trabajamos para otros o los que no tienen plaza fija en alguna de las múltiples administraciones, por aquello de la importancia de la formación continua, que viene a ser una especie de ITV que sufrimos con resignación. El conferenciante[1] nos ilustró sobre la reciente teoría del 90/10. Este nuevo hallazgo se resume en que cuando tú te propones algún objetivo, tan solo el diez por ciento son condiciones que escapan a tu control, el otro noventa por ciento depende de ti. Y esta casilla se puede llenar con toda la basura optimista que se nos ocurra: afán de superación, constancia, desprecio al fracaso, creencia en las propias posibilidades... Vamos, el viejísimo “si quieres, puedes”. Sin embargo, es tan evidente que por mucho que yo me esfuerce jamás podré correr los cien metros lisos por debajo de los diez segundos o que tampoco podré levantar una pesa de ciento cincuenta kilos...

Por supuesto, lo interesante de esta frase no es su afirmación radiante y luminosa de la creencia en uno mismo sino su negación. Si no has podido, es porque no has querido lo suficiente, es decir, una vez más, la culpa es tuya. Sí, no hay que decirlo, la idea no tiene nada de nuevo. Los que venimos de una herencia judeocristiana sabemos que ya hemos nacido con un pecado, por lo que pueda pasar. Por eso hay que montar catarsis públicas como la del fin de semana pasado aquí donde yo vivo, donde ciento sesenta mil o medio millón (¿qué importa la exactitud ante semejante gesto?) salieron a proclamar que ellos son buenos aunque los gobernantes sean malos.
Lo he escrito más arriba, lo de que no hay límites es una idea más vieja que el mundo. De ella dan testimonio los relatos de milagros y héroes y los libros de magia. Sin embargo parece que ahora tiene más éxito que nunca, lejos queda ese sabio dicho de “fíate de la Virgen y no corras”. Y es que, (esta idea merecería más espacio y quizá alguna vez se lo dedique) me da la impresión de que en estos tiempos recientes la frontera entre realidad y ficción se está borrando a una velocidad alarmante. La demostración más cruda la proporcionan las páginas de Internet que recogen autofotos que se hicieron algunos creyentes en sus posibilidades de burlar los límites, segundos antes de morir[2].

Curiosamente, la gente que vivía en siglos anteriores, a la que estos miran con condescendencia como unos pobrecillos que nacieron “en la época equivocada”, sí tenía claros los códigos de lectura. Si leían una crónica en la que se decía que los cristianos habían matado a trescientos mil moros sin sufrir baja alguna gracias a la intercesión del apóstol Santiago, ya entendían que la batalla se ganó porque los cristianos tuvieron el viento a favor y mientras las flechas del enemigo se perdían en el trayecto, las propias contaban con un impulso suplementario.

Nunca como ahora

Pero pese a tanta inyección de moral somos pesimistas, ese es el diagnóstico. Los que trabajan por nuestro bien se han dado cuenta. La gente refunfuña de todo, se queja, no está contenta. Le ha dado por decir que la corrupción, la mentira y el despilfarro lo invaden todo, desde la Universidad Rey Juan Carlos hasta la familia del propio rey Juan Carlos. Hasta el Papa está asustado con lo que ve en su propia casa... Miremos donde miremos, no vemos más que escenarios deprimentes y Trump solo es la imagen que condensa el malestar pero los expertos, que no son tontos, saben que antes de la llegada del hombre de la mofeta en la cabeza también andábamos cabizbajos y renqueantes. Por tanto, descartan la salida fácil, que sería decir odiad a Trump, que es el causante de todos los males, pues saben que tendría corta vida.

Así que últimamente les ha dado por glosar lo bien que vivimos, visto en perspectiva. Que si el hambre y la pobreza han retrocedido, que si avanza la alfabetización, que si nunca ha habido menos violencia, como recordaba hace poco un tonto egregio[3]. Parece que siguen un guión escrito por otros, y bien pudiera ser[4]... En cualquier caso, la idea a retener es que nunca se ha vivido mejor que ahora, la Humanidad jamás ha estado mejor. Y por uno de esos azares del destino, descubro que no hacen sino reproducir un argumento que ya se usaba en Inglaterra cinco años atrás, pues según decía el número de navidad de 2012 de la revista The Spectator: “Puede que no se perciba así, pero 2012 ha sido el año más extraordinario en la historia mundial. Puede parecer una afirmación extravagante, pero los datos la corroboran. Nunca ha habido menos hambre, menos enfermedad ni más prosperidad. Occidente sigue en su bache económico, pero casi todos los países en vías de desarrollo progresan rápidamente, y la gente sale de la pobreza a un ritmo como nunca se recuerda. Las víctimas mortales de la guerra y de los desastres naturales felizmente también han sido bajas. Vivimos en una edad de oro”[5].



En fin, tanto Gibraltar español y siguen mirándose en el espejo británico como palurdos que salen de casa por primera vez. Hasta Rajoy dijo que quería hacer de RTVE una cadena como la BBC que, por cierto, tampoco es ya una cosa extraordinaria. Algunas alcaldías están contratando asesores dotados de poderes mágicos para conseguir que las compañías radicadas en Londres se trasladen por arte de birlibirloque a su ciudad, sin dudar de que conseguirán tan dudoso objetivo. ¡Qué demonios, es la ley del 90/10!
Está claro, el que no se consuela es porque no quiere, en los países donde una parte importante de la población ha pasado de ganar un dólar diario a un dólar y medio ha aumentado su poder adquisitivo en un cincuenta por ciento, lo que es un considerable avance de la distribución de la riqueza que redunda en un enorme beneficio para la Humanidad en su conjunto.
Puede ser que haya elegido muy mal a la gente con la que me relaciono, pero diría que el noventa y cinco por ciento de ellos[6] están dispuestos a declarar que vivían mejor hace diez o quince años...





[1] Un tipo que tuvo la osadía de atribuir a Quevedo una frase de Antonio Machado (“solo el necio confunde valor y precio”). Fue muy divertido, una pequeña satisfacción después de asistir a semejante tabarra. Cuando le hice notar que se había equivocado de autor, me respondió citando al Quevedo de los chistes: Sí, sí, Quevedo, el de “entre el clavel y la rosa, su majestad escoja”. Después me sopló un colega que mientras este la pifiaba, su compañero buscaba la cita en el portátil y le hacía un gesto de “cambia de tema”. Desde luego, nadie está obligado a conocer la obra de Quevedo o la de Machado, pero sí parece buena práctica centrarse en lo que uno conoce...
[2] Son tan deprimentes que no voy a dar referencias, pero encontrarlas es muy sencillo.
[3] El mismo que habla del fin de nuestra civilización cuando hay un atentado. ¿En qué quedamos?
[4] No me gustan las teorías de la conspiración, que pienso que tratan de atribuir un orden, aunque sea “diabólico”, al caos en que vivimos pero por una circunstancia que me involucró casi directamente (un suicidio en la acera de enfrente de donde me encontraba), acabé descubriendo que cuando comenzó la crisis los editores de los principales diarios suscribieron un pacto con el gobierno para no informar sobre suicidios, por miedo a la imitación y por ser una noticia que bajaría la moral colectiva. Sucedió bajo la presidencia de Zapatero pero parece que Rajoy no renegó de esa parte de la herencia.
[5] Citado en Slavoj Žiżek: Problemas en el paraíso. Del fin de la historia al fin del capitalismo, Anagrama, (Barcelona), 2016, p. 27s.
[6] Excluidos los funcionarios de carrera, que quizá no debieran sentirse tan optimistas si contemplasen las barbas rapadas de sus vecinos griegos.

lunes, 20 de febrero de 2017

UNIVERSOS PARALELOS



Cada quien tiene su versión sobre la teoría de los universos paralelos y no sé cuántas se parecerán lo suficiente a la original que, por otra parte, fue ideada por un tipo bien curioso.

La mía es totalmente de andar por casa en el sentido más literal, pues encuentro universos paralelos a distancias que se pueden recorrer a pie. A veces me basta con escuchar las vivencias de gente a la que conocí en un cierto momento para pensar que su vida posterior ha debido transcurrir en un universo diferente al que yo habito. En otras ocasiones ni siquiera necesito haberles conocido antes...
Pensaba en esto el viernes, cuando escuché la tan esperada sentencia del caso Noos.
Por un lado estaba el coro propietario o visitante asiduo de los grandes medios con su letanía de que la justicia es igual para todos, con especial protagonismo de su abogado, Miquel Roca, que estaba levitando, según dijo textualmente. Además ha conseguido que su elevada minuta[1] se la tenga que pagar la acusación particular, lo que queda como advertencia para futuros aventureros. No han faltado detalles rastreros como el de José Antonio Zarzalejos arremetiendo contra el juez Castro por el hecho de haber intentado cumplir con su deber lo mejor posible teniendo que luchar en solitario contra la Agencia Tributaria, la Abogacía del Estado o la propia Fiscalía en todas sus ramas. Están exultantes y no termina de entenderse muy bien por qué, ya había dicho Rajoy en su momento que consideraba que la infanta[2] era inocente y la lucidez y visión de futuro de don Mariano deberían haber bastado para tranquilizarles.
Al otro lado estaban los que consideran la sentencia un tongo, un amaño, un pasteleo, un paripé... y que por supuesto, como los del bando infantesco, ya sabían en su fuero interno, externo y mediopensionista que las cosas no iban a ser de otro modo y que ver a una infanta sentada en el banquillo contestando como un muñeco animado por José Luis Moreno en su peor día era lo máximo a lo que podían aspirar. A diferencia de las licencias que se toman los respetadores de las sentencias judiciales siempre que digan lo que ellos piensan, estos han sido muy moderados en sus apreciaciones. Un ejemplo de puro guante blanco, nada de zarzalejear atacando a las juezas que firman la sentencia. Pese a que las porras de Twitter, fácilmente consultables, apostaban de forma casi unánime por la absolución de la infanta ― lo que nadie en su sano juicio pensaba que podía ser de otra manera ―, a Urdangarín le calculaban una media de ocho años, obviamente dejándose llevar por la cabeza y no por el corazón. Ni siquiera se ha cumplido esa idea de que Urdangarín pagase por los pecados de ambos. Ni siquiera ha caído la pedrea, los más optimistas podrán tomarlo como un reintegro y el resto, ni eso.
Sin embargo, en mi universo particular está muy extendida la idea de que somos mayoría los que pensamos que encima de putas, pagamos la cama. Pero yo vivo en un mundo muy extraño, en el que la gente es estimada por lo que vale y en el que no cuentan la cuna, las amistades, los negocios comunes o los secretos compartidos. No hace falta decirlo, es un universo muy pequeño.



[1] Ciento cincuenta mil del ala, según se ha dicho. Este no es un mundo de caballeros, aquí no se hacen favores, todo se cobra al contado y en buena moneda, como corresponde a los hombres de negocios. Roca y el antiguo Rey que aún es Rey se entienden sin necesidad de hablar...
[2] Aquí me asalta una duda ortográfica: ¿debo escribir infanta o Infanta? He decidido interpretar por mi cuenta y riesgo los deseos del rey Felipe (y quizá de la reina Letizia) que le pidió que renunciase a sus derechos dinásticos. Sin estar en la línea de sucesión al trono ni se es Infanta ni se es nada, al menos en mi universo...

martes, 31 de enero de 2017

UN FARSANTE Y UNA MOMIA

Se llama Santiago Íñiguez, es presidente de la IE University y decano de la IE Business School y el entrevistador le presenta como “uno de los españoles más reconocidos en el ámbito de la formación empresarial”.
La primera pregunta que se me ocurre es ¿para qué necesita formarse un empresario? Que se miren en el espejo de Trump. Cuanto más ignorante, zafio, despiadado y lleno de prejuicios, mejor te irá en el mundo de los negocios. Por usar una frase que gusta mucho en ese ámbito, conseguirás todo lo que te propongas.
En respuesta a una pregunta dice que “La tecnología está sustituyendo la actividad de carácter manual y rutinaria, y eso hay que agradecerlo, porque sustituye tareas poco enriquecedoras y poco satisfactorias, pero también está generando múltiples empleos que no existían anteriormente, en el terreno de la gestión del entorno digital, del análisis del ‘big data’ o de la gestión global. Hay muchas nuevas funciones que surgen por el desarrollo de la tecnología”.
Es curioso cómo cambian las cosas... El trabajo manual siempre fue el símbolo del trabajo, ― “con sus propias manos”, se decía en tono de admiración ―, y hoy es una peste de la que hay que huir. Por otra parte, quizá sea yo muy raro pero prefiero un trabajo rutinario a uno “creativo”. Mis neuronas se resienten y prefiero aplicarlas, por ejemplo, a escribir estas divagaciones que a hacer rico a uno que no me lo va a agradecer y que en cuanto pueda prescindir de mí, me dará la patada en el culo sin mayor solemnidad. Trabajo porque soy tan exquisito que necesito un techo para guarecerme debajo cuando hace frío o llueve y porque no me fían en el supermercado, que si no, iba a trabajar la madre del topo[1]. Me sobran oportunidades satisfactorias y enriquecedoras. De mi educación cristiana recuerdo que el trabajo es una maldición divina y con los años aprendí que la palabra procede de “tripalium”, que era un instrumento de tortura.
Pero la cuestión no es cuáles son mis preferencias. Lo importante aquí es que el orden funcionaba sobre un contrato social: tendrás que trabajar y, a cambio, recibirás un salario que te permitirá mantenerte y darte algún capricho. Así es como funcionaba el invento y lo habíamos interiorizado de tal manera que nos parecía normal dedicar un tercio de tu vida a velar por los intereses de otro que te lo agradecerá siempre por debajo del valor de lo que produces porque si no, no habría ganancia. Pero aquello que nos contaron ya no sirve. El trabajo será un bien escaso por el que habrá que pelear y, una vez obtenido, dar gracias por pertenecer a la categoría de los explotados en lugar de a la de los excluidos[2].
En cuanto a lo del ‘big data’ y demás, veremos que las convicciones son muy firmes pero, según cómo, pueden serlo un poco menos. Parece que aún hay cierto margen...
Y sigue: “Por otro lado, tenemos datos de la UE y EEUU que demuestran el auge del trabajo por cuenta propia, de ‘freelance’ y autónomos. En España el entorno de los autónomos ha sido considerado como marginal desde el punto de vista del interés político, y hay que tomárselo en serio y promoverlo, ya que es algo genuinamente emprendedor. En EEUU, en 2020, una cuarta parte de la población laboral será de trabajadores autónomos. De modo que las grandes corporaciones tendrán menos trabajadores en términos absolutos.
Un momento, se le olvida Cuba, donde han creado una nueva palabra: “cuentapropista”. La cuestión es que, en Cuba, como en el “mundo libre”, no hay otra opción. Ese auge del trabajo por cuenta propia no es una decisión voluntaria de gente que ha decidido ser emprendedora. O bien son falsos autónomos o son los que han sido despedidos y se han quedado al margen y no tienen otra salida  que venderse lo mejor que sepan o puedan.
Y el tipo continúa: “Sin embargo, soy optimista y estoy seguro de que se van a generar nuevas oportunidades, nuevas habilidades y nuevos conocimientos. El reto no es cómo buscar compensaciones económicas para trabajadores cuyo contenido se queda obsoleto sino cómo formar al nuevo perfil de talento para identificar esas nuevas oportunidades. Hay que tomar como referencia la formación continuada”.
Aquí hay un salto mental bastante grande que confieso que me resulta imposible dar. Hablando su jerga estúpida se podría llegar a pensar en el contenido de un trabajo pero ¿el contenido de un trabajador? ¿qué demonios es eso?. Pero queda clara una cosa: no habrá renta básica, subsidio de desempleo indefinido ni ningún otro tipo de compensaciones económicas. Será la ley de la selva. Los fuertes, los talentosos que identifiquen las nuevas oportunidades, sobrevivirán. Los demás, se siente... Y aquí el propagandista se muestra más papista que el Papa, porque sus amos en la cumbre de  Davos  ya se han estado planteando la cuestión de la renta básica universal[3]. Es pura lógica. Si el motor es el consumo, ¿quién echará fuego a la caldera? Claro que en ese Foro Económico Mundial de Davos el mayor defensor del libre comercio fue el delegado del Partido Comunista Chino...
El entrevistador le dice que “El directivo también puede ser reemplazado por los programas informáticos, no solo los trabajadores manuales”.
Respuesta: “Valoro mucho la aportación del ‘big data’ y de los algoritmos a la hora de tomar decisiones, pero el ‘big data’ no es la nueva religión y tampoco el oráculo que va a determinar qué decisión tomar ante dilemas serios. Quizá en Uber un algoritmo pueda coordinar la asignación de servicios, o que el pilotaje de avión se haga por ordenador, pero nadie tomaría una decisión clave en una empresa, ni dejaría una decisión judicial importante, como la del Tribunal Supremo o la de un Tribunal Superior de Justicia en manos de robots o algoritmos. Ya hay algoritmos que están en consejos de administración, pero nadie nombraría presidente del consejo a un algoritmo. Hay estudios que aseguran que los trabajos rutinarios sí serán sustituidos, pero todos los que tengan que ver con una dimensión cualitativa o relacional necesariamente pasarán por la actividad humana”.
Pronto me ocuparé del tema, pero precisamente hace pocos días el Tribunal Supremo ha dictado sentencia diciendo que la intención es irrelevante, que lo que cuenta es la literalidad del mensaje, así que nadie mejor que una máquina para interpretar literalmente.
“Nadie nombraría presidente del consejo a un algoritmo”. ¿Por qué no? Es como cuando dicen que la globalización es irreversible (que este también lo dice, por cierto). La Historia está llena de ejemplos irreversibles a los que se dio vuelta sin mayor problema.  Si cuando hablan de destruir empleos utilizan el eufemismo “reducción de costes laborales”, sin duda los mayores costes laborales son los de los consejos de administración. Ese es un dato objetivo, (solo por hablar como ellos, yo diría que todos los datos son objetivos). ¿No sería, pues, un gran ahorro?
Los trabajos “insustituibles”, aquellos que tienen que ver con “una dimensión cualitativa o relacional”, es decir, los que no se juzgan con cualidades objetivas, son precisamente aquellos que llevan a la ruina a las empresas. Son los de los que sientan en el consejo de administración de una compañía eléctrica a un Ángel Acebes que mintió a conciencia siendo Ministro de Interior cuando los atentados del 11 ― M y de allí fue a Bankia. Ningún algoritmo recomendaría la contratación de Ángel Acebes, ni aún el más simple. No hace mucho leía que Google y otras grandes compañías de la rama informática están incorporando unos “botones” para apagar los programas por si les da por pensar demasiado...
 “Hay estudios que aseguran”... esta frase es equivalente al “Anunciado en TV” que acompañaba a  algunos productos hace años. Cuando se cuenta con un estudio serio y riguroso, a nadie le importa citarlo, para que todos podamos juzgar su exactitud.



Le presentan como “sin lugar a dudas, el gran historiador catalán vivo”, pero seguramente es porque nació en 1931. También le suelen presentar como “maestro de historiadores” pero supongo que será porque dio clase en la universidad durante muchos años. Josep Fontana militó en el PSUC, la sucursal catalana del PCE nacida para ahogar la revolución anarquista del 36, pero últimamente se ha pasado al catalanismo más vociferante. El periodista dice:
“Hay quien habla directamente del fin del trabajo, porque el sistema ya no podrá ofrecer suficiente ocupación”.
Respuesta: “(...) esto son sandeces. La transformación del trabajo se ha producido siempre. Refiriéndose a los robots, por ejemplo, un economista norteamericano decía que el problema será saber de quién son los robots, a quienes beneficiarán. Es una tontería decir que la desaparición de trabajos mecánicos en la industria puede significar el fin del trabajo. Teóricamente, en una sociedad muy organizada, hay un sector en el cual las capacidades de absorción son ilimitadas. Es el sector servicios. Justamente, una de las enormes diferencias en la respuesta a la crisis de China y de los países occidentales es que la política del estado chino ha sido, en buena medida, la de absorber en el sector servicios buena parte de la gente que se quedaba sin oficio al desaparecer empresas que no eran rentables y que había que suprimir. Es evidente que la robotización puede hacer que se pierdan muchos puestos de trabajo, pero si los robots producen más beneficio, estos beneficios se tendrían que traducir en más impuestos, que permitan dar ocupación a más gente dedicada a servicios sociales. Si algo sabemos que falta en este país son médicos y enfermeros en los hospitales, en cantidad, y aquí no hay ningún robot que los pueda sustituir. Esto del fin del trabajo es una barbaridad. En todo caso, sería la de determinados tipos de trabajo”.
Resulta un poco difícil buscar luz en este batiburrillo conceptual. Por supuesto, lo del impuesto a los robots recuerda mucho a lo de la “Tasa Tobin” con la que tanto nos dieron la paliza a principios de siglo. La idea era imponer una tasa que gravaría las transacciones especulativas. Quedó en  nada, claro. ¿Por qué habrían de pagarla si lo hacen para ahorrar dinero? ¿Por la fuerza de la razón? Por otro lado, ¿está poniendo a China como ejemplo de planificación? Mira, ahí coincide con Mariano Rajoy que alababa su crecimiento al 7% que ya está al seis y pico. ¿Este alaba qué? ¿su organización? ¿su justicia social? ¿su eficiencia? Por no entrar en la cuestión de que, por supuesto, no hay ningún sector donde las capacidades de absorción sean ilimitadas, eso no hay ni que explicarlo.
Resurgen sus viejos fantasmas... Cuando se lee el Manifiesto comunista de Marx y Engels lo primero que llama la atención es que es una defensa cerrada de la eficiencia del capitalismo, al que solo critican por sus aspectos morales. Fontana se ha quedado anclado en esa época y el único capitalismo que se corresponde con el que describían los dos barbudos es el de la China actual. Por otro lado, como alto funcionario que fue, solo entiende que el estado sea quien lo arregle todo, como le ingresaba e ingresa milagrosamente su sustanciosa paga anual. En esto  se parece a Colau, que también da por sentada la inyección de fondos públicos desde su experiencia laboral en ONGs (y aquí la N parece una broma). Y sin embargo, el estado no arregla nada. Él dice que es evidente que faltan médicos y enfermeros y la realidad es que sobran. Cientos de ellos salen cada año con un contrato bajo el brazo hacia lugares donde se les aprecia más. 

Convertido al catalanismo más extremo, en el 2014 Josep Fontana perpetró un bodrio titulado La formació de la identitat. Una história de Catalunya. En El Periódico, (22/10/14) le preguntaban: “¿No habrá traducción?
― He dicho que no. Quería explicar cosas a gente que tiene la misma cultura, que ha tenido las mismas experiencias, que se ha encontrado con los mismos problemas y con la que tenemos una visión del mundo compartida, que es lo que acaba fabricando toda esa identidad.
Cualquiera diría que si se han de dar todas esas condiciones es que en realidad no explica nada[4]. Pero el periodista insiste:
― ¿Se rinde? ¿No hay nada a hacer?
― No es eso solo. He escrito este libro pensando en lectores catalanes. Si he de hacer los mismos razonamientos a lectores castellanos, lo tendría que reescribir completamente. Y no sé si vale la pena el esfuerzo.
En fin, ¿qué decir? Los castellanos somos tan subnormales que el amigo Fontana debería reescribir en clave de mi ma ― má me mi ― ma, yo a ― mo a mi ma ― má los razonamientos que los catalanistas cogen al vuelo. Normal que dude ante tan ciclópea tarea...
No sé si debido a su pasado criptocomunista o a su presente de converso al catalanismo más extremo, Fontana figuraba el último en la lista de Ada Colau al Ayuntamiento de Barcelona[5].



[1] Es decir, topota madre.
[2] Y mientras tanto, el anarquismo organizado lleva meses inmerso en un debate sobre el “sindicalismo revolucionario”. Es triste comprobar que las fuerzas que se supone que quieren el cambio sigan analizando el mundo con conceptos decimonónicos.
[3] Héctor G. Barnés: “Lo único que pone de acuerdo a las élites y a Podemos: la renta básica universal”, El Confidencial, 23/01/17.
[4] Aunque quién sabe lo que quería decir el viejo... Es evidente que la entrevista está horriblemente traducida del catalán, basta ver ese doloroso ¿No hay nada a hacer? Lo digo porque en catalán suele utilizarse el verbo explicar como sinónimo de contar. En catalán los chistes no se cuentan, se explican.
[5] Para quien quiera leerlos enteros, Esteban Hernández: “Cómo está afectando a los directivos la llegada del populismo”, El Confidencial, 22/01/17 y Carles Bellsolà: “Josep Fontana: El sistema, tal como funcionaba, ya no convence a la gente”, Público, 21/12/16.

viernes, 30 de diciembre de 2016

LAS HERMANITAS DE LA MALA CONCIENCIA


¿La clase obrera? No es problema, puedo comprar a la mitad para que mate a la otra mitad.
J. P. Morgan (1991)[1]

Creo que ya he escrito alguna vez que eldiario.es es el máximo portavoz de la corrección política en España, al menos entre los medios que reciben una cierta audiencia. Por eso me sorprendió encontrar el otro día un artículo titulado “Culpad a los apóstoles de la identidad, ellos nos empujaron al camino del populismo” y cuyo subtítulo “Con su excesiva defensa de las minorías, la izquierda ha puesto en peligro medio siglo de progresismo” me hizo augurar una catarata de comentarios en contra[2].
Me equivoqué. De los veintiséis comentarios que constaban cinco días después, doce eran favorables, ocho críticos y los otros seis no me ha bastado mi pobre intelecto para ubicarlos en ninguno de los bandos. No entraré en detalle en el artículo porque se escapa un poco de lo que quiero tratar aquí, me basta con reproducir un párrafo (quizá el más polémico) que sí viene al caso: El progresismo de identidad alzó a la “víctima sagrada”, a las minorías étnicas a las que no se puede criticar, a las mujeres, los homosexuales y los inmigrantes, a quienes Hillary Clinton se refirió una y otra vez en cada discurso. Por ende, favorecer a un grupo es excluir a otro, en este caso a los llamados olvidados, identificados como el “hombre blanco, rancio y fracasado”. Luego volveré sobre esta cita.

Marx y su compadre Engels no inventaron el socialismo (ni el comunismo, ni el concepto de revolución social). Esas ideas ya existían y hay quien las remonta hasta la Grecia Clásica, lo que no parece disparatado si se piensa que en esa época se inventó la democracia, y estas derivaciones son solo sus formulaciones más avanzadas... Lo que sí hicieron estos dos con infinita arrogancia fue definir el suyo como “socialismo científico” y catalogar los anteriores como socialismos “utópicos”, con el sentido de irrealizables.
No soy experto en Marx. He leído sus textos juveniles (que según algunos son los más aprovechables porque aún no estaba poseído por esa locura científica y se movía con más libertad) y alguna cosa posterior, aunque no de forma sistemática. En cualquier caso, de las ideas comúnmente aceptadas resulta difícil hasta para los expertos delimitar con exactitud dónde llega el pensamiento de Marx, cuál es la parte que añadió Engels[3] y, desde luego, sin un conocimiento profundo de ambos autores es imposible saber hasta qué punto lo que se identifica generalmente como marxismo en sus dos variantes de materialismo histórico y materialismo dialéctico refleja su pensamiento o el de comentaristas posteriores. Es sabido que Marx dijo en más de una ocasión que él no era marxista. Así que, una vez declarada mi ignorancia, me considero capacitado para escribir sobre hechos que sí sucedieron en el último siglo y medio a despecho de que alguien pueda acusarme de que aquello no lo dijo el barbudo. Lo dijera quien lo dijera, lo cierto es que tuvo muchos seguidores que lo aprobaron y siguieron con fe.


Cuando quedó claro para los científicos que el tránsito de una sociedad capitalista a otra socialista solo podía tener lugar por medio de una revolución, se planteó cuál sería el sujeto histórico encargado de llevarla a cabo. Para definirlo recuperaron una categoría ya olvidada del Imperio Romano, los proletarios. En Roma se clasificaba a los ciudadanos por su riqueza y la última categoría la ocupaban los que no poseían otra que sus hijos, su prole. Traspasado a la época de la Industrialización, el concepto aludía a aquellos que no poseían más que su fuerza de trabajo y se veían obligados a venderla a los propietarios de los medios de producción, ya fueran dueños de industrias, talleres u otro tipo de negocios. En teoría esa clase abarcaría también a los campesinos sin tierra, pero ambos barbudos pensaban que el campo era un lugar dominado por las fuerzas antiguas, de modo que solo en las ciudades podía darse el motor necesario para el cambio, lo que Engels sintetizaba con un antiguo proverbio alemán: “El aire de la ciudad hace libre”. Este proceso llevó a que se acabase identificando al proletario con el obrero industrial, que sería el encargado de conducir el tránsito a la nueva sociedad mediante la dictadura del proletariado, entendida también a la manera romana, es decir, un periodo en el que alguien, investido de todos los poderes de forma temporal, llevaría a cabo las transformaciones necesarias que no permitían las leyes comunes[4].
El problema de las teorías es que por mucho que uno las bautice como científicas, necesitan que la realidad les haga caso y en esta ocasión no fue así. Para empezar, los obreros se mostraron más partidarios del socialismo (entendido como tal el que aspiraba a reformar el sistema, que hoy llamaríamos socialdemocracia) que del comunismo que proponía la revolución. Pero los herederos no se dieron por vencidos y probaron con un nuevo concepto, el internacionalismo proletario. Dado que habían demostrado de forma irrefutable que los obreros eran los encargados de hacer la revolución, ahora era necesario convencerles a ellos de que la hicieran y uno de los argumentos fue ese internacionalismo proletario, hacerles ver que pertenecían a una clase que era la misma más allá de las fronteras. Estaban tan convencidos de haberlo logrado que cuando se declaró la Primera Guerra Mundial daban por hecho que los obreros se negarían a participar en ella porque no estarían dispuestos a disparar sobre sus compañeros, pero lo cierto es que muchos de ellos se alistaron alegremente para matar o morir en nombre de su monarca[5].
Acabada la Segunda Guerra Mundial, la presión de tener en casa a varios millones de jóvenes que habían desafiado a la muerte y sabían usar las armas, junto con el miedo al contagio del ejemplo ruso (que no soviético, que de eso no tenía nada), llevó a la invención del concepto del “Estado del Bienestar” (que hoy hay quien lo llama con gracia el “Estado del Bienestuvo”). Una idea muy sencilla: que los asalariados obtuvieran mayor parte en el reparto de la riqueza, mediante subidas periódicas de sueldos y mediante acceso a servicios básicos como la sanidad o la educación para sus hijos. Y, por supuesto, a los bienes de consumo. El historiador Pierre Vilar decía que hay más objetos en un hogar medio actual que en un palacio antiguo[6]. Y para algunos científicos ahí se pinchó el globo, con los obreros no se podía ir ni a la vuelta de la esquina (pero como veremos más adelante, para otros no).

Así que cabía buscar otro sujeto histórico. Siguiendo la tradición, tenía que tratarse de un oprimido y la época lo ponía muy fácil: los súbditos de las colonias que luchaban por su liberación. Sobre este punto no hace falta insistir mucho porque todavía está muy reciente el espectáculo de la procesión del churrasco de Fidel Castro de punta a punta de la isla, que evoca una combinación grotesca entre la multitud que desfiló ante la capilla ardiente de Paco Franco y el traslado a hombros de los restos de José Antonio Primo de Rivera desde Alicante al monasterio de El Escorial. Aún hay algún despistado que llama gobierno progresista a lo de Daniel Ortega y su mujer en Nicaragua, pero es que por comparación aún lo podría parecer, porque si miramos a África... Y aquí está uno de los trucos: no mirar. Aunque se sucedan durante más de medio siglo dictaduras de ladrones matarifes de su propio pueblo, la culpa no es suya, sino del pérfido hombre blanco que tiene nosequé oscuros intereses. No se suele señalar lo que hay de racista en este argumento, donde el negro es siempre una marioneta en manos del blanco, como perpetuo menor de edad fácil de engañar...
La cuestión es que los colonizados también salieron rana y cada vez quedaba menos campo hacia el que volverse. A raíz de las agitaciones de Berkeley el desafío mucho más serio del mayo del 68 francés, los buscadores descubrieron a los estudiantes como sujeto histórico[7]. Lamentablemente para ellos, los Situacionistas ya se les habían adelantado publicando una crítica demoledora titulada “Sobre la miseria en el medio estudiantil” antes de que los científicos volviesen sus ojos hacia los estudiantes. El panfleto se tradujo a varios idiomas y alcanzó una difusión notable.
Desde entonces todo fue a peor. La entrada en los años setenta ofrecía muy buenas perspectivas. Mayo del 68 fue un momento mucho más decisivo de lo que nos han transmitido los relatos posteriores, descrito de forma interesada como una especie de jolgorio estudiantil que reivindicaba lemas pueriles como “la imaginación al poder”. Lo cierto es que la inquietud se trasladó a las fábricas y el partido comunista francés tuvo que apoyar públicamente al gobierno de De Gaulle y utilizar toda su influencia para evitar un movimiento huelguístico masivo que quién sabe dónde hubiera llevado... Pero casi como por arte de magia, la década entrante acabó por barrer de las mentes la posibilidad de una revolución en Europa. Hubo una esperanza, la Revolución de los claveles portuguesa, desencadenada por el protagonista más insospechado ― uno de los últimos ejércitos coloniales de Europa ―, pero su indecisión en el momento clave la llevó a ser tranquilamente “encarrilada” tras un golpe de estado incruento dado por la rama derechista del ejército.
Siguió un canto del cisne, el Movimiento de la Autonomía italiano de 1977[8], pero ― sin pretender frivolizar sobre el tema, pues hubo mucha gente que iba a por todas y lo pagó muy caro ―, recordaba demasiado a un intento de reverdecer los laureles del mayo francés. Y ya que he escrito reverdecer, al mismo tiempo hubo un grupo de científicos que volvieron a la idea del obrero como sujeto histórico de la revolución. Les llamaban obreristas y el más conocido fue Toni Negri, un profesor que en su vida había empuñado una herramienta, hablaba desde fuera. Al pobre le tomaron tan en serio que la justicia italiana le acusó de ser el ideólogo de las Brigadas Rojas, con las que no tenía ninguna relación...
El hecho es que al inicio de la década de los ochenta la posibilidad de la revolución había desaparecido del mapa. Subsistían de mala manera grupos que habían optado por la lucha armada como las Brigadas Rojas en Italia, la RAF en Alemania, Acción Directa en Francia o los GRAPO en España, pero se hallaban desconectados de cualquier tipo de apoyo de masas... Todas las opciones con un mínimo de influencia eran reformistas, partidarias de entrar en las instituciones. Pero de algún modo, esa especie de “subasta a la baja” del antiguo sujeto revolucionario se había mantenido. Basta recordar el primer gobierno de Felipe González, que no se cansó de arrear a los obreros con la Reconversión Industrial mientras al mismo tiempo creaba un Ministerio de Asuntos Sociales para cumplir debidamente con las diferentes minorías en el sentido en el que él lo entendía, es decir, repartiendo dinero sin miramientos entre las asociaciones que se arrogaban su representación.

Tres décadas después la adoración acrítica de las minorías como fermento de quiensabequé y la santificación del camino reformista han cocinado una sopa infernal. Uno puede leer disparates como este: “Para el buen marxista, la interpretación del mundo en principio debe servir para transformarlo. Y esto solo puede hacerse desde dentro de las instituciones, renovándolas y relegitimándolas para propiciar su conexión a las necesidades ciudadanas, no cuestionándolas en nombre de una alternativa ignota o diluida en mera teatralidad”[9]. Ingenuo de mí, yo que me creía eso que había leído tantas veces de que Marx cuando supo sobre la Comuna de París dijo que esa era la forma de organización que él había estado buscando...
Pero no es el reformismo lo que más daño ha hecho a la izquierda mediática sino esa deformación de la doctrina cristiana que dicta que el izquierdista siempre tiene que sacrificarse por otro, nunca tiene derecho a exigir lo suyo porque siempre hay uno que está peor. Es una visión tan degenerada que acaba por llevar a que el izquierdista se sienta mal por serlo y pida perdón por arrogarse algo que en teoría no le compete. Pondré un ejemplo bastante significativo del mismo diario, una periodista que humildemente solicita su sitio porque siendo quien es reivindica lo que reivindica. El texto recuerda más a las “autocríticas” de la época de Stalin que a otra cosa, pero dejémosle golpearse el pecho a gusto: “Como trabajadora que ha sido delegada sindical ― despedida ilegalmente por ello además ― pero jamás obrera ni jornalera, que no puedo definirme como proletaria sin sentirme impostora, sino miembro, por mi realidad socio-económica, de la clase media, reivindico mi derecho a ser, vestirme y ejercer mi ideología de izquierdas”[10].
El acabose. Primero, nadie tiene conocimiento de que Marx fuera proletario o jornalero. De hecho, hay datos fehacientes que indican que no la hincó un solo día de su vida. Esta chica fue despedida de su trabajo por hacer actividad sindical pero no le es suficiente porque debe cometer el terrible pecado de ganar lo suficiente como para pagarse el alquiler o la hipoteca. Aún peor, puede ser que ni aún así le llegue y sus padres contribuyan a sus gastos, lo que ya sería una vergüenza muy difícil de sobrellevar, una hija de papá...
Pues anda que no ha habido jornaleros lameculos... el Paco el Bajo que ideó Delibes y retrató magníficamente Mario Camus no era un producto de la imaginación. Y respecto a los obreros, fui testigo durante una época de mi vida de cómo, en cuanto llegaba la hora de la pausa, el peón más joven de la obra de enfrente era el encargado de ir al bar a comprar los bocadillos de todos sus “compañeros”. Los ideales aristocráticos en estado puro.
Sin embargo no era eso lo que proponían los utópicos. La mayoría de ellos creían en una comunidad de gente que abrazara lo que proponían, no pensaban que el hecho de nacer en una casa u otra marcase tu destino. Una comunidad de gente consciente. No me importa de dónde vienes sino hacia dónde quieres ir. Pero por desgracia ganaron los científicos.  

Volviendo a la cita de Jenkins, material de sobra para entender el triunfo de Trump y los que quedan por venir, salvo que la realidad es aún peor. Ya no se trata de que la población, digamos, homogénea haya de sacrificarse por un congénere más desfavorecido, es que ahora también debe preocuparse primero por los derechos de los animales. Y no es una broma, aunque lo parezca. El PACMA, el partido de los zoófilos, fue el más votado entre los que no obtuvieron representación parlamentaria en las últimas elecciones generales. Muy probablemente, el número le hubiese bastado para lograr asiento en elecciones con circunscripción única como las europeas. Los partidos nuevos han incluido el asunto en su agenda, en especial lo que atañe a los espectáculos taurinos. No seré yo quien los defienda, pero creer que el mayor problema que tiene esta sociedad es el “maltrato animal” me suena a delirio. Y tras ellos vienen los herbívoros, que aunque aún no cuentan con una organización fuerte, van ganando un espacio en los medios del que no disfrutan grupos con reivindicaciones que yo diría mucho más atinadas, pero seguramente estaré equivocado de nuevo.
Hay un dato que la ultraderecha mediática repite con insistencia desde que el Frente Nacional francés salió de la marginalidad, hace ya unos treinta años: muchos barrios que votan al FN votaban antes al Partido Comunista. Por una vez, dicen la verdad.





[1] Unfinished business... the politics of Class War, The Class War Federation y A. K. Press, (Stirling), 1992, p. 55.
[2] El autor es Simon Jenkins y se publicó el 04/12/16 en la sección de Internacional, que incluye muchos textos procedentes de The Guardian como este. No he buscado el original, me he conformado con la traducción de Javier Biosca Azcoiti.
[3] Al parecer la mayor parte de El Capital, aunque se dice que se basó en los apuntes que dejó Marx y en las muchas conversaciones que tuvieron.
[4] Por supuesto, el asunto es más complejo y he de simplificarlo para que se entienda. Por ejemplo, por debajo del proletariado existiría el lumpenproletariado, compuesto por elementos marginales como mendigos, delincuentes o prostitutas y cerca de los burgueses se encontrarían los pequeñoburgueses, que incluirían entre otros a los tenderos o a las llamadas “profesiones liberales”.
[5] Desde luego, se cuentan historias heroicas de desertores individuales o unidades enteras que se negaron a participar en la carnicería y lo pagaron muy caro, pero no conviene olvidar que fueron muy pocos. La mayoría siguió una trayectoria similar a la de un don nadie llamado Adolf Hitler, que se alistó voluntario con gran entusiasmo y fue ascendido a cabo y ganó la Cruz de Hierro por su comportamiento. El resto son ilusiones. Y la misma actitud se repitió en la Segunda Guerra Mundial, incluidos muchísimos obreros que fueron a defender a tiros las ideas salvajes del antiguo cabo.
[6] No es una cita literal, aunque sí fiel. Y hay que tener en cuenta que hablaba de un hogar de hace por lo menos cuarenta años...
[7] Como he escrito más arriba, tengo que simplificar en favor de la claridad. Hubo quien apostó por la minoría negra estadounidense, cuyo representante más combativo (por no decir el único) eran los Panteras Negras, otro fenómeno cuyos ecos retumban hoy. El mismo día que publicaba este artículo, eldiario.es incluía otro de Andrés Gil titulado “Todo el poder para el pueblo”; las Panteras Negras en las que se mira Pablo Iglesias”.
[8] Todos estos hechos son muy desconocidos, por razones obvias. Un buen resumen en Encyclopédie des Nuisances: Historia de diez años. Esbozo para un cuadro histórico de los progresos de la alienación social, Klinamen, (¿Sevilla?), 2005.
[9] Fernando Vallespín: “Transgresiones fútiles”, El País, 08/12/16. Por supuesto, es un ataque a Podemos...
[10] María Iglesias: “Separémonos todos en la lucha final”, eldiario.es, 05/12/16. Una anécdota. Leyendo un blog anarquista que parece escrito por gente muy joven (regeneracionlibertaria.org) uno de los contribuyentes se define como “Anarquista social y de la rama comunista libertaria solo en cuanto a pensamiento político. Por lo demás soy una persona normal. Aportando mi pluma como un diminuto grano de arena a que el anarquismo sea una alternativa política real y transformadora. Deconstruyendo mis privilegios de hombre. ¡Luchar, crear, poder popular!”. Se ve obligado a pedir perdón por haber nacido con un rabo entre las piernas. En la misma línea, en su último congreso el sindicato CNT se declaró feminista. Yo pensaba que en el programa anarquista estaba incluida la igualdad entre sexos pero está claro que debo ser de otra época...